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LAS
HABILIDADES SOCIALES DEL EDUCADOR: UN RECURSO CLAVE EN LA RELACIÓN DE
AYUDA
El texto trata de dar respuesta a
lo largo de su lectura a diversas preguntas pueden surgir en cualquier
educador: ¿Qué hay detrás de los conceptos de moda en contextos
educativos: asertividad, habilidades sociales, autocontrol, competencia
social...? ¿Cuál es su aportación a la intervención educativa?
Se pone de manifiesto la eficacia que tienen los educadores en su
tarea: ¿Qué aspectos de la interacción están en juego cuando
valoramos esa eficacia? Tres son los puntos de referencia que se pueden
utilizar como criterios de eficacia social:
-
LOS OBJETIVOS: que son lo que pretendemos conseguir. Este
objetivo en un contexto educativo tiene dos vertientes, por un lado
ayudar a la persona y por otro lograr con ella una buena relación que
nos permita mantener o mejorar nuestra influencia como educadores. Estos
objetivos están relacionados con
-
LA AUTOESTIMA ya que en una interacción entre dos o más
personas en ella está en juego la actitud entre nosotros mismos, que ésta
se mantenga o mejore es un indicador de eficacia social.
-
LA RELACIÓN, es un criterio que hace referencia a la
continuidad o mejora de la conexión entre las personas que interactúan.
El convertirse en alguien digno de confianza para los educandos, el que
éstos acudan a él cuando tienen algún tipo de necesidades o el que
valoren su compañía o su ayuda es otra de las claves importantes en la
eficacia de la actuación del educador. Esta relación ha de estar al
servicio de los objetivos de la intervención.
El
autor luego plantea el interrogante de cómo lograr lo expuesto
anteriormente. “ Es una respuesta compleja” nos dice, en la que
influyen diversos factores: las necesidades y posibilidad personales y
comunitarias de las persona con las que se interviene, las necesidades y
posibilidades de los educadores, la adecuación del proyecto educativo a
dichas necesidades y posibilidades, las condiciones laborales de los
educadores, las experiencias previas de los educandos, el sistema de
normas del centro educativo, la edad de los educadores y de los
educandos... Pero existen factores cuyo manejo sí está al alcance del
educador que son aquellos que inciden en la mejora de los propios
recursos personales y educativos ( formación, implicación en el
trabajo de equipo, información acerca de la situación de los
educandos...). Entre ellos hay uno que se convierte en la única
herramienta que tenemos a mano: el estilo de relación o de comunicación
del educador (el modo de dirigirnos a las personas, la manera de
afrontar los conflictos...).
Más
tarde nos muestra los dos estilos de interacción social que educadores y educandos adoptan frecuentemente y nos
presenta un tercer estilo de interacción social alternativo.
Entre
los dos primeros se encuentra el estilo de interacción inhibido,
pasivo o no asertivo que consiste en callarnos a pesar que nos
moleste la actuación de los otros, en dejar de intervenir cuando nos
gustaría hacerlo o mostrarnos inseguros o temerosos. El segundo estilo
de interacción recibe el nombre de agresivo en el cual
sacrificamos la relación o la autoestima de otros con tal de
salvaguardar nuestra propia autoestima. En estos casos utilizamos el
sarcasmo, las amenazas, la intimidación o la violencia verbal o física.
Ambos
estilos tienen en común, algunas consecuencias: la percepción de un
escaso control sobre el propio comportamiento, un bajo nivel de
consecución de los objetivos previstos, una pobre autoestima y una
vivencia conflictiva de las relaciones interpersonales. Ambos estilos se
muestran ineficaces y ponen de manifiesto que la situación justifica
esa ineficacia.
Pero
como hemos señalado anteriormente, existe un estilo que recibe el
nombre de asertivo, que consiste en autoafirmar tus propios
derechos, sin dejarse manipular y sin manipular a los demás. Esto
supone la búsqueda de la calidad en las relaciones, tomando como apoyo
la honestidad, el reconocimiento de los límites y las posibilidades
propios y ajenos y el interés por conjugar la consecución de objetivos
con el mantenimiento o la mejora de la propia autoestima y la de los demás.
La
asertividad es un modo de afrontar determinadas situaciones que varía
en función de las mismas y de la opción de las personas. El estilo de
interacción y la capacidad para relacionarse se aprenden, se pueden
identificar sus diferentes aspectos, son cambiantes y optimizables.
Estos
tres estilos de comunicación se traducen en estrategias verbales y no
verbales de comunicación. Así:
-
Estilo inhibido: tono de voz titubeante, posturas tensas ,expresiones
inseguras.
-
Estilo agresivo: gestos, tonos de voz y expresiones verbales
impositivas; predominio de mensajes en segunda persona.
-
Estilo asertivo: tonos de voz, gestos y expresiones verbales firmes,
directas, honestas y abiertas; predominio de mensajes en primera
persona.
Pasamos
ahora a la asertividad como actitud en la relación de ayuda.
Las
propuestas teóricas sobre la asertividad tienen diferentes matices. En
la Psicología social se pone el acento en las relaciones
interpersonales, es decir, la asertividad forma parte del estilo de
interacción de ambos. La Psicología clínica insiste, sin embargo, en
la terapia de comportamiento, la asertividad se toma como una capacidad
a desarrollar en el destinatario de la acción terapéutica.
