Antigua Guatemala:
Tras las huellas del Hermano Pedro
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El camino de un santo
La ciudad de La Antigua Guatemala está llena del recuerdo del Santo Hermano Pedro, no sólo en el viejo empedrado por donde buscaba ayuda para los pobres y enfermos sino también en algunos lugares que fueron escenario de su vida y su labor.
A más de tres siglos de su muerte y del inicio de su proceso de canonización, el Hermano Pedro ha sido elevado a los altares, por lo que la ciudad donde desplegó todas sus actividades en favor de los necesitados, es testiga de numerosas peregrinaciones, sobre los pasos del santo guatemalteco.
Fue en 1651 cuando Pedro de San José Betancur llegó a la ciudad de Santiago de Guatemala, hoy conocida como La Antigua Guatemala. En ese tiempo la urbe era distinta a la que conocemos actualmente, pero el trazado de sus calles es el mismo.
Testigos de piedra
Cuando Betancur arribó a la ciudad, entró por el puente sobre el río Pensativo, por el que continúan llegando los viajeros, en buses o en automóviles. El día de su llegada cayó enfermo en las cercanías del Convento de Santa Catalina, que desde hacía dos años ostentaba su hermoso arco. Fue llevado al Hospital de Santiago, a poca distancia del Convento, edificio que ya no existe.
Poco después de su arribo a la ciudad, debe haber visitado la Plaza Mayor, ornamentada con una fuente que alegraba con sus surtidores de agua el paso por el lugar, pero no era la Fuente de las Sirenas, de Diego de Porres, era la fuente del Conde de la Gomera, estrenada varios años antes de la llegada del Hermano Pedro.
El espacio de la plaza estaba libre de árboles, pues en ella se vendían alimentos, se realizaban las fiestas civiles y religiosas e, incluso, se utilizaba como plaza de toros. Al ver hacia el sur, Betancur debe haber visto el Palacio Real, que estaba en el mismo lugar, pero tenían pórticos de madera, lo mismo que el edificio del Ayuntamiento, en la parte norte de la plaza. Hasta la catedral era distinta, el Hermano Pedro pudo contemplar, todavía, el edificio que mandó construir el obispo Francisco Marroquín, a mediados del siglo XVI. Aunque fue testigo de la demolición del vetusto edificio y la construcción del nuevo, que es el que ahora se puede visitar.
Otra obra que vio en construcción el Hermano Pedro fue el Hospital de San Pedro, cuya fachada aún se conserva y que estaba edificando el mismo arquitecto que levantó la catedral, Joseph de Porres. El edificio tiene un simbolismo especial, es donde actualmente funcionan las Obras Sociales del Hermano Pedro, que continúa la labor del generoso canario afincado en Guatemala.
Su búsqueda por servir
El Colegio de la Compañía de Jesús ya estaba en funciones, de hecho el Hermano Pedro estuvo estudiando para ingresar a la célebre orden. Sin embargo, ni Betancur llegó a ser jesuita ni el edificio que él visitó se conserva, ya que el actual fue edificado después de la muerte del santo.
Al no poder entrar a la orden jesuita, Betancur quiso dejar la ciudad de Guatemala y empezó un nuevo viaje. Se cuenta que, al pasar por el pueblo de San Miguel Petapa, pasó a rezar a la iglesia, donde escuchó la voz de la Virgen que le indicaba volver a Santiago. Al regresar, optó por la Tercera Orden de San Francisco. Así, el Hermano Pedro empezó una nueva vida e influenció las principales actividades religiosas de la ciudad y, sin saberlo, de todo el país, la Navidad y la Semana Santa.
Fue el Hermano Pedro quien hizo el primer nacimiento, para alegrar a los niños a quienes enseñaba a leer y escribir, por lo que introdujo la costumbre que marca las fiestas de Navidad en Guatemala. Además, parece que fue Betancur quien inició la costumbre de realizar las posadas.
Por otra parte, Betancur practicaba asiduamente la oración del Vía Crucis, para lo cual había sido diseñada toda una calle por influencia de los franciscanos, la Calle de los Pasos. Aunque los pequeños edificios de los Pasos que se conservan son posteriores a la muerte de Betancur, como lo es la fuente de la Alameda del Calvario. Pero es probable que la iglesia de Los Remedios haya visto el paso del Hermano Pedro.
Al finalizar el recorrido de la calle, los devotos guatemaltecos habían destinado un solar para la construcción de un templo dedicado al Calvario. El Hermano Pedro, con sus propias manos, ayudó a la construcción de la iglesia y, mientras vivía en la obra en construcción, plantó un árbol de esquisúchil. Se cree que trajo esta planta de un árbol centenario que estaba, y aún está, en San Miguel Escobar, el asentamiento de Santiago de Guatemala en Almolonga.
El Calvario que construyó el Hermano Pedro fue sustituido por el edificio actual en el siglo XVIII, pero en su interior se conserva un crucifijo en el que, durante su restauración, se descubrió un manuscrito con el nombre de Pedro Betancur, por lo que es el que veneraba el terciario.
Otro lugar frecuentado por Betancur fue el templo de San Francisco, desde donde salían los recorridos del Vía Crucis y de cuya casa dependía como terciario franciscano. El actual templo no fue el que visitó el HermanoPedro, ya que los terremotos destruyeron el lugar donde hacía sus oraciones. Fue allí donde quiso que sus restos reposaran.
Después de los terremotos de 1773, la iglesia fue abandonada por los daños sufridos y por las órdenes de la Corona de abandonar la ciudad. Pero el Hermano Pedro no fue olvidado; en 1817 fue reconstruida la nave lateral y allí se trasladaron los restos del que ya era considerado venerable, título que recibió en 1771. En 1990, sus restos fueron trasladados al sitio actual, donde puede ser venerado por sus millares de devotos. Además, no lejos de allí está el templo del Oratorio de San Felipe Neri, o Escuela de Cristo, donde se celebraron, en 1667, las exequias del Hermano Pedro. El templo fue destruido por el terremoto de 1717 y sustituido por el actual, de 1730, edificado por Diego de Porres.
A poca distancia, están los restos de la semilla que plantó el canario-guatemalteco: el Hospital de Nuestra Señora de Belén, que dio origen a la primera orden religiosa de las Indias Occidentales, la betlemita.
Su herencia
Ante la necesidad de un lugar para que los enfermos se recuperaran, Betancur estableció el hospital de convalecientes en una pequeña casa situada en las proximidades del río Pensativo, a mitad de camino entre el Calvario y San Francisco. Esa vieja construcción no ha soportado bien el paso del tiempo, los terremotos ni las acciones humanas; un muro, con una placa, indica el lugar donde fundó el hospital.
Frente a la antigua casa está la plaza de Belén, hoy de la Paz, un antiguo atrio que daba acceso a las dos instituciones betlemitas, el Hospital y el Beaterio, ambos edificios construido después de la muerte de Betancur. En el interior de lo que fuera el Hospital, construido también por Joseph de Porres, se puede visitar el lugar donde murió el fundador de la orden betlemita y se puede respirar el aire de religiosidad que marcó su vida y su labor en bien de los más necesitados.
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