Unos fragmentos escogidos de:

 

 

 

Blandir la espada.Historia de los gladiadores, mosqueteros, samurai, espadachines y campeones olímpicos.

Richard Cohen

 

 

Prólogo

… El término inglés para “espada”, sword, deriva de sweordDesde el tercer milenio antes de Cristo el lenguaje ha estado lleno, en metáfora y aforismo, de imágenes de estocadas y tajos. Nos estrechamos las manos para indicar que no vamos a recurrir a nuestras espadas; un caballero le ofrece a una dama el brazo derecho porque hubo un tiempo en que en su cadera izquierda había una espada; un abrigo de hombre se abrocha a la izquierda, de forma que un duelista pueda desabotonárselo con la mano zurda, la que no está armada. Los dos grupos principales de la Cámara de los Comunes están separados por la longitud precisa de dos hojas de espada; y en el armario de cada miembro del Parlamento sigue habiendo una lazada de seda de la que colgar la espada. Los pilotos kamikaze se llevaban consigo a las cabinas sus espadas de samurái."


 

Cap. 1. Cómo empezó todo

… El término inglés para “espada”, sword, deriva de sweord..."En toda Europa, los torneos se convirtieron en la ocupación más absorbente para las clases caballerescas aparte de la caza y la cetrería, y de la guerra. Sin duda, el consumo de bebida y el juego que tenían lugar en tales festividades eran uno de los motivos para la oposición de la Iglesia, pero también lo era el número de muertes. Un combate en particular, en 1180, atrajo a más de tres mil caballeros armados y montados. Enloquecidos por la sed de sangre, galoparon sin piedad sobre los hombres a pie, cargando salvajemente contra todo aquello que se moviera. Los cuerpos alfombraron el suelo. El combate en un torneo finalizaba cuando se daba la señal de detenerse o cuando un caballero, próximo a la asfixia en una armadura tan tremendamente abollada que sólo podía quitársela un herrero, era incapaz de tenerse en pie.

Gradualmente, el número de participantes en tales encuentros se redujo a pequeños equipos. Los desafíos formales a entrar en "liza" evolucionaron hasta expresarse en un lenguaje decoroso por parte de unos caballeros que actuaban por propia iniciativa. Esas justas seguían siendo condenadas por la Iglesia por el elevado índice de bajas. En Alemania se desarrolló un código estricto de honor, de manera que no podía participarse sin presentar antes pruebas de ascendencia noble. Cuando un caballero se encontraba con otro se esperaba que se levantase la visera y revelara su identidad; el saludo militar es un legado de ello. Incluso hoy en día, en la esgrima de competición, está prohibido salir a la pista con la careta ya puesta o iniciar un asalto sin saludar primero al oponente."

Cap. 5. Los grandes forjadores de espadas

… El término inglés para “espada”, sword, deriva de sweord, que a su vez procede de una raíz indoeuropea que significa “herir”. Sin embargo, lo que sigue no es ni siguiera una historia breve de la espada en sus diversas zonas sino más bien una indagación en el proceso de producir las mejores hojas y la búsqueda, a través de los milenios, del instrumento perfecto para dar muerte.

Un experto calculó de forma reciente que se requieren ochenta y dos manipulaciones diferentes antes de que un pedazo de metal se convierta en una espada de esgrima; además, cada hoja ha de hacerse a mano y la destreza necesaria para forjar el metal requiere aproximadamente un aprendizaje de quince años. La composición exacta de las aleaciones y la forma de tratarlas han sido siempre secretos celosamente guardados por parte de los maestros forjadores, una suerte de botta segretta. El descubrimiento de una nueva aleación para la forja de espadas habría causado tanto efecto en la sociedad (anterior a la pólvora) como el descubrimiento de la energía atómica en tiempos modernos.

Uno imagina la espada como una larga franja de metal, ya sea de hierro o de acero, con una empuñadura; pero las primeras espadas estaban hechas de madera. El cobre empezó a forjarse ya por el 5000 a.C., y la fundición aparece en tiempos de Cristo. Esas primeras armas de cobre o de bronce, y más tarde las de hierro, eran de bastante mala calidad; ninguna conservaba el filo mucho tiempo. El historiador griego Polibio narra enfrentamientos con guerreros galos que tenían que salirse periódicamente de la línea de batalla para enderezar sus blandas hojas de hierro bajo los pies. Las hojas resistentes requieren cierto contenido en carbono, algo en lo que no se cayó en la cuenta durante siglos, literalmente.

Una buena hoja debe poder contar con un filo cortante y sin embargo no quebrarse o doblarse hasta perder la forma bajo un golpe fuerte. Por desgracia, cuanto más intensamente se endurece el acero, más quebradizo se vuelve. El hierro blando, mientras que resulta difícil de romper, se deforma con facilidad y pierde el filo. A modo de solución, los primeros espaderos soldaban laboriosamente a golpe de martillo finas tiras de acero y hierro de durezas opuestas para formar el alma de la hoja, y luego añadían, por separado, filos de acero muy duro. Las tiras del alma se trenzaban o retorcían como cuerda, de forma que, una vez pulida, la hoja resultante lucía unas ondas de claro y oscuro que semejaban piel de serpiente moteada, y de las que poéticamente se imaginaba que eran dragones y serpientes que luchaban o se retorcían. Para lograr ese efecto, era esencial que la temperatura del acero bajo el martillo se controlara con suma cautela, y lo mejor era acometer la tarea de seguir de cerca el paso del metal del rojo oscuro al blanco candente por la noche. Semejante experiencia en las horas de oscuridad contribuyó a aumentar el respeto supersticioso que inspiraban los forjadores de espadas, que creaban instrumentos hechos para quitar la vida y que elevaron su oficio a la categoría de magia. De ahí surgió toda una mitología, que se extendería por las culturas del mundo, en la que un maestro espadero —un Wayland el Herrero o Voelundr o Dédalo— era capaz de maravillosas hazañas.

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