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El camino a la Literatura:
las raíces
“Supongo que lo que
os interesará saber es cómo he llegado a la literatura y cómo he llegado
hasta aquí. Yo pertenezco a una familia de las que en Cataluña se llaman
“heridos por la letra”. Es decir, esas personas que no perteneciendo al
mundo de la literatura, están muy orgullosas de haber escrito unas
memorias, o de haber escrito un libro.
Desde pequeña, no
sé por qué, todo el mundo en mi familia sabía que yo acabaría siendo
escritora y yo también lo sabía. Pero el tiempo pasa muy rápido y cuando me
quise dar cuenta, habían transcurrido ya cincuenta años. Entre otras cosas
porque no tengo sólo una vocación. Hay literatos que sólo tienen una
vocación y desde los 15 años empiezan a escribir y escribir y escribir… Por
suerte o por desgracia, éste no es mi caso.”
Las vocaciones y las decisiones
“Yo he tenido muchas vocaciones, con lo
cual siempre peligra mi vocación de escritora. Pero en cualquier caso,
tenía vocaciones más prioritarias, no porque no me interesara escribir,
sino porque pensaba que siempre tenía tiempo para hacerlo.
Tuve una vida
agitada, divertida, apasionada y muy llena. Muy difícil a veces, muy fácil
otras, de la que no me arrepiento. No me arrepiento ni de una sola de las
cosas que he vivido. Pero llegó un momento en el que me dije: he tenido muchos
hijos, he plantado muchos árboles, pero al paso que voy me acabaré muriendo
sin haber escrito un libro.
Fue entonces,
cuando tenía cincuenta años, cuando tomé las decisiones más importantes de
mi vida. O, por lo menos, si no las más importantes, sí las más vistosas.
Me separé de mi marido, salí de mi ciudad, vendí la editorial, dejé de
fumar, me presenté a los exámenes de traductora de las Naciones Unidas y
pasé el examen, con lo que tenía la vida asegurada y empecé un periplo por
el mundo.
Mis hijos eran muy
mayores. La ventaja de casarse joven es que a los cincuenta años tu hijo
mayor ya tiene 32, con lo cual, ya no te necesita. Es decir, te necesita
mucho menos de lo que era habitual hasta entonces. Aunque, desde luego
mucho más de lo que se cree.
Y entonces empecé
esta vida de traductora: unos meses en Nueva York, otros en Ginebra, otros
en Nairobi, pero siempre con un pequeño ordenador machacado por el uso. Y
empecé a escribir.“
¿Qué significa escribir para Rosa Regás?
“Empecé a escribir
sin saber que la escritura es un trabajo distinto del que parece. Para
escribir no hace falta sólo ponerse, no hace falta sólo tener un argumento.
Escribir, y, sobre todo, escribir ficción, es un ejercicio de
interiorización.
Es un ejercicio de
buscar dentro de uno mismo aquello que tenemos que escribir. Todos nosotros
tenemos una larga experiencia, todos somos todo lo que hemos vivido. Pero
casi todo lo que hemos vivido, lo hemos olvidado. Hemos olvidado, por
ejemplo, el día en que abrimos los ojos a la vida y oímos a nuestra madre,
a nuestro padre, a la enfermera, a la comadrona, a quien fuera. Y debió ser
una experiencia extraordinaria. Sin embargo, la hemos olvidado. Hemos
olvidado la primera pelea… y la segunda… y la tercera. Hemos olvidado el
primer amor y el segundo y el tercero, los primeros besos, las primeras
angustias, los primeros celos. Pero también los segundos y los terceros.
Decimos, “yo tengo superado este amor”, el recuerdo de este amor. No lo
tengo superado, lo tengo olvidado…
Sin embargo, nosotros
somos todo esto, somos exactamente todo lo que hemos vivido, Pero, ¿dónde
está todo esto? Todo lo que hemos vivido está, yo creo, en un cuarto
oscuro, en un agujero negro. ¿Sabéis lo que es un agujero negro, verdad? El
agujero negro es un lugar donde hay tal fuerza de atracción que atrae todo
lo que tiene a su alrededor y lo atrae, lo condensa con tal fuerza que se
va quedando en nada. Prácticamente desaparece. Esto es un agujero negro. Un
agujero negro contiene todo lo que ha atraído, pero lo contiene tan, tan
condensado que prácticamente no existe.
Yo creo que éste
es el cuarto oscuro que todos tenemos donde se guardan todos los recuerdos,
todas las cosas que hemos olvidado. Y es a este cuarto oscuro donde los
escritores vamos a parar, o por lo menos donde yo voy a parar cuando quiero
escribir.”
