Aléjate
de mí. No quiero volver tu voz a oír.
No quiero sentir esa oscuridad que enturbia
el ambiente cuando tú estás cerca. No quiero
sentir este dolor que ahora recorre el alma.
No intentes hacerme ver, porque ya no veo.
No intentes hacerme comprender. Yo ya no
comprendo. Ser cruel no es mi elección,
no hagas que tome un camino equivocado.
No te escondas en una máscara maldita: huele
mal, huele a podrido. Eres lascivo.
Me estás buscando por un sendero maldito.
No me tientes. No me encuentres.
Aléjate de mí. Si me amas. Huye de mi vera.
No hay marchas atrás. No hay bifurcación
en el camino. No te acerques. Tengo miedo.
No quiero sufrir más de lo que ya hago.
No puedes quererme. Tu amor me hace
daño. No quiero que me quieras.
Tu amor está envenenado.
Perfume amargo. Sabor cansado.
Pesadumbre provocan tus palabras.
Huele mal. Huele a podrido.
Eres tú. Es tu corazón altivo.
Aléjate de mí. Me das miedo.
Tú corazón rebosa odio. Tu
ser es muy oscuro. Escondido en las
mazmorras de mil caras diferentes.
No puedes ocultarte. Tu prosa
te deja ante mí demasiado evidente.
No puedes seguir mintiendo.
Brota ante mí la sensación
de lo ya dicho. No te inquietes.
No hay más que un camino.
He descubierto tu maldad, cuando,
en realidad, buscaba en ti la bondad.
¡Dios! Y el dolor que siento en el
pecho... ¡OH, Dios! ¿es esto un
castigo?.
Aléjate de mí, ser maligno.
No quiero volver a oler tu olor
a ser podrido.
Kasiopea
15.08.00