FIESTAS

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PREGÓN DE LAS FIESTAS DEL AÑO 2001

José Antonio González 

BANDO DEL PREGÓN

 

 

PREGÓN DE LAS FIESTAS DE MATANZA DEL AÑO 2001

       Queridos amigos de Matanza, paisanos de toda condición:
Nativos o Descendientes, Vecinos o Forasteros, Turistas o Transeúntes

¡Sed todos bienvenidos a las fiestas de este pueblo, que es el mío, en este momento histórico del Primer Año del Nuevo Milenio!

Pero, después de este saludo cordial de bienvenida y antes de iniciar el Pregón, permitidme un par de explicaciones:

La primera para decir que la insistencia de nuestro Alcalde (¡que ya de niño decía que a la tercera va la vencida!) me ha puesto ante vosotros, con muchas ganas de llegar a vuestro corazón pero con torpes palabras para saber hacerlo. ¿Como negarme a la petición de un quinto de mi quinta con el que campaba y corría por el pueblo hace mas de 50 años?. Muchas gracias, Alcalde, por tu confianza y amistad y gracias también al Consistorio que presides por haber aceptado mi intervención.
La segunda explicación es para decir que aunque me siento abrumado por el honor de ser Pregonero en mi pueblo, también me siento muy honrado por poder dirigirme a vosotros en este primer Pregón del Nuevo Milenio. Con el paso del tiempo cada vez son mas fuertes las raíces que nos unen a nuestra tierra. Alguién acertó cuando dijo: "La patria de cada uno es su infancia" y el poeta Antonio Machado, remachó el acierto cuando escribió: "Recordar la infancia es volver a vivir…..". Gracias por permitirme recordar, por volver a vivir con todos vosotros.

Y dicho esto, proseguiré con mi Pregón…. recordando…

En los carteles de las fiestas suele decirse: "Lectura del Pregón a cargo de…."

Yo no voy a leer. No voy a usar papeles y ¡que salga lo que Dios quiera!, que para eso estoy con mi gente.

Solo recurriré a algunas citas literales, en algún momento, y al final del Pregón, leeré, eso sí, un Bando que he preparado con mucho esmero y del que tengo aquí algunas copias para que quede un recuerdo.

He citado al poeta Machado y me va a servir de inspiración, con una preciosa estrofa que, sin duda, muchos conocereis. Dice así:

Mi infancia es el recuerdo de un patio de Sevilla,

y un huerto claro donde madura el limonero;

mi juventud, veinte años en tierras de Castilla;

mi historia, algunos casos que recordar no quiero.

Cambiando un poco los versos de Machado y personalizándolos a mi manera, me atrevería a decir:

1º.- Mi infancia es el recuerdo de un patio de la Escuela, el patio donde ahora estamos, donde, hace 50 años, hombres y mujeres de mi generación maduramos. Al "limón del limonero" jugamos, pero no maduraron precisamente limones, maduramos muchos "melones" de la mano experta de dos "hortelanos", dos maestros excepcionales: D. César y Dña. Eufemia o Dña. Eufemia y D. César, "tanto monta, monta tanto".

De esa época feliz conservo una fotografía que tengo ampliada. Son 55 chicos: el mas alto Teyuco, casi dos metros; el mas bajo, sentado en el suelo en primera fila con las piernas cruzadas, Higinio, apenas medio metro. Sus nombres, a pesar del tiempo, me salen de carrerilla…. (La foto debe ser del año 45, el año famoso conocido como "el año del hambre" en España, que, afortunadamente, no creo que lo fuera en Matanza)

No conservo igual fotografía de las chicas de mi tiempo. Y bien que me gustaría, para que pudiera contemplarse, desde cualquier lugar del mundo, como sucede ya con la de los chicos. Desde este verano hay un sitio abierto en internet para Matanza y en la dirección, que os puedo facilitar, podreis encontrar las "grandezas" de nuestro pueblo. Espero vuestra colaboración, para ir enriqueciendo sus páginas. Si alguna amiga conserva esa fotografía, por favor, préstemela, para hacer una copia ampliada y difundirla como se merece.

