LA MONEDA EN NUESTRA TIERRA DURANTE LA EDAD MEDIA.
Publicado en "Castillete", nº 24. Septiembre de 1.986. Firmado por Julio de Prado Reyero.
Los orígenes de la moneda actual parece que hay que buscarlos en el sistema primitivo de trueque que ya existía 1500 ó 2000 años antes de Cristo.
En la fase inicial de desarrollo de una economía la principal forma de riqueza siempre fué la unidad de trueque que contribuyó al crecimiento y extensión de los cambios. Por ejemplo en toda la Cuenca del Mediterráneo el ganado siempre era la unidad de trueque; y más concretamente el buey era esta unidad. Practicamente en nuestra tierra abundan transaciones que tienen como medida el buey, el caballo, el carnero, la oveja, la cebada, el centeno, el trigo y otros bienes fungibles. Así lo hemos visto en los dos últimos artículos, razón por la cual hoy nos limitamos a estudiar la circulación de la moneda en nuestro territorio, teniendo siempre a la vista los respectivos documentos medievales.
Hay que partir del supuesto de que se han encontrado monedas romanas en una cueva de La Velilla de Valdoré o en términos de Burón, Las Salas, Crémenes, Santa Olaja de la Varga, Ermita de San Higinio (Santa Olaja-Fuentes) y Castillos de Fuentes y Sabero. En el interesantísimo Castro de Vegamediana se encontraron dos decenios acuñados en Cuenca de los llamados "Secobírices". Se encontró asimismo una moneda romana en el Castillo de Fuentes; pero no pasamos a detallar ninguna de estas, puesto que el objeto de nuestro estudio de hoy son las monedas medievales.
Sánchez Albornoz cita a Antonio Vives, especialista en temas numismáticos, que asegura que "durante los primeros siglos de la Reconquista los Soberanos de Asturias y León no acuñaron numerario. Circularon por sus reinos dinares y dirhemes hispanoárabes y sueldos romanos y francos. Solo en los días de Alfonso VI se labró moneda de vellón imitando los modelos franceses".
Hay que aclarar también que con anterioridad se habían acuñado en la provincia de León monedas correspondientes a los suevos establecidos en ella desde principios del siglo V hasta la mitad del VI. Son estas "trientes" o monedas de oro. Los documentos del Monasterio de Santo Toribio de Liébana de los siglos VIII y IX hacen referencia al "Tremise" de oro, moneda visigótica que vale cinco sueldos y que circula por el Reino Astur.
Efectivamente en el
periodo del año 900 al 929 en los documentos del Monasterio de Sahagún en las
transaciones nunca se cita la moneda, pero sí en cambio en contadísimas ocasiones en los
de la Catedral de León, por ejemplo en una donación que hace Ordoño II a esta misma
Iglesia en el año 916 para luminaria de "XII argenzos." o la venta al Obispo
Oveco en Mancilleros de un huerto por un sueldo.
Desde el año 930 al 974 compiten la moneda y la especie. Aparecen en la Catedral transaciones como estas: en Vaikas (Santa Olaja de la Varga) se vende a Oveco una tierra por 2 nr. (que sin duda o son sueldos o argenzos, puesto que no existe el maravedíe aún) en el año 941, nueve años más tarde se registra otra venta en Lorma (en la Collada de Saveriu) por 5 sueldos y la de una suerte y un campo a Oveco en Vega de Monasterio por 5 sueldos. En el 974 se vende en Garfín una tierra por 17 sueldos. Los documentos de Otero recogen otra venta de Parimelle al Abad y Frades del Monasterio de San Juan de Vega de un soto por 3 sueldos.
Desde el 975 en Sahagún desaparece el ganado como precio y queda la moneda, pero los documentos de Otero en la zona de Valdoré siguen registrando transaciones en especie, como aparece en las numerosas compras que hacen de bienes el Conde Don Pedro Flaínez y su mujer Doña Bronilde. La última se registra en Villa Zidirrege en precio de tres bueyes. Se puede asegurar que la última transación de este tipo que aparece en nuestra tierra es la que se registra en Corniero donde la Condesa Doña Estefanía adquiere en el año 1121 la mitad de una heredad por seis modios de centeno, una fanega, pan y vino.
