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EL Hombre lobo y el Cine |
Explotación del mito
Pronto le salió una competidora femenina, por supuesto, y así
pudimos ver a June Lockhart convirtiéndose en hirsuta alimaña de la
noche en "She-wolf in London" (1946, Jean Yarbrough). Los
descacharrantes cómicos Abbott y Costello tuvieron un jocoso encuentro en
la pantalla con el personaje en "Abbott & Costello meet
Frankestein" (1948, Charles Barton) película en la cual Drácula
(Bela Lugosi) planeaba colocar el cerebro de Lou Costello en la cabeza de
Frankenstein mientras por allí merodeaba un hombre lobo nuevamente
interpretado por Lon Chaney. El filme (delirante desde cualquier punto de
vista), en el cual Vincent Price también colaboraba poniendo una voz en
off, se enmarcaba en un contexto en el cual los clásicos filmes de Terror
de la Universal estaban en pleno declive comercial. 
Ese
declive del género fantaterrorífico se vio aún más nítidamente en
filmes del tipo "Yo fui un hombre lobo adolescente"
(I was a
teenage werewolf, 1957, Gene Fowler, Jr.) con Michael Landon (si, el de
"Bonanza" o "La casa de la pradera") haciendo de licántropo
con acné. "Werewolf in a girl's dormitory" (1961, Richard
Benson) también caminaba por parecida línea con un director de un
colegio para chicas problemáticas que se convertía en hombre lobo de, en
el fondo, libidinosas intenciones.
Malos
tiempos para la licantropía
En los sesenta el mito es vapuleado sin piedad en versiones cada vez más
flojas. En "La maldición del hombre lobo" (The curse of the
werewolf, 1961, Terence Fisher), Oliver Reed interpretaba al español León
Corledo quien nace en Navidad, fruto de una violación, y se convierte en
una bestia hambrienta de carne humana (leve variación del origen fílmico
del mito que retoma una de las leyendas sobre su génesis).
Intentando prolongar el éxito de sus inicios, en vano, Lon Chaney Jr.
interpretó de nuevo al personaje (o más bien a una caricatura del mismo)
en "Face of the screaming werewolf (1964, Gilberto Martínez
Solares/Rafael Portillo). En este extraño filme, el licántropo
cinematográfico por antonomasia interpretaba a un hombre lobo momificado
azteca.
Los
70 no se presentaban mucho mejor con subproductos como "Werewolf of
Woodstock" (1975, John Moffitt), donde una descarga eléctrica
sufrida por un hombre en el lugar de celebración del mítico
megaconcierto del 69 le convierte en un licántropo hambriento, o "The
boy who cried werewolf" (1973, Nathan Juran) sobre un niño que
descubre que su padre se ha convertido en hombre lobo. La cumbre del
kitsch tal vez la ocupe la producción mexicana "Santo y Blue Demon
contra Drácula y el hombre lobo" (1972, Miguel M. Delgado) con los célebres
luchadores aztecas repartiendo mamporros.
Aullando
en los 80
Sería en los 80 cuanto el género licantrópico recuperaría parte de
su esplendor con la popular saga iniciada
por "Aullidos" (The
howling, 1980, Joe Dante), la adaptación de Stephen King "Miedo
Azul" (Silver Bullet, 1985, Daniel Attias), la estupenda comedia
macabra "Un hombre lobo americano en Londres" (An american
werewolf in London, 1981, John Landis) y, sobre todo, la
extraordinariamente poética "En compañía de lobos" (Company
of wolves, 1984, Neil Jordan).
Esta última cinta presentaba una analogía entre el género terrorífico
y los cuentos infantiles, en la cual el mito del hombre lobo estaba más
que relacionado con la génesis del cuento de Caperucita Roja. Una auténtica
joya, sin duda. Claro que también habría lugar para la parodia con el
remake no-oficial de "Yo fui un hombre lobo adolescente" que
protagonizó Michael J. Fox y que fue titulado "Teen wolf"
(1985, Rod Daniel).
Más Fx, menos horror
En los 90, han continuando proliferando títulos sobre el hombre lobo
pero ninguno ha logrado destacar sobre
el resto. La esperada secuela
"Un hombre lobo americano en París" (An american werewolf in
Paris, 1997, Anthony Waller) resultó un completo chasco pues los efectos
especiales infográficos resultaban mucho menos creíbles que los
animatronics del filme de Landis, además de que el guión carecía del
interés y la mala intención de su precedente. La francesa Julie Delpy no
sabía donde se metía al aceptar el proyecto.
Por
su parte "Lobo" (Wolf, 1994, Mike Nichols) no carecía de interés
si bien los dobles de Jack Nicholson
"cantaban" en exceso. Sin,
embargo, la metáfora sobre el deseo de una segunda oportunidad tras el
declive masculino, la contención interpretativa del gran Jack y la relación
de seductor/seducido que mantiene con Michelle Pfeiffer dan como resultado
una visión de la licantropía, como mínimo, diferente y estimulante.
Otros títulos han sido "Werewolf" (1996, Tony Zarindast),
"Rage of the werewolf" (1999, Kevin J. Lindenmuth), etc...
Paul Naschy, un licántropo madrileño

Y no nos olvidamos del español Paul Naschy (Jacinto Molina), el actor
que más veces ha interpretado en pantalla al hombre lobo. Entre sus títulos
más conocidos destacan "La marca del hombre lobo" (1968,
Enrique López Eguilluz), "La furia del hombre lobo" (1970, José
Mª Zabalza), "Licántropo" (1996, Francisco Rodríguez
Gordillo) y, por supuesto, la mítica "La noche de Walpurgis"
(1970, Leon Klimovsky).
En todas ellas ha demostrado su pericia a la hora de encarnar el lado más
humano (y también el más oscuro) de la bestia, si bien la mayoría de
sus filmes contemplados hoy en día resultan bastante desfasados e
incluso, en ocasiones, involuntariamente cómicos. De hecho, solo la
presencia de Naschy (en su sempiterno rol de Waldemar Daninsky) los salva.
López Vázquez aullando a la luna
Para finalizar, merece especial mención el filme que ha tratado el
tema de la licantropía con mayor verosimilitud: "El bosque del
lobo" (1971, Pedro Olea). La historia de esta cinta se basaba en
casos reales de enfermos (mentales, mayormente) que se volvían
sanguinarios asesinos durante las noches de luna llena, mientras que en su
vida normal eran pacíficos y tranquilos.
José Luis López Vázquez (en una de sus mejores interpretaciones, que ya
es decir) interpretaba a Benito Freire, un "alobado" que paseaba
su desgraciada enfermedad y su patético destino por esos pueblos y
bosques de Dios. Sin necesidad de Fx ni maquillaje, las
"transformaciones" que sufría durante el plenilunio ponían el
vello de punta. Un filme a reivindicar.