sala de espera

fábulas intestinales

de 1/2 cocido


 El ruido de su estómago.

Eso era todo lo que X2 podía recordar de la persona que había regido su vida durante más de tres años. Se trataba de un ruido muy peculiar. No se parecía a los "ñigoñigoñigo" acelerados de cualquier aparato digestivo. Poseía una curiosa cualidad que el propio X2 había definido como "un incesante borbotear clónico y marcadamente repetitivo." A pesar de que estas palabras habían perdido ya referente en su mundo real, no dejaban de resonar en la cabeza de X2.

Por las noches se levantaba bañado en sudor y atormentado por aquel clónico y marcadamente repetitivo sonido de tripas crujir. Se levantaba de lo que otrora parecía una cama y ahora se asemejaba más a una alberca. Se secaba, se ponía la bata y, a falta de algo que echarse a la boca, se fumaba un cigarrillo postrado en el sillón de la sala de espera. Desde que ella se había ido la vida lo había jodido bien. Se había cabreado con aquel dibujante egomaníaco y se había largado de sus páginas. Por suerte, a lo largo de su breve carrera como personaje de las páginas de aquel demente había logrado juntar unos ahorrillos. Eran poca cosa pero le servirían de sustento durante algún tiempo, pensaba, hasta que encontrase otra ocupación. Si al menos tuviese un mísero bocadillo, podría recitar algunas palabras en honor a la desaparecida. Pero no era así.

Para X2 lo más importante era dedicarse a algo que, aparte de darle de comer, le gustase. No concebía más que trabajar en lo suyo, en lo que siempre había querido trabajar. Y no podríamos decir que siempre había trabajado en ello porque hasta el momento sólo había tenido un empleo. Pues bien, como decíamos antes su predilección laboral era, en palabras llanas, dedicarse a vender su punto de vista. La red lo había puesto en contacto con aquel déspota pedante cuyo nombre no merece ser reproducido en estas líneas. Tras varias conversaciones, vía teléfono y en persona, aquel oscuro personaje decidió contratarlo como personaje de sus cómics. El primer problema que detecto X2 fue el estilo del susodicho dibujante. Al carecer de guiones, su máxima diversión era ensañarse con los pobres personajes. Dibujaba viñetas de todos los tamaños y texturas. Viñetas angulosas, heptagonales, en forma de flecha, minúsculas. La función de X2 era adaptarse a estas laberínticas estancias viéndose forzado incluso a distorsionar su cuerpo (cosa que no le resultaba tan difícil, pues era pura línea clara, como engorroso).

Por todos es bien sabido que los que moran dentro de páginas y viñetas no necesitan más que bocadillos para alimentarse. Pero no se trata de bocadillos de chorizo o de mortadela con aceitunas (aunque no sería mala idea), sino de bocadillos con letras dentro. Ahí reside la paradoja de todo personaje de tebeo o ilustración: cuanto más nutridos de palabras están los guiones que han de recitar, más engordan y mejor se encuentran. De todos modos, los personajes nunca se mueren. Bueno, si se mueren pero no les ocurre lo mismo que a las personas de carne y hueso. Para empezar, los personajes de tebeo no dejan de existir plenamente sino que pasan a una especie de limbo que consiste en un apartamento individual con dos habitaciones: un dormitorio y una sala de espera. Ambos escuetamente decorados (una cama, una mesilla de noche y una alfombrilla en uno y un sillón, una mesa, un teléfono y un montón de revistas como las de todas las salas de espera que tienen revistas en la otra). Allí esperan hasta que alguien se acuerda de ellos, hasta que algún compasivo dibujante, guionista o editor los llama para lo que sea.

Del mismo modo que no necesitan más alimento que las palabras, los personajes de tebeo no necesitan cagar ni mear ni lavarse los dientes o ducharse. Esta es la razón por la que el que construyó el limbo de los personajes olvidados no dispuso cuarto de baño alguno en los apartamentos. Tampoco dispuso paredes acolchadas, como recomendaría cualquier psicólogo, ya que los personajes de tebeo no sufren psicosis ni neurosis más que cuando están trabajando.

Pues bien, allí se encontraba X2. Rodeado por una espesa nube de aburrimiento, sin ventana alguna por la que poder divisar cielos, puestas de sol o silvestres cervatillos correteando alegremente por la pradera. Allí estaba en una especie de eternidad potencial. Y allí era donde intentaba acordarse de su vida pasada. ¿Cuánto tiempo había pasado? ¿Cuánto tiempo tendría que esperar? ¿Qué era esperar? Y yo aun diría más ¿Qué era el tiempo? Todos estos conceptos (¿qué era un concepto?) revoloteaban dentro de su cabeza poniendo en peligro la tormentosa existencia de su neurona.

   

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