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Raquel Zapater
Hay hombres que luchan un día y son buenos, otros que luchan un año y son mejores,
hay quienes luchan muchos años y son muy buenos, pero hay los que luchan toda la
vida, esos son los imprescindibles
BERTOLT BRECHT
IN MEMORIAM VICTOR JARA
Son cinco minutos, la vida es eterna en cinco minutos. Pensaría esta frase,
seguramente Víctor en sus últimos momentos, mientras la vida se le escapaba.
Seguramente Víctor estaría recordando cómo la policía había irrumpido de pronto
en su
concierto, cuando cantaba con su voz sensible y firme El Aparecido. Aparecieron pues,
como siempre con pistolas y palos en la mano, atacando a todos aquellos que se
habían acercado aquella noche para escucharle. Trataría de asumir que sus manos se
quedaron en ese último escenario, una de ellas ya había sido aplastada por aquellos
que ahora, con un machete, decidían que su tiempo había terminado. Así pues, allí
quedaron sus manos, seguramente aferradas a su guitarra, una guitarra que tenía
sentido y corazón de tierra y, para no dejarla sola, ni a su guitarra ni a sus manos, su
lengua también quedó allí, tratando así de silenciar un canto que sólo tiene
sentido
cuando palpita en las venas.
Y así fue como él comprendió que le había llegado su turno, como a otros muchos
antes que él, un momento que esperaba y que no trató de evitar. Él lo único que
había
cantado era la verdad: la pobreza que afectaba a gran parte de su pueblo
como dice en la canción Luchin, cómo los terratenientes con métodos de esclavitud
del
siglo XVIII hacían trabajar a sus jornaleros a la Molina no voy más, y reivindicando
el
derecho de los que trabajan la tierra, a ser sus dueños
legítimos A desalambrar, ridiculizando en sus canciones a las clases altas, todas de
derechas que
apoyaban al dictador, Ni chicha ni limoná,Las casitas del Barrio Alto. Son ejemplos de
algunas de sus canciones, que destacan por una sensibilidad por su tierra, con alegría
y un maravilloso sentido del humor, comprendiendo seguramente que, de esa forma, los
malos momentos se pasan mejor. Pero ante todo siempre defendió el derecho de vivir
en paz, para todos aquellos pueblos que sufrían represión y dolor, diciéndoles que
teniendo el alma llena de banderas sin olvidar a los caídos, se vencerá.
Tenía tantas cosas aún que decir, allí en su Chile, del que no quiso salir por ser su
casa
y porque, si tenía que morir, prefería morir cantando libre allí donde más le importaba,
aunque fuera por poco tiempo. Tenemos un legado importante que hay que escuchar y
sentir. Porque, el canto que ha sido valiente, siempre será canción nueva, su música
es el mejor homenaje que tenemos para todas las víctimas de dictaduras e injusticias.
Duerme, duerme, Negrito, que la justicia ya llegó y no se escapará el dictador. No
le
vamos a dejar ir sin haber pagado por sus crímenes y tu música ahora suena más
fuerte que nunca.
IN MEMORIA JOSÉ AFONSO
Portugal, aun siendo nuestro vecino más próximo, no lo conocemos. Y es una auténtica
lástima, porque realmente tiene personajes que han influido más de lo que siquiera
imaginamos en nuestra propia cultura. Este es el caso de este cantautor portugués,
cuyo nombre es José Afonso.
Lo que tenemos de Portugal es la Revolución de los Claveles, producida antes de que a
nuestro dictador le llegase su momento, siendo llorado tan desconsoladamente por
algunos. Esta revolución portuguesa es el único caso conocido que se produjo llevando
flores en la mano y con música por las calles. A Salazar se le comunicó que su mandato
había terminado un 25 de abril. Ese día la gente salió a la calle, con la determinación
en
el rostro de que había que cambiar las cosas, de que la democracia había llegado a su
país y de que el pueblo debía hablar. Los cuarteles se abrieron, no para sacar los
tanques, sino para compartir esa determinación con su pueblo, y el cambio llegó. ¿Qué
tiene que ver toda esta historia con nuestro personaje, con Jose
Afonso?.
Bien, Jose Afonso se crió entre Coimbra y Mozambique. Comenzó cantando fados en el
orfeón de su universidad, pero poco a poco empezó a desarrollar su propia
música, su propia poesía. En sus cantos hay auténtica literatura que habla de la
necesidad de un cambio y de la lucha por la libertad. Fue vetado por el gobierno, no se
le permitía grabar ningún disco y sus canciones debían pasar por la censura. La prisión
planeó durante muchos años sobre él, y si no terminó en ella, fue porque ya era
demasiado popular. Su salud nunca fue fuerte, pero su espíritu sí. Cambió la música
portuguesa, arriesgándose en cada nuevo disco, utilizando ritmos de otras culturas
para crear un ambiente de unión entre los pueblos, pero todo ello debía realizarlo fuera
de su país. Sus discos eran pasados de contrabando por la frontera portuguesa hacia
España, ya que eran considerados subversivos por nuestro glorioso gobierno, y
cantautores como Lluís Llach, o Raimon, se han dejado influir por él. Su trascendencia
aún se puede apreciar en grupos como Luar Na Lubre, en cuyo último disco se puede
apreciar una dedicatoria especial para él, destacando no sólo su innovación musical,
sino su respeto más sincero a la música tradicional.
Pero, ¿qué tiene que ver todo esto con la Revolución de los Claveles?. Para que la
gente pudiese salir a la vez de sus casas y que los militares supiesen que había llegado
el momento del cambio, debía existir una señal. Todas las emisoras de radio decidieron
que pondrían la misma canción a la misma hora, las 8 de la mañana, y rezarían para
que
funcionase. No sólo las radios lo hicieron. Allí donde no llegaba la señal radiofónica,
hubieron voluntarios que se subían a los campanarios de las iglesias, con un tocadiscos
y unos altavoces, para que todos los portugueses supieran que había llegado el
momento. La canción escogida fue la Grândola Vila Morena y su cantante José
Afonso, el máximo representante cultural de la lucha contra la dictadura.
El resto ya es historia. La revolución más pacífica de la historia triunfó, y con
ello
llegaron los cambios deseados y una nueva República que aun perdura. El espíritu de
Jose Afonso o Zeca Afonso, como se le conoce cariñosamente, continúa presente en las
nuevas voces
portuguesas. Dulce Pontes o Madredeus, suelen incluir siempre en sus conciertos
canciones de su maestro, puesto que él no sólo les abrió las puertas del futuro musical
de un país anclado en el pasado, sino que fue capaz de dotar a ese mismo pasado de
una fuerza de futuro.
Logró llegar a ver cumplido su deseo de un pueblo, el suyo, de ser dueño de su
destino. Y aún sigue colaborando en el hecho de que no se pierda ese deseo. Nosotros
tenemos que agradecer que una parte de él influyera, en menor grado, en nuestros
padres o hermanos, al final de la dictadura. Lástima que no siguiésemos el ejemplo
portugués. Aunque si escuchamos atentamente las canciones legadas por este
maestro, debemos darnos cuenta que aún continúan vigentes y no perderlas.
Dejémonos influenciar nosotros por él, como nuestra generación anterior lo hizo, pero
dejemos que nos atrape y envuelva, porque no hay que olvidar, que este hombre fue
capaz de convencer a todo un país de que el futuro sí era posible, de abrir las puertas
de los cuarteles para la paz y todo ello con una sola canción. Que nos influya, pues
para lograr nuestro propio cambio, tal vez aun estemos en tiempo de ello. Merece la
pena.
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