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Un
factor importantísimo dentro de la literatura es el de la novedad.
Siempre es gratificante descubrir nuevos estilos y formas de narrar. Este
es precisamente el objetivo de esta sección, una sección
dedicada a mostrar nuevos autores o al descubrimientos de autores desconocidos
(al menos en cuanto al mercado literario en castellano se refiere). En
este número os presentamos un autor muy poco conocido en España:
John Fante.
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Portada Nº1 Invierno2001
Contenidos Nº1: El Autor y su Obra
Descubriendo… John
Fante
¿perdedor
o genio?
El Clásico Historias Novedades / Top ventas Certámenes
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El Buzón de
los Malfenti
Fotos incluidas en el Artículo:
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A
algunos escritores les sienta mejor la posteridad que su propio tiempo.
Ese es precisamente el caso de John Fante, un escritor prácticamente
desconocido en España y que este año ve publicadas dos de
sus obras principales bajo el sello de la editorial Alfaguara. Pero, ¿quién
es este John Fante? Muchos lo han tachado de “escritorcillo” mediocre;
otros, en cambio lo han admirado y ensalzado hasta el cielo. Entre este
último grupo se encuentra su descubridor y principal admirador:
Charles Bukowski. Fue él mismo quien redactó el prólogo
de uno de los libros que se han publicado este año (“Pregúntale
al polvo”) y que a continuación os presentamos a modo de breve pero
efectiva presentación del autor:
Prólogo escrito por Charles Bukowski para la obra “Pregúntale al polvo” de John Fante: “Yo era joven, pasaba hambre, bebía, quería ser escritor. Casi todos los libros que leía pertenecían a la Biblioteca Municipal del centro de Los Angeles, pero nada de cuanto me caía en las manos tenía que ver conmigo, con las calles, ni con las personas que me rodeaban. Me daba la sensación de que todos se dedicaban a hacer juegos de prestidigitación con las palabras, que aquellos que no tenían prácticamente nada que decir pasaban por escritores de primera línea. Sus libros eran una mezcla de sutileza, artesanía y formalismo, y era esto lo que se leía, se enseñaba en las escuelas, se digería y se transmitía. Era un invento cómodo, una Logocultura ingeniosa y prudente. Había que volver a los autores anteriores a la Revolución Rusa para encontrar algo de aventura, un poco de pasión. Había excepciones, pero eran tan escasas que se agotaban rápidamente y uno se quedaba sin saber qué hacer ante las filas interminables de libros insípidos. A pesar de todo lo que podía haberse aprendido en los siglos precedentes, los autores modernos no eran lo que se dice muy hábiles. Cogía de las estanterías un libro tras otro. ¿Por qué nadie decía nada? ¿Por qué no alzaba nadie la voz por encima de la de los demás? Probé en las distintas secciones de la biblioteca. La sala de Religión me pareció un páramo tan vasto como inútil. Fui a la de Filosofía. Di con un par de alemanes resentidos que me estimularon una temporada, hasta que los olvidé. Probé con las matemáticas, pero las matemáticas superiores no se diferenciaban de la religión. no me afectaban en absoluto. Lo que yo buscaba no se encontraba al parecer en ninguna parte. Probé con la geología, y al principio sentí cierta curiosidad, pero me resultó insustancial a la postre. Descubrí ciertos libros sobre cirugía y me gustaron los libros sobre cirugía: las palabras eran nuevas y maravillosas las ilustraciones. En concreto, me gustaron y memoricé los detalles de las operaciones del mesocolon. Al final abandoné la cirugía y volví a la gran sala abarrotada de autores de novelas y cuentos. (Cuando tenía morapio en abundancia no iba por la biblioteca. Una biblioteca era un lugar estupendo para pasar el rato cuando no se tenía nada para comer o beber y cuando la dueña de la casa le perseguía a uno con los recibos atrasados del alquiler. En la biblioteca, por lo menos, se podía ir al lavabo sin problemas.) Vi muchísimos compañeros de vagabundeo allí, y casi todos dormidos sobre el libro abierto. Seguí recorriendo la sala general de lectura, cogiendo libros de los estantes, leyendo unas cuantas líneas, unas cuantas páginas, y dejándolos en