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POEMAS INSOMNES
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BIOGRAFÍA
La estrechez de la vida
en el seno de una familia de marineros,
no permitieron que,
en primavera,
florecieran en mi huerto los gladiolos.
Una habitación desnuda,
sin libros que decoraran mi crecimiento,
no me privaron de observar la vida con mirada curiosa.
La palabra desnuda sin ornatos,
pronunciada desde la humildad de aquel viejo marinero
me enseñó que al norte,
acomodada en la noche clara,
siempre hay una estrella
que nos espera despierta
para marcarnos el rumbo;
Me enseñó, también,
que en el firmamento hay un lucero peregrino,
que el horizonte sólo es una línea imaginaria,
y cuanto más navegas,
más se aleja del puerto de donde zarpaste.
Ahora que el otoño ha llamado a mi puerta,
que en el huerto he plantado un jardín
donde tímidos comienzan a florecer
los pétalos rojos de las camelias,
antes que presuroso
aparque en mis entrañas el invierno
y florezcan en el campo santo los crisantemos,
quiero dejar de ser hortelano
y aprender el oficio de jardinero.
Antes que la afonía enmudezca mi palabra
quiero aprender a escribir,
embadurnar con mis blasfemias el folio inmaculado,
Y ahora que comienzo a trazar mis primeras letras
me piden que me identifique,
¿Qué puedo decirles?
Que soy un hijo de la ignorancia
vestida con los harapos de la pobreza,
el heredero de dos manos y una cabeza;
Dos manos que quieren armarse con un lapicero
y una cabeza embriagada de sueños.
Puedo decirles que aliado con la estrella del norte,
ansío navegar más allá del horizonte,
perseguir al planeta peregrino
y contarle al mundo que la vida ha sido mi maestra.
Pero es tan poco lo que aprendí,
tan extensa mi ignorancia,
que me siento perdido en un laberinto de dudas,
que asaltan mis neuronas un batallón de preguntas.
Y, créanme,
a pesar de la cercanía que percibo
de la proximidad del invierno,
sigo siendo aquel niño
de mirada curiosa.

TRAS DESPERTAR DE LA PESADILLA
Que negra está la noche
y que pastosos percibo sus silencios.
Afuera llueve, lluvia pertinaz
que acompasa mis soledades.
A la luz del día que ahora se resiste a morir,
sin nocturnidad,
pero con alevosía,
alguien hurtó mis bostezos,
los busco desesperado
para poner fin a esta larga noche de silencios.
Inútil búsqueda,
mis cajones de la memoria están repletos de recuerdos,
recuerdos de ayer
mezclados con deseos de mañana.
Gira mi cuerpo entre las sábanas
sin encontrar acomodo a mi alma,
los ecos de los silencios resbalan por mi pijama,
cansado de dar vueltas a la loca noria de mi mente,
acomodo mis pies en el suelo,
arrojo a la basura las legañas
y caliento un café
para que me acompañe en la velada.
Podría encender la radio
o huir por el cristal de la ventana que tengo en mi sala,
ese infernal aparato
desde donde veo el mundo en cada telediario,
ese mundo anónimo de desgracias.
Desgracias que hoy me hacen gracia,
porque en la inmensidad del fondo de mis entrañas
está a punto de estallar la mayor de las batallas,
el más cruel de los infortunios,
y no será una estúpida guerra,
ni un volcán que arrase con su lava mis miserias,
ni tan siquiera,
será esa,
hoy tan socorrida,
marea negra que inunda de muerte las costas de mi existencia.
No, mi infortunio será silencioso,
vendrá en esta noche negra,
de pastosos silencios
y con ese rumor de la lluvia afuera.
Quizás venga disfrazado de fantasma,
esos que nos aterrorizan con aullidos de poeta
o quizás, venga envuelto en una pesadilla
que me atormente con abstractos
y terroríficos sueños
donde te persigue la soberbia para destriparte
y tú paralizado de terror,
te frenas en esa huida hacia el vacío
o quizás,
si tengo fortuna,
me llegue estando despierto,
vestido de angustias
y ornado de desasosiegos.
¡Ay!
Este insomnio que me embrutece de desganas,
me roba las esperanzas
y dilata eternamente esta noche larga.
Y pienso.
Y medito sin encontrar respuestas.
Cavilo tratando de encontrar el camino,
ese vacío oscuro donde ella me dejó perdido.
Tal vez sería mejor sentarme en la vereda
y esperar a que ella desande lo andado
y vuelva a retornar por el mismo camino.
Sí,
decididamente aquí me siento,
en esta butaca donde de día leo
y que esta noche es el aposento donde sueño.
Me amistaré con mi insomnio,
me armaré con los silencios pastosos
y esta noche negra será mi aliada,
o mejor,
me voy a dar un paseo,
caminare por calles desiertas,
me acercaré al mar,
a ese rincón que añoro,
ese balcón frente al mar
donde se reflejan las estrellas
y nunca me encuentro solo,
mi "Peine del Viento",
allí juntos los tres,
el cielo negro, la mar brava y yo,
te esperaremos.