En aquel entonces, no estaba bien visto "arrejuntarse" en la Escuela como sucede ahora con la educación mixta. Que se lo pregunten a un compañero de la foto, ¡no diré su nombre, aunque lo tengo en la punta de la lengua!, que debió de sobrepasarse un poco, (seguro que nada para los tiempos que corren), y recibió una solemne bofetada, ¡que digo bofetada, una monumental "carrillada"! de manos del ínclito D. César que nos dejó a todos temblando.

2º.- Mi juventud: veinte años en tierras de Castilla. Suscribo lo mismo. Veinte años (en los cincuenta y los sesenta) yendo y viniendo de vacaciones desde el Colegio de León o la Universidad de Madrid. ¡Que tiempos aquellos, aunque efímeros, porque con las fiestas del pueblo se acababa lo bueno!. Mas duros eran esos veranos para la mayoría de mis amigos que, durante los meses de Julio y Agosto, se afanaban en la siega, en las eras y en las noches de acarreo, haciendo buena la visión que de aquella Castilla, dura y recia, tenía el otro hermano Machado, Manuel:

El ciego sol se estrella en las duras aristas de las armas,

llaga de luz los petos y espaldares y

flamea en las puntas de las lanzas.

El ciego sol, la sed y la fatiga,

por la terrible estepa castellana,

al destierro con doce de los suyos,

¡Polvo, sudor y hierro!

el Cid cabalga.

3º.- Mi historia, la vivida en Matanza, es el recuerdo de tantos seres queridos: familiares, amigos y vecinos, con los que conviví en el pueblo y que ya no están con nosotros. Mal que le pese al poeta, yo sí quiero recordarlos con verdadera emoción, porque siempre serán de mi devoción. Con el paso del tiempo, la tristeza de su pérdida va dando paso a un recuerdo placentero, mezcla de nostalgia y gratitud, que nos acerca a ellos, esperando encontrarnos cuando llegue nuestra hora.

Si los versos de Machado me han servido de preámbulo, también me van a seguir sirviendo de inspiración para hilvanar el Pregón en torno a las tres etapas de nuestras vidas, a tres momentos distintos para recordar las fiestas de Matanza: Infancia, juventud y madurez. Y la pregunta surge oportuna: ¿Cómo vivimos las fiestas en cada una de esas etapas?.

De la Infancia, los recuerdos son pura policromía de colores. De la paleta de recuerdos de las fiestas de Matanza extraigo cuatro pinceladas nada mas: Las avellanas, la hoguera, el baile y la procesión. O lo que es lo mismo, materializándolo en símbolos concretos: El escriño de avellanas, los pluminos en la hoguera, el pasadoble en el baile y el pendón en la procesión.

1ª Pincelada: Las avellanas. ¡Qué bonita y qué curiosa esta tradición!. ¿De donde arrancará esta costumbre tan típica de nuestro pueblo?. Como mínimo tiene una tradición de cuatrocientos años. He sentido curiosidad por averiguarlo y, salvo mejor opinión, he creído verlo en un mandato de año 1595, cuando se escribe la Regla por la que debe regirse la Cofradía del Rosario. El Capítulo 23 de esa Regla no tiene desperdicio. Se titula: "Cuando y como se ha de celebrar la fiesta del Rosario". Y dice literalmente: "Item ordenamos y mandamos que la fiesta mas solemne de esta Santa Cofradía se celebre el primer domingo de octubre por causa que entonces es tiempo mas oportuno para nosotros a causa de que entonces se ha cogido el pan y los trabajos de nuestra labranza no son tan grandes y la gente tiene para ayudar con sus limosnas al gasto y para pagar los alcances que en esta Cofradía se hubieren hecho, ansí que para entonces los oficiales de esta Santa Cofradía conviden a los que quisieren hacer danzas o autos avisándoles temprano y prometiendoles de parte de la Cofradía un premio lícito y honesto porque festejen licitamente esta solemne fiesta". Pero en este Capítulo, el convite a los que quieran hacer danzas y la promesa de un premio lícito y honesto no se concreta.

