SECCIÓN 1 Título 1 Título 2 Título 3
algunos fragmentos de:                     TRISTRAM SHANDY

de Laurence Sterne

traducción de Javier Marías
(Círculo de Lectores, 1997)

 

A veces decía, con su descarada manera de hablar, que la seriedad era un bribón andante; y añadía --que de la especie más peligrosa además: --pues era un bribón solapado; y que creía sinceramente que más gente honrada y bienintencionada se veía despojada de su dinero y sus bienes por ella en un solo año que por los hurtos de las tiendas y las raterías en siete. Solía decir que el festivo temperamento que un corazón sincero siempre pone al descubierto no encerraba peligro --más que para sí mismo:-- mientras que la misma esencia de la seriedad era la maquinación y, en consecuencia, el engaño; --era un truco que se enseñaba y se aprendía con el objeto de adquirir reputación a los ojos del mundo aparentando más conocimientos e inteligencia de los que se tenían; y, con todas sus pretensiones, --no era mejor (sino a menudo peor) que como la había definido hacía ya tiempo un gran ingenio francés, --a saber: La seriedad es un continente misterioso del cuerpo que sirve para ocultar los defectos de la mente*; --y Yorick, con enorme imprudencia, decía que tal definición merecía escribirse con caracteres de oro.

Cap. Once, Vol. I

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Por Dios, ¿cómo se llamaba aquel hombre?--Escribo con tanto apresuramiento que no tengo tiempo para hacer memoria ni para buscarlo:--¿Quién fue el primero en observar 'que nuestro aire y nuestro clima eran muy inconstantes'? Quienquiera que fuese, hizo una observación muy aguda y muy cierta.--Pero el corolario que se sacó de ella, a saber: 'que es esto lo que nos ha provisto una variedad tan enorme de caracteres singulares y caprichosos', --esto no fue suyo;--esto lo descubrió otro hombre por lo menos siglo y medio más tarde. Y luego:--que ese abundantísimo almacén de materiales originales es la causa verdadera y natural de que nuestras Comedias sean mucho mejores que las francesas o que cualesquiera otras de las que o bien ya se han escrito o bien pueden escribirse en el futuro en el Continente,---ese descubrimiento no llegó a hacerse enteramente hasta mediados del reinado del rey William,--cuando el gran Dreyden, en uno de sus largos prefacios (si no me equivoco), dio felizmente con ello. Cierto que a finales del reinado de la reina Anne el gran Addison se puso a patrocinar la idea y se la explicó al mundo con más detalle en uno o dos de sus Spectators;--pero el descubrimiento no fue suyo.--Y finalmente, en cuarto y último lugar, la observación de que esta extraña irregularidad de nuestros caracteres---en cierto modo nos ofrece una compensación al proporcionarnos con ello algo con lo que divertirnos cuando el tiempo no nos permite salir a la calle,--es mía;--y se me ha ocurrido hoy mismo, 26 de marzo de 1759, día lluvioso, entre las nueve y las diez de la mañana.

Cap. Veintiuno, Vol. I.

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Cuáles eran estas perplejidades de mi tío Toby, --es imposible que ustedes lo adivinen;--si lo adivinaran,--me sonrojaría; no como pariente del encartado,--ni como hombre,--ni tan siquiera como mujer,--sino que me sonrojaría como autor; pues no en balde he puesto yo tanto empeño en ello, que hasta ahora mi lector ha sido absolutamente incapaz de adivinar nada. Y en lo que se refiere a esto, señor, tengo un humor tan delicado y singular que si por un momento creyera que podía usted formarse el más mínimo juicio o hacer la menor conjetura plausible acerca de lo que iba a acontecer en la página siguiente,--la arrancaría del libro inmediatamente.
FIN DEL PRIMER VOLUMEN

Cap. Veinticuatro, Vol. I

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La escritura, cuando manejada adecuadamente (como pueden ustedes estar seguros de que creo que lo está la mía), no es más que un nombre diferente que se le da a la conversación. Y al igual que nadie que se sabe en buena compañía se atrevería a hablar sin parar y a decirlo todo él, ---así ningún autor que comprenda bien cuáles son los límites del decoro y de la buena educación presumiría de pensarlo todo él. La mayor y más sincera muestra de respeto que se le pueda dar al entendimiento del lector consiste en repartir amigablemente con él esta tarea y en dejarle imaginar algo a su vez: tanto, casi, como el propio autor.
Por mi parte, estoy continuamente haciéndole cumplidos de esta índole y hago todo lo que está en mi mano para mantener su imaginación tan ocupada como lo está la mía.

