Ideario Político Falangista

El Movimiento Falangista
Ideas Fundamentales - Propuestas programáticas extraídas de los textos políticos de los fundadores.

"La Falange quiere una España alegre y faldicorta" [Ximénez de Sandoval] No la España triste y beata que nos trajo el franquismo.

· Los Sucesos de Weimar.

Para delimitar el desencuentro entre nazifascismos europeos y el falangismo es harto elocuente lo ocurrido en 1940 con motivo del I Congreso de Juventudes Europeas, celebrado en Weimar.

Un suceso censurado tanto por el franquismo como por los historiadores de izquierdas más preocupados de mezclar a la Falange con las prácticas más viles, que con hacer verdadera historia.

La representación española en Weimar estaba encabezada por José Antonio Elola Olaso, Delegado Nacional del Frente de Juventudes y por Pilar Primo de Rivera, Delegada Nacional de la Sección Femenina.

Si ya el Congreso se desarrollaba en un ambiente de gran crispación, sobre todo entre los representantes falangistas y los nazis, al llegar al debate de los temas ideológicos se produjo un fuerte encontronazo entre ambas delegaciones. La delegación falangista decide, en ese momento, retirarse. Sin embargo, desde Madrid se ordena al representante diplomático español que la delegación permaneciera en el Congreso hasta el final.

· La idea de Imperio.

Son suficientes tres extractos de los discursos y obras de José Antonio, para darse cuenta de la idea de Imperio en el fundador de la Falange y, por lo tanto, de la Falange en sí.

"Hay muchos espíritus débiles y enclenques que creen que esto del Imperio equivale a lanzar ejércitos por las fronteras..."[La Conquista del Estado, 30 de mayo de 1931]

"Hoy todas las tierras del mundo tienen dueño y toda conquista sería un expolio y un robo a la vez. Pero el terreno del espíritu no está acotado y ahí sí que cabe llevar las conquistas al máximo". [Mitin en Villagarcía de Arosa, 17 de marzo de 1935]

"Tenemos que esperar en una España que impere. Ya no hay tierras que conquistar, pero sí hay que conquistar para España la rectoría en las empresas universales del espíritu" [Obras Completas]

· La confesionalidad de Falange.

La nota de réplica al Marqués de la Elíseda, José Antonio es bastante claro al respecto de este tema y habla de 'innumerables' militantes católicos, pero no de la 'totalidad'.

De la no confesionalidad o aconfesionalidad de la Falange da cuenta Onésimo Redondo, si acaso el militante más católico de la Falange, quien en 'El Estado Nacional' dice: "dentro de él [se refiere al nacionalismo] caben los católicos tibios que no quieren militar en un partido confesional; los indiferentes y los descreídos, con esta condición: que no lleven anhelos persecutorios encubiertos, como es norma de los elementos 'neutros', y esta es otra: que sintiendo a España en su grandeza espiritual y aspirando a fortalecerla, respeten la religión de nuestra progenie histórica y encarezcan francamente sus libertades y derechos".

"Yo soy misionero de España, no misionero de Dios, como le digo a veces a Mateo..." respondió José Antonio a Agustín de Foxá en una ocasión en la que le manifestaba que le acompañara a unos ejercicios espirituales 'como subordinado falangista'.

En el Punto Inicial VIII se decía: "...tampoco quiere decir que el Estado vaya a asumir directamente funciones religiosas que corresponden a la Iglesia. Ni menos que vaya a tolerar intromisiones o maquinaciones de la Iglesia con daño posible para la dignidad del Estado o para la integridad nacional".

Lo que se reputa como 'verdadera' no es la religión católica, sino la 'interpretación católica de la vida' que, por otra parte, tampoco se califica como única.

Pero no sólo José Antonio tenía ideas a este respecto. Ramiro Ledesma, en su 'Discurso a las Juventudes de España', "el servicio a España y el sacrificio por España es un valor moral superior a cualesquiera otros y su vigencia popular, su aceptación por todo el pueblo es la única garantía que los españoles tenemos de una existencia moralmente profunda...", "...¿la moral católica? No se trata de eso, camaradas, pues nos estamos refiriendo a una moral de conservación y de engrandecimiento de lo español y no simplemente de lo humano. Nos importa más salvar a España que salvar al mundo...", "...el español católico no es por fuerza ni por el hecho de ser católico, un patriota. Puede también no serlo o serlo muy tibiamente...".

