INTRODUCCION
El denominado Sáhara Español que se extiende desde el río Draa hasta la Güera en la Península del Cabo Blanco en su reborde atlántico, está limitado en su interior por fronteras políticas, que son al norte el reino de Marruecos separados por el Uad Draa y al sur con Mauritania. Parte del Gran Desierto o Sáhara, con el cual comparte sus características de desierto subtropical cálido, que aquí suaviza el océano.
MEDIO AMBIENTE
Pocas lluvias, sequedad extrema del aire y variación de la temperatura determinan la aridez característica del Sáhara.
Debido a fenómenos geológicos, la superficie de materiales antiguos del escudo africano se fragmentó dando lugar a áreas deprimidas, la de Tinduf al norte y la del Aaiun a occidente, en tanto que en la costa de terrenos más recientes, se presenta inhospitalaria y de acantilados inaccesibles, excepto las ensenadas de Puerto Cansado al este de Cabo Jubi y Bahía de Río de Oro que está defendida por la península de Villa Cisneros.
En su suelo mesetas o hamadas llenas de piedras, el «erg» o duna típico aparece aquí no en su forma habitual, sino como una media luna con pendiente del lado opuesto de donde sopla el viento y la casi inexistencia de red fluvial, excepto el Draa y la Saguia el Hamra, mientras que el resto de los ríos son cauces secos que dan lugar a las sebjas, depresiones salinas de las que las más importantes son las cercanas a Cabo Jubi y Bojador o las de lyil en los límites orientales.
Los condicionamientos de su clima se reflejan tanto en sus accidentes geográficos como en su vegetación de formas xerófilas, es decir adaptadas a la sequedad, donde arbustos y matorrales poseen grandes raíces y adoptan tejidos carnosos que conservan la humedad. De vez en cuando aparece alguna pradera o acheb.
HISTORIA
Conoció el Sáhara desde épocas prehistóricas la ocupación del hombre, de lo que son testigos las pinturas rupestres que hablan de un clima muy distinto al que hoy es típico del desierto.
Prehistoria
El Neolítico del Sáhara ha sido presentado por los especialistas (Balot, Hugot, Camps, Almagro) con autonomía respecto al contexto norteafricano. La industria (puntas de flecha, utensilios) y el arte (grabados rupestres, arquitectura funeraria), aunque conectados con las demás culturas del desierto, no se pueden explicar si no es en su propia identidad. Por esta razón se ha acuñado el término de Neolítico Sahariano. Las especiales circunstancias geográficas del territorio exigieron un determinado comportamiento humano en relación con el medio. El proceso de desertización de amplias áreas del territorio intervenía en la dialéctica de esta transformación cultural.
Transformación de la vida sedentaria en vida nómada
Cuando, hacia el siglo III d.C., los bereberes zenetas introdujeron el dromedario en el Gran Desierto, se abandonaron los asentamientos fijos y se inició una forma de vida móvil siempre a la búsqueda de los pastos. Las fronteras se fijan ya con precisión, y la arqueología y las descripciones antiguas que se conservan nos dicen que:
- Al norte del Draa permanece la forma de vida sedentaria.
- En la cuenca de este mismo río los habitantes son trashumantes(cambian de lugar con las estaciones, pero siempre a los mismos sitios).
Al sur se establece el nomadeo (ninguno de los asentamientos ha de ser previamente conocido).
La islamización
Mientras que la zona cultural del Africa mediterránea y la región Senegalomauritana recibieron pronto la nueva fe, el Sáhara de Occidente se mantuvo durante cuatro siglos con sus propias creencias. Refractarios los nómadas a los sucesivos intentos de islamización, solamente cuando el predicador fue uno de ellos, aceptaron esta religión.
En el siglo XI un santón, que había realizado la peregrinación a la Meca, funda una austera cofradía de monjes guerreros (almorabitum = almorávides) que propagándose con prodigiosa rapidez entre los más numerosos de los grupos bereberes nómadas se abalanzan sobre Marruecos, Argelia, Mauritania, Malí y España.
La dureza de la vida nómada se reflejó en la forma de luchar contra la decadencia moral y religiosa de los países que conquistaron.
