LA CASA DE LOS MALFENTI - Nº4 Otoño 2002 - Alejandro Dumas
 
 

 

 
 
N3 VERANO 2002  
 
 
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Nº3 - Verano
2002
 
Editorial   

El autor y su obra:    
Alejandro Dumas 

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EL AUTOR

Y SU OBRA


por Roberto Goñi



Alejandro Dumas


ALEJANDRO

DUMAS



El pasado 24 de Julio se cumplieron doscientos años del nacimiento de uno de los escritores franceses más célebres y prolíficos. Nos estamos refiriendo a Alejandro Dumas. Hemos creído, en La Casa de los Malfenti, que es éste un momento idóneo para rendir homenaje a la figura del polémico escritor. Conocido, sobre todo, por novelas de aventuras como “Los tres mosqueteros” y “El conde de Montecristo”, se puede decir, sin temor a equivocarnos, que su obra ocupa un lugar relevante en la denominada cultura popular. Pocas son las bibliotecas en las que no se encuentra un volumen surgido de su pluma, y pocos los idiomas a los que no se ha traducido su obra. Fue, entre otras muchas cosas, precursor del género folletinesco, cosechando un éxito hasta entonces insospechado a través de la novela serial. A Dumas se le ha atribuido la función revitalizadora de la novela histórica francesa, aunque su habilidad como escritor ha sido, desde siempre, puesta en tela de juicio. Escritor criticado y enaltecido a un mismo tiempo, ha sabido deslizarse a lo largo de los gustos literarios de sucesivas generaciones y poco a poco se las ha arreglado para encontrar su hueco dentro de la historia universal de la literatura. Nos proponemos, a continuación, acercarnos al Alejandro Dumas de carne y hueso, al transcurrir vital del autor, al personaje escondido bajo cientos de personajes de folletín… Sirvan pues estás líneas de homenaje al escritor genial de tantas y tantas aventuras…



Alejandro Dumas nació en la ciudad francesa de Villers-Cotterets (a cuarenta kilómetros de París) el 24 de Julio de 1802. Sus orígenes parecen extraídos de una de sus muchas creaciones literarias. Su abuelo, el Marqués Antoine-Alexandre Davy de la Pailleterie, estuvo destinado en Santo Domingo durante veinte años, donde conocería a a la que se convertió en su mujer, Marie-Céssette Dumas, una esclava negra de las islas Indias del Oeste de Santo Domingo. En 1780, volvió el marqués a París desde su asentamiento en tierras lejanas con un hijo mulato bajo el brazo. Se trataba de Thomas-Alexandre, el padre de Alejandro Dumas, un joven significativamente robusto, diestro en el uso de la espada y del que se cuentan numerosas proezas, todas ellas relacionadas con su capacidad y poderío físico.

El marqués no daría el necesario consentimiento para que su hijo entrara a formar parte del ejercito, así que éste se vio obligado a presentarse a listas bajo el nombre de Thomas-Alexandre Dumas. Ya con el rango de soldado, fue destinado a la guarnición de Villers Cotterets, donde terminó casandose con Marie-Louise Labouret, la madre del escritor objeto de nuestro relato. Ascendería rapidamente el joven dentro del escalafón militar, alcanzando en 1793 el rango de general. Mostró coraje y arrojo en el campo de batalla, ganándose el sobrenombre de Diablo Negro. Pero tuvo que cruzarse en su camino la trajica figura de Napoleón Bonaparte. Acudió bajo sus ordenes a la conquista de Egipto. Tras cosechar grandes éxitos en aquellas tierras, y de regreso a su pais natal, cayó en manos de los enemigos ingleses y fue enviado a una prisión italiana donde le envenenaron lentamente. Ya en Francia, con la salud minada por el trato recibido en Italia y sin el reconocimiento merecido por parte de Napoleón (se negó éste a recibirle y no respondió ninguna de sus cartas) murió al poco tiempo.

Como vemos, en la herencia genética del autor, se encontraban ya muchos de los rasgos que se mostrarán más tarde en su literatura y, como veremos, en su propia vida. De su padre heredó su amor propio, el gusto enfermizo por lo heróico, su afán por la fanfarronería y su forma de actuar con las mujeres. Quien sabe si también de él heredaría el complejo de inferioridad escondido tras estas cualidades o defectos…

Tenía cuatro años Alejandro Dumas cuando quedó huerfano de padre. Su madre tuvo que arreglárselas con una humilde pensión. Debido a esta crítica situación económica, Dumas tuvo que conformarse con una educación muy limitada a manos del cura del pueblo. En 1811 ingresa en la escuela del Abad Gregorie en la que permanece hasta 1813. Allí aprendió a escribir, a leer y algo de latín. El joven Dumas tenía un carácter indómito y soñador, dedicaba su tiempo a la caza y al cortejo de las muchachas de su edad. En 1816 logró ser pasante de notario en Villers-Cotterets, aunque lo cierto es que dedicaba más interés a la caza que al estudio de las leyes.

