Los gatos no se adaptan tan bien a los viajes como los perros, y hay que transportarlos en cestas especiales. Convendría acostumbrar a nuestro gato a su cesta de transporte un tiempo antes de emprender cualquier desplazamiento y, si es posible, hacer que empiece a viajar cuando todavía es joven.
Necesitaremos una cesta segura, de plástico, alambre o mimbre. Una mata constituirá un excelente aislante cuando haga frío; en épocas extremadamente calurosas podría ser necesario cubrir la cesta con un trapo húmedo. Nunca se debe dejar desatendido a un gato en el coche cuando haga mucho calor, ya que podría sufrir una hipertermia. Tampoco se le debe dejar suelto durante el viaje, ya que podría alterarse o saltar sobre el conductor produciendo un accidente.
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Para evitar que se asuste y se escape, debemos dejar al gato en una habitación tranquilar mientras se sacan los muebles del resto de la casa. Si tolera mal los viajes, es mejor no darle nada de comer para que no se maree por el camino. Una vez que se han embarcado los muebles, se introduce al gato en su cesta y se le lleva a la nueva casa.
Al llegar
hay que dejar que el gato se adapte y acostumbre al nuevo entorno. Conviene
proporcionarle comida, agua y su bandeja de deposiciones y dejarle confinado
en casa durante al menos cinco días, transcurridos los cuales se
le puede permitir que salga un rato, a ser posible acompañado por
nosotros.
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Si el gato entra en países como el Reino Unido, debe permanecer en cuarentena durante seis meses, para asegurarse de que no es portador de la rabia. Las penas por el incumplimento de esta norma son muy severas, por cuanto supone un riesgo potencial para la salud humana. En los Estados Unidos está prohibido pasar animales de un estado a otro si no van vacunados convenientemente y llevan sus documentos en regla.
Si viajamos al extrajero con nuestro gato tendremos que cumplir las normas que al respecto nos indique la compañía de transporte. Cualquier veterinario nos asesorará sobre esas normas y con qué autoridades debemos contactar.
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Si vamos a viarja y no podemos llevar con nosotros al gato, debemos asegurarnos de que está bien atendido durante nuestra ausencia por algún amigo o vecino o en un residencia especializada para gatos. Deberíamos elegir una residencia para gatos con suficiente antelación a nuestras vacaciones. Conviene repasar las condiciones y hacer todos los arreglos con tiempo, ya que muchas residencias están reservadas desde meses antes.
La residencia debería
estar inmaculadamente limpia y los gatos bien atendidos. Los animales deben
poder salir al exterior y ver a sus compañeros, pero manteninéndoles
separadas para evitar posibles infecciones. Todas las escudillas de comida
y los cuencos de agua tienen que mentenerse limpios y esterilizarse, y
las camas deben ser desechables o de un material que pueda desinfectarse
cada vez que llega un nuevo ocupante. Las instalaciones también
deben contar con una seguridad eficaz, y con al menos dos barreras exteriores
para evitar fugas de los alojados o la entrada de gatos extraños.
Hay que informar al personal
de la residencia si nuestro gato necesita una dieta especial, y asegurarse
de que su vaconación está al día. La residencia debería
permitir que dejemos al gato algunos objetos que le recuerden a su casa,
como por ejemplo su juguete favorito.
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