Al propagar su ortodoxia musulmana dejaron un hueco demográfico importante, que es a medias llenado con la llegada de algunas tribus yemeníes en el siglo XIV: los árabes Maqil, ancestros de la tribu actual de Ulad Delim.
Constitución de las tribus actuales
Es nuevamente un suceso religioso causa de acontecimiento histórico importante.
Hacia el siglo XVI, la Saguia el- Hamra es habitada por místicos que buscan la santificación por medio de la oración y la soledad. Algunos de ellos, hacedores de milagros y dotados de extraordinaria fe, invaden en oleadas el norte de Africa. Los más destacados se distinguen, con sus familias, del resto de los grupos bereberes. Sid Ahmed el Ergueib es Padre de los Erguibat; Sid Ahmed el Arosi, de los Arosien; Sid Ahmed Bo Gambor de los Uld Tidrarin. La Saguia será desde entonces conocida como Tierra de Santos por todos los musulmanes del Africa noroccidental.
Origen y constitución de las clases sociales saharauis
Los descendientes de los almorávides y el resto de las tribus van a la lucha por la supremacía de poder Se produce la guerra de Chaad Bubba (siglo XVII) en la que son aplastados los primeros y se les anula su condición de guerreros. Tras esta batalla se crea un orden social que permanece hasta ahora. En la cúspide, los chorfa (descendientes del Profeta) cuya santidad de origen les protege de posibles ataques por otras tribus; debajo los arab, guerreros, vencedores, y los zuaia, gentes de libros, vencidos, dedicados desde ese instante al estudio y a la meditación religiosa, habitantes del Tiris. El tercer escalón está compuesto por znaga, tributarios de otros pueblos, últimos descendientes de los zenetas, malemin, artesanos, descendientes de judíos En la base, haratin, libertos, y abid, esclavos.
Distribución de las tribus en el Territorio
Las tribus guerreras se establecen en las mejores zonas de pastos, y en el Jat al-Jaot (frontera colectiva). Los tributarios son colocados en la costa, considerada la parte menos valiosa del país. Y los hombres de libros se sitúan en los intersticios existentes en la zona de nomadeo de las tribus guerreras y costeras (de este modo cubren las necesidades culturales de todo el país). El equilibrio es perfecto.
Cada tribu se comporta como un estado en pequeño. Entre ellas hay simpatías y antipatías heredadas (procedentes de los antiguos grupos bereberes siempre en guerra entre sí). Todas reconocen un límite común, el Jat al-Jaof (línea de peligro), que coincide casi con exactitud con la frontera natural del territorio, y exactamente con la frontera cultural.
Ante problemas exteriores, las tribus se unían frente al peligro común. Tal fue el caso de la invasión francesa, que coincidió con la vida del Chej Ma El Amin, y la segunda Edad de Oro de la cultura saharaui.
La desaparición, el nacimiento y la constitución de tribus en el Sáhara, hemos visto antes, se debió siempre a condiciones históricas específicas del Territorio.
1º Los núcleos bereberes del Sáhara se vieron reforzados con la presencia de tribus árabes (nómadas de la península Arábiga) que deliberadamente se instalaron en el desierto por razones de afinidad con el medio ecológico. Este acontecimiento purificó y fortaleció la religiosidad de los habitantes del territorio, y les diferenció de los habitantes del núcleo cultural bereber-marroquí.
2º Esta religiosidad que les diferenció en contacto con la austeridad del desierto, se manifestó con el nacimiento de una específica forma de santidad, y la aparición de santones taumaturgos, fundadores de familias y gobernadores a la vez de los distintos grupos humanos.
Los «Eruditos del Tiris»
Entre las tribus zuaias (hombres de libros) nacieron grandes hombres que adquirieron y elaboraron una cultura extraordinaria. Durante el siglo XVIII y los comienzos del XIX se produce la Primera Edad de Oro de la cultura del Sáhara.
Chej Mohammed Uld Mohammed Salem, autor, entre otras, de una monumental obra de derecho de unas 1O.OOO páginas, y Emhammed El Tolba, gramático y poeta excepcional, son figuras muy destacadas. La talla de estos sabios puede ser sopesada con la figura de Semyedre Uld Habibal-la. Este autor, después de ser maestro del director de la Universidad Marroquí de Fez, terminó sus días de profesor excepcional de la Universidad del Cairo. Y los conocimientos que tenía habían sido adquiridos en el Tiris, su patria natal.
