La Pirenaica
 

         La Pirenaica

 

 

 
 

 

 

Radío España Independiente, la «Pirenaica»,

entre el mito y la propaganda.
De Marcel Plans


«Aquí Radio España Independiente, estación pirenaica, la única emisora española sin censura de Franco, trasmitiendo por campos de onda de...»
Con estas palabras iniciaba sus emisiones una radio clandestina que durante más de treinta años se enfrentó a la propaganda del régimen franquista, polemizó con su prensa, analizó y criticó discursos y leyes e informó, bien que mal, de las luchas, acciones y manifestaciones que se fueron produciendo en ese largo período de resistencia al autoritarismo gubernamental e institucional que se impuso al terminar la Guerra Civil. Pocos españoles habrá —al menos de la generación que participó en la contienda y también de la que maduró en una dilatada posguerra— que no escucharan en algún momento esa emisora comunista que los más ingenuos creían en los Pirineos, los “enterados” situaban en Praga y que estuvo realmente —como sabían con toda probabilidad los servicios secretos pertinentes— en Moscú primero y en Bucarest después.


La «Pirenaica» merece un apartado, por modesto que sea, en la historia de esos años de dictadura, que se cerraron para lo que se refiere a la «Radio» el 15 de junio de 1977 con las primeras eleccioneslegislativas. La historia y el quehacer de esa «Radio» merecen estudiarse en primer lugar por ser un medio de comunicación original, clandestino, marginado y com-Bativo respecto a su destinatario pero que a la vez disfrutaba del apoyo material y moral de algo tan sólido y concreto como eran y son los países del Este. Merece también la atención de los estudiosos por haber sido un instrumento importantísimo de propaganda del Partido Comunista de España, ligado por tanto a su historia, a su línea política, a su evolución interna, a su forma de hacer y entender las tareas propagandísticas. La «Radio», además, ha tenido la categoría de emisora antifranquista por antonomasia, por la sencilla razón de haber sido el único medio radiofónico con que contaban las fuerzas y grupos de oposición al régimen; por ello, sus "programas no sólo incidían sobre el mundo estrictamente comunista, sino que con su información y su agitación propagandística llegaban e influían a un sector mucho más amplio de la población, difícil de definir y cuantificar, móvil y fluctuante, pero real y lo suficientemente numeroso para preocupar a un régimen que se gastó mucho dinero en conseguir interferir esa voz que pretendía emitir sin la censura del Caudillo. Radio España Independiente (la REI, la «Pirenaica», «La Voz de la Verdad», etc.) merece estudiarse también porque ha sido sin lugar a dudas un elemento significativo de esa vida cotidiana de los españoles que iba en lo político del triunfalismo oficial a Ja denuncia estrepitosa e irreductible de la oposición, en lo económico de las cartillas de racionamiento al «600» y en lo social del fútbol-toros a las procesiones y Te Deums oficiales. Ese aspecto de fenómeno cotidiano que la REÍ ha tenido al menos hasta principios de los años sesenta no es nada desdeñable a la hora de hacer no sólo su historia, sino también su valoración, (En muchos pueblos se llegó a escuchar la «Radio» en el café, entre partida de mus o de dominó, presentes el alcalde, el párroco y el sargento de la Guardia Civil).

Para escribir la historia de Radio España Independiente con un mínimo de objetividad, es imprescindible trabajar a fondo con los archivos del PCE y, sobre todo, de la propia emisora. En este archivo se encuentran las 108 000 emisiones que cubren, sin interrupción, los días, todos los días que van del 22 de julio de 1941 al 14 de julio de 1977. Es un material, reunido en tres mil tomos, elaborado, preparado y aderezado para la propaganda, tal y como salió al éter en su día. Pero además de esta enorme cantidad de emisiones existe buena parte de la materia prima que sirvió para su realización: las miles de cartas que enviaban los españoles desde el país o desde el extranjero, las informaciones del partido de las que se seleccionaba todo aquello que podía ser utilizado como información o propaganda, las noticias de agencia, recortes de periódico y «escuchas» de distintas radios... Hay también una importante hemeroteca con periódicos y publicaciones clandestinas —Mundo Obrero, Trebatí, Nuestras Ideas, Nous Horitzons, Realidad—, así como numerosos boletines locales, sindicales, octavillas, panfletos del PC, de otras fuerzas de oposición o simplemente debidos a la iniciativa más o menos espontanea de un grupo de vecinos, estudiantes, obreros o campesinos, y en los que se denunciaban arbitrariedades muy concretas en tal o cual aldea o empresa, o se llamaba a acciones también muy concretas. A todo este material escrito hay que añadir algunos programas de especial interés que se conservan grabados, así como alocuciones de Dolores Ibarruri, Santiago Carrillo, Gregorio López Raimundo y otros dirigentes comunistas, entrevistas con personalidades muy diversas del mundo intelectual (desde Rafael Alberti a Joan Manuel Serrat o desde Angela Davis a Mikis TheodoraJíis) y, finalmente, reportajes «en directo» realizados tanto en España como entre los emigrantes españoles que trabajaban en toda Europa y que fueron siempre oyentes asiduos de la Pirenaica.