Un día descubrió a Shakespeare y decidió enérgicamente convertirse en dramaturgo, para lo cual reunió a un grupo de amigos e improvisando decorados se dedicó con ellos a representar en un establo obras diversas.

Con diecinueve años realizó un viaje a Paris costeado gracias a la venta de los animales que iba cazando por el camino. El viaje le confirmó en su intención de salir de su pueblo natal y en su interés por la literatura.

En 1823 toma la firme decisión de vivir en París, para lo cual toma algunas cartas de recomendación para los antiguos compañeros de su padre. Sólo tuvo buena acogida por parte del general Foy (la mayor parte de los amigos y conocidos de su padre estaban relacionados con los Borbones) que reconoció su buena caligrafía y consiguió para él un puesto como escribiente en la secretaría del Duque de Orleans. Por este trabajo cobraba el suficiente dinero como para independizarse del sustento de su madre. Ya era libre para dedicarse a lo que realmente le interesaba, la literatura y sobre todo, el estudio de la historia de Francia.

Un compañero muy instruido le introdujo en la lectura de los clásicos que comenzó a devorar en su tiempo libre. Acudía tambien a representaciones de Shakespeare y poco a poco llegó a la conclusión de que en el teatro debían romperse los canones clásicos y entregarse a la lucha de las pasiones. Es en este momento cuando se lanza definitivamente a la escritura.

El 24 de Julio de 1823 , nacerá su primer hijo (Alejandro Dumas hijo), fruto de su primer amor parisino, Laure Labay, una costurera.

A pesar de ser más conocido en la actualidad por su prosa, su obra teatral gozó de gran éxito en su propio tiempo. Le permitió ganar gran cantidad de dinero. Se dice que fue el introductor del Romanticismo en el teatro francés, mostrando personajes orgullosos de sus propias pasiones.

Su aparición real en el panorama teatral francés se producirá con el estreno de su obra Enrique III y su corte (1829). Antes, en 1825, había conseguido estrenar otra obra La Chase et l’amour que también obtuvo mucho éxito, pero será la obra Henri III et sa cour la que le proporcionará un enorme éxito y le permitirá ser incorporado al repertorio de la comedia francesa. Dumas se convertía de esta forma en uno de los líderes del movimiento lírico del momento, junto con Victor Hugo. A estas primeras obras les seguirán otras muchas. Es en este momento en el que es cesado de su empleo, dato que no molestó a Dumas en absoluto ya que con su producción literaria ganaba mucho más dinero que con su antiguo empleo.

Junto a la creación de ensayos dramáticos, Dumas se inició en la poesía y en la novela breve. Hizo incursiones en todos los temas literarios y supo destacar con algunas pequeñas novelas que recibieron buena aceptación del público y de la crítica por su elaborada documentación histórica.

La fortuna de Dumas aumentó considerablemente. No estaba muy acostumbrado a tener tanto dinero, así que comenzó a hacer ostentación del mismo. Usaba anillos enormes, gastaba importantes sumas de dinero en mujeres. Poca gente de su tiempo ganaba tanto dinero como él, sin embargo, lo gastaba tal y como lo recibía y, en consecuencia, siempre estaba endeudado. Pero no todo el dinero se gastaba en lujo y derroche. Por un lado mantenía a su madre, a quien instaló en un piso de París, por otro a su primer hijo (Alejandro Dumas, que con el tiempo se convertirá también en escritor; su obra más conocida será La dama de las camelias) y a otros cinco que vendrán después, todos ellos de mujeres distintas. Por último también mantenía a toda una corte de parásitos y amantes, muchas de ellas actrices. Pero de lo que no hay duda es de que le gustaba vivir bien.

Dumas vivió tan aventureramente como sus propias obras y esa forma de vida ha generado gran cantidad de anécdotas. Por ejemplo, una vez cuando le pidieron que donara 25 francos para enterrar a un alguacil y él dio 50 diciendo: “Aquí tenéis y enterrad a un par de ellos” . Tomó parte en la revolución de Julio de 1830 y alcanzó el grado de Capitán de la Guadia Nacional, cogió el colera durante la epidemia de 1832, y viajó a Italia para recuperarse.  Se casó con Ida Ferrer, una actriz, en 1840, pero se separó de ella pronto, tras gastar totalmente su dote. Se le han atribuido docenas de hijos ilegítimos, pero reconoció legalmente sólo a tres. Se cuenta que una vez, cuando Dumas descubrió a su mujer en la cama con su buen amigo Roger de Beauvoir, dijo:  “Es una noche fría. Moveos y hacedme un sitio para mí” .

Antes de 1843, Dumas había escrito quince obras de teatro y sus novelas históricas le habían proporcionado una fortuna muy considerable.  Produjo alrededor de 250 libros con la ayuda de 73 asistentes, en especial la del profesor de historia Auguste Maquet, a quien permitió trabajar de forma muy independiente. Ganaba Dumas, aproximadamente, unos 200.000 francos al año y recibía una suma anual de 63.000 francos por su aportación a los periódicos La Presse y el Constitutionel. Maquet, a menudo proponía temas e hizo los primeros borradores de obras como Los tres mosqueteros (1844) y El conde de Montecristo (1844-45). El mismo Dumas afirmaba que sólo comenzaba a escribir cuando las obras estaban ya muy claras en su cabeza.