Chej Mohammeo el Maami se especializó en textos geográficos y en cantos regionales (algunos de los cuales se imprimieron), en los que declara la independencia secular ce su país. Autor de Kibatu eI-Badiati (libro del nomadeo), verdadera obra maestra descriptiva de paisajes y costumbres, propone fórmulas de gobierno que organice a las tribus en un solo estado.
Chej Ma El Amin y la fundación de Smara
Chej Ma El Ainin (1830-1910) actuó como los grandes fundadores de tribus del siglo XVI. Su profunda religiosidad y su poder taumatúrgico le valieron el respeto de todos los saharauis. Jefe de una cofradía mística, la Fadelia, predicó la fe islámica y la ortodoxia religiosa por el Sáhara, Argelia, Marruecos y Mauritania, y, en un momento dado, la Guerra Santa contra los franceses. A su prestigio religioso se unía su sólida preparación intelectual (se le sabe autor de más de 314 obras).
Su obra más importante fue la construcción de la ciudad de Smara. Los donativos que recibía de los peregrinos que iban en su busca (jefes y comisiones de las tribus de todo el Sahara de Argelia, de Marruecos, de Malí, de Mauritania) y la gran ayuda que le daban los emires de Trarza y Brakna mauritanos y el sultán de Marruecos, a cambio de baraka (prueba milagrosa de santidad), fueron la base económica de esta empresa.
Smara, en el cauce de la Saguia (primera ciudad construida en el desierto desde el siglo III). Edificada sobre bases mágicas, llegó a agrupar en torno a la Alcazaba más de 20.000 jaimas. Y fue nucleo fundamental en la lucha contra los franceses (era la m´tica ciudad de los hombres azules). Abandonada provisionalmente por Chej Ma El Ainin poco antes de su muerte (1910), fue destruida en parte por las tropas meharistas del coronel Mouret (de la Mauritania francesa en 1913)
Los sultanes azules
Chej Ahmed el Heiba, uno de los hijos de Chej Ma El Amin, había sido nombrado Sultán Azul por las tribus del Sáhara tras la destrucción de Smara. La bandera y el himno de su padre fueron institucionalizados. El primer Sultán Azul llevó la guerra a los franceses y a los marroquíes y conquistó Marraqués.
Un nuevo Sultán Azul, Chej Merebbi Rebbu, sucedió al primero, muerto asesinado. Los franceses (desde sus colonias mauritana, marroquí y argelina) y los marroquíes le cercaron. Antes que ser vencido por sus enemigos decidió entregarse a los españoles que habitaban las costas, y que deliberadamente no intervenían en las cuestiones internas del país. La penetración española fue, de este modo, pacífica. Smara fue entregada a España en 1934.
La Segunda Edad de Oro
Chej Ma El Amin fue el artífice de una Segunca Edad de Oro en el Sáhara occidental. Efectivamente, su biblioteca de más de 5.000 volúmenes, que contenía los manuscritos originales de la mayor parte de los sabios anteriores del Sáhara, saqueada por los franceses, había servido para formar a sus varios miles de talmidis (discípulos). Se había rodeado de una corte de poetas brillantes, y los malemin (artesanos) llegaron a virtuosismos espectaculares bajo el esplendor cortesano.
Formas de gobierno y derecho
Inventadas por las tribus guerreras nacen unas instituciones que se encargan de la administración del poder público. La Yemaa o Asamblea de Notables de la tribu es el órgano rector supremo. El Chej o Jefe es la cabeza visible del poder Con él y la Yemaa, la etarbain o Consejo de los Cuarenta Guerreros Destacados, que se encarga de una parte de la administración pública. La Etarbain nombra al Qadi o Juez entre los sabios de la tribu; en casos excepcionales, entre hombres destacados de otras procedencias, y también en raras ocasiones (y esto es costumbre de una sola tribu) se honra a alguna personalidad religiosa invitándola a efectuar ella el nombramiento.