Para
el autor estas dos concepciones son complementarias. La asertividad se
presenta como un instrumento educativo-terapeútico y como objetivo de
la intervención respecto a las capacidades de los destinatarios de la
misma. Comunicarse asertivamente y ayudar a desarrollar un estilo de
interacción asertivo son ingredientes indisolubles de la acción del
educador social.
La
asertividad es un estilo de interacción cuya conceptualización
incorpora ingredientes que definen actitudes. Desarrollar un estolo de
interacción asertivo supone generar una actitud favorable aun tipo de
relación con los otros basado en el equilibrio entre sus derechos y los
nuestros.
El
desarrollo de la asertividad como recurso del educador en la relación
de ayuda o como estilo de relación de cualquier persona supone tres líneas
de trabajo complementarias:
-
En lo cognitivo, ayuda a desenmascarar y eliminar ideas irracionales acerca de las
relaciones sociales y a construir un sistema de pensamiento basado en
los llamados “derechos asertivos”.
-
En lo emocional, ayuda a reconocer y manejar las
propias emociones, mediante estrategias de autocontrol emocional.
-
En lo comportamental,
ayuda a comunicarse de modo socialmente efectivo mediante el desarrollo
de habilidades de interacción o de comunicación denominadas “ habilidades
sociales” (expresión comportamental de una actitud asertiva).
Pensar y ayudar a pensar
asertivamente:
El
estilo asertivo se caracteriza por la reducción de ideas irracionales
(= modos erróneos de percibir, valorar, enjuiciar o razonar erróneos,
fuente de infelicidad). La mayoría de estas ideas están estudiadas por
la psicología social como errores de atribución o sesgos perceptivos
tales como ver las cosas en términos de todo o nada, interpretar el
pensamiento ajeno o generalizar.
Pensar
asertivamente y ayudar a hacerlo además de esto supone construir y
ayudar a construir un modo de pensar que favorezca la interacción entre
los propios derechos y los ajenos (derechos asertivos).
Se habla de derecho asertivo en el
sentido de que cualquier ser humano, puede asumir libremente la decisión
y/o responsabilidad derivada de su ejercicio. Nadie puede obligar a otro
ser humano a no equivocarse o a sentir una determinada emoción. En
cualquier caso se le puede pedir que asuma las consecuencias derivadas
de ello.
Precisamente
el equilibrio entre libertad y responsabilidad es la calve de esta
propuesta. Sólo desde la aceptación del derecho a equivocarse le
podremos ayudar a responsabilizarse del ejercicio de esos derechos, a
valorar y a elegir aquello que más beneficie a las personas con las que
trabajamos.
El
objetivo último de la relación de ayuda no es lograr a toda costa que
la persona haga determinadas cosas que son de utilidad desde el punto de
vista del educador. Lo que el educador busca es
que la persona desarrolle su capacidad para valorar y optar por
aquello que le ayuda de verdad.
El
autor nos propone una formulación de los derechos asertivos.
En
general, un estilo agresivo coincide con la afirmación de los propios
derechos en detrimento de los demás y el estilo de relación inhibido
suele llevar asociada la falta de convicción en los propios derechos.
Un estilo de interacción asertivo busca conjugar el ejercicio de los
propios derechos y el respeto de los ajenos.
Sentir y ayudar a sentir asertivamente
Una
persona que maneja sus emociones no las niega, sino que es capaz de
disfrutar de la riqueza de sentirlas y, además, hace lo posible por
ponerlas al servicio de su propio bienestar y de los que están cerca.
Un educador que quiera convertir sus relacione educativas en verdaderas
relaciones de ayuda a de manejar cuidadosamente sus propias emociones,
expresarlas cuando sea pertinente y hacerlo de modo adecuado. Con ello
estará ofreciendo un modelo que realmente ayudará al crecimiento
emocional de los educandos.
Comunicarse
y ayudar a comunicarse asertivamente
La
asertividad se expresa en un estilo de comunicación cuyas características
se pueden identificar y aprender.
Se trata de conocer y cambiar determinados errores que cometemos
a la hora de comunicarnos. Estos modos erróneos de comunicación se
pueden cambiar o mejorar con las mismas estrategias
El modelado y la práctica son pues, las metodologías habituales
de los programas de habilidades sociales. Su contenido va desde el
desarrollo de habilidades básicas hasta la mejora de la capacidad para
afrontar situaciones educativas.
Todas estas habilidades son fundamentales para ayudar a otras
personas desde la relación interpersonal. Garantizar su aprendizaje es
una tarea muy importante en la formación del educador por dos motivos:
-
la práctica de la educación social exige afrontar
situaciones para las que ese aprendizaje natural no nos ha preparado por
lo que el educador debe tener una preparación especial para la
comunicación asertiva.
-
Es frecuente que los quieren ayudar a mejorar los modos de
pensar, sentir y comunicarse de niños adolescentes propongan programas
de habilidades sociales. En este caso es básico que el educador tenga
una sólida formación al respecto. El modelo de relación que ofrezca
puede incidir más significativamente en el desarrollo de las
habilidades sociales de las personas con las que trabaje que en un
programa de habilidades sociales carente de un modelo educativo claro en
este sentido.
Después de este paso por las competencias
sociales del educador, se hace una reflexión acerca del sentido de lo
propuesto.
Las habilidades sociales son una necesidad técnica.
El educador debe conocer y manejar adecuadamente su modo de pensar,
sentir y comunicarse, herramientas clave para una relación de ayuda
valiosa y cualificada. Pero detrás de estas herramientas se esconde una
propuesta ética, un modelo de persona y de relación educativa que les
da sentido. Esta propuesta está formada por tres convicciones:
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