HOY TUVE UN SUEÑO
Hoy tuve un sueño,
soñé que una dama me velaba.
soñé que me arropaba con un beso,
soñé con su mirada teñida de ternuras
y sus manos
¡Ay sus manos!
Resbalan sus yemas rozando mi espalda
mientras sus labios se acunaban en mis párpados
y cegaba mi mirada.
Oí el rítmico sonido de sus gemidos
mientras sus manos
descendían por mi ombligo,
se acercaban taciturnas
en busca de mi hombría,
mi piel se estremecía anunciando la llegada
de su boca a mi mesana,
allí su beso provocó fuegos,
provocó cantos,
provoco fuentes blancas
de fluidos recios
y yo,
caí rendido en un largo sueño.
Hoy no hubo insomnio,
ni noche larga,
ni vi llover a través de los cristales de mi ventana,
Hoy un coro de ángeles meció mi sueño
y con salmos me anunciaron el alba.
Hoy soñé que ella también me amaba,
que ella a mi lado descansaba,
hoy soñé como sueñan los hombres,
con su amada.

ME CALZARÉ TU ABRAZO
Me calzaré tu abrazo
sobre el lomo de mis miserias,
lo arrastraré por el sendero pedregoso
de la existencia
y cuando llegue a alguna perdida taberna,
una de esas donde entre copas de aguardiente,
el canto ronco de los marinos
y las lágrimas de alguna guitarra,
el pueblo llora a coro sus desgracias,
yo mostraré orgulloso tu belleza,
esa alma rebelde que llevas por bandera,
esos ojos que escupen miradas de tristeza,
esa boca que me besa
y esas manos con las que me estrechas.
Suelo caminar sin alforjas,
eran tan pesadas,
tantos los recuerdos que en ellas portaba
en una noche de borrachera
las deje en prenda en un burdel de carretera.
Ahora que ya no me acompañan las evocaciones,
que desnudo camino sin ruta ni destino,
ahora que ya no estaba perdido,
porque no tengo bitácora que marque mi rumbo
ni faro que me guíe entre las brumas,
ni puerto donde recalar quisiera.
Ahora que tengo tu abrazo
y tu sonrisa,
ahora creo en la diosa fortuna,
amiga mía.

SILENCIO QUE SIEMPRE ME
ACOMPAÑAS
Silencio que siempre me acompañas,
hoy mi noche también fue larga,
tan larga como el beso de despedida
que en mis labios se aparca
cuando al acostarte,
siempre me regalas.
Hoy el insomnio no fue mi tortura,
ni me agité entre las sabanas,
hoy fui mecido con tus palabras
y mi mente borracha de fantasías
me trasportó hasta aquel rincón nuestro
donde descansan nuestros sueños,
mi casita y tu cabaña,
mi playa vista desde la ventana
y tu jardín de montaña.
Y soñé que te soñaba,
en aquel jardín sombrío
donde nos refugiamos en el estío,
con aquellos otoños húmedos y lluviosos
encerrados en nuestra casa,
con aquellas gotas de lluvia
que resbalan por los cristales de nuestra ventana,
y con aquellas cálidas primaveras
en que asidos de la mano,
al anochecer,
paseábamos por la playa.
Pero entre todos esos recuerdos
el que más me ocupaba,
fue el de aquella tarde de invierno
en que desfloramos nuestras almas.
Allí,
desnuda tú,
desnudo yo,
sentados sobre la alfombra de la sala,
al calor del fuego que, mudo y crepitante,
ardía en la chimenea,
yo leía cobijado a tu lado bajo una manta,
tú tatareabas un canto suave
y fue sólo un instante
en el que quedaron petrificadas nuestras miradas,
te acercaste lentamente
a posar tus labios en el nido de mi boca,
te abracé
y sentí el duro tacto de tus senos
apretando mi pecho,
tus mulos abrazando mi cintura
y el cielo quebrándose en mil pedazos
que caían como copos blancos
en la cueva donde atesoras tu más preciado secreto.
Aún tus gemidos siguen aparcados en mi oído,
tu aroma sigue embriagándome de olores íntimos
y tu sabor,
esa agua que emanaba de tus emociones,
ese néctar que libé con mi lengua
se mantiene intacto en mi garganta.
Pero la noche fue muriendo
y una tímida luz anunció desde fuera de mi ventana
que era hora de ejecutar los sueños
y enfrentarme a la batalla,
heme aquí,
resistiendo,
negándome a abandonar tu sueño,
batallando contra las luces
y los ecos,
esos ecos de la envidia
y de los celos,
voces ajenas a nuestro silencio
que intentan destruirlo,
romperlo.
No digas nada,
deja que la luz te inunde
y que de tus ojos se viertan lágrimas
cargadas de amorosas miradas,
permite que tus manos se truequen en alas
y tu cuerpo sea tan sutil
como cuando me amabas,
así volarás a mi encuentro,
anidarás a mi costado
y retornemos juntos a caminar por aquel sendero
que nos conduce al claro del bosque
donde nos encontramos,
volveré a desvestirte
y entre los claroscuros,
acomodados en un lecho de flores,
dormir los dos abrazados.