Los europeos y el Sáhara
Los antiguos griegos conocieron, de un modo más legendario que real, al Sáhara por sus costas. De los romanos, consta un conocimiento más profundo. A los viajes de geógrafos e historiadores (cuyas memorias se conservan por los testimonios de Plinio, Estrabón, Polibio, Ptolomeo, etc.) se unen las expediciones militares de Julius Maternus y Cornelius Balbus, entre otros.
Los bereberes que habitaban el Sáhara occidental son nombrados por los romanos gétulos. Y Getulia su país, situado al sur del Atlas. Según Estrabón, se extendían hacia el país de los negros (Aetiopes Occidentalis).
Viajes de navegantes españoles y portugueses en los siglos XIV a XVII presentaron una imagen de las costas en Europa. Los portugueses y españoles se dividieron en asentamientos, pactando libremente con las tribus y comerciando con ellas.
El interior era conocido por la obra de León el Africano, y del español Luis de Mármol. Según éstos, Africa se dividía en tres zonas: Barbaría o Berbería, región Norsahariana, el Biledulgerid o País de los Nómadas (desierto del Sáhara) en el centro, y el País de los Negros al Sur En el Biledulgerid, el Sáhara occidental, limitaba al Este con los Tuaregs, en esa época no musulmanes.
Tras las invasiones árabes del siglo VII y XI, se establecen en la costa atlántica en el siglo XV diversos emplazamientos con objeto de controlar posibles peligros para las islas Canarias, y así en 1476 Diego de Herrera construía Santa Cruz, hoy identificada con Ifni, que además reportó una serie de ventajas económicas. El hecho suscitó reclamaciones portuguesas, los cuales también realizaban expediciones en la zona, por lo que se llegó a un acuerdo firmándose el tratado de Cintra en 1509 en el que se fijaban los límites de ambas Naciones.
No mucho más tarde se abandonaron estos puestos, debiendo esperar hasta 1860 en que en el tratado de Tetuán con Marruecos se pedía el reconocimiento de aquellos territorios. El resultado fue parcial y a pesar de que en 1884 se declaró zona de protectorado la comprendida entre Cabo Blanco y Bojador y de acuerdo con el jeque de la zona mauritana, la conferencia internacional de ese mismo año en Berlín no tiene en cuenta los derechos españoles. Finalmente los Tratados de 1900,1902,1904 y 1912 con el gobierno francés van reduciendo el territorio sahariano hasta quedar en los límites actuales, el cual se declaró provincia española en 1958.
Expediciones interesantes fueron en el siglo XIX entre otras las de Gatell, de la Sociedad Española de Africanistas y Colonias, Alvarez Pérez, Bonelli, Quiroga. Ya en el XX, a principios del siglo, Bens, D'Almonte y hacia la mitad las del E.P.S.E
ECONOMÍA
El saharaui posee una economía de subsistencia, es pastor nómada. Recorre distancias enormes en busca de mejores pastos, sirviéndose para ello del camello, aquí dromedario o yemel que le sirve tanto de bestia de carga como de consumo en su carne, leche, aprovecha su piel, el pelo para las «jaimas» o tiendas. Junto a él, rebaños de cabras y de ovejas.
La agricultura apenas existe. Se limite a sembrar en las graras, terrenos arcillosos de subsuelo húmedo especialmente cebada, de la cual preparan la chicha o harina de cebada.
Su alimentación es pues muy reducida:
«Alcuscu» que elaboran con la harina de cebada más una grasa o aceite y agua, carne de los rebaños cuando la tienen que sirven en la «gasaá» o bandeja, leche en abundancia, bien fresca o «lebén» o agria «raib», algunos dátiles cuando van en caravana y abundantes cantidades de té.
El Sahara es rico en pesca, y extrae sal en lajas que cambian en lo zocos o mercados. En cuanto a minerales posee hierro en las zonas meridionales y son de sobra conocidos los yacimientos de fosfatos.
Ejercen la artesanía los majarreros, nivel inferior en la estratificación social, que realizan labores de cueros como las «tazufras» o sacos para transportar sus útiles, o «asormi» o almohadas..., trabajan la plata y sus mujeres tejen con pelos de camello y cabra tiras para las tiendas que luego unen, colocando a veces una tela de separación o benia en el interior.