La concreción la encontramos en el último Capítulo de la Regla, el 27, que ya habla de una "colación" y dice así: "Item ordenamos y mandamos que esta Regla se lea una vez el dia de la Purificación de Nuestra Señora y otra el primer domingo de octubre, siendo a ello llamados todos los cofrades y compelidos con moderada pena, la cual les ponga el mayordomo, y aquel dia se gaste con los que allí se hallaren a oir la regla un ducado o doce reales en colación a cuenta de las penas de los ausentes y bienes de esta Santa Cofradia, para que nadie pretenda ignorancia en lo que es obligado a hacer".

Por si quedaba alguna duda, doscientos años después de publicada la Regla, en 1794, con motivo de la Constitución canónica de la Cofradía, se recoge en el primer Capítulo para el Gobierno Político de la Cofradía, textualmente, lo siguiente: "Que el sábado antes de nuestra Fiesta principal, por la tarde, debe haber Vísperas cantadas por los dos párrocos, a quienes se contribuirá, por razones de su trabajo, con la limosna de ocho reales de vellón. Y así mismo debe haber en el dia de la fiesta Misa cantada con prestes, si hubiese comodidad, y sermón. Que después de las Vísperas vayan todos los Hermanos de dos en dos con el señor Abad a casa del mayordomo y después de recontados se les entregue una indicada y frugal colación a cuenta de las penas de los ausentes y bienes de esta Cofradia según se manda en el Capítulo 27 de la Regla de 1595". Lo único que falta es ponerle nombre a esta colación y así llegamos a las avellanas.

Pues bien, volviendo a mis recuerdos infantiles, ¿cómo interpretó toda esta tradición, este mandato solemne, un amigo de aquellos tiempos?. Con un escriño de avellanas, unos tientos al garrafón y el primer cigarro de su vida, uno de los colegas (no diré quién) cogió tal melopea que no había forma de tenerlo en pie. Se nos escurría, en todos los sentidos, por todos los lados. Paciencia y a esperar que pasase el mareo, porque ¿quien le llevaba en ese estado a su casa?…. Así pasó la tarde-noche del día de las avellanas que se prometía tan feliz. ¿Fue su celebración lícita y honesta, como quiere la Regla?. Yo creo que sí. Hoy mi amigo no fuma ni bebe.

2ª Pincelada: Los pluminos para la hoguera. Escogidos entre los mas gordos y relucientes del reguero, llevaban muchos meses secándose en la panera. Había llegado el momento de jugar con el ancestral rito del fuego, prendiéndolos en la hoguera, y moviendo las ascuas encendidas cerca de las piernas de las chicas, que entonces no usaban pantalones. Recuerdo una maldad, picardía de la infancia: Uno de los quintos, ¡que se yo!, el mas zascandil, seguro, entre Virgilio, Mateo, Pedrito, Vicente, Julián o Máximo, nos aleccionaba a los mas ingenuos, unos dias antes de la hoguera, con esta "moralina" (entre comillas): " Bajo las sayas, con los pluminos, encontraréis nidos, de gamusinos".
 
3ª Pincelada: El pasodoble en el baile. En plazas obscuras o en las eras, que no tenían mas luz, con flauta y tamboril las mas veces, con organillo incluso alguna vez (creo recordar, aunque el recuerdo es aquí confuso, que el Sr. Perfecto resolvió algún año la carencia de los músicos dándole al manubrio), bailaban y bailaban las mozas y los mozos, mientras los infantes estorbábamos por en medio. ¡Que canciones aquellas, que ritmos de pasodoble…! Acabadas las fiestas quedaba el eco de las mismas y se podía escuchar, recuerdo haberlas visto desde un balcón, a Nazarina, a Chon, a Elvira o Isabel, ¡yo qué sé!… a las que tenía mas cerca, cantar a grito pelado: "En los carteles han puesto un nombre que no lo quiero mirar, Francisco Alegre y olé, Francisco Alegre y olá…. . La gente dice vivan los hombres cuando le ven torear, yo estoy rezando por él, con la boquita cerrá…". ¡ El pasodoble, el único baile que aprendí medianamente bailar… Vaya artista que salió de las fiestas de Matanza!
 