Esta situación viene a
desaparecer coincidiendo en León (capital) con la fecha del año 1020, que es la fecha en
que se dictan los fueros de León, que hablan abiertamente de dos tipos de monedas: a
saber la "moneda regis" o moneda real y la "moneda urbis" o moneda del
pueblo.
Las monedas generalmente se utilizaban más en torno a las ciudades, como León, Zamora, Sahagún, Cea. En las zonas de extrarradio o rurales se comerciaba más según las posibilidades. Inclusive se usa más la moneda en el llano que en la montaña.
Las monedas con que se negocia en la práctica vienen a reducirse a los "solidos o sueldos" y a los "argenzos". El sueldo argenteo o de plata y el argenteo es igual. Julio Pujol en el año 1926 calculaba que un sueldo venía a ser lo que era la peseta de aquellos tiempos y el arenzo era un divisor de los sueldos de plata.
Para mejor comprender el valor de la moneda en aquella época, pongamos algunos ejemplos prácticos: en la Montaña un buey costaba unos 5 sueldos, una vaca 4 sueldos, un caballo 60 y una oveja, una cabra o un carnero 1 sueldo la unidad. Más difícil resulta valorar los objetos: un sayal costaba 1 sueldo y a veces más y un carro 3 sueldos.
Los sueldos argenteos de que se habla repetidamente son generalmente romanos, gallicanos y hacimies.
Los sólidos o sueldos romanos se encontraban con toda facilidad en el mercado. Durante muchos años aparecen a flor de tierra en los lugares de cultivo con solo hundir el arado o la azada y hoy es el día en que afloran con cierta frecuencia en las excavaciones y búsquedas como queda aclarado más arriba con relación a nuestra tierra. Algunas veces, sobre todo en los documentos de donaciones y privilegios, se habla de cifras imaginarias de multas con que se amenazaba a los transgresores en libras, talentos o sueldos de oro, que en realidad son inexistentes en el mercado y curso real de los pueblos. Así en un documento de donación de la Catedral del año 929 en Vegas se amenaza el incumplimiento con 10 libras de oro. Sin embargo en el año 943 en el mismo pueblo se vende excepcionalmente cuatro tierras por 23 sueldos de oro.
Son asimismo árabes los "500 metales" que en el año 915 deja al morir Alfonso III para una iglesia o los "2.000 mectecales de oro" que supone una donación que hace el Rey Alfonso VI a su hermana Doña Urraca de la adorra tejida de oro.
Menor parece el tráfico de sueldos galicanos o franceses en las áreas de León.
Lo que si aparece muchas veces en las escrituras leonesas es el pago por sueldos "póndere pensatos" o a peso. Inclusive se pesaban delante de la muchedumbre como se hace en León en una venta en el año 1010. Sánchez Albornoz en su bello librito "Una ciudad de la España cristiana de hace mil años", asegura que en este caso se trataba de "pesar los dracmas romanos, los sueldos galicanos, los dirhemes moriscos y demás pesados de plata".
En realidad las primeras monedas acuñadas por un rey de León fueron en el reinado de Alfonso VI (1073-1109), en que aparecen monedas de vellón con la inscripción "ANFUS REX - LEO CIVITAS". Se conocen dos tipos de moneda; a saber el dinero de vellón y el óbolo de vellón y se cree que fueron acuñadas en algún taller ambulante, que bien pudiera radicar en Toledo, cuya ciudad conquistó en el año 1085. Este monarca concedió también al Arzobispo Gelmírez la facultad de acuñar moneda en Santiago de Compostela.
A continuación aparecen otras monedas del reinado de Doña Urraca (1109-1126) con esta inscripción "URRACA REGINA - LEO CIVITAS". También son dineros de vellón.
