Casa de reposo para músicos.
Fue la última de las obras del Maestro, y aunque no fuera una ópera, la gestó con la misma dedicación, pasión y amor. Giusseppe Verdi en el crepúsculo de sus días, decidió -como él mismo explicó- "Crear para los músicos menos afortunados que yo, una casa donde pudieran transcurrir serenamente los últimos años de sus vidas, ni asilo de ancianos, ni geriátrico; un lugar tranquilo, con huéspedes y visitantes: La casa de Reposo para Músicos".
La voluntad de Verdi, al final de su larga y gloriosa carrera, presentó una continuación y, en cierto sentido, una coronación a su vida de hombre y artista. En 1888, Verdi ea famoso y rico, no sólo reconocido como músico, sino también como político y benefactor. De profunda y generosa inspiración, y conmovido por esa melancólica y dura realidad de la vejez, Verdi supo inmortalizarse más allá de su solitaria tarea creadora. Cada amanecer desde hace 92 años, frente a la Plaza Buonarotti de Milán, un grupo de músicos evoca su memoria con respeto y agradecimiento.
Compositores, directores, miembros de orquestas y coros, tanto como maestros, cantantes, instrumentistas o bailarines, han sido aceptados en su amplia e imponente estructura de estilo morisco. El diseño y dirección de la misma estuvo a cargo del arquitecto Camillo Boito, quien era hermano de Arrigo, el poeta, músico y libretista amigo de Verdi.
Durante el período de la obra en construcción, podía verse con frecuencia al anciano Maestro desplazándose entre andamios, supervisando detalles y sumamente interesado en el proyecto. Para asegurarse que nada pudiese interrumpir financieramente su desarrollo, se sabe que Verdi hizo un depósito de 400.000 Liras (equivalentes a a50 millones de dólares de hoy) en un banco milanés. Y garantizar así la permanencia de su voluntad. En su legado consta el mantenimiento de la misma a través del dinero obtenido por los derechos de autor y la renta de su importante patrimonio inmobiliario. La obra estaba prácticamente finalizada el 27 de enero de 1901, fecha de la muerte de Verdi. La casa se inauguró oficialmente un mes después, luego que los restos de su mentor y familia, fueran enterrados allí para siempre.
En nuestro paso por Milán, Clásica tuvo oportunidad de conversar con Liana Lari, presidenta de la Casa de Reposo para Músicos de Milán, que hoy es simplemente conocida como Casa Verdi.
¿Habría Verdi abrigado la idea de vivir en esta casa, dada su edad?
Puede ser, sobre todo por el enorme interés que demostró durante su construcción. Verdi tenía gran conciencia de todo, sabía el precio de los materiales como la cantidad de obreros empleados. Al final, cuando Giusseppina y prácticamente todos sus amigos se habían ido, no sería extraño que hubiera ideado todo esto para no estar tan solo.
¿Cómo logro mantenerse económicamente?
El capital original fue provisto por Verdi. También parte de las ganancias sobre los derechos de autor de sus obras fueron reinvertidas en importantes complejos inmobiliarios en Milán, cuyas rentas son administradas por la Fundación Amigos de la Casa Verdi, para su mantenimiento.
¿Es ésta una institución totalmente privada?
Es un ente moral, público y autónomo con su propio capital. El gobierno hace sólo una pequeña contribución anual. De cualquier manera han existido benefactores en todas las épocas, sobre todo músicos afortunados como Toscanini, quien ofreció conciertos para beneficio de esta Casa en diferentes lugares de Europa y América. (En el Hall principal de entrada, pueden verse murales donde, divididos por períodos de tiempo, están los nombres de los benefactores. Por cierto grandes figuras musicales.
¿Los músicos de la actualidad, también ayudan con donaciones?
Algunos, no todos. Generalmente se hacen conciertos anuales a beneficio, donde muchos donan sus honorarios; quien siempre sigue colaborando es Giulietta Simionatto.
¿Quiénes viven aquí?
Hoy tenemos a 60 músicos retirados, en su mayoría cantantes de La Scala, profesores y concertistas. Todas las mañanas son despertados en sus habitaciones con el desayuno. Allí guardan celosamente, no sólo sus recuerdos, programas, instrumentos y hasta los trajes que usaron alguna vez en sus óperas. ¡Tenemos un Rigoletto que aún hoy, haría temblar a cualquier escenario con su interpretación! Aparte de baños privados, la casa cuenta con sala de ejercicios y de entretenimientos, donde tienen un gran piano y pueden ejecutar y cantar. En general, todos poseen gran libertad de desplazamiento dentro y fuera de la casa, con cierta supervisión, ya que hoy tenemos tres huéspedes de más de noventa años. En general son italianos, aunque hoy viven también búlgaros, rusos, polacos, etc. Estamos haciendo reformas, para poder albergar a unas 20 personas más.
¿Deben probar su insolvencia económica?
Fundamentalmente deben tener más de 65 años y es fácil comprobar cuando no tienen importantes recursos: inclusive algunos cobran algún tipo de pensión que prefieren donar a la casa para poder vivir en ella. Este es y ha sido el ambiente donde ha transcurrido la mayor parte de sus vidas; aquí se los cuida y valora. Para ellos, tranquilidad es hoy sinónimo de felicidad.
¿Existen ocasiones en que salen todos juntos, en grupo?
A veces La Scala los invita a alguna función, o ensayos generales; es el programa mejor recibido y codiciado; les encanta.
¿Son amigos entre ellos?
A veces sí, otras no tanto. Viven actualmente dos tenores, quienes fueron grandes rivales hace 50 años, y por supuesto continúan sin dirigirse la palabra.
Finalizada esta breve charla con la presidenta de la Casa de Reposo, crucé en importante umbral que me llevó a un cuidado y amplio jardín. Al final de éste aparece imponente la cripta donde descansan los restos de Guiuseppe Verdi, Guseppina Strepponi y un recordatorio para Margherita Barezzi, Icilio y Virginia, primera esposa e hijos del maestro. A medida que nos acercábamos al monumento, experimentábamos una emocionante sensación, al advertir que desde el salón del primer piso se escuchaban los compases de "Va pensiero, sull´ali dorate..." de Nabucco. Los habitantes de la casa suelen cantarlo como homenaje a su benefactor.
Curiosa coincidencia: cuando hace 92 años los restos de Verdi fueron trasladados a ese sitio, una gran multitud conducida por Toscanini despidió al Maestro con esa misma melodía. Sobre su tumba y tallado en mármol, pueden leerse como epitafio, las palabras del poeta Gabriele d´Annunzio: "Llorró y amó por todos". Y así como ha podido perdurar su música, también sobrevivirá el agradecimiento de los huéspedes de la Casa de Reposo. La última voluntad de Verdi fue encontrar el descanso definitivo rodeado de esa paz, y de sus amigos de siempre... los músicos.
Del número 61, año 6 de revista Clásica.
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