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El Concepto de lo Abstracto en la pintura José Luis Hermida, |
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“Por influencia suya, primero en Sición y después en toda Grecia, se logró que los niños libres recibieran enseñanza, antes que de cualquier otra cosa, de las artes gráficas, esto es, de pintura sobre tabla de boj, y este arte se admitía como primer grado de la educación liberal. Lo cierto es que siempre tuvo el prestigio de ser practicado por hombres libres y más tarde por personajes de alto rango, y de haber estado siempre vetado a los esclavos. Esta es la razón por la que ni en pintura ni en escultura hay obras famosas realizadas por esclavos.”(1) Este escrito de Plinio el Viejo nos da idea de la importancia que adquirió la práctica de la pintura en la antigüedad clásica y a él le debemos la primera descripción de un cuadro abstracto. Según Plinio la pintura fue iniciada por el pintor Apeles (352–308 a.C. ), el pintor más famoso de la antigüedad, continuó con ella Protógenes y fue concluida por el primero. Cuenta Plinio que, cuando Apeles desembarcó en Rodas, lo primero que hizo fue dirigirse al estudio del pintor Protógenes, ya que estaba deseoso de conocer su obra : “Protógenes se hallaba ausente, pero una vieja sola guardaba un cuadro de gran tamaño apoyado sobre un caballete. Ella le dijo que Protógenes estaba fuera y preguntó a su vez “¿quién le digo que ha preguntado por él?” “Esta persona”, dijo Apeles, y tomando un pincel trazó por el cuadro una línea de color sumamente fina. Al volver Protógenes, la vieja le contó lo que había pasado. Dicen que el artista, tan pronto como contempló la delicadeza de la línea, dijo: “Ha venido Apeles, ningún otro es capaz de producir algo tan acabado”. A continuación, trazó él con otro color una línea aún más fina sobre la primera y, al marcharse, ordenó que, si aquel volvía, se la mostrara y añadiera que éste era a quien buscaba. Y así sucedió. Volvió Apeles y, enrojeciendo al verse superado, con un tercer color recorrió todo el cuadro con líneas, de modo que no dejó ningún espacio para un trazo más fino. Protógenes, entonces, reconociéndose vencido, bajó presuroso hasta el puerto a buscar a su huésped y se complació en trasmitir a la posteridad aquel cuadro tal como estaba, para la admiración de todos, pero especialmente de los artistas.”(2) Plinio, a continuación, cuenta que él mismo tuvo ocasión de contemplar la obra antes de que se incendiara(3) : “De gran superficie, no contenía más que líneas que se escapaban a la vista ; aparentemente vacío de contenido, en comparación con las obras maestras de otros muchos, era por esto mismo objeto de atención y más famoso que cualquier otro.”(4) La obra de Apeles, libre de argumentos tradicionales, exhibía valores que, probablemente, son comunes a toda obra de arte. La novedad para Plinio era únicamente la ausencia temática. Pero sus valores plásticos, a juzgar por sus palabras, debieron ser apreciados por sus contemporáneos. Antoni Tàpies, uno de los más importantes pintores del siglo XX, dice : “La pintura siempre ha sido una abstracción, desde las cuevas de Altamira hasta Picasso, pasando por Velázquez. Frente a los fanáticos del Realismo he dicho muchas veces que la realidad nunca ha estado en la pintura, sino que únicamente se halla en la mente del espectador. El arte es un signo, un objeto, algo que nos sugiere la realidad en nuestro espíritu. No veo, pues, ningún antagonismo entre abstracción y figuración, mientras nos sugiera esta idea de realidad. La realidad que muestran los ojos es una sombra extremadamente pobre de realidad.”(5) La primera oleada de abstracción pura en el siglo XX se basaba en la pretensión de hacer una obra que tratara o estuviera marcada por la Nada. En distintos artistas abstractos aparece la idea de que es preciso llegar a la energía primera de la que surgen las formas. Intentar expresar el concepto de arte abstracto mediante una definición no es aconsejable. Al arte le corresponde, al igual que la ciencia, el derecho de establecer sus propios límites y de desplazarlos, si las circunstancias lo requieren. La denominación de abstracta le corresponde a las obras entera-mente carentes de figuración (espacio real, objetos, paisajes, figuras de seres animados e incluso de formas geométricas, si se representan como objetos reales, con iluminación y perspectiva). Por ello, es más fácil guiarse de la experiencia acumulada con anterioridad y delimitar lo que no es abstracto, para poder acercarnos a la idea de lo que sí lo es. En el Museo de Arte Abstracto Español, de Cuenca tienen cabida obras que no se ajustan