El 24 de junio de 1934 José Antonio afirma rotundo: "Yo soy católico convencido. Pero la tolerancia es ya una norma inevitable impuesta por los tiempos. A nadie puede ocurrírsele perseguir a los herejes como hace siglos, cuando era posiblemente necesario. Nosotros haremos un concordato con Roma en el que se reconozca toda la importancia del espíritu católico de la mayoría de nuestro pueblo, delimitando facultades. La infancia será educada por el Estado; mas los padres que quieran dar a sus hijos una instrucción religiosa podrán utilizar los servicios del clero con plena libertad. El culto será respetado y protegido".

Se propugnaba la separación rigurosa Iglesia-Estado y la no confesionalidad de éste, aunque teniendo en cuenta la debida protección al culto y al clero afectos a la mayoría del pueblo español.

Se habla, en los Puntos Iniciales de FE, como en los 27 Puntos Programáticos, de la interpretación católica de la vida (no se habla de la Religión Católica). Así, el Principio III de la Ley de Principios Fundamentales del Movimiento Nacional (1958) dice que: "la Nación española considera como timbre de honor el acatamiento de la Ley de Dios, según la doctrina de la Santa Iglesia Católica, Apostólica y Romana, única verdadera y fe inseparable de la conciencia nacional que inspirará su legislación", lo que era más propio de la extremaderecha que de la doctrina falangista.

· Racismo y antisemitismo.

En un artículo publicado en La Nación el 23 de octubre de 1933 (tan sólo 6 días antes de la histórica fundación de Falange Española), José Antonio decía: "El Imperio español jamás fue racista; su inmensa gloria estuvo en incorporar a los hombres de todas la razas a una común empresa de salvación."

José Antonio, que duda cabe, fue un hombre de una base moral fuertemente cristiana y un pensamiento enraizado en el iusnaturalismo humanista, por lo que no podía aceptar el racismo, ni los métodos nazis.

Si el posible parentesco entre Falange y fascismo es remoto y muy parcial; no es posible encontrar el más mínimo paralelismo doctrinal entre falangismo  y nazismo.

El sentido de 'raza' en Falange, deudor del orteguismo, no estuvo definido por el origen étnico o geográfico, propio de las delirantes teorías sobre las razas del nacionalsocialismo u otros regímenes racista-excluyentes, sino que estaba definido por la tradición, no por el tradicionalismo, es decir por el sentimiento de pueblo, con lo que Falange quedaba al margen del racismo.

Es más, el que es considerado el más fascista de los militantes fundacionales, Ernesto Giménez Caballero, secundado por Agustín de Foxá, intentó la reintegración a la órbita cultural española de las comunidades judías sefardíes de la rivera mediterránea. En La Gaceta Literaria del 1 de mayo de 1931 se afrontaba "el problema judeo-nacional de España, hasta el punto de estar hoy en marcha ascendente los primeros e históricos lazos de una reaproximación con esa gran familia espiritual expulsada hace cinco siglos"

Julio Ruiz de Alda, uno de los fundadores, con motivo de la conquista de Xauen, en 1918, se emocionó al ver a la judería de la ciudad salir en procesión, entonando antiquísimos cantos litúrgicos  en sefardí y dando vivas a la Reina Isabel de Castilla.

Sin embargo, Onésimo Redondo, discrepaba a este respecto y discrepaba incluso de Ramiro Ledesma, así, en el nº 1 de Libertad, 13 de junio de 1931, se puede leer: "Nos parece bien el ardor combativo y el anhelo hispánico de La Conquista del Estado, pero echamos de menos la actividad antisemita que ese movimiento precisa para ser eficaz y certero. No nos cansaremos de repetírselo". Por esta razón Onésimo Redondo estaba casi aislado de las actividades de Falange en su feudo castellano.

· El sentido de Revolución.