Finalmente, la 4ª Pincelada, el último toque de color: La Procesión y el Pendón. ¿Y que pinta aquí el Pendón?. Mucho. A los chicos de entonces, no sé ahora, nos causaba verdadera admiración la fuerza y la destreza del mozo abriendo la procesión, con la tela al viento, los brazos bien tensos. Recuerdo a Jesús, el cinto ancho soportando el peso, el gancho de hierro tensando la cincha, bajando el pendón para salvar los cables, saliendo airoso y triunfante después de cada bajada, a paso ligero, como un héroe triunfante, batiendo molinos de viento. ¡Me gustará ver de nuevo el Pendón!. Posiblemente el varal me parecerá mas pequeño que el que veía de niño. Pero su encanto no desaparecerá, a buen seguro.

Mi curiosidad vuelve a aflorar, como con la tradición de las avellanas. ¿De que fecha será nuestro Pendón? También en este apartado podemos averiguar algo en nuestros primeros documentos escritos: La Regla de la Cofradía de 1595. Los Capítulos 10 y 11 se dedican a la Procesión y al Pendón: "Item ordenamos y mandamos que en las Procesiones de primer domingo de mes los cofrades se hallen presentes con sus rosarios en las manos y el que ansí no lo llevare pague dos maravedís de pena y todos vayan con muy buena orden rezando y sin parlar unos con otros so pena de doce maravedís los que les pague cada uno que parlare. Item ordenamos y mandamos que el Pendón que esta Santa Cofradia tiene vaya delante cuando hubiere Procesión solemne y luego tras el en dos hileras los hombres, los mas mozos delante y los mas ancianos detrás, descubiertas sus cabezas…………… y este orden se guarde en todas las Procesiones salvo que el Pendón si les pareciera a ambos oficiales no salga si no fuere las Procesiones solemnes".

Pero, a buen seguro, que nuestro Pendón viene de tiempos mas lejanos, tal vez, de los comienzos de Matanza como pueblo, allá por el año 900. Parece ser que hay mas de mil pendones en los pueblos de nuestra provincia, que provienen de la Edad Media, de nuestros orígenes, de hace mas de mil años. Existe una página web en la que se pueden ver desfiles en distintas comarcas leonesas que tienen un colorido y un sabor a tradición difíciles de igualar. Parece que mi admiración infantil es seguida por muchos nostálgicos como yo, que sienten la emoción de ver desplegarse el pendón con el viento.

Pasando a los tiempos de juventud, dos recuerdos prevalecen sobre los demás: Los partidos de futbol en las eras y el baile, ahora no como espectador "estorbador" sino como protagonista.

Fútbol.- Mi pasión por el futbol en aquellas fechas era absorbente y recuerdo seguir, entonces, los partidos con verdadera obsesión. Los años 50 fueron los de la célebre delantera del Atlethic de Bilbao: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza. Pero, en verdad, que mi equipo era el Barcelona, porque en el jugaba el leonés César, que tenía mas clase que Zarra como delantero centro. Los años 60 fueron de otros famosos: DiStefano y Kubala.