En 1844 Alejandro Dumas inicia la serie de grandes novelas que le traerán el verdadero reconocimiento futuro. Una tras otra, van apareciendo obras como las citadas anteriormente (Los tres mosqueteros, El conde de Montecristo ), ademas de otras como La reina Margot, Veinte años después, El Caballero de la Casa Roja, La Dama de Monsorou, etc…

Pero, como ya hemos dejado entrever anteriormente, no todo lo que firmó salió de su pluma. Y este aspecto es uno de los más criticados cuando se habla de la calidad literaria de Dumas. A pesar de una indudable facilidad para la escritura, para llenar páginas y más páginas, Alejandro Dumas se rodeó de colaboradores, el más ilustre de los cuales fue, como ya hemos comentado, Auguste Maquet. Este último participó tan decisivamente en la elaboración de muchas de las obras más insignes de Dumas (las publicadas entre 1843 y 1858) que de justicia habría sido que hubieran visto la luz bajo la firma de ambos. Pero como el nombre de Dumas suponía un éxito seguro, Maquet, que era entonces muy joven, aceptó que sólo aparecieran firmadas por el primero. En 1845, por amistad, le cedió Maquet a Dumas los derechos de todas sus obras. Cuando se enemistaron y quiso recuperarlos, la justicia y el propio Alejandro Dumas se lo impidieron. En 1922, sus herederos consiguieron cobrar parte de los derechos de autor.

La forma de trabajar de Dumas con sus asistentes era la siguiente: El colaborador presentaba un plan de la obra que era discutido y desarrollado con Dumas. Posteriormente, el primero se encargaba de la investigación histórica y de la elaboración de la trama principal, para que finalmente Dumas se encargara de dar la forma definitiva al texto, desarrollando los personajes, elaborando las situaciones, recreando los diálogos, dotando a la obra de ritmo, y carácter. En definitiva, el colaborador hacía el trabajo sucio y el genio dotaba a la obra de magia. Dumas escribía muy deprisa y no se preocupaba por la acentuación y la ortografía. Eran sus empleados los que luego se encargaban de preparar el texto para la imprenta. Todo esto explica errores de forma presentes en su obra. Pero estos errores eran lo menos importante para un público entregado, de hecho, pasaban desapercibidos. Los lectores se veían atrapados por aventuras enloquecidas, por ritmos frenéticos y dramas inimaginables.

En 1847, en febrero, Dumas inaugura el Teatro Histórico, un teatro propio donde representar adaptaciones de sus propias obras, y en julio su mansión Montecristo en Porty-Marly, un edificio mezcla de estilos que ve la luz en una fiesta digna de reyes. Pero no todo en la vida es éxito. Dos años despues de inaugurarla, la mansión Montecristo es embargada y en 1850 su Teatro Histórico va a la bancarrota. En 1851, bajo pretexto del golpe de estado de Napoleón III, pero en realidad huyendo de sus acreedores ya que a él no le persigue nadie, se refugia en Bruselas, donde viven oponentes a Napoleón III, como Victor Hugo. Había sido candidato a la Asamblea de los Diputados pero no consiguió suficientes votos, y además, su intento por entrar en la Academia nunca prosperó. Todo esto no le agradaba y buscaba consuelo en la compra de condecoraciones con las que darse brillo. Ni la Inteligencia ni la Política lo tomaban en serio, pero lo utilizaban cuando les interesaba.

Al regresar a París fundó dos periódicos Le mois , que escribía él solo, y Le Mousquetaire, pero tuvo que cerrar ambos ya que no pagaba a sus trabajadores. En 1858 viaja a Rusia, en 1859 a Italia y en 1860 conoce a Garibaldi. Se le une en Sicilia y le ayuda en su lucha por la independencia. Después de su victoria, éste le agradece su apoyo nombrándolo Jefe de Excavaciones y Museos en Nápoles (en este cargo continuó con las excavaciones de Pompeya y organizó museos), donde vive hasta 1864.  Pronto volverá a viajar por Italia, Alemania y Austria. Evita París, donde sólo lo asedian recuerdos de gloria.

En 1870, encontrándose en Marsella, estalló la guerra franco-prusiana y no pudo volver ya a la capital. Se sentía agotado y viajó a Puys, a la casa de campo de su hijo, donde morirá el 5 de Diciembre de 1870 de un ataque al corazón, el mismo día en que los prusianos entraban en el pueblo. Su funeral se realiza el 8 de Diciembre. Dos años despues, cuando los alemanes abandonan Francia, su hijo, que nunca aceptó la forma licenciosa de vivir del padre, traslada los restos de Alejandro Dumas a su pueblo natal. Muchos dirán que allí descansan los restos del mayor narrador que haya producido Francia, nosotros preferimos pensar, al igual que Victor Hugo (que conocía muy bien al autor), que allí descansa un escritor  “con más genio que talento” .


 
 
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 Nº4 Otoño 2002
 
 
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