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SEMILLA DEL BUDA

Hace mucho que se me regalo esta semilla, claro que fue con un propósito, digo así porque así lo siento en mí…

Algo que debía de seguir sembrando de alguna manera, y este sembrado aun sea como lo esté haciendo, es válido para mí, y sí lo siento así en mí, es porque así debe de ser.

La idea es ir entregando, enseñando lo que me ha dado la vida en sí, con el Reiki, Metafísica, lo que se me ha ido enseñando también...cuando Mí  Maestro de Reiki de ese entonces me hizo el regalo, creo no haberle tomado el peso a su significado real.

Creo que ahora puedo dimensionar su significado, pretendo hacer lo mejor posible, todo lo que este de mi parte para dar una buena entrega de mi misma sin reconocimiento alguno, solo dar lo que creo poder dar de mí.

Es verdad se me regaló en aquella oportunidad por los puntos que se habían abierto en la zona, y por el trabajo individual que hacía en aquel momento y que aún realizo, solo con una persona más, sin parar desde entonces.

La idea es hacer sentir  ala gente lo fácil que es el hacer Reiki, como cambia la persona en si misma, aceptando muchas cosas, claro que en el fondo el valor de aquella semilla es eso justamente, el poder repartir sin que se termine jamás, hablando desde adentro con las ganas de querer entregar sin límites en sí.

De lo que se trata en el fondo es de esa gran Infinitud que hay dentro de cada Ser en la Vida misma, donde todo se encuentra armonioso y aprender a sentirlo de esta manera perfecta en si por completo, siempre se nos dará el tiempo del comienzo a esta luz que nace en nuestros corazones, algunos antes otros depuse, temprana edad o ya de adulto, no importa eso, lo más importante que esta búsqueda ya está dentro de nosotros mismos, es el tiempo de crecimiento es el tiempo de entrega total sin deteriorarse en lo Absoluto.

Todo en el fondo es parte de nuestra Entera Vida, es algo muy natural este aceptarse en el Amor mismo, esa es la Gran Infinitud de la Vida Misma dentro de nuestro Ser Perfecto, dentro de todo el cambio que nos podemos dar para nuestro crecimiento Espiritual, en este camino no hay comienzo ni un final, porque nunca dejamos de aprender, minuto a minuto, de nosotros y de otros, de nuestras experiencias y las de los otros, siempre hay algo nuevo en el cambio, que es uno solo, siempre es un perfecto crecimiento en todo aspecto, solo debemos de dimensionar la parte de la Luz, la parte Positiva en nuestro entero Ser, porque es solo Amor mismo, y si es Amor es que es Dios en Unicidad que nosotros, por cada uno de nosotros.

Esta Infinitud de lo Perfecto es eso, regresar sin sentir que desfallecemos o morimos de Verdad, es tan solo un cambio en uno mismo, a una mejor Vida y par ello es que nos estamos preparando en cada momento de nuestras Vidas.

Cada momento en uno es el mismo sentir de la Vida, y jamás volveremos a retroceder en nuestro camino, si seguimos la luz…la Luz de Dios que Nunca Falla, no nos podremos equivocar, solo es tener la Fe que es así en uno mismo.

Lo único que se, es que mi camino debe de seguir…

Los Lamas Tibetanos cuentan que vendrían mil Budas  ala tierra, y esta semilla es parte de mil semillas qué están en fruto de un árbol de India.

La semilla simboliza al Buda (Cristo), qué hay dentro de cada personas, la que tenemos que reconocer para que así crezca; y al florecer pueda el portador de ella Sembrar más Semillas.

Donde camine esta Semilla simboliza la Iluminación  a la que todos podemos llegar  y la Vía para ello… es el Amor que nos enseñó Él.

 “Maestro Jesús”.

 

EN BUSCA DEL MAESTRO

Algunos discípulos pasan la vida preguntándome dónde está la verdad -dijo un maestro-. Así que un día decidí señalar en una dirección cualquiera, intentando demostrar que lo importante es recorrer un camino, y no quedarse pensando en él.

Pero en lugar de mirar en la dirección que le señalaba, el hombre que me había hecho la pregunta comenzó a examinarme el dedo, tratando de descubrir dónde estaba escondida la verdad.

