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Alfonso López

La boda de Gloria

El espejismo de las mujeres

 

He aquí que, para usar una añeja terminología, una dama de sesenta y seis años contrajo matrimonio, por primera vez, con un caballero de sesenta y tres años que ya conocía el camino del altar.

El sencillo evento ha provocado, en múltiples zonas sociales, críticas, aplausos y pena. ¿Por qué tal reacción, en una época donde las más extrañas combinaciones humanas se exponen sin encontrar reparos? Por una sola razón: porque la novia responde al nombre de Gloria Steinem y es, posiblemente, la más famosa abanderada del feminismo. Inteligente, autora de un libro penetrante, Revolution from Within (Revolución desde adentro), atractiva físicamente, Steinem es, además, famosa por su capacidad de disparar cortantes comentarios.

Cuando hace ya tiempo, en México, se celebraba el Día de la Mujer, le preguntaron qué opinaba de ese reconocimiento al feminismo. Steinem respondió que la hacía sentirse bien mal el que se le rindiera homenaje a la mujer un día y se le entregara todo el resto del año a los hombres.

Para tratar de entender lo que ella representa y las raíces y variaciones del movimiento feminista, tiene uno que adentrarse en una larga historia y tocar un tema que arde con debates. Porque no hay duda de que, por un millón de razones, la mujer ocupó por centurias una posición totalmente subordinada al hombre. Casi todos los dioses eran precisamente eso, dioses. Casi todos los creadores de imperios era masculinos y, desde la época de las cavernas, los cazadores, los proveedores de alimentos, eran hombres. La mujeres proveían sexo y descendencia.

Hubo épocas en las cuales algunas notables mujeres alcanzaron a asomar su perfil en la historia, pero eran tiempos de cambio a los cuales seguían nuevos períodos de subordinación. La revolución industrial y la llegada del capitalismo provocaron que la mayor parte de las mujeres fueran obligadas a dedicarse a su glorioso deber de ``mantener el hogar'', a ser ``la reina de la casa''. Sin oficio, ni trabajo, ni apoyo social, el dilema era obedecer a los maridos o vivir en la miseria.

Se requirieron dos devastadoras guerras mundiales para que la lucha femenina rompiera muchas barreras y pasara a demandar sus derechos. Es entonces que la mayor parte de los grupos femeninos, esencialmente en las sociedades industrializadas, plantearon las banderas revolucionarias de la igualdad plena con los hombres. Pero, como casi siempre pasa, las revoluciones las inician los moderados y luego caen en las manos de los radicales, hasta que los excesos dividen y debilitan a los revolucionarios.

Así, para finales de la década de los sesenta, algunos radicales grupos feministas proclamaron que todo acto sexual era una rendición a los instintos masculinos, que el maquillaje y la elegancia eran una prueba de sometimiento y que los hombres eran siempre el enemigo. La propia Steinem, que no compartía muchos de esos radicalismos, enfatizó una vez la independencia sexual de las mujeres; ``después de todo'', escribió, ``una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta''.

Para entonces, en la década de los ochenta, el movimiento feminista se había dividido. Muchas mujeres, como Camille Paglia, aducían que cultivar el encanto femenino no era un síntoma de dependencia, sino la mejor arma de la mujer, y que artistas como Madonna eran símbolos del poder y la superioridad femenina. Otras defendían los logros alcanzados y el derecho a trabajar en el hogar y ocuparse de los hijos. Obviamente una segunda y una tercera ola feminista se encimaban sobre el presente.

La lucha era ahora llamada la lucha por la ``liberación femenina'', y la más juvenil vanguardia había vuelto a tratar de lucir lo más sexy posible, sin complejos ni penas. Es en esos precisos momentos cuando Gloria Steinem decide casarse. Por eso, muchas mujeres la aplauden por enarbolar su derecho a entrar voluntariamente en la tradicional institución matrimonial; mientras otras, acaso las mayores, la acusan de traicionar la causa que ha sido, para muchas, una misión de por vida.

Separando el criterio de tales debates, o lo que significa la boda de Gloria Steinem, no hay duda de que una primera ojeada al trayecto recorrido por el movimiento de liberación femenina en las últimas cuatro décadas muestra una amplia zona de logros y adelantos públicos y privados. Pero una segunda mirada devela un poco el espejismo de la igualdad femenina y cuán largo es aún el camino por recorrer. Para llegar a esa conclusión no hace falta señalar al mundo musulmán o a algunos países de Africa donde la mujer está aherrojada por la religión, las costumbres y las leyes. Basta mirar a la impresionante foto de la Cumbre del Milenio y contar cuántas mujeres aparecen allí, compartiendo la plataforma del poder mundial.

Luis Aguilar León 16.09.00