El cuarto oscuro
“Me sumerjo en
este agujero negro, en este cuarto oscuro e intento sacar recuerdos que me
servirán para hacer un personaje, alguna cara que tengo olvidada que me
servirá en ese momento para un diálogo, para una situación determinada,
para explicar un odio o un amor, o una apetencia de cualquier estilo. ¿Pero
qué ocurre? Nosotros vamos y nos sumergimos dentro de este cuarto oscuro y
lo que encontramos, que es nuestra vida, no lo reconocemos como tal porque
de la misma manera en que nuestros recuerdos cambian con el tiempo, como
cambian nuestras caras, como cambian los paisajes, como cambian los ríos,
como cambia todo, también cambia aquello que ha ido a parar a nuestro
cuarto oscuro.
Se ha ido transformando
con el tiempo y cuando nosotros lo recogemos, creemos que estamos
recogiendo algo original y nos vamos dando cuenta de que estamos recogiendo
nuestra propia vida en unos parámetros que no somos capaces de reconocer.
Por eso se dice que el escritor cuenta una y otra vez su propia historia.
Lo que ocurre es que la cuenta de una manera en que ni siquiera él mismo la
reconoce. Así empecé yo a escribir.”
Escribir: un ejercicio doloroso.
Ginebra
“Empecé a escribir
así. Buceando en lo olvidado. Hasta que me di cuenta de la dificultad que
esto implicaba. Por eso me costaba tanto, por eso me entretenía tanto antes
de ponerme a escribir. Porque es un ejercicio doloroso hurgar dentro de uno
mismo y es un ejercicio doloroso sacar de allí una situación o una
experiencia sin casi reconocerla. Es un ejercicio doloroso y difícil.
Pero poco a poco
lo fui haciendo y así apareció mi primer libro, una historia que se llama
“Ginebra”. Fue una historia que me encargaron. De otra forma, tal vez nunca
me hubiera atrevido a escribir. Porque, cuando uno se pone a escribir por
primera vez, (sobre todo las personas que han empezado a escribir de muy
mayores) ocurre que la propia
escritura produce cierta vergüenza. De la misma manera que nos produce
cierta vergüenza oír nuestra propia voz la primera vez que la oímos en una
cinta magnetofónica o que nos vemos a nosotros, a nuestra imagen en un
vídeo.
La primera vez nos
chirría todo porque no nos vemos tal y como nosotros creemos que somos.
Todas estas dificultades fueron las que fui salvando antes de escribir este
primer libro.”
Tirando del hilo se construye
el mundo de ficción
“Luego empecé a
escribir mi primera novela. Y empecé a escribirla partiendo de una
tontería, de una situación, de una chica que construía un gallinero. Es realmente una tontería. Pero a partir
de ahí fui tirando del hilo: y esta chica de dónde viene, quién es su
padre, por qué está en este lugar, qué ha pasado con el gallinero, cómo es
el paisaje… Y poco a poco se va construyendo el mundo.
Se va construyendo
un mundo de ficción que para el escritor es tan real, tan absolutamente
real como el mundo en que estamos inmersos. Esta es una de las razones por las que a las mujeres que
estamos casadas y tenemos hijos nos cuesta más escribir que a las personas
que están solas. Hace falta un lugar libre en la mente en que construir
este mundo que debe ser creíble y coherente.
Pero es muy
difícil si uno tiene realmente un mundo real del que se tiene que estar
ocupando día a día, como es el de los niños, el dentista, el colegio, las
vacaciones, etc. Es muy difícil dejarlo en un rinconcito e irse al mundo
mágico, al mundo irreal de la ficción…
Cuando ya está
construido este mundo de ficción, cuando ya se ha construido poco a poco,
tirando del hilo, sólo queda saber si realmente el estilo utilizado es el
propio.”
Encontrar el estilo propio:
la música de mi prosa.
Memoria de
Almator
“Todos sabemos que
un estilo determinado da una novela y otro estilo da otra. Por decirlo de una
manera más simple, lo que yo digo de una forma nos da una realidad, pero si
lo transmito de otra, nos da una realidad distinta. Por lo tanto, a cada
historia le corresponde una realidad, a cada historia le corresponde un
estilo, a cada historia le corresponde una voz, un tono determinado.
Encontrar este
tono y esta voz es seguramente lo más difícil de la narrativa, lo más
difícil de la ficción.
Para mí, la música
de mi propia prosa es la única guía que tengo. Es lo único que me dice si
aquella prosa que ya no me chirría es mi música. Si la reconozco como
propia, sé que voy por buen camino. Así es como, poco a poco, fui
escribiendo esta novela que se llama “Memoria de Almator”.