su sitio a continuación. Pero cierto día cogí un libro, lo abrí y se produjo un descubrimiento. Pasé unos minutos hojeándolo. Y entonces, a semejanza del hombre que ha encontrado oro en los basureros municipales, me llevé el libro a una mesa. Las líneas se encadenaban con soltura a lo largo de las páginas, allí había fluidez. Cada renglón poseía energía propia y lo mismo sucedía con los siguientes. La esencia misma de los renglones daba entidad formal a las páginas, la sensación de que allí se había esculpido algo. He allí, por fin, un hombre que no se asustaba de los sentimientos. El humor y el sufrimiento se entremezclaban con sencillez soberbia. Comenzar a leer aquel libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto. Tenía tarjeta de lector. Rellené la hoja del servicio de préstamo, me llevé el libro a casa, me tumbé en la cama, me puse a leerlo y mucho antes de acabarlo supe que había dado con un autor que había encontrado una forma distinta de escribir. El libro se titulaba Pregúntale al polvo y el autor se llamaba John Fante. Tendría una influencia vitalicia en mis propios libros. Acabé Pregúntale al polvo y busqué más libros de Fante en la biblioteca. Encontré dos. Dago red y Espera a la primavera, Bandini. La calidad era la misma, se habían escrito con el corazón y las entrañas y no hablaban de otra cosa. Sí, Fante tuvo sobre mí un efecto poderoso. Poco después de leer los libros que he citado conviví con una mujer. Estaba más alcoholizada que yo, sosteníamos peleas violentas y a menudo le gritaba: «1No me llames hijo de puta! ¡Yo soy Bandini, Arturo Bandini!». Fante fue para mí como un dios, pero yo sabía que a los dioses hay que dejarles en paz, que no hay que llamar a su puerta. Sin embargo, me ponía a hacer conjeturas sobre el punto exacto de Angel’s Flight en que al parecer había vivido y hasta pensaba que a lo mejor seguía viviendo allí. Casi todos los días pasaba por el lugar y me preguntaba: ¿será ésa la ventana por la que se deslizaba Camila? ¿Es ésa la puerta de la pensión? ¿Es ése el vestíbulo? No lo he sabido nunca. Treinta y nueve años más tarde he vuelto a leer Pregúntale al polvo. Quiero decir que lo he vuelto a leer este año y que todavía se sostiene, al igual que las demás obras de Fante, pero que éste es el libro que prefiero porque constituyó mi primer encuentro con la magia. Escribió otros libros, además de Dago red y Espera a la primavera, Bandini. Por ejemplo, Plenitud de vida y The brotherhood of the grape. En la actualidad está escribiendo otra novela, A dream of Bunker Hill. Al final, gracias a otras vicisitudes, he conocido al novelista este mismo año. Queda mucho por decir de la vida de John Fante. Una vida con una suerte extraordinaria, con un destino horrible y llena de una valentía tan natural como insólita. Es posible que se cuente algún día, aunque creo que a él no le gustaría que yo la contase aquí. Permítaseme decir, sin embargo, que en su forma de escribir y en su forma de vivir se dan las mismas constantes: fuerza, bondad y comprensión. Es todo. A partir de este momento, el libro pertenece al lector.” Desde luego no hay duda que a Bukowski le gustaba la forma de escribir de Fante. Antes de que Fante comenzara a ser conocido, Bukowski, en cuanto tiene ocasión, le rinde tributo y se presenta como deudor de su obra. Pero en aquel entonces nadie conocía a este supuesto genio. Algunos de los que escuchan atentamente al padre del realismo sucio piensan que se trata un producto más del delirio alcohólico al que se somete habitualmente el escritor. Pero no, no es así y Bukowsky se empeña en demostrarlo. Se esfuerza por hacer ver a la crítica y al publico en general que se trata de un escritor real, un italo americano que hacía unos años había publicado unos libros geniales. Como ocurre demasiado habitualmente, nadie había prestado atención a este insignificante escritor. El que Bukowski se fijara en sus obras fue todo un golpe de suerte para Fante, que de la noche a la mañana se vio reeditado. Pero, ¿quién fue realmente ese Fante?, y ¿es cierto que escribía tan bien…? John Fante nació el ocho de abril de 1909 en Denver, Colorado en el seno de una familia de emigrantes italianos. Su padre, Nick Fante, era originario de Torricella Peligna y