Cuando la gente busca un maestro, debería estar buscando experiencias que puedan ayudarle a evitar ciertos obstáculos. Desgraciadamente, la realidad es otra: recurren a la ley del mínimo esfuerzo, intentando encontrar respuestas para todo. El que desea aprovecharse del esfuerzo del maestro para así no gastar sus energías nunca llegará a ninguna parte, y acabará por sentirse decepcionado.

Quien estudie un poco la historia de Buda, se dará cuenta de que, después de alcanzar la iluminación, se dedicó a hacer que sus discípulos desarrollasen las cualidades necesarias para llegar a la tan anhelada paz de espíritu.

Quien lea los evangelios, reparará en que casi todas las enseñanzas de Jesús tienen lugar en dos circunstancias: bien cuando viajaba, bien alrededor de una mesa.

Nada de templos. Nada de lugares escogidos. Nada de prácticas sofisticadas y difíciles: los apóstoles prestaban atención a lo que decía cuando andaba y cuando comía, cosas que hacemos todos los días de nuestras vidas. Precisamente porque las hacemos todos los días, no damos ningún valor a las enseñanzas que están escondidas en nuestros quehaceres diarios. Pensamos que las cosas sagradas son accesibles sólo para los gigantes de la fe y la voluntad, y pensamos que aquello que hacen las personas es demasiado pobre para ser aceptado con alegría por Dios.

En busca de nuestros sueños e ideales, muchas veces colocamos en lugares inaccesibles todo lo que está al alcance de la mano. Cuando descubrimos el error, en lugar de alegrarnos por haber comprendido nuestros fallos, nos dejamos llevar por la culpa de haber dado pasos errados, de haber malgastado nuestras fuerzas en una búsqueda inútil, de haber disgustado a quien deseaba nuestra felicidad. Y es entonces cuando corremos el peligro de acercarnos a los 'maestros' o 'gurús' que nos ayudarán a recuperar el tiempo perdido.

Pero no es así: aunque el tesoro esté enterrado en tu casa, sólo lo descubrirás cuando te hayas alejado.

Si Pedro no hubiese experimentado el dolor de la negación, no hubiera sido escogido jefe de la Iglesia.

 

Si el hijo pródigo no hubiese abandonado todo, jamás habría sido recibido con júbilo por su padre.

Si Buda no hubiese decidido vivir una vida de sacrificio durante muchos años, jamás hubiera entendido el placer de la alegría.

Algunas cosas en nuestras vidas tienen un sello que dice: «Sólo comprenderás mi valor cuando me pierdas y me recuperes». De nada sirve querer acortar este caminó.

Existe un viejo dictado mágico que dice: cuando el discípulo está listo, aparece el maestro.

Pensando en esto, muchas personas se pasan la vida entera preparándose para este encuentro. Cuando se cruzan con el maestro, se entregan por completo, días, meses o años. Pero terminan descubriendo que el maestro no es el ser perfecto que habían imaginado, sino una persona igual a las demás, cuya única función es compartir aquello que ha aprendido. Al verse frente a una persona normal, el discípulo se siente herido. Siente desesperación y el deseo de abandonar la búsqueda, cuando, en realidad, es así como debe ser, es esto lo que nos hace libres para labrarnos nuestro propio camino.

Paulo  Cohelo

 

Qué bien, que bien, así es la verdad, Interna…solo es encontrarse con nuestro propio Ser, nosotros somos los mejores Maestro, no necesitamos de nadie más, es bello este escrito, encierra toda la verdad misma del Ser humano, no sentirse capaces de hacer y creerse cosas, somos creadores por naturaleza, somos valiosos desde el mismo nacimiento, porque en ello ya vienen la Luz en nuestro corazón, desde que nacemos se nos ha entregado Amor, nada más que eso, es lo primero que aprendemos…pero luego olvidamos…si…olvidamos de ese encuentro con nosotros mismos muy luego, ya una vez que nos damos cuenta de que tan solo con el Amor podemos hacer tanto…tanto por el mundo, nosotros y todo lo que nos rodea…pero siempre debe de haber un final, pero ese final no existe…es creado por la parte humana, ya comprenderemos del porqué…

Paola. 

 

 


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