No todo lo que se dice revolucionario es revolucionario. Hay que distinguir entre revolución en los medios, es decir el exclusivo desarrollo de la violencia subversiva, el intento de la conquista del poder por la fuerza, sea para operar el ascenso del orden, sea, incluso y contrarevolucionariamente, para conservar el parcial e injusto vigente en cada momento histórico, de la revolución en los fines, que puede perseguirse bien a través de la conquista pacífica y democrática del poder, bien a través de la insurrección armada (de la revolución en los medios) cuando no se dan las mínimas condiciones democráticas imprescindibles, la injusticia flagrante la demanda y la correlación de las fuerzas lo permite.

Así, toda revolución está definida por dos aspectos:

1.- Formas o medios posibles: Violencia insurreccional.

2.- Fin: La subversión o cambio del orden en un sentido de ascenso del mismo en la dirección de su totalización y de su perfección.

Los revolucionarios ponen la irracionalidad (violencia subversiva) al servicio de la racionalidad (el orden de todos, en principio).

Por el contrario, los contrarrevolucionarios ponen la irracionalidad (violencia operativa) al servicio de la irracionalidad (violencia institucional).

Y una tercera posición, los reformistas, ponen la racionalidad (diálogo civil) al servicio de la racionalidad (el orden de todos).

El revolucionarismo revolucionario o partidario de la violencia insurreccional puede resultar, como de hecho resulta, profundamente reaccionario en sus consecuencias, si desencadena la subversión en una situación objetiva de imposibilidad de triunfo de las fuerzas insurreccionales.

El revolucionarismo en los fines, es decir, la aspiración a una transformación total de la sociedad en un sentido de alcance de su plenitud social, se puede diferenciar en dos tendencias:

1.- Revolucionaria: trata de alcanzar ordenadamente esos fines por la vía de una dictadura.

2.- Reformista: Trata de alcanzar esos mismos fines por la vía de la evolución democrática. Dentro de esta tendencia se puede observar:

a.- Tendencia revolucionaria: Persigue una sociedad plenamente socializada por vía democrática.

b.- Tendencia burguesa: Persigue la mejora de las condiciones sociales de las clases más desvalidas en un momento y en una medida determinadas. Lo puede hacer desde la perspectiva democrática o desde la perspectiva autoritaria, lo que llevaría al fascismo.

Así se puede resumir en:

a.- Revolucionarismo revolucionario. Con dos tendencias:

- Revolucionarismo autoritario marxista.

- Revolucionarismo libertario anarquista.

b.- Revolucionarismo reformista.

c.- Reformista democrático.

d.- Reformista autoritario.

Hay que preguntarse, por tanto, si el término revolución en Falange es revolucionarismo o reformismo y en vía democrática o dictatorial.

Tras los discursos de los cines Europa y Madrid, de 1935, el revolucionarismo falangista es radicalmente opuesto al revolucionarismo fascista. Pues mientras nazis y fascistas se derechizaban conforme se acercaban al poder, Falange se hacía más revolucionaria:

· En los Puntos Iniciales de Falange Española (diciembre de 1933) no se aludía a la nacionalización de la Banca.

· En los famosos y disputados 27 Puntos (octubre de 1934) se decía que se tendería a la nacionalización de la Banca (Punto 14).

· En el discurso del Teatro Pereda (enero de 1936) José Antonio afirma tajante: "...si la Falange llega al poder, a los quince días será nacionalizado el servicio de Banca".

Del análisis pormenorizado de la producción doctrinal falangista se extrae que era revolucionaria en los fines y evolucionista en los medios; en definitiva, reformista. Participaba del revolucionarismo reformista del socialismo democrático, pero con los medios insureccionales del socialismo autoritario, por lo que estaba más próxima a Jaures, a Besteiro o a de los Ríos, que a Mussolini o a Hitler.

· Falange y Democracia. La Democracia Orgánica.

"Si la Democracia, como forma, ha fracasado es, más que nada, porque no nos ha sabido proporcionar una vida verdaderamente democrática en su contenido". "No caigamos en las exageraciones extremas que traducen su odio por la superstición sufragista en desprecio hacia todo lo democrático. La aspiración a una vida democrática, libre y apacible, será siempre el punto de mira de la ciencia política, por encima de toda moda. No prevalecerán los intentos de negar derechos individuales ganados con siglos de sacrificio. Lo que ocurre es que la ciencia tendrá que buscar, mediante construcciones de contenido, el resultado que la democracia liberal no ha sabido depararle, una democracia social que verificase objetivamente, en el orden económico, y traducidas en libertades y derechos concretos, las proclamaciones de la democracia política".