Cap. Once, Vol. II

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Las teorías se caracterizan por el hecho de que, una vez concebidas, todo lo asimilan en provecho de su propia nutrición; y, desde el mismo instante en que se las engendra, todo lo que uno ve, oye, lee o entiende no hace sino fortalecerlas cada vez más. Esto es de gran utilidad.

Cap. Diecinueve, Vol. II

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Ya sé que, al contar esto, no le descubro nada al lector culto; --lo menciono sólo para que precisamente el lector culto vea que también yo lo soy.----

Cap. Treinta y Ocho, Vol. III

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Dos desgracias, se dijo el cabo, son, por lo menos, el doble de las que hablar de ellas a la vez resulta imprescindible

Cap. Diecinueve, Vol. IV

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Desde este momento debo ser considerado como el presunto heredero de la familia Shandy; --y es en este instante cuando verdaderamente comienza la historia de mi vida y de mis opiniones; con tantas prisas y precipitación, hasta ahora no he hecho, en realidad, más que despejar el terreno donde construir el edificio; --edificio que, lo adivino, no tendrá parangón con ninguno de los que se hayan ideado o levantado desde los tiempos de Adán. Dentro de menos de cinco minutos habré arrojado mi pluma al fuego junto con la pequeña gota de espesa tinta que aún me queda en el fondo del tintero. --Y en ese espacio de tiempo sólo me restan por hacer una decena de cosas: --tengo una cosa que titular, --otra que lamentar, --otra que esperar, --otra que prometer y otra más con la que amenazar; --tengo una cosa que suponer, --otra que declarar, otra que ocultar, --otra que escoger y otra más por la que rezar. ---Este capítulo, en consecuencia, lo titulo el capítulo de cosas, ---y el capítulo siguiente a éste, es decir, el primer capítulo del próximo volumen, será el capítulo sobre los bigotes a fin de que exista un cierto nexo entre mis diferentes obras.

Cap. Treinta y Dos, vol. IV

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Por estas cosas os amo; --y es esa deliciosa mezcla que hay en vuestro interior lo que os hace ser, queridas criaturas, lo que sois; --y quien os odie por ello, --lo único que puedo decir al respecto es --que o bien tiene una calabaza por cabeza---o una asperiega por corazón; --y cuando lo disequen, así se descubrirá.

Cap. Diez, Vol. V

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La razón de que los tejedores, los jardineros y los gladiadores, --así como todo hombre que (como resultado de alguna dolencia del pie) tenga una pierna escuálida o en mal estado, --dispongan siempre de alguna tierna ninfa a la que, en secreto, se le parte por ellos el corazón, es una cuestión que ha quedado perfecta y debidamente establecida y explicada por los fisiólogos, tanto por los antiguos como por los modernos.
Un bebedor de agua, siempre y cuando lo sea declarado y no cometa fraudes ni haga trampas, está incluido en el mismo predicamento. No es que, a primera vista, haya ninguna consecuencia (o apariencia de) lógica en la siguiente proposición: 'que por el hecho de que un riachuelo de agua fresca recorra gota a gota mis entrañas, instantáneamente tenga que encenderse una antorcha en las de mi Jenny---'
--(La proposición no es en absoluto convincente; por el contrario, parece ir, más bien, contra la corriente de los mecanismos naturales de causas y efectos)---
---Sino que, de hecho, muestra la debilidad e imbecilidad de la razón humana.
-- --'¿Y su salud es buena así?'
-- --Tan perfecta, --señora, como la amistad en persona me podría desear.---
-- --'¡Y no bebe usted nada!--Nada más que agua, ¿verdad?'
--¡Fluido impetuoso! En cuanto haces presión contra las compuertas del cerebro, --¡contempla cómo ceden!---

Cap. Cinco, Vol. VIII

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