Fotografías, en apariencia, sencillas, se apoyan en una rigurosa composición, en una calculada calidad, tanto técnica como
estética, que dejan a la luz las grandes dotes de observador de André Kertész. Un olfato único para percibir aquello que el
ojo solo ve.
Fotografías que denotan una extremada paciencia, para que todo esté en su sitio. Es ese instante decisivo, en el que todo
esta perfectamente organizado, y que posteriormente utilizara Cartier-Bresson, pero que en André Kertész rezuma
calidad e intimidad, sin llegar nunca a ese punto en el que un exceso de belleza haga olvidar la imagen y no se perciba la
emoción del momento.
Fotografías de instantes, que hasta entonces habían pasado inadvertidos, ven ahora la luz con una honestidad, con una mirada
auténtica y nueva que muestra un mundo cotidiano en el que se atisba la vida.
Fotografías bucólicas de una gran carga poética, llenas de ternura e ironía.
Fotografías que a pesar de todo ello, decía Kertész, solo hacía por pura satisfacción personal. Y por la nuestra también.
BIOGRAFIA
Nace en Budapest el 2 de Julio de 1894. Desde pequeño se interesa por la fotografía, gracias a un manual que encuentra en
su casa, pero no es hasta 1912, gracias a su trabajo como contable en la bolsa, cuando se puede comprar su primera cámara
(ICA 4.5x6) y comienza a fotografiar escenas de la calle y de la campiña.
Sirve en el ejercito Austro-Hungaro en los Balcanes, donde resulta herido en 1915. Fotografía a sus camaradas de guerra, pero
muchas de esas fotos se pierden durante la revolución Húngara de 1918.
Por razones económicas vuelve a trabajar en la bolsa hasta 1925, año en el que se traslada a París. Frecuenta el café de Dôme,
lugar de reunión de la vanguardia e inicia una relación con el mundo artístico de Montparnasse, donde
se instala como fotógrafo ilustrador, tomando imágenes a Leger, Mondrian, Chagall, Brancussi, Collete.... Trabaja independientemente
para revistas francesas, alemanas y británicas. Conoce a Brassai y Cartier-Bresson.
En 1927 realiza su primera exposición individual en al galería Au Sacre de Printemps. En esta época desarrolla parte de sus
trabajos más conocidos. Cuerpos desnudos distorsionados, imágenes reflejadas, así como
escenas callejeras llenas de poesía, que influyen en Brassaï, aunque éste siempre negó que Kertész le enseñara a fotografiar
la noche para su proyecto París de Noche.
La serie Distorsiones, publicada en la revista Sourire, en al año 1933, y que se inicia como un mero encargo para renovar
el género, se convierte en un punto y aparte en la fotografía surrealiasta.
Se casa en 1933 con Elizabeth Saly y tres años después se va vivir a Nueva York, para cumplir contrato de un año con la agencia
Keystone. Se nacionaliza estadounidense en 1944.
Trabaja como freelance para revistas como Vogue Harper's Bazaar y Look pero su trabajo no se da a conocer hasta 1964 año en
el que realiza una exposición individual en el MOMA.
A partir de entonces su trabajo es expuesto en los principales museos y acaba reconociendosele su influencia en el fotoperiodismo
y la fotografía artística.
En los años sesenta se siente atraído por los edificios de la ciudad, creando unas imágenes abstractas, tomadas desde su casa,
en una planta 12, donde se dominaba Washington Square, relegando a un segundo plano el papel de la gente.
Nunca deja de hacer fotos y sus ultimas imágenes, "Desde mi ventana", realizadas con una cámara Polaroid, revelan que no había
perdido la curiosidad ni la capacidad de observación.
Muere en Nueva York el 28 de Septiembre de 1985.
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