Una novela que yo
describiría como sensual, de paisajes, una novela de tiempos y una novela
de recuperación de la propia vida por parte de una mujer que ha vivido
siempre protegida. Y digo “protegida” por no decir “sometida”, primero por
su padre, después por su marido y después por su amante. Esta novela fue mi
primera novela.
Salió sin pena ni gloria, tuvo buenas
críticas, pero desapareció enseguida como desaparecen tantos libros del
mercado.”
Enamorada del mar. Azul
“Fue entonces
cuando me puse a escribir “Azul”.
Es la historia de
una mujer, pero vista a través de los ojos del hombre que está
absolutamente enamorado y fascinado por ella. Esta novela me costó
muchísimo trabajo, pero me dio muchas satisfacciones porque es una novela
de mar. Es una novela de mar y de amor.
Yo soy una persona
más que enamorada del mar. Echo de menos el mar todos los días y todas las
horas de mi vida porque he nacido junto al mar y las personas que hemos
nacido junto al mar olemos el mar y, cuando no lo olemos, lo echamos de
menos.
Por lo tanto, en
esta novela volqué todo mi amor al mar y toda mi fascinación.
Yo tuve durante
unos años, los años de la infancia de mis hijos, tuve un barco, una
mallorquina, un barco pequeño, de estos que hacen “chup, chup, chup”. Tuve
que aprender a navegar y navegué durante todos los veranos.
Realmente conozco
el mar, o conocía (porque ya va quedando lejos en el tiempo) los secretos
del mar, al menos los del mar cercano a la costa. Y ésta es la historia de
una pareja relacionada con el mar.”
Así surgió Azul
“Yo tenía un amigo
muy querido, queridísimo. Él había venido a la universidad con nosotros y
se había hecho muy rico, inmensamente rico. Tenía un barco muy grande y un
día nos invitó a varios amigos a pasar una semana en este barco en las
islas griegas y en la costa turca. Y yo quería agradecérselo, quería hacerle
un regalo.
Es muy difícil
hacerle un regalo a una persona muy rica, porque, si no tiene algo es
porque no lo quiere tener. Si no, ya se lo habría comprado. Con lo cual, yo
no sabía muy bien qué regalarle y pensé que le haría un cuento sobre
nuestro viaje a la última isla que visitamos.
Y empecé a
escribir esta historia a raíz de que vi a una vieja que rondaba por las
ruinas. Era una isla que todavía estaba en ruinas porque había sido
destruida durante la guerra mundial hacía cuarenta años. Y esta vieja iba
caminando por allá. A mí me fascinó y empecé a hilar una historia a partir
de esta vieja, pero se me fue complicando y complicando.
En vez de un
cuento, como yo quería en un principio, salió una novela, una novela que yo
dediqué a este amigo a quien yo llamaba “Estorni” porque me había
introducido en la poesía de Alfonsina Estorni, una poetisa argentina que se
había suicidado en los años treinta.
El libro lleva
esta dedicatoria: “Para Estorni, esta historia que le pertenece”. Estorni,
mi amigo, murió de un cáncer tres meses después de que saliera mi libro al
mercado. Murió, pero tuvo tiempo de ver todavía que le había dedicado el
libro y, por lo tanto, yo quedé, muy triste por su muerte, pero satisfecha
porque, por lo menos, habíamos quedado en paz.
Este libro ganó el
premio Nadal.”
Sobre premios y premiados
“Este premio
supuso para mí realmente una gran ilusión porque me dio la oportunidad de
pasar de ser conocida, de ser leída por mil personas, a ser leída por cien mil.
Fue un libro que se vendió muchísimo y que me dio la oportunidad de tener
un público mucho más amplio, que es lo que finalmente quiere cualquier
escritor.
Lo que quiere un
escritor es que le lean, de la misma manera en que un actor quiere que le
vean. No tiene sentido un actor actuando en el cuarto de baño de su casa,
sin público. Para nosotros, los escritores, si no hay alguien que lea lo
que escribimos, aunque sea sólo una persona, tiene poco sentido. Al
principio siempre estamos diciendo “yo escribo para mí sola”, pero en el
fondo lo que ocurre es que no nos atrevemos a dar el salto a escribir para
los demás.”
Otros libros de viajes,
del corazón y de los recuerdos
de la infancia
“Después de esto,
estuve en Siria y escribí un libro sobre este viaje. Fue un viaje de tres
meses por el territorio sirio, sobre todo con la finalidad de demostrar que
este país llamado “terrorista” no sólo no era terrorista sino que fue el
país más seguro que he visitado en mi vida. Viajé sola, alquilé un coche,
viajé por el desierto, fui invitada por los beduinos y nunca me pasó nada.
Jamás. Al contrario. Es uno de los viajes más bellos, más
extraordinariamente hermosos que he hecho en mi vida. Y este fue otro de
mis libros.