plenamente al concepto de abstracción, puesto que las obras allí expuestas entrarían dentro de lo que podría definirse como representación esquematizada. Sin embargo, la principal razón por la que entran en la clasificación de abstractos es por el tratamiento dado a los objetos. Kandinsky se refiere a los objetos diciendo : “¡El objeto! No es raro que el espectador, al ver el objeto, crea que está viendo la pintura. Reconoce un caballo, un jarrón, un violín, una pipa, pero puede fácilmente dejar escapar el contenido puramente pictórico. Por otro lado, si el pintor oculta el objeto o lo hace irreconocible, el espectador espera que el título del cuadro haga alusión al objeto. De este modo se siente satisfecho y tiene la ilusión de que goza de la pintura misma. |
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El objeto es a veces una trampa para el espíritu. En ese caso, este puente entre la pintura y el espectador se transforma en un muro.”(6) Zóbel, fundador del Museo de Arte Abstracto Español, de Cuenca, se refería a su obra, considerada como abstracta, en los siguientes términos : “Me he propuesto sencillamente pintar un cuadro... Quizá la abstra-cción en mis cuadros esté en manos del público. Si reconocen algún tema, los cuadros son figurativos, y, si no, abstractos. Pero no se trata de un juego de adivinanza...” (7) La abstracción tiene dos orígenes complementarios, casi opuestos, a los que el informalismo(8) añadió un tercero. El pri-mero es la forma primitiva producida por el gesto motor, la maraña lineal, el ritmo discontinuo. Después vendría la trama geométrica, la forma regular plana, realizada no con criterio representativo, sino como directa imposición de unos elementos de orden con una clara tendencia a organizar, a regulari-zar y agrupar factores rítmicos. No obstante, en cualquiera de sus formas, la abstracción se opone a la realidad sensible. Cuando los ojos se encuentran por primera vez con un determinado cuadro, se ven enfrentados a una nueva situación y tienen que orientarse. Tienen que descubrir una estructura que lleve a la mente el contenido del cuadro. Si el cuadro es figurativo, lo primero es entender el asunto representado; pero, en el caso de las obras no miméticas, abstractas, el asunto depende de la disposición de las formas y colores que aparecen en estado puro. El tercer principio, aportado por el informalismo, es el de hacernos valorar la materia por sí misma. Los fondos se revalorizan y las formas y las calidades obtenidas por las técnicas más diversas adquieren un interés que se sitúa por encima del interés que corresponde al dibujo, al color, a la forma, o incluso a la composición.(9) Orígenes de la abstracción en España. Parece ser que la primera exposición abstracta en España fue la de Rafael Alberti(10), realizada en el Ateneo de Madrid el año 1922. Las siguientes pinturas abstractas españolas se producirán, principalmente, en la Escuela de París. Se darán en contadas ocasiones y, generalmente, con un carácter constructivista. Ninguna de las tendencias plenamente abstractas de los años 30 llegó a arraigar. La abstracción española, como vanguardia(11), tuvo que enfrentarse a una España marcada por el carácter totalitario del régimen de Franco, que generó un vacío cultural, una vuelta atrás. A finales de los años cincuenta será la tendencia informalista la que arraigue, tardíamente, con más fuerza en España (recordemos que el informalismo como tendencia hizo su aparición en el año 1945). |
(1)
Plinio, El viejo, Historia Natural (XXXV.77)
(2)
Plinio Ibid (XXXV.81-82)
(3)
Probablemente en el incindio de Roma del 64 d.C., que fue seguido por otro en el
69 d.C. Ibid (XXXV.81-82)
(4)
Plinio Ibid (XXXV.83)
(5)
Tápies, Antoni, La Practica del arte, Ariel, Barcelona, 1973, pág. 35.
(6)
Kandinsky, Vasili, La gramática del arte. El futuro de la pintura, Ed. Paidós,
Barcelona, 1996, pág. 111.
(7)
Zóbel, El Grupo de Cuenca, Fundación Caja Madrid, pág. 364
(8)
El informalismo como tendencia hace su aparición en el año 1945 pero su inicio
data de 1944 desde 1944 su reconocían a Fautrier y a Dubuffet como los
iniciadores de un arte post-dadá en el que la obra adquiere una autonomía
absoluta en el sentido de que vale su sola presencia : no debe recordar nada,
simplemente es.
(9)
Excluyendo las formas puramente decorativas, que entrarían dentro del campo de
la artesanía.
(10)
Blok, Cor, Historia del arte abstracto, Cátedra, Madrid 1982, pág. 250.
(11)
Con el titulo El arte abstracto, se publica en Madrid, en 1954, la primera obra
que habla de este tema en España. Lo publicó Antonio Aróstegui, catedrático
de Filosofía de Instituto, con portada diseñada por Manuel Rivera