Prólogo a las Obras Escogidas de B. Traven
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Prólogo a las Obras Escogidas de B. Traven



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Un frustrado aprendiz de Teología

Durante un viaje que hice en 1966 a la República Democrática Alemana, casi enseguida de mi encuentro con Traven, tuve ocasión de entrevistarme con el profesor Peter Lübbe, de la universidad de Rostock. Lübbe ha hecho una exhaustiva -pero en el caso de Traven siempre falta algo- tesis profesional, que es un acucioso sobre B. Traven. En su investigación aparece un joven llamado Charles Trefny, quien estudiaba teología en la universidad de Freiburgo. Según Lübbe y sus indicios, Trefny podría ser Traven, el mismo que a causa de una aventura amorosa fue expulsado de aquella universidad alemana, abandonando luego sus estudios teológicos. Si seguimos este camino, Trefny-Traven llegaría adolescente a los Estados Unidos, desde donde siguió su camino a México. Debe subrayarse que Traven, fuera o no Trefny, no demuestra amor por las cosas de la Iglesia, pero parece poseer ciertos conocimientos teológicos.

Diversos elementos deambulan en torno a la reconstrucción del Traven anterior a su llegada a México, y en sus obras, que introducen el antecedente del estudio teológico de adolescencia más o menos nebulosamente en su vida. El profesor Recknagel, autor del libro Traven, datos para una biografía, editado en Leipzig, informa que la universidad de Baden existe una anotación hecha en 1903 sobre la expulsión de un estudiante de teología, norteamericano, llamado Charles Trefny, de San Louis, Miss., quien dijo haber estudiado en la universidad de San Xavier, en Cincinatti, Ohio. La periodista Judy Stone, de los Estados Unidos, autora de un trabajo publicado en Ramparts sobre el periódico alemán de Marut, y que el mes de mayo de 1966 conversó con Traven Torsvan en México, sigue esa pista en su patria, los Estados Unidos, y dice que en la universidad de San Xabier no aparece registrado un tal Trefny. Añade en su mismo trabajo que un Joseph Trefny, de 68 años de edad, quien vive actualmente en San Louis, le dijo que sus padres emigraron a Bohemia, en Alemania, y que el tío de su padre fue el Padre Trefny, sacerdote católico de San Louis. Pero he aquí otra nebulosa: la Arquidiócesis de San Louis no tiene registrado al Padre Trefny.

Ella misma recuerda en su ensayo que en El barco de los muertos, de B. Traven, el marinero norteamericano Gales cuenta su difícil vida en Chicago, cuando tenía siete años. Gales trabajaba todo el día como ayudante de un lechero y vendedor de periódicos, hