DE VALVERDE AL OCEJON Y MAJAELRAYO ENTRE LA NIEVE (2.000)

DE VALVERDE AL OCEJON Y MAJAELRAYO ENTRE LA NIEVE (2.000)
(By Juan Silvestre & Jesus Escribano)

Todo comenzó un 23 de diciembre de 2000 a primera hora de la mañana con las palabras de apoyo de la familia: "Perooo... es que estáis gilipollas o qué!!!" intentando quitarnos la idea de iniciar la subida teniendo en cuenta la enorme nevada que acababa caer el día anterior. Tras los ánimos infundidos, emprendimos el viaje convencidos de que llegaríamos a la cima a pesar de la inmensa nevada que había caído el día anterior, máxime cuando a alguien se le ocurrió pronunciar la frase mágica: "No hay!".

Llegamos a Valverde de los Arroyos sobre las 13h, atravesamos el pueblo a toda prisa e inmediatamente comenzamos el ascenso partiendo del camino que sale del campo de fútbol. Instantes después nos desviamos por la senda que transcurre por la ladera de Las Piquerinas y que estaba repleta de nieve y sobre todo de agua que bajaba proveniente del deshielo. Es aquí donde comenzamos a darnos cuenta de que las botas especiales para agua que llevábamos no lo eran tanto. El sol salió un momento y tuvimos que despojarnos de los abrigos y guardarlos en la mochila debido al intenso calor que estábamos pasando, aunque no duró mucho.

Al pasar por la parte superior de Las Chorreras de Despeñalagua coincidimos con unos montañeros muy bien equipados, que a pesar de ello bajaban mojados de cintura para abajo; nos comentaron que habían logrado llegar hasta la cima pero que había demasiada nieve y que ya se estaba ablandando, por lo que la subida a esas horas (ya eran casi las dos de la tarde) sería toda una hazaña. Nosotros, incluso teniendo ya los calcetines totalmente empapados y a pesar de que el sol comenzaba a desaparecer a causa de la intensa niebla decidimos continuar el camino desatendiendo su consejo.

Ya a punto de cruzar el arroyo que separa el Ocejón de Las Piquerinas nos encontramos con un nutrido segundo grupo de montañeros jugueteando con la nieve: "No hemos podido llegar más que hasta unos quinientos metros de aquí, ahí arriba la nieve nos llegaba hasta las rodillas, te hundes en ella y el ascenso resulta imposible" comentaron.
No lograron desanimarnos con su respuesta, cruzamos el arroyo por donde pudimos y comenzamos el ascenso por el camino que avanza entre las rocas y los pinos.

Los primeros metros del ascenso por la ladera del Ocejón fueron muy duros debido a la nieve y sobre todo a la baja forma de uno de los miembros del equipo, pero enseguida cogimos el ritmo y continuamos. Unos 600 metros mas arriba encontramos escrito en la nieve un "Hasta aquí hemos llegado", probablemente del último grupo que nos cruzamos, aunque algunas huellas continuaban montaña arriba: Decidimos seguirlas ya que la visibilidad era casi nula.

Instantes después el temporal comenzó a arreciar, por lo que tuvimos que sacar de la mochila los abrigos de los que una hora antes nos habíamos despojado, e incluso el gorro pucelano y el pasamontañas pues el viento lateral que corría nos congelaba hasta las cejas. El viento era tal que en un momento de descuido a Jesús se le escapó volando la bolsa que contenía unos gorros navideños para festejar la navidad "por todo lo alto" y no volvimos a verla.

Tras una hora de duro ascenso coincidimos con el último grupo de montañistas compuesto por dos chicos y una chica, que se entraban totalmente exhaustos. "No debe faltar mucho, pero pasar de aquí resulta ya imposible, te hundes en la nieve hasta la cintura y no se puede seguir" nos comentó ella, "Pues siento desilusionaros pero a mí me parece que aún falta bastante, casi un kilómetro de subida" les dije yo. Cuanto lamenté después tener razón.

A partir de ahí y por si fuera poco lo que habíamos pasado, quedaba la parte mas dura de la subida. El intento de subir por los caminos habituales resultaba totalmente infructuoso, ya que en el momento que nos hundíamos en la nieve por encima de la cintura cualquier intento por avanzar se transformaba en una misión imposible. Decidimos pues, optar por la única y arriesgada opción: Subir por las rocas, donde el fuerte viento había desplazado la nieve fresca y el espesor de ésta era algo menor. Tuvimos que escalar rocas heladas y totalmente cubiertas por la nieve e incluso que arrastrarnos en algunos tramos donde nos hundíamos y caminar resultaba imposible.

La visibilidad en algunos momentos resultaba tan nula que de repente sin darnos cuenta nos encontrábamos caminando sobre un precipicio, al percatarnos de ello nos quedamos blancos: "Bueno, si nos caemos al menos quedará la cámara como testigo de que hemos subido" comentó Jesús, "Joer como me animas!!!, aunque la verdad es que los que la encuentren verán que ~ha habido~ a subir" le dije yo.

Nada más pasar el precipicio nos encontramos atrapados en un desfiladero, no podíamos seguir por ningún lado ya que la única salida era regresar por el precipicio y no teníamos demasiadas ganas de volver a pasar por él, hasta que Jesús se percató de una pequeña grieta en la roca casi cubierta por la nieve. Tocaba arrastrarnos unos metros por la gruta hasta el otro lado.

Eran ya las cuatro de la tarde, y dado que en estas fechas por aquí sobre las seis se hace totalmente de noche las primeras dudas sobre si podríamos alcanzar la cima comenzaban a surgir, máxime cuando en un claro nos dimos cuenta del inmenso tramo que nos quedaba por cubrir. "Son ya más de las cuatro, qué hacemos?" preguntó Jesús. "Yo creo que como mucho debemos intentar seguir veinte minutos y si para entonces no estamos en la cima darnos media vuelta". Jesús asintió valientemente, y es que las ganas que teníamos por llegar hasta la cumbre lo podían todo.

Continuamos por entre la de nuevo cerrada niebla sorteando las rocas y medio arrastrándonos, la escalada parecía no tener final. Llevábamos mas de cuatro horas de subida ininterrumpida, sin una gota de agua, con los pies totalmente empapados y los guantes y manos medio congelados. Eran ya las cuatro y veinticinco, nos encontrábamos totalmente exhaustos y sobre todo desmoralizados cuando echamos un vistazo hacia arriba y vimos que aún faltaba un inmenso remonte que subir. No podíamos continuar pues se nos haría de noche, la escalada había llegado a su fin sin poder llegar a la cima probablemente a falta de tres o cuatrocientos metros, cuando de repente al dar la media vuelta Jesús gritó "Pero... si ya estamos en la cima!!! Mira, Juan, eso que está a 15 metros parece el mojón. Incrédulo, me di la vuelta y le dije: "Rayos, pero si es verdad!!!". La densa niebla nos había hecho ver visiones creyendo que faltaba todavía un inmenso tramo, cuando realmente estábamos al lado. "Vamos p'arriba!!!" le dije.

Ya en la cima y dado el escaso tiempo de que disponíamos, nos hicimos un par de fotos en el mojón con la sidra y corrimos raudos hacia la caseta de pizarras para observar el belén. Al llegar, el interior de la caseta se encontraba totalmente cubierto por la nieve y lo único que pudimos observar fueron un par de flores que asomaban tímidamente por encima de donde se suponía estaba el Belén.

Rápidamente (eran más de la cuatro y media) nos dispusimos a iniciar el descenso sin ni siquiera haber podido comer; le propuse a mi compañero bajar por donde habíamos subido siguiendo nuestras propias huellas para así evitar el perdernos entre la niebla, pero dijo que sería mejor bajar campo a través corriendo ya que por la rocas tardaríamos mucho tiempo. Como nos quedaba menos de hora y media de luz nos decantamos por la segunda opción.

Bajamos desde la caseta de piedra corriendo a toda prisa ladera abajo al lado de las escaleras de pizarra haciendo una mínima parada para llamar a Fran y Laura para decirles que lo habíamos logrado. Sería la única llamada que pudimos hacer, ya que en seguida nos quedamos sin cobertura. Al rato encontramos unas huellas y como no se veía nada decidimos seguirlas. Llevábamos ya casi media hora de bajada cuando me percaté de los robles jóvenes que había alrededor nuestro. "Me parece que nos hemos equivocado de camino, creo que vamos en dirección a Majaelrayo" le comenté a Jesús, "Pues ya no podemos dar media vuelta, hay que seguir como sea" dijo él.

Seguimos ladera abajo, ahora más aprisa todavía si cabe, hasta que después de un larguísimo trecho la nieve comenzaba a ser menos. Cuando ésta ya había desaparecido casi totalmente, decidimos pararnos a comer a toda prisa al lado de un arroyo y así descansar unos minutos pues las piernas ya no nos respondían. Eran ya las cinco y cuarto de la tarde. Comimos, nos bebimos la sidra y unos doce minutos después reemprendimos el camino, esta vez corriendo mientras nos comíamos el turrón y el postre, dado que la luz comenzaba a escasear.

Ya a falta de poco más de un kilómetro para Majaelrayo nos sorprendió la lluvia, aunque tampoco nos importó demasiado dado que íbamos bien equipados y los pies seguían totalmente empapados de la nieve que acabábamos de dejar atrás. Cruzamos un puente hecho de madera y pizarra y tras una pequeña subida por fin divisamos las luces del pueblo, ya no muy lejano.

Los últimos metros y la entrada a Majaelrayo fueron de los mas duro, casi ni podíamos caminar, el dolor que sentíamos en las piernas era insoportable. Llegamos hasta el mesón Jabalí, donde pedimos unos botes de pési, nos secamos un poco en el fuego y preguntamos al camarero (el Sr. Lorenzo) si había alguien que nos pudiese acercar hasta Valverde donde habíamos dejado aparcado el coche. Dado que nadie iba hacia Valverde, él mismo se ofreció gentilmente a acercarnos hasta Tamajón. Como nos venía muchísimo mejor que quedarnos en Majaelrayo aceptamos su oferta y llamamos a La Huerce para que pasasen por allí a buscarnos.

Partimos de Majaelrayo en la furgoneta de Lorenzo sobre las 19:15h e hicimos una pequeña parada en Roblelacasa donde él tiene fijado su lugar de residencia. Allí conocimos a "El Abuelo", un fiel perro de nada menos que quince años de edad. Continuamos por los alrededores de Robleluengo, el empalme de Palancares y por fin a las 20h llegamos a Tamajón, al bar "La Parada". Nos tomamos un par de cañas y un chupito (de Ballantine's creo recordar) hasta que llegaron Gaby y Ramón, nos recogieron, dimos las gracias a Lorenzo y partimos. La aventura, por fortuna, había acabado felizmente.



La caseta del belén, cubierta por la nieve.
Una subida... con cohones!!!Las Afotos (1/2)
Una subida... con cohones!!!Las Afotos (2/2)