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ATRASO
DESDE UNA PERSPECTIVA HISTÓRICA L a provincia de Teruel a tenido tracicionalmente un ritmo de crecimiento inferior al de la economía española, agravándose particularmente estas disparidades en aquellos periodos en que ha sido mayor el ritmo de crecimiento y ha existido por tanto una mayor movilidad en los factores productivos. Analizando la evolución de las relaciones económicas con otros espacios, puede sostenerse que ha existido una serie de transferencias interterritoriales de recursos por la vía de los movimientos migratorios, la exportación de materias primas de origen agrario o la utilización de una gran parte del ahorro de la provincio de Teruel fuera de ella. Pero, sin duda, al llevar a cabo una aproximación a la problemática del atraso relativo de Teruel desde una perspectiva histórica, el aspecto más importante que debería subrayarse es el del tipo de aprovechamiento que se ha hecho de su riqueza minera a lo largo de las primeras décadas de este siglo, ya que es precisamente en el año 1900 cuando se inicia la explotación a gran escala tanto del lignito como del mineral del hierro. Sin embargo, ya a finales del siglo XVIII los ilustrados aragoneses habían intentado desde la Real Sociedad Económica de Amigos del País divulgar la existencia de esta riqueza para su aprovechamiento. El propio Pignatelli criticó el riesgo de que se dejaran en manos de extranjeros las principales explotaciones, y el 1785 se publicó un "Informe acerca del efecto causado al hierro por el carbón de piedra aragonés, por el extranjero y por el de leña". Los gases sulfurosos que emanaban de la combustión del lignito difilcultaban la aceptación para usos domésticos en Zaragoza, pero eran los problemas de transporte los más importantes y los que acabarían impidiendo el aprovechamiento a gran escala de la cuenca hasta la construcción de líneas de ferrocarril ya en el siglo XX, creándose unas expectativas excesivamente optimistas que el paso del tiempo se encargaría de desmentir. Así, en el año 1901 el entusiasta polígrafo Domingo Gascón y Guinbao escribía en la Miscelánea turolense, llevado por la euforia de las primeras realizaciones, que "cruzarán la provincia en todas direcciones líneas que transportarán sus productos y la inundarán de vida. Se alzarán hornos y fábricas en abundancia; aldeas hoy miserables serán poblaciones ricas; habrá trabajo para todo el que quiera trabajar, afluira gentes de fuera, porque resultará escasez de brazos; habrá pan, llegará el progreso y el pueblo de Teruel, hasta ahora en un atraso forzado, se dignificará y podrá ocupar un puesto entre los más adelantados y cultos". En un completo trabajo, la industria minera en Aragón; el hierro y el carbón hasta 1936, Eloy Fernández Clemente ha estudiado los rasgos de este proceso en el que se ponen de manifiesto las dificultades empresariales a las que hubo que enfrentarse, los problemas de propiedad de las minas, de abastecimientos o las condiciones de trabajo y de vida que debieron soportarse. En otra brillante aportación (Teruel, 1873-1868: revolución burguesa y atraso económico) Vicente Pinilla ha señalado el estancamiento de la provincia en unos años de importantes cambios en otras zonas más dinámicas. Durante muchas décadas, y hasta que entraron en funcionamiento las centrales térmicas, las únicas actividades económicas que se derivarían de las minas serían las diréctamente extractivas. Para que se pudieran poner en explotación las minas de lignito y de hierro, que como se ha dicho eran las únicas que ofrecían una riqueza sufiente como para ser explotadas a gran escala, iba aser necesário que se contara con adecuados medios de transporte y, así, la llegada del ferrocarril Central de Aragón en junio de 1901 hasta Rubielos de Mora, o el tendido del ferrocarril secundario de Zaragoza a Utrillas fueron los pasos previos para el desarrollo de la minería en la región, que adquirirá su mayor impulso en el caso del lignito en el periodo de la I Guerra Mundial. Para explotar los lignitos de las cuencas turolenses, se construyó en el año 1900 la sociedad Minas y Ferrocarril de Utrillas, en la que participaron diversos consejeros del Banco de Crédito de Zaragoza, entidad en la que estuvo unida en su primera época esta sociedad, que por el volumen de sus inversiones fué la más importante de su época en Aragón, ya que surge con una cifra de doce millones de pesetas de capital que pronto se ampliarán a quince; aunque esta empresa suscitó muchas esperanzas antes de su creación, pronto se pudo comprobar que las previsiones que se habían hecho acerca de su funcionamiento pecaron de excesivo optimismo, ya que una vez tendido el ferrocarril y puesto en explotación un buen número de minas, éstas nunca llegaron a obtener los volúmenes de pruducción que se habían estimado, siendo la mayor parte de su carbón consumido en Zaragoza, sobre todo por las azucareras. Problemas similares afectarón en su primera época de explotación a las minas de hierro de Ojos Negros. Uno de los hechos más insólitos que ofrece la apasionante historia de ferrocarriles es, sin duda, la construcción de una línea de 204 Km de vía estrecha entre Ojos Negros y Sagunto en los primeros años de este siglo. La difusión por parte del polígrafo turolense Gascón y Gimbao de la importancia de los yacimientos de Ojos Negros hizo que se interesara por ellos capital vasco y que se construyera en 1900 la Compañia Minera de Sierra Menera con objeto de explotar a gran escala la cuenca y exportar -sobre todo a Gran Bretaña- elevadas cantidades de mineral, lo que implica colocarlo de la forma más económica posibleen un puerto de mar cercano. Otro hecho particularmente grave desde el punto de vista de las transferencias interterritoriales de recursos, y que añade a los movimientos migratorios y a la explotación de materias primas, es la utilización que se hace fuera de Teruel de una parte importante del ahorro provincial. Se llega a la conclusión de que más de la mitad del ahorro generado en la provincia acaba invirtiendose fuera de ella, contribuyendo por tanto así a que se amplíen las dispiridades económicas. |