Pero, en Matanza, estabamos en otra guerra. Sobre todo, contra Valdespino y Zalamillas. Recuerdo un partido muy esperado contra Valdespino. No sé que año sería: mediados de los 50, tal vez. Habíamos puesto, con gran esfuerzo, porterias en las eras, a no mucha distancia de la fragua. No llevábamos mucho tiempo jugando cuando Juan Manuel (buen deportista ya entonces como ha demostrado después su prole), que jugaba de portero, se arrojó a los pies de un delantero visitante que, como buen valdespinero no retiró la espinilla, chocando con la nariz del portero y dejándosela rota y con mucha sangre. Se acabó el partido. Juan Manuel fue llevado a casa del médico que arregló el desaguisado y le desaplastó la nariz. Así acabó aquella gran jornada.

Baile.- El descanso del guerrero venia después del fútbol con el baile de la fiesta. Por esos tiempos ya sonaban discos y empezaba a venir alguna orquesta que otra. En las fiestas del pueblo la mayoría de nosotros estrenamos el primer baile y experimentamos los primeros enamoramientos. No había muchas oportunidades mas a lo largo del año.

Recuerdo mi primer baile. El salón de baile no era gran cosa, no había luces de colores ni arañas luminosas. O puede que hubiera muchas arañas pero estaban vivas. El salón era una especie de panera al final de la calleja que conducía a la panaderia del Sr. Tiburcio: al otro lado de la calle, casi en frente.

Con emoción, te acercabas a pedir el primer baile a la niña que te gustaba. Danzabas como podías, mas mal que bien, y acabada la pieza, como no estaba bien visto repetir mucho con la misma pareja, por aquello del qué dirán… ¡adiós!, a contárselo a los amigos. Y a esperar la siguiente oportunidad que, a lo mejor, no llegaba hasta el año que viene, por la misma fiesta. ¡Un año entero para recordar un momento de encantamiento! ¡Que dura era la vida!.

Finalmente, en la época de madurez los recuerdos decaen. El trabajo, la familia y otras muchas obligaciones nos alejan a muchos de las fiestas del pueblo. Otros tienen mas suerte y las siguen disfrutando.

Pero no nos pongamos tristes. Mientras haya jóvenes e infantes que vivan la fiesta, que no decaiga la alegría. Es verdad que, hoy día, la vivirán de otra forma, pero, quién sabe, a lo mejor dentro de 50 años alguno de ellos lanzará un Pregón mas rico en experiencias y emociones que el que yo he tratado de transmitiros.

Me viene a la memoria una anécdota atribuida al economista mas importante del siglo XX, maestro de todos los que nos dedicamos a enseñar Economía, el genial inglés Keynes. Cuando se vivía un momento de grave crisis económica mundial, por los años 30, los discípulos de Keynes le preguntaron: "Maestro, ¿cómo ve el futuro?". Y el gran Keynes les contestó: "Muchachos, el futuro no se ve, el futuro se hace". Pues lo mismo digo, el futuro de las fiestas de Matanza, muchachos, está en vuestras manos. Coged el testigo y vivirlas con la misma pasión con que las vivimos nosotros, aunque sea a vuestro aire y a vuestro estilo.

Nada más. Pero antes de terminar quisiera tener la gracia y el salero del que para mí siempre será el alguacil de Matanza, el Sr. Florentino, a quien recuerdo con especial afecto. El desgranaría mejor que yo, con su voz algo cascada, como una salmodia, este Bando con el que quisiera terminar.

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BANDO DEL PREGÓN DE LAS FIESTAS DE MATANZA DEL AÑO 2001

De orden del Sr. Alcalde, se hace saber, que en vísperas de las fiestas del pueblo, propios y extraños, conminados por la autoridad competente, las siguientes veinte ordenanzas, tengan presente:

Primera.- Que estando el pueblo asfaltado y no habiendo barro en las calles, nadie vaya de "trapillo" el día del pasacalles; que vistan sus mejores galas: Las mujeres cual claveles y los hombres como pinceles.

Segunda.- Que las amas de casa se afanen en la cocina, para que el aroma del guiso y el olor de la cecina, estimulen el apetito de las gargantas mas finas. Abran con alegría las puertas, cuando suenen las aldabas, para ofrecer alimento al hambriento y matar la gula de los tragaldabas.

