La
boda de Gloria
El
espejismo de las mujeres
He
aquí que, para usar una añeja terminología, una dama de sesenta
y seis años contrajo matrimonio, por primera vez, con un caballero
de sesenta y tres años que ya conocía el camino del altar.
El
sencillo evento ha provocado, en múltiples zonas sociales, críticas,
aplausos y pena. ¿Por qué tal reacción, en una época donde las
más extrañas combinaciones humanas se exponen sin encontrar reparos?
Por una sola razón: porque la novia responde al nombre de Gloria
Steinem y es, posiblemente, la más famosa abanderada del feminismo.
Inteligente, autora de un libro penetrante, Revolution from Within
(Revolución desde adentro), atractiva físicamente, Steinem es,
además, famosa por su capacidad de disparar cortantes comentarios.
Cuando
hace ya tiempo, en México, se celebraba el Día de la Mujer, le
preguntaron qué opinaba de ese reconocimiento al feminismo. Steinem
respondió que la hacía sentirse bien mal el que se le rindiera
homenaje a la mujer un día y se le entregara todo el resto del
año a los hombres.
Para
tratar de entender lo que ella representa y las raíces y variaciones
del movimiento feminista, tiene uno que adentrarse en una larga
historia y tocar un tema que arde con debates. Porque no hay duda
de que, por un millón de razones, la mujer ocupó por centurias
una posición totalmente subordinada al hombre. Casi todos los
dioses eran precisamente eso, dioses. Casi todos los creadores
de imperios era masculinos y, desde la época de las cavernas,
los cazadores, los proveedores de alimentos, eran hombres. La
mujeres proveían sexo y descendencia.
Hubo
épocas en las cuales algunas notables mujeres alcanzaron a asomar
su perfil en la historia, pero eran tiempos de cambio a los cuales
seguían nuevos períodos de subordinación. La revolución industrial
y la llegada del capitalismo provocaron que la mayor parte de
las mujeres fueran obligadas a dedicarse a su glorioso deber de
``mantener el hogar'', a ser ``la reina de la casa''. Sin oficio,
ni trabajo, ni apoyo social, el dilema era obedecer a los maridos
o vivir en la miseria.
Se requirieron dos devastadoras guerras mundiales para que la
lucha femenina rompiera muchas barreras y pasara a demandar sus
derechos. Es entonces que la mayor parte de los grupos femeninos,
esencialmente en las sociedades industrializadas, plantearon las
banderas revolucionarias de la igualdad plena con los hombres.
Pero, como casi siempre pasa, las revoluciones las inician los
moderados y luego caen en las manos de los radicales, hasta que
los excesos dividen y debilitan a los revolucionarios.
Así,
para finales de la década de los sesenta, algunos radicales grupos
feministas proclamaron que todo acto sexual era una rendición
a los instintos masculinos, que el maquillaje y la elegancia eran
una prueba de sometimiento y que los hombres eran siempre el enemigo.
La propia Steinem, que no compartía muchos de esos radicalismos,
enfatizó una vez la independencia sexual de las mujeres; ``después
de todo'', escribió, ``una mujer sin un hombre es como un pez
sin bicicleta''.
Para
entonces, en la década de los ochenta, el movimiento feminista
se había dividido. Muchas mujeres, como Camille Paglia, aducían
que cultivar el encanto femenino no era un síntoma de dependencia,
sino la mejor arma de la mujer, y que artistas como Madonna eran
símbolos del poder y la superioridad femenina. Otras defendían
los logros alcanzados y el derecho a trabajar en el hogar y ocuparse
de los hijos. Obviamente una segunda y una tercera ola feminista
se encimaban sobre el presente.
La
lucha era ahora llamada la lucha por la ``liberación femenina'',
y la más juvenil vanguardia había vuelto a tratar de lucir lo
más sexy posible, sin complejos ni penas. Es en esos precisos
momentos cuando Gloria Steinem decide casarse. Por eso, muchas
mujeres la aplauden por enarbolar su derecho a entrar voluntariamente
en la tradicional institución matrimonial; mientras otras, acaso
las mayores, la acusan de traicionar la causa que ha sido, para
muchas, una misión de por vida.
Separando
el criterio de tales debates, o lo que significa la boda de Gloria
Steinem, no hay duda de que una primera ojeada al trayecto recorrido
por el movimiento de liberación femenina en las últimas cuatro
décadas muestra una amplia zona de logros y adelantos públicos
y privados. Pero una segunda mirada devela un poco el espejismo
de la igualdad femenina y cuán largo es aún el camino por recorrer.
Para llegar a esa conclusión no hace falta señalar al mundo musulmán
o a algunos países de Africa donde la mujer está aherrojada por
la religión, las costumbres y las leyes. Basta mirar a la impresionante
foto de la Cumbre del Milenio y contar cuántas mujeres aparecen
allí, compartiendo la plataforma del poder mundial.
Luis
Aguilar León 16.09.00