Alfonso
VII (1126-1157) también acuñó monedas de dinero de vellón con la inscripción
"ANFUS REX - LEON" y otras con el título de "IMPERATOR". El
Emperador retiró al prelado gallego la licencia de acuñar numerario concedida por su
abuelo.
Fernando II (1157-1188) estableció la norma de acuñar monedas de oro, suspendida desde los godos. Acuñó maravedíes en oro, dineros de vellón y óbolos de vellón.
No hemos podido identificar como moneda de estos reyes ninguna de las encontradas en nuestra región, debido en gran parte por el estado borroso en que se hallan.
Alfonso IX (1118-1230) acuñó dineros de vellón. De esta moneda tenemos dos ejemplares encontrados en las inmediaciones del Prao Fuego de Sabero y el Castillo de Fuentes de Peñacorada.
Alfonso VIII (1158-1214) inauguró la acuñación de la moneda llamada maravedí que tanto juego habría de hacer en España. La acuñó en 1175 para suplantar la moneda que venía desde otros reinos. Así surgieron los maravedíes castellanos, pues llevan ya la inscripción "ANFUS REX CASTELE". De este rey poseemos un denario de dos estrellas encontrado en el Castillo de Fuentes.
Los siguientes reyes de la monarquía castellano leonesa siguen acuñando monedas de distintos valores, por ejemplo Alfonso X el Sabio acuña el cuarto de maravedí que es un divisor de la nueva moneda el maravedí de plata. Sancho IX y Alfonso XI acuñan los cornados. En el reinado de Alfonso XI aparecen las blancas que sustituyen a las viejas monedas de vellón.
De casi todas estas monedas se han encontrado ejemplares en nuestra tierra; a saber tres dineros de vellón de Alfonso X el Sabio en Sabero y Fuentes, dos cornados noven de Sancho IV en Fuentes, un medio noven de Enrique II en Fuentes y media blanca de Pedro I en el despoblado de San Vicente de Yera (entre Cistierna y Yugueros).
Por otra parte los documentos medievales tardíos relativos a nuestra región conocen las sucesivas monedas que se van acuñando en Castilla y León. Por ejemplo entran por primera vez en juego los maravedies de oro en un documento de Otero del año 1158 referente a la Sobarriba, en 1181 se vende otra heredad en Cerezal por "25 maravedies en un caballo", en 1173 y 1177 un documento de Gradefes amenaza con penas de 1.000 y 3.000 maravedies respectivamente, en 1238 aparece en Gradefes una carta de cambio de bienes del Mercadillo, Sorriba, San Pedro de Foncollada, Anciles, Pesquera en la que se establece "que peche en C morabetinos", en 1254 se vende una heredad en Pinza por tres maravedies y un sueldo "de moneda leonés", al año siguiente en Tierra de Luna por "14 mrs, de la moneda leonés a 8 sueldos el maravedí", en 1262 se habla de "maravedies alfonsís", en 1272 de "mrs. alfonsinos blancos a 8 sueldos el maravedí", en 1275 de "mrs. de moneda real", en 1287 en Gradefes de "tres mil maravedies de moneda nueva", en 1295 en Otero de "400 maravedies de los dineros blanquitos de la guerra 1ª.", en 1331 en Gradefes se habla de la venta de una aldea por "300 maravedies de 8 sueldos el maravedí", en la Actas de la Catedral del año 1376 se sigue hablando de "maravedies alfonsinos". Por fin el Becerro de Presentaciones de la Catedral de León del año 1468 sigue hablando de sueldos y de maravedies. Concretamente del maravedí leonés y se dice que un ejemplar ovino vale medio maravedí y que el maravedí a su vez tiene el valor de ocho sueldos.
Con el Rey Enrique III (1390-1406) terminan las acuñaciones realizadas en León y su Provincia. La última moneda acuñada es una blanca que lleva la siguiente inscripción: "ENRIQVS DEL GRACIA REX CAS. y ENRICVS DEL GRACIA CASTEL".