Tras este libro,
escribí “Pobre corazón”, una serie de cuentos basados en la realidad.
Cuando digo que están basados en la realidad, no quiero decir que sean
cuentos reales, quiero decir que tienen una raíz real. A partir de ahí fui
fabulando.
Entonces, empecé
poco a poco a meterme en el mundo de la postguerra española de la que yo
fui una de sus víctimas. Soy hija de padres republicanos y separados. Yo
nací un par de años antes de la guerra. Mis hermanos y yo fuimos enviados
al extranjero para que no nos alcanzaran las bombas fascistas. Cuando los
fascistas entraron en Barcelona, mis padres salieron para el exilio, pero
nosotros volvimos porque mi abuelo se había pasado a Franco, como todos los
burgueses catalanes, y pudo reclamar a sus nietos antes de que llegara la
guerra mundial.
Escribí una
historia basada en mi propia historia. De hecho, cuando yo era muy pequeña
siempre decía “cuando sea mayor seré escritora y escribiré esta historia”.
Fue una historia brutal y triste en la que nosotros pasamos a depender de
la Iglesia Católica. A mi madre la podíamos ver una vez al mes en el
Tribunal de Menores. No la podíamos besar ni tocar. Así estuvimos desde los
seis años hasta que me casé, a los dieciocho.
Y si teníamos un cero en latín, pongamos
por caso, o un tres o un cuatro en historia íbamos a parar al correccional
porque se suponía que éramos niños que estabamos ya tocados por el mal.”
Luna Lunera
“La historia de
estos niños es la historia de “Luna lunera”. Es una historia que yo escribí
con mucha emoción, pero de la que quedé muy satisfecha porque tampoco me
hería demasiado al no ser exactamente mi propia historia, sino, como ya he
dicho antes, una ficción fabulada sobre algo real.
Monté este mundo
de los niños de la postguerra con las voces de las mujeres de la cocina de
las casas burguesas, la de la mujer que lavaba, la de la mujer que
planchaba, la de la mujer que servía la mesa, etc. Todas estas mujeres que
formaban parte de la familia en un segundo plano. Y estas mujeres conocían
toda la historia de la familia por haberla oído a través de las puertas,
por haber oído las escenas, por haber sido testigo pasivo de lo que ocurrió
en la postguerra.
Este cuento me dio
una gran satisfacción porque consiguió el premio “Ciudad de Barcelona”, un
premio al que uno no se presenta,
sino que el jurado lo elige entre los libros publicados ese año.”
El premio Planeta:
La canción de Dorotea
“Ya estamos en el
año 1999. Escribí una novela titulada “La canción de Dorotea”. Siempre creo
que la novela que voy a escribir ha de ser un poquito mejor que la
anterior. Y pensé que en esta novela que iba a escribir debía introducir
elementos distintos, elementos que no pertenecieran simplemente a la
memoria histórica o al interior de mí misma, sino que pertenecieran al
mundo, al ambiente en el que se desarrollara la historia.
Que el ambiente
estuviera mejor explicado y que fuera una historia que también, por decirlo
así, tuviera un cierto ritmo de interés, de intriga. Tuve la inmensa suerte
de que este libro ganara, como sabéis, el premio “Planeta” del año pasado.
Con lo cual, yo conseguí muchísimo dinero, incluso después de que Hacienda
se quedara más de la mitad. Pero, de todas maneras, conseguí el dinero
suficiente como para poderme permitir vivir un poco más sin trabajar. Es
decir, que podía disponer de más tiempo libre para escribir. Cosa que
todavía no he conseguido del todo. Y me dio la oportunidad de llegar a
muchísima más gente.
El premio
“Planeta”, y esto no lo digo como mérito de mi novela, sino como mérito de
la editorial, tiene el valor inmenso de haber llegado a muchas personas,
muchas de las cuales sólo compran un libro al año. Me gustaría que no fuera
así, me gustaría que todo el mundo comprara más libros, que leyera más
libros, que por lo menos fuera a las bibliotecas y leyera más libros.
Porque estoy convencida de que de la misma forma que hacer deporte, caminar
por la calle, ejercita los músculos de nuestros brazos, de nuestras
piernas, de nuestro vientre y nos hace más fuertes retrasando el camino de
la vejez, también lo estoy de que la lectura ejercita las facultades de
nuestra mente, de nuestra alma y también hace que de alguna manera se
retrase la vejez y desarrollemos nuestra inteligencia, nuestra fantasía,
nuestra memoria y nos convirtamos en personas capaces de imaginar mundos
distintos, con lo que el campo de las posibilidades de nuestra felicidad se
hace infinitamente mayor.
Y esta ha sido mi
historia literaria.”
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