Hoy por hoy, el lector español dispone de poco material de consulta para informarse. Se habla de la REI en los libros que escribió Enrique Castro Delgado, antiguo dirigente comunista, cuando abandonó el Partido y salió de la Unión Soviética. Se refiere a la primera época de la emisora y su enfoque rabiosamente contrario hace su testimonio muy discutible y en cualquier caso unilateral. También se menciona la radio en algunas publicaciones norteamericanas dedicadas a este tipo de emisora y en las que se reconoce su amplia repercusión y eficacia como instrumento de propaganda comunista.
Se pueden encontrar también algunos artículos sueltos o entrevistas más o menos circunstanciales aparecidos en los dos últimos años. Estas entrevistas y artículos aparecieron en su mayoría con motivo del coloquio que organizó en Barcelona el Centro de Trabajo y Documentación y la comisión de cultura del Partit Socialista Unificat de Catalunya (24 de noviembre de 1978). Ni ese coloquio ni las entrevistas y artículos publicados hasta ahora han sido un análisis histórico y crítico, sino más bien un recuerdo nostálgico y un homenaje entrañable y un tanto espontáneo a una tarea que por su clandestinidad, contundencia y constancia había adquirido un cierto aire mítico y legendario. Con todo esto han salido a la luz algunos datos desconocidos hasta ahora incluso para colaboradores de la «Radio» y se ha roto un poco el miedo a hablar de «ciertas cosas». No parece que el Partido Comunista tenga prisa en estos momentos de transición democrática, de consenso, de vida y lucha parlamentaria, en estudiar una labor propagandística que se caracterizó casi siempre por el radicalismo de su lenguaje y también, aunque no siempre, de su contenido. No creemos de todas formas que corresponda al PCE o sólo a él hacer esa historia crítica. Se trataría simplemente de poner a disposición de investigadores solventes el material indispensable.
En el coloquio que se organizó en Barcelona participaron un par de protagonistas directos de la REI: Ramón Mendezona —director durante muchos años de la emisora—, Jordi Solé-Tura, Ester Berenguer y Marcel Plans, responsables en etapas sucesivas del programa para Catalunya. Es evidente que esta selección fue coyuntural, determinada por el momento y el lugar, y no todo lo representativa que hubiera sido de desear para conseguir el nivel de discusión que los organizadores del acto deseaban.
Hay otros hombres y mujeres que han estado muy ligados a la emisora. Locutores como «Pedro Felipe» y «Goyo», redactores como «Pilar Aragón», «Bernardo Ávila», «Félix Madroño» o «Mikel Antia», colaboradores auxiliares como «Teresita», «Esperanza» o «Santi».., Nombres naturalmente de guerra y que en todo caso corresponde a los propios interesados desvelar, pues esto de la clandestinidad, además de los problemas prácticos y de seguridad que comporta en ciertos momentos, tiene algo de intimidad o de pudor que debe respetarse. La nómina es mucho más larga y a ella habría que añadir los colaboradores externos que desde fuera de la «Radio» —unas veces en el exilio, otras en España— aseguraron el engranaje que permitía que la información llegase a su destino: responsables de organizaciones del Partido, «estafetas», «correos», corresponsales repartidos un poco por toda la geografía del país y entre los que había desde el muchacho casi analfabeto al intelectual famoso; todos contribuyeron, en cierta medida, a dar el tono y a perfilar el estilo que caracterizaron a la «Radio». Todos estos testimonios son útiles en la medida en que la emisora, a pesar de encuadrarse claramente en las coordenadas del PCE, fue también una tarea colectiva, apasionante y apasionada, ligada a la evolución de la situación interior española y también de la internacional.
Desgraciadamente, más de un colaborador directo de la «Radio» ha muerto ya —como Emili Viiaseca, durante muchos años responsable de los programas destinados a Cataluña; o José Antonio Uribes, valenciano y diputado durante la República (el más joven en aquellas Cortes), especializado en temas obreros—. Por otra parte, son pocos los que han vivido toda la historia de la «Radio» desde sus inicios hasta su cierre. La mayoría puede hablar únicamente de su época con cierto conocimiento de causa, de los demás períodos debe remitirse a referencias más o menos oscuras. Recordemos que entre los comunistas ha sido tradición —impuesta por la el andes tinidad y convertida en una especie de manía difícil de superar— no preguntar ni dar excesivas explicaciones.
De todas formas, y al margen de los estudios que puedan realizarse, es posible que en el recuerdo colectivo del país Radio España Independiente haya quedado y así siga, como un grito antifranquista, exagerado tal vez, triunfalista casi siempre, panfletario sin duda, pero que durante muchos años fue para los vencidos una voz de esperanza, una voz que decía que todo no se había perdido y que, con lucha y sacrificio, podía encontrarse una salida. Fue, en definitiva, un grito de resistencia.