era albañil; María Antrilli, su madre, nació en Chicago y sus padres eran también italianos. La infancia de Fante estuvo marcada por la pobreza. Sus primeros años transcurrieron en Boulder, donde acudió primero a una escuela católica para después estudiar dentro de la Universidad de Colorado. En 1932 se mudó a Los Angeles donde desempeñó multitud de trabajos diferentes. Fue entonces cuando “The American Mercury” publicó una de sus historias. En 1937 se casó con Joyce Smart con quien tuvo cuatro hijos. Sería en esa época cuando Fante comenzaría a escribir guiones para la industria del cine en Hollywood. En 1938 publicó su primera novela “Wait Until Spring, Bandini” (“Espera a la Primavera, Bandini”). Un año después publicaría su segunda novela, “Ask The Dust” (“Pregúntale al Polvo”) y en 1940 una colección de historias cortas bajo el título de “Dago Red”. Uno de sus guiones de cine recibió una nominación a los premios Oscar de cine en 1952. Pero fue en 1955 cuando comenzaría su particular calvario. En este año cayo enfermo de Diabetes, una enfermedad que no le abandonaría hasta su muerte. En 1957 viajó a Italia para trabajar como guionista para Dino De Laurentiis. En 1977 quedó ciego a causa de la diabetes, llegando poco después a perder las piernas como consecuencia de la misma enfermedad. Su última novela la dictó a su mujer debido al estado de incapacitación en el que se encontraba. El ocho de Mayo de 1983, John Fante murió a la edad de 74 años, dejando muchos trabajos sin publicar. No fue hasta después de muerto cuando le alcanzaría el reconocimiento literario. Si atendemos a su descubridor, Charles Bukowski, John Fante habría sido el creador del genero literario denominado “realismo sucio”. Tras él vendría el propio Bukowski —dotando al género de su estilo salvaje y descarnado—, seguido de otros escritores como Raymond Carver, David Foster Wallace, Richard Ford y Lorrie Moore, además de otros muchos que se han esforzado y todavía se esfuerzan por imitar y emular un mito que les viene demasiado grande. Y es que el parece que el crack del 29 fue un revulsivo que empujo a los escritores a escribir, a narrar desde una perspectiva diferente, a bajar a lo más profundo de ellos mismos para construir literatura desde una mezcla de pesimismo y orgullo. Un equilibrio de fuerza que sólo unos pocos fueron capaces de alcanzar. John fante cosechó un relativo éxito con la publicación de su primera novela (“Espera a la Primavera, Bandini”,1938). Después de esta primera novela siguió un gran desinterés por parte de la crítica literaria del momento así como del público en general. Tal y como cuenta Bukowski en el prólogo mostrado anteriormente, fue la segunda novela de John Fante (“Pregúntale al Polvo”, 1939) la que descubrió en una biblioteca, en una época en que todavía se encontraba pasando hambre, bebiendo y pensando en convertirse en escritor. Para Bukowski fue un auténtico milagro; Fante “tendría una influencia vitalicia en mis propios libros”, diría cuarenta años después. Con su trayectoria vital, Fante no hace sino alimentar una leyenda que le ha acompañado desde su descubrimiento tardío a manos de Bukowski: se trata de la historia de un norteamericano que supera sus orígenes humildes para conquistar la tan anhelada adaptación a una sociedad americana; éxito como justa recompensa a una vida dedicada al trabajo y a la creatividad. Una vez más, el sueño americano. Pero, ¿se basa su éxito en una simple leyenda o hay detrás algo más? Muchos opinan que su revalorización se debe más a que sus novelas están elaboradas con precisión, con buenas dosis de sentimentalidad biográfica y conforman un edificio en el que se entrevé la conformación de una identidad: de inmigrante despreciado (“macarroni”) a escritor de éxito. De la producción literaria de John Fante se destaca la tetralogía protagonizada por su alter ego Arturo Bandini. Los dos primeros libros pertenecientes a esta tetralogía han sido reeditados bajo la tutela de la casa editora Anagrama. Se trata de los ya citados “Espera a la Primavera, Bandini” y “Pregúntale al Polvo”. Está previsto que en un futuro no muy lejano esta tetralogía se complete con la publicación de “La Ruta de los Ángeles” y “Sueños de Bunker Hill”. El personaje Arturo