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| En una sociedad como la actual donde todos los valores tradicionales se están alterando y perdiendo no podría quedar fuera de esta vorágine el mundo de las Artes Marciales. Para el neófito en las Artes Marciales nada más echar un vistazo al panorama de estilos tan diversos que se enseñan que resulta imposible saber cual escoger (no pasa como hace veinte años que sólo se enseñaban un par de estilos). Así a los tradicionales Karate, Judo y Taekwondo se han unido una legión de estilos impresionantes todo ello aderezado con películas más o menos violentas procedentes de china. El gran problema actual es que la inmensa mayoría de las Artes Marciales enseñadas en la actualidad en Occidente han perdido su espíritu, su camino o vía (DO en Japonés). En su origen todos los estilos contenían técnicas más o menos contundentes pero rodeadas por una enseñanza filosófica que buscaba el equilibrio cuerpo/mente del practicante. En la antigüedad se hablaba de la necesidad de equilibrar tanto el cuerpo como la mente. Es decir en el trabajo cotidiano hay que educar el cuerpo con técnicas que le van a conferir más dinamismo, mejor coordinación, elasticidad y fortaleza; pero a la vez hay que trabajar la mente, el espíritu para que la persona no se desequilibre, para que controle la técnica y no sea controlado por ella. Y para que pueda ver más allá de la violencia. Todas estas enseñanzas filosóficas son incompatibles con el espíritu medallero occidental, tenemos que hacer una competición de todo (competimos por cosas tan estúpidas como ver quien come más huevos duros) y claro las Artes Marciales no iban a escaparse a esta vorágine competidora. Ni que decir tiene que en este nuevo enfoque no tiene cabida el espíritu original y filosófico de las Artes Marciales porque va en contra de la competición. El negocio, el espectáculo y todo lo que envuelve a la economía moderna se ha acercado a las Artes Marciales y ha corrompido su espíritu. En la competición sólo puede ganar una persona, de forma que, sin querer, se fomenta las rencillas entre los propios compañeros. ¿Qué sentido tienen competiciones de contacto total donde los oponentes se machacan mutuamente?. Pero lo peor no es esto sino que muchos de los profesores modernos de Artes Marciales se centran más en la competición que en la persona, incluso llegan a despreciar a personas que no son aptas para competir. Este afán competidor ha generado profesores (ojo que no hablo de maestros, para mí esta palabra está reservada para auténticos MAESTROS) que sólo buscan la propia gloria a través de las victorias en campeonatos de sus alumnos. Todo vale con tal de ganar una competición.
¿Cual es el problema?, la persona que no sirve para la competición es defenestrada, aislada por el profesor y por el resto de los compañeros porque no es "digna" pudiendo ocasionarle trastornos psíquicos si la persona no es muy fuerte. Por otro lado a la persona que tiene impulsos violentos no se le controla ni equilibra porque interesa explotar esos impulsos en la
competición para que gane medallas y gloria para el club al que representa. |