SILENCIO AMIGO
Silencio, amigo,
compañero inseparable de mis mañanas.
Hoy desperté entre soles nuevos
que viajan
para llegar puntuales a su cita
de este día
en que se consume mi tiempo.
Este sol
que hoy destierra las penitentes lluvias
que me han custodiado estos días,
me trae un mensaje de esperanzas,
es un guiño cómplice
casi imperceptible,
un abrazo cálido
que me empuja a desear,
aún más, tus abrazos.
Hoy, de nuevo,
pasearé mis fantasías adolescentes
por la orilla,
por esa playa que las mareas han teñido de negro, sembrando desolación
y mientras agache mi lomo
recogiendo trozos dispersos de muerte
prometeré a mi alma que lucharé,
lucharé por desterrar negros presentimientos
sembrando vivas ilusiones
de un próximo encuentro
de tu cuerpo con mi cuerpo,
de tu alma con mi alma,
de tus besos con mi deseo.
Este frío sol de invierno
me recuerda tu mirada triste,
vacía de sueños
por esta vida de hastíos,
de hipócritas lazos,
de falsos encantos.
Pero su calor tímido
me alimenta el deseo de no caer rendido
y me anima a luchar
para alcanzar tus mimos.
Mi Silencio,
quiero ser tu hombre y tu niño,
protegerte en el desatino
y acurrucarme en tu regazo
en el tiempo de los cariños,
quisiera raptarte de esa vida
que te esclaviza
y huir juntos muy lejos,
lejos del pasado,
lejos de tus recuerdos heridos,
lejos de la monotonía
que te atrapa en la noria del vacío.
Ven amor,
ven mi silencio
que quiero morir contigo.

COMO CADA MAÑANA
Como cada mañana,
fiel a mi cita,
saludo al día,
a este día que nace conmigo,
dejo la vigilia enredada
con el pijama bajo la almohada,
abro las ventanas de mi mirada
y entre los cajones del armario
busco una sonrisa,
hoy quiero vestirme la más bonita,
una sonrisa franca
que me acompañe durante todo el día.
El café con que me desayuno
lo endulzo con tu mirada,
y revuelvo una y otra vez la taza
para que tu recuerdo lo impregne
y quede tu sabor
en las papilas de mi boca.
Lavo mis legañas con esperanzas
y mis dientes lo cepillo
con la blancura de tu sonrisa,
me aseo,
me visto mis viejos pantalones,
la camiseta que un día me traje de América
y me embozo bajo la zamarra para guardar,
sin que escape de mi cuerpo
el calor que me diste aquella noche
en que mi almohada fueron tus senos
y tus muslos mi sábana.
El día me espera afuera,
entre las aceras de mi calle,
me acompaña en mi paseo por la ribera
quiero otear el mar,
hoy está bravío,
está teñido de negro,
de negro veneno
y pienso porqué no desteñirlo
con la blancura de tu alma
y aplacar las olas con tu sonrisa
y el canto de tu voz susurrándoles una nana.
El mar es como una niña,
caprichosa como tú,
que a veces te muestras tan sosegada
cuando entre mis brazos te acuno
y otras veces,
en que la ira te embarga
vociferas rebelde y agitada.
Dime, por qué me recuerda este mar a tu mirada,
por qué su presencia me calma
y me transporta el pensamiento hasta tu cama.
El cielo de esta mañana es un lienzo
de variados colores,
entre grises lánguidos
bordados de blancos algodones,
se asoma tímido un azul
que despierta mis ilusiones.
La música la ejecutan los coches,
agitados movimientos entre bemoles,
y los gritos de los niños
que alegres juegan en los parques,
y el silencio de esos ancianos
sentados frente al mar
viendo como zarpan hacia el horizonte
sus últimos días,
resistiéndose entre evocaciones.
Yo continuo mi camino
ajeno al mundo que me rodea,
con mi sonrisa de estrenos,
con mis pantalones viejos,
aquella camiseta que traje de América
y el calor de tu cuerpo,
ajeno al mundo para centrarme en ti,
mi Silencio.