Bandini, fue el gran hallazgo de John Fante. A él dedicaría sus mejores obras de carácter claramente autobiográfico. Arturo proviene de una familia de inmigrantes italianos, igual que su padre literario, y se convierte en un aprendiz de escritor que se verá zarandeado por la cruel ciudad de Los Ángeles. Se trata de un personaje que lucha entre el ansia de popularidad y el impulso depresivo ante el fracaso inminente. Es a manos de este personaje como Fante disecciona sin piedad las entrañas de una sociedad que despreciaba. Fante planta cara a un destino ingrato y crea una ficción demasiado real envuelta en estilo preciso, contundente y asfixiante. En “Espera a la Primavera, Bandini”, Arturo Bandini es simplemente un muchacho que vive en Colorado y lucha por hacerse un hueco entre la cargada atmósfera generada por una madre hasta extremo devota y un padre admirado, pero ocasionalmente infiel. En “Pregúntale al Polvo”, Arturo Bandini, tiene ya 20 años y su principal ambición es la de convertirse en un escritor, mientras reside en una pensión sórdida de Los Ángeles. Estas dos novelas pueden leerse independientemente pero conforman un todo unitario que no admite separación. De hecho, “Espera a la Primavera” es un preludio de “Pregúntale al Polvo”, una obra llena de extraña delicadeza y optimismo dentro de un ambiente agresivo y hostil. En la obra de John Fante se encuentran aspectos esenciales del hombre social, una característica que lo acerca al John Steinbeck de Las uvas de la ira, aunque con rasgos claramente personales y diferenciadores. En “Pregúntale al Polvo” son muy notables las páginas dedicadas a un terremoto, unas páginas escritas de forma onírica, provocando sensaciones más soñadas que vividas. También podemos destacar los amores de Arturo Bandini en ambos libros, unos amores que comienzan siendo violentos y absurdos para terminar siempre en tragedia y pasión. A algunos el tiempo les da la razón o simplemente el éxito les llega demasiado tarde. Tal es el caso de John Fante, un escritor al que el reconocimiento literario le fue durante mucho tiempo negado y que no recibió hasta después de que Bukowski alcanzase su propia fama y rescatara a su “ídolo”. Gracias a Charles Bukowski conocemos a John Fante y quien sabe si sin John Fante hubiese existido Charles Bukowski, al menos el que conocemos. El caso es que Fante consiguió finalmente aquel esquivo objetivo con una indiscutible vocación —la última novela la dictó a su mujer ya ciego y con la piernas amputadas debido a la diabetes—. Pero este éxito tardío no puedo verlo John Fante. Y no lo vio no sólo por su ceguera sino porque para entonces Fante hacía años que era polvo. Obras presentadas en la colección Alfaguara:
![]() ![]() Algunos comentarios a las obras "Espera a la Primavera, Bandini" y "Pregúntale al Polvo" realizados por otros escritores y críticos de medios de comunicación amerIcanos: "Una obra maestra que se lee como un cruce entre Knut Hamsun y Nathaniel West" (The Sunday Telegraph) "Si hay alguna novela mejor sobre Los Ángeles, no la conozco" (Robert Town, guionista de "Chinatown") "Fante ha sido comparado con Dostoievski, Knut Hamsun, HenLinglvay, Sos Passos, Thomas Wolfe, Steinbeck, James Farrell, William Saroyan y Nathaniel West. . . Sus dos primeras novelas son espléndidas, sobre todo Pregúntale al Polvo" (Christopher Tayler, "London Review of Books") "Con toda su carga de tragedia y farsa, John Fante evoca la ciudad de Los Ángeles en los años treinta con tanta fuerza e inmediatez como Raymond Chandler" (Alva Svoboda, "News & Review") "Una historia rebosante de interés, de fascinación, de frescura, escrita con un estilo sencillo adelantado a su tiempo, insólito, extraño, delicado, precursor de Bukolvski y de Caroer" (Fernanda Pivano) "Un día cogí un libro, lo abrí. . . Cada renglón poseía vida propia. He ahí, por fin, un hombre que no se asustaba de los sentimientos. El humor yel dolor se entremezclan con soberbia sencillez. Comenzar a leer aquel libro fue para mí un milagro tan fenomenal como imprevisto. Se titulaba "Pregúntale al polvo" y el autor se llamaba John Fante, Tendría una influencia en mis propios libros durante toda mi vida" (Charles Bukowski) |
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