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"EL HOMBRE SABIO NO ORINA CONTRA EL VIENTO". Este refrán grabado sobre un venerable edificio de Amsterdam, resume perfectamente el pragmatismo holandés en general, y acerca de las drogas en particular. Contrariamente a las naciones moralistas e intolerantes que sueñan con un mundo sin drogas y están dispuestos a imponerlo por cualquier medio, los holandeses  toman las cosas tal y como son, tratando de arregrarlas del mejor modo posible. "En Amsterdam le tratan a uno como a ser adulto. Más que en ningún otro sitio llevan a cabo EL APRENDIZAJE DE LA LIBERTAD Y LA RESPONSABILIDAD INDIVIDUAL. Para todos nosotros, refugiados de la Prohibición que visitamos esta ciudad libre, resulta muy difícil, en especial durante el primer viaje, hacer prueba de la necesaria moderación. A buen entendedor pocas palabras bastan.
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