HOY NO TE HE ESCRITO
Hoy no te he escrito,
quedó quebrado MI SILENCIO
empujado por la monotonía de la vida,
hoy mi estancia se llena de ruidos,
ruidos ajenos que ajan el brillo del cristal del espejo
donde te miro.
Hoy el rumor del mar se apagó,
enterrado entre rugidos de fieras,
tiembla la llama del cirio
donde contamos los días que nos faltan,
esos días eternos que restan para nuestro encuentro,
tiembla la llama
y tiembla mi alma,
el temor a que el soplo de las tormentas
la apague
y una mañana al despertar
sólo encuentre humo,
amordaza mi garganta,
envilece mis sentires.
Sueño al despertar
en asirme tus manos,
en pasear a tu lado en silencio,
dejando que hablen las miradas
y se dibujen sonrisas en tu cara,
sonrisas que me inviten
a invadir tu boca con mi boca,
a invadir tu cuerpo con mi cuerpo
en eterna fusión de dos almas.
Me interrogo que dibujos manaran
en tu rostro en ese instante efímero
en que se encuentren nuestros sueños,
en ese lapsus en que crucemos
la frontera de la vida real,
hospedándonos en el corazón del otro.
Y no hallo respuestas,
sólo encuentro deseos,
deseos de convertir en realidad
nuestro sueño.

HOY MI NOCHE SE VISTIÓ CON
TUS AUSENCIAS
Hoy mi noche se vistió con tus ausencias,
los ecos mudos de tus enmudecidas palabras.,
cuelgan de las paredes desnudas de mi estancia
Mi estancia,
un cuarto de paredes ajadas
que un día fueron blancas
y que la monotonía fue tiñendo
de pastoso y cetrino color amarillento
son el reflejo de estas noches largas
donde entre bostezos alargo mi agonía.
Mi cama está vacía,
sólo yace mi cuerpo inerte,
casi vacío,
este cuerpo que late por la costumbre,
que a veces se duerme mecido entre las fantasías
de mi memoria y las pesadillas de tu lejanía.
¿Y me preguntas qué tal duermo?
Duermo solo,
duermo vacío,
duermo sin dormir,
soñándote en la distancia.
Un libro caído sobre la alfombra,
unas viejas zapatillas
y el cenicero,
son los objetos que al despertar siempre veo.
Ese cenicero colmado de arrugadas colillas,
anegado de cenizas,
restos de evocaciones que te dedico cada noche,
restos de ti
que nunca te alojaste en esta alcoba.
Al fondo más libros,
más vacíos
y una ventana,
esa ventana que abro todas las mañanas
para que con su frío aire renueve mis sueños.
Al levantarme siempre me asomo a la ventana,
miro al horizonte buscándote entre las ramas
de esos árboles sin hojas,
arrancadas en el otoño por el fuerte viento
que anunciaba la llegada de este invierno que me congela,
son esas hojas secas,
las que alfombran mi primer paseo matutino,
las que crujen secas bajo mis pies
componiendo una sonata melancólica,
un canto de muerte sin consuelo.
Y me resisto,
me resisto a matar estos recuerdos,
me resisto a desterrarte de mi mente,
a perderte en el olvido,
a no verte.
Y te hablo entre silencios
y te cito,
te cito y te prometo
que jamás dejare de quererte.
Hoy me levanto vestido de ausencias
y me abrigo de esperanzas,
de esas esperanzas que tu me regalas cada día
cuando me escribes
que siempre serás mía,
aunque compartas tu lecho con otro hombre,
con otras miradas,
con ajenas caricias,
con otras madrugadas.