La estructuración orgánica de la sociedad no es una expresión del conservadurismo reaccionario, como pretendía el franquismo, de propugnación de la vuelta a la organización estamental, gremial y paternalista de la sociedad, sino todo lo contrario.

Antecedentes del concepto de de democracia orgánica se pueden encontrar en casi todas las construcciones utopistas de los teóricos de la ciencia política. La primera construcción acabada es, sin embargo, reciente y se encuentra en la 'Filosofía del Derecho' de Hegel, con un curioso prólogo de Marx. En España, el concepto es introducido por los llamados krausistas, escuela que no tiene correlato en otros países europeos, de la Institución Libre de Enseñanza, con Giner de los Ríos, Adolfo Posada, Julián Besteiro o Salvador de Madariaga.

En el concepto de democracia orgánica, la sociedad evoluciona desde el caos hacia el orden, desde lo inorgánico hacia lo orgánico, desde lo político a lo social. En función de esto, la actividad política es aquella que tiende, precisamente, a hacer social a la sociedad. De ahí que mientras más injusta, más desordenada, menos social, sea una sociedad, más actividad política hay en ella y más confusión y más partidos políticos y a la inversa.

En el nivel hipotético de una sociedad plenamente social, plenamente realizada como tal, toda la política (con los partidos, luchas, etc.) habrá desaparecido, pero no por prohibición de alguien, como pretende la extremaderecha o el fascismo, sino por haberse hecho innecesaria la actividad correctiva por la perfección social de la sociedad.

· Falange: ni Derecha ni Extremaderecha.

En la Revista Blanco y Negro (1933) José Antonio declara tajante: "Mientras millones de familias españolas vivan miserablemente, no puede ni debe haber paz en España".

El Manifiesto ante las Elecciones, elaborado por la Junta Política en enero de 1936, posiciona claramente a Falange Española de las JONS al margen de las derechas, o del fascismo: "Nuestra modesta economía está recargada con el sostenimiento de una masa parasitaria insoportable: banqueros que se enriquecen prestando a interés caro el dinero a los demás; propietarios de grandes fincas que, sin amor ni esfuerzo, cobran rentas enormes por alquilarlas; consejeros de grandes compañías diez veces mejor retribuidos que quienes con su esfuerzo la sacan adelante; portadores de acciones liberadas a quienes las más de las veces se retribuye a perpetuidad, usureros, agiotistas y correveidiles: Para que esta gruesa capa de ociosos se sostenga, sin añadir el más pequeño fruto al esfuerzo de los otros, empresarios, industriales, comerciantes, labradores y pescadores, intelectuales, artesanos y obreros agotados en un trabajo sin ilusión, tienen que sustraer raspaduras a sus parvos medios de existencia. Así, el nivel de vida de todas las clases productoras españolas, de la clase media y de las clases populares, es desconsoladoramente bajo; para España es un problema el exceso de sus propios productos porque el pueblo español, esquilmado, apenas consume...". "El orden liberal capitalista ha traído al mundo las discordias presentes y el espectáculo de miseria que dan los obreros del campo, alquilándose a sí mismos. El liberalismo se burla de los infortunados: declara maravillosos derechos; libertad de pensamiento o de propaganda, de trabajo... pero que no son sino meros lujos para los favorecidos por la fortuna. A los pobres, en el régimen liberal, no se les hará trabajar a palos, pero se los sitia por hambre. el obrero aislado, titular de todos los derechos en el papel, tiene que optar entre morirse de hambre o aceptar las condiciones que le ofrezca el capitalista, por duras que sean".

En su discurso del Teatro Principal de Oviedo, José Antonio repite lo que ya dijera en el Congreso de los Diputados, con motivo de la Revolución de Octubre: "... los mineros de Asturias, valerosos pero equivocados, no hicieron la revolución por ellos, que ganan los mejores jornales de España, sino por los trabajadores hambrientos de Andalucía".