El camello en especial, y algunas especies de cereales, son la base de su subsistencia. La leche (que es plato único en muchas ocasiones) y la carne de este animal (que es despreciada en Marruecos) se preparan de manera propias. Los distintos platos se originan a partir de las necesidades de la vida nómada: por ejemplo, el t¡tgu¡t, compuesto de carne seca envuelta con manteca de camello que la mantenía mucho tiempo y se preparaba cara e los desplazamientos.
La flora, por su parte, presenta productos absolutamente desconocidos en el Norte. La vegetación enana que puebla le superficie del desierto ofrece bayas y frutas silvestres que son muy apreciadas por los saharauis. Entre ellas: azag, achacan, anafis, edmaj, gardab, gerzim¡, tedás, tmei; son las más codiciadas.
Los objetos que se usan pera cocinar o guardar los alimentos en el Sahara son los de madera y por artesanos especializados (malemin) adjuntos a las distintas tribus.
FAMILIA
El habitante del desierto posee una familia de régimen patriarcal, cuyos actos se regulan a través de un ritual que respetan. Viven en jaimas con un ajuar pobre, excepto algunos sedentarios que habitan casas de mampostería con tejado hueco debido al clima y que se conocen como casas huevo.
Los niños no son considerados como integrantes del grupo familiar hasta que no realizan el primer Ramadán.
El matrimonio se efectúa de dos maneras, cuando la boda es privada, que es la que se realiza entre persones ya mayores o que hayan estado casadas, los festejos se reducen e un día, pero cuando ésta es pública, los dos contrayentes se casan por vez primera, dura la celebración hasta 7 días con cantos, bailes y profusión de té. Los preliminares se inician con el trato que establecen ambas partes basado en el «acidaque» de honor o precio de la novia que tiene cada Kabila, pero que no corresponde al precio que realmente se paga por ésta, consistente generalmente en 2 camellos, 7 piezas de tela y una esclava o pulsera de plata para el tobillo. A continuación viene la «jotba» o petición de mano y la preparación de una jaima especial para la boda.
En los entierros es costumbre tras el sepelio dar una comida a los hombres y colocar 2 piedras en las tumbas masculinas, una en la cabecera y otra en los pies, mientras que en las de las mujeres se coloca una más en el vientre.
El vestido
Ninguno de los elementos característicos del atuendo es común a Marruecos y el Sáhara. Mientras el hombre use chilabas, taquias y resas (para la cabeza) en Marruecos, el vestido saharaui masculino se compone de derrás, yabadur; fuquia e izar (turbante). Los zapatos de Marruecos (belga) son completamente distintos a los del Sáhara (arbat) El único elemento común, el pantalón serwal, es muy distinto en uno y otro lugar; pues mientras que en el norte del Draa es estrecho y ceñido (se utilizan unos dos metros y medio de tele para su confección), en el sur del Draa es extremadamente amplio (necesita unos siete metros aproximadamente). El sistema de articulación con el resto de la vestimenta difiere en ambos lugares, y en Marruecos se le permite un uso absolutamente impensable en el Sáhara, por las mujeres.
El vestido femenino, en el Sahara, está compuesto de me/fa, chamir e izar, mientras que en Marruecos, la chilaba, la tahtia y el zíf (velo) completan su atuendo. Otros elementos característicos de mujeres, como el peinado, varía totalmente: al sur del Draa se levanta sobre la cabeza un complicado peinado en forma de moño, y al norte el peinado se realiza a un lado o con raya en medio. También en los hombres varían en este aspecto, pues en Marruecos cuidan sus cabellos y en el Sáhara se les dejan completamente en desorden.
ORDEN SOCIAL Y POLITICO
De un sistema social flexible debido a su naturaleza nómada, que dispersa la autoridad entre varios elementos de la tribu, no ha impedido al bereber adoptar la jerarquía y estratificación social del árabe.
Le unidad social en el Sáhara es la Kabila, que lleva el nombre de su fundador siempre de un linaje famoso, la cual se escinde en diferentes fracciones. El linaje es básico ya que a él se ligan los principios sociales más importantes de la unidad a la que se pertenece:
- categoría social
- religión
- intelectualidad
determinados derechos o «baraka» como puede ser prioridad la siembra y la resolución de asuntos que implican deuda de sangre o día, es decir le obligación que contrae un grupo cuando uno de sus miembros mate a otro. Junto a esto existe un vínculo artificial o «asaba» que crea mediante un pacto los mismos derechos que producen el pertenecer a un mismo linaje.