SE ABREN PEREZOSOS MIS
OJOS
Hoy se abren perezosos mis ojos,
las pesadas persianas de mis párpados
se resisten a reconocer la luz invasora
que domina mi estancia,
la noche profunda
donde se sumergieron mis sueños
agoniza en un mar de soles,
ayer me dormí entre tus brazos,
en el calor del útero de tus pechos,
apoyado en tus mullidas almohadas.
Esta noche no me visitaron las pesadillas,
el discurso de mis sueños fue sereno,
cálido,
profundo,
tan profundo como ese mar
donde ayer me transportaron tus últimos besos.
Aislado por la sinrazón de lo cotidiano,
esperé paciente tu voz,
y llegó,
llegó con las ultimas luces,
navegando entre mis últimos bostezos,
entre nanas desafinadas
por tus gemidos
me meciste entre tus ingles
y se durmió mi vigilia.
Hoy me despierto
en medio de un lecho vacío,
entre sábanas desplanchadas,
entre noches sin recuerdos,
pero me dejaste tu aroma
prendido en mi pijama,
ese olor de amapolas
mezclado con jazmines y almizcle,
me quedó ese regusto
que aún saborea mi lengua,
ayer me ofreciste
la pócima que mana de la fuente
de tus suspiros,
la libe sorbo a sorbo,
gota a gota
al compás de tus deleites,
me amordazaste contra tu pubis
aferrándome entre tus piernas,
acariciando mis cabellos.
Hoy he dormido embebido
y no me duele la resaca,
me duele tu vacío,
me sabe a poco estos encuentros
efímeros,
pero me llenan tanto
tus aislados caprichos
que por ellos daría la vida.

COMPRENDERÁ QUE ES MUY DURO
Comprenderá que es para mí muy duro
tener que desnudarme ante usted,
siendo, como soy,
un hombre pudoroso,
y algo timorato.
Por esa razón le pido que me dedique
una porción de su comprensión,
una sonrisa
y un poco de atención.
Usted me habla de siestas compartidas,
de regar con buenos caldos las comidas,
de largas sobremesas,
insinuándome que, quizás,
podríamos compartir todas esas rutinas.
Al leerla
mis sueños se encabritan,
galopan como potrillos
en busca de esas siestas,
de esos vinos,
de esas largas sobremesas
y tiemblan mis piernas al imaginarlo,
y un cosquilleo se acomoda en la boca de mi estómago
fruto de mi impaciencia.
Le aseguro,
que siendo un sueño no alcanzo a soñarla,
no alcanzo a imaginar que percibiría
compartiendo su lecho,
su calor
y su cuerpo.
Creo que eso, más bien,
sería algo más que un sueño,
sería residir en el cielo,
su lecho lo sueño
como una nube alba trenzada de algodones
donde retozáramos durante inmensos momentos,
momentos que quisiera hacer perpetuos,
eternizándolos
para que jamás se apagara el sueño.
Pero que puedo esperar de usted
que marca su tiempo con tozudas monotonías,
y me pregunto
por qué serían los viernes
si la deseo cada día,
y me pregunto
por qué sería las sobremesas,
si yo la deseo a cada momento,
y me pregunto,
y me pregunto...
Tiene usted un encanto especial,
un mágico imán que me atrapa,
a veces la sueño en el metro,
ajena a ese mundo de vigilias
y la imagino soñando
leyendo ese libro que siempre le acompaña
y es entonces cuando la veo cercana,
otras veces la imagino en su oficina,
sentada frente a una pantalla,
silente y con la mirada perdida,
buscándome con sus pensamientos,
deseando ser rebelde,
deseando soñar con este sueño
que a usted la sueña desde la distancia.
Y entonces germinan en mi mente las esperanzas,
se agitan mis deseos
y, le confieso,
me encantaría enamorarla.
Ya ve que soy un poco ingenuo,
que sólo siendo un pequeño sueño,
tengo grandes sueños,
pero entre todos ellos,
es usted, mi señora,
el más hermoso de todos mis sueños.
Me gustaría despedirme a su manera
y llamarla, siempre mía,
pero me temo,
que sólo sería otro sueño.
Y por último decirle amada Vigilia,
que este cruce epistolar
se verá afectado durante unos días,
pues aunque hoy es viernes
y usted me desea en su lecho,
sesteando entre juegos con mi cuerpo,
yo cumpliré hoy otro sueño,
viajaré a Galicia a alimentar el sueño
de otros soñadores,
que despojados por el egoísmo de sus sueños
se resisten a perderlos,
luchando por trocar en blanco
lo que hoy esta teñido de negro,
por dar vida a la muerte,
por recobrar su dignidad,
su costa
y su pueblo.
Y si hay que elegir entre sueños,
hoy elijo el sueño de los desheredados,
posponiendo el suyo para otro momento.

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Página actualizada:
01.01.04
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