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Noemí Calabuig
No todo es dinero nos dijo, en el amor y en el baile, cuanto más dan más tienen.
No
se reserven para mañana, mañana no tendrán nada.
Mañana no tendrán nada, mañana no tendrán nada, mañana... Cada día que
pasa,
cada día, he de repetirme esas palabras como un credo. Rindo culto a un dios olvidado;
el dios de la pasión. ¡Qué triste cada cumpleaños cuando el tiempo es el tesoro
más
preciado!.
He pensado muchas veces en dejarlo, en hacer algo útil, en vivir como tú, como él, en
ahorrar y en viajar, en trabajar. He pensado muchas veces en labrarme un porvenir,
pero la danza me embriaga y me anega, y me hace soñar, pero también sufrir. Sufro
porque me doy cuenta de que soy demasiado vieja para triunfar, y demasiado joven
para dejar de soñar.
Es muy difícil hablar de danza, sobre todo cuando te diriges a un público desinteresado,
desinformado y sin afición. Pero la culpa no es tuya, querido lector, la culpa de que
este mundo no deje de menguar, de que se enturbie y se parodie, no es nunca culpa
del lector, amante de las artes, de la cultura, de su lengua, de su tierra... Tan sólo
nuestra, por no haber sabido cultivar..., por no haber podido conservar el maravilloso
mundo de la danza.
Durante este mes de Abril se han ofrecido, y se seguirán ofreciendo, espectáculos en
los teatros de Valencia con motivo del "Día Internacional de la Danza". También
se ha
reservado un día para los aficionados; las academias de
Valencia disponen de un breve espacio de tiempo en el que sus alumnos, aunque no
todos, tienen la oportunidad de BAILAR. Y lo pongo con mayúsculas para distinguirlo de
bailar en la academia; el escritor busca la oportunidad de publicar y nosotros la de
BAILAR. En la clase de baile se acumulan las penas y los miedos y el vapor enturbia la
vista y el ánimo. El escenario es la única terapia, cura el miedo, agita el corazón,
y
otra vez a la vida. Estamos nerviosas pero será una gran noche, tal vez la única noche
del año. Habrá de todo; danza clásica, contemporánea, española, funky, jazz.
yo me
dedico a la danza clásica y, desgraciadamente, es la más olvidada.
Todavía está en el teatro Principal la Compañía Nacional de Cuba, una de las pocas
que
conserva y fomenta el repertorio clásico. El otro día fui a ver Giselle; un espectáculo
de color y magia que te traslada al mundo de las hadas; una joven campesina, un
joven príncipe, el dolor, la muerte, el misterio. Era realmente seductor, aquellas
jovencísimas bailarinas que apenas tocaban el suelo, y los chicos, imberbes,
demostraban un sorprendente dominio de su cuerpo. Pero, ¿sabes cuántas zapatillas
han gastado, cuántas horas...?.
Cada día nos guardamos de hacer un montón de cosas. Nos guardamos de correr, de
chillar, de llorar, de reír a carcajadas, de estirar los brazos y bostezar cuando estamos
cansados y el asiento es incómodo. No pegamos a quien odiamos ni abrazamos a quien
deseamos. Estamos acostumbrados a observar muchas cosas sin movernos del sitio, a
escuchar, a pensar antes de hablar y de actuar.
Cada vez más, somos estatuas, estatuas pensantes, como las que describe Elias((*)
Elias, Norbert: "La sociedad de los individuos"*), una detrás de otra, todas al mismo
lado de un precipicio que no les permite ver lo que tienen delante, incapaces de
moverse y de comunicarse. Pueden escuchar y observar, pero no se ven unas a otras,
sólo saben que están, o al menos eso creen. ¿Qué pasará por sus mentes?. Estoy
segura de que no pararán de pensar, de hacer conjeturas acerca de lo que hay al otro
lado del precipicio, de que se sentirán solas, tristes a veces, otras veces alegres, pero
siempre solas.
Sí, tal vez un poco exagerado pero plástico, este ejemplo nos muestra lo que
llegaremos a ser. Cada vez más nuestro cuerpo y nuestra mente se separan, escasas
veces el pensamiento precede a la acción como cuando éramos niños. Nos
han enseñado a controlar nuestros instintos y eso provoca el distanciamiento. La
mente y el cuerpo ya no se saludan, ya no funcionan de consuno. Volvemos a los mitos
platónicos en los que el cuerpo es una cárcel para el alma, y a los cristianos; el cuerpo
es la tumba del alma. Cárcel, tumba, máquina, y nadie se rebela contra eso. ¡Dejemos
de creer qué el cuerpo es una chatarra!. Yo no estoy en un cuerpo, ni siquiera mi
cuerpo es mío, mi cuerpo soy yo, y por eso bailo. Y no dejaré de bailar mientras me
sienta sola, mientras me sienta a veces triste y otras alegre. No dejaré de bailar
mientras las noches y los días se sucedan, lineales, frígidos, aburridos, mientras la
pregunta por la existencia nos atormente y el aire que exhalamos no llene el vacío que
nos asola.
Ya lo decían Nietzche, Adorno y muchos otros pensadores; la única salida está en el
arte, en la reconciliación con la naturaleza. Y yo lo creo amigos, de verdad que lo creo.
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