LAS FORMAS SUPERIORES DE CULTURA
La música
Absolutamente diferenciada de la marroquí la música saharaui posee sus propios instrumentos (el gidra, tambor marroquí de barro forrado de piel, es desconocido en el desierto, donde se use el tubal de madera, distinto en tamaño, forma y sonido. Este es utilizado como base para el ritmo tan característico saharaui).
La ceremonia folklórica de les fiestas saharauis tienen un actor fundamental: el igiu (pl.igaguen). Los igaguen, pese a su baje consideración social, se encuentran en la pirámide de las clases sociales del desierto; son a la vez que temidos, magníficamente venerados por los nómadas. Su concierto, extraordinariamente personal, se divide en cinco partes inalterables que han de ser sucesivamente interpretadas. Aunque se permite libertad de improvisación en el interior del concierto, ningún bardo (igiu) se atreve a romper la estructura sutilísima que aprendió en su lento proceso de iniciación (dura aproximadamente unos ocho años). Ni el igiu ni su arte, así como la específica forma del concierto folklórico saharaui, fueron jamás conocidos en Marruecos.
El derecho
Del mismo modo que sucede con la literatura, los saharauis comparten con Marruecos, Argelia, Mauritania, Egipto y todo el Mundo Arabe su propio derecho. De raíz religiosa, la escuela que se sigue en el Sáhara es la Cheraa. El derecho cheránico, basado en la obra de Jalil, es común a toda Africa musulmana. Sin embargo, cada país tiene sus propios comentadores que lo interpreten a su modo y manera. Y en este sentido el Sáhara posee une verdadera riqueza de sabios. Ya hemos citado a los Eruditos del Tiris y a sus obras monumentales (en algunos casos de diez mil páginas), que precisan le interpretación particular saharaui de este derecho.
Junto a la Cheraa, los Aadat, escritos de derecho consuetudinario que coexisten con ésta, acaban de diferenciar el Derecho del sur del Draa de aquél, del enclave bereber-marroquí. Son los Aadat instrucciones para le emisión de juicios, y colecciones de casos fallados que enriquecen el Kadi (juez) y le ayudan a emitir fallos en una cultura tan particular del norte de Africa.
La literatura
Desplazándose por dos niveles diferentes, la literatura saharaui posee autonomía en ambos.
A.- La literatura árabe del Sáhara, situada dentro del marco de la cultura islámica de la gran hermandad árabe, posee variedad de autonomía que la dignifican y distinguen.
Sus dos Edades de Oro, que no pueden ser descritas con la debida extensión que merecen en este pequeño trabajo, nos la presentan abrazada a toda cultura clásica del Islam y produciendo comentaristas y autores de gran altura y fecunda obra. Pero de ella nos interesa más que esto (de por sí significativo y que se manifieste en las dos grandes escuelas del pensamiento saharaui: los Eruditos del Tiris y los Santones y Talmidis de Smara) la lejtá.
La lejtá es el arte de la improvisación poética, tan característico y particular de los habitantes del desierto. Se desarrolle entre los poetas de las distintas tribus, enfrentándose en representación de la tribu a que pertenecen; esta confrontación llega incluso a durar días, y ha llegado a producir auténticas guerras tribales. Alabanzas y pullas aparecen en ellas encadenándose unas a otras en reflujo que comprometen a todos los asistentes. La cultura marroquí jamás ha conocido arte tan característico.
B.-La literatura hasania, compuesta especialmente de poemas, éstos en un género particular que se denomine lejna, se conserva en tradición oral y en su tradición escrita.
Un particular uso (herencia de su pasado) es el que se le da en batallas. Los saharauis se enfrentan a sus enemigos entonando poemas. La algarabía que se produce por el grito de mil poemas simultáneamente diferentes desconcierta a sus enemigos y de esta forma son vencidos con facilidad. Por las crónicas de los siglos XI y XII sabemos que los almorávides actuaban de este mismo modo.
Texto extraído del catálogo de la exposición : "Sahara Occidental, etnografía y tradición"