Tercera.- Que se espite la barrica, que corra el vino de "aguja", que el Prieto Picudo del lugar, refresque nuestro paladar, para que esté mas templado el gaznate y gorjee mejor al cantar.

Cuarta.- Que el escriño de avellanas, en casa del mayordomo, esté presto, para salir al encuentro, de los de "afuera" y de los de "adentro".

Quinta.- Que no falte mozo bien puesto, que deje de izar el pendón, que a la Virgen enaltece, llevándolo en procesión.

Sexta.- Que sean los padres laxos con sus hijas y sus hijos, que den su consentimiento para la danza y el divertimiento, que siempre fue buen remedio para ahuyentar solterías y alejar aburrimientos.

Séptima.- Que no olviden los forasteros que este pueblo de secano tiene una hermosa piscina, donde se lucen las mozas, en cuanto llega el verano.

Octava.- Que se acepte, sin escándalo, la moda "top" en doncellas, que deja ver el ombligo, y el pelo a la greña en mancebos, untado con la gomina, que son tiempos de novedad y estamos en otro milenio.

Novena.- Que la hoguera ante la ermita purifique, con su llama, las envidias y rencores, y sea la gente mas llana, agua bendita en amores.

Décima.- Que la carretera variante, Dios mediante, no espante al viajante, pero alivie y dé sosiego al caminante. Y que el cruce de ganado transhumante no sea un peligro constante.

Undécima.- Que se destierren del lugar, murmuraciones y maledicencias, que crían malos humores y crean malas conciencias.

Duodécima.- Que cesen rivalidades y partidismos, que reine el paisanaje y la amistad; que nadie se soliviante, ¡coño!, que este es un pueblo de paz.

Decimotercera.- Que olvide el deudor sus deudas y el acreedor su reclamo, dando tregua, mientras duren las fiestas, aquel a sus angustias y este a sus impaciencias.

Decimocuarta.- Que pasadas estas fiestas, nadie dé un palo al agua; se acabó la recogida, ya está en casa la senara y la nueva sementera, tiene su tiempo de espera.

Decimoquinta.- Que en la próxima vendimia nadie se coma las uvas, que el racimo llegue al lagar; si la vid se va en lagaradas, no habrá nada que pisar y, en las fiestas del año que viene, nada que trasegar.

Decimosexta.- Que viva la quinta del 58, que es gente muy de fiar; en los últimos 50 años nadie la pudo igualar. El Alcalde y el Pregonero lo pueden atestiguar.

Decimoséptima.- Que la Asociación "La Atalaya" siga promocionando a este pueblo, y el mundo entero se entere, que, en el año 878, hubo aquí una gran Matanza y mas de mil años después, Matanza grande, otra vez, es.

Decimooctava.- Que a todos los ausentes llegue este Pregón. Aunque parezca mentira, este Bando ya está en internet navegando. Busquen los internautas y verán con ilusión, que en el sitio de Matanza, encuentran ya esta versión.

Decimonovena.- Que no se retiren los aperos de la labranza del rincón de la nostalgia, para que perviva el recuerdo de todos nuestros antepasados en la bruma de la distancia.

Vigésima.- Que la Virgen del Rosario, la entrañable Cañamona, bendiga a todo este pueblo; que reine siempre en Matanza, acogiendo esta plegaria, que está llena de esperanza:

¡Virgen de la Cañamona!
¡Cañamonina!
¡Que entre Raneros y La Carralina,
estés siempre tan metidina!

                                           ¡Felices Fiestas a todos!

Dado en Matanza de los Oteros a 5 de Octubre del 2001.

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EL PENDÓN DE MATANZA EN LA PROCESIÓN DE LA CAÑAMONA 2002

(Pincha en la foto para ampliarla)

 

PendonMatanzaNINO.jpg (230000 bytes)

"Que no falte mozo bien puesto que deje de izar el pendón, que a la Virgen enaltece, llevándolo en procesión"
(Bando del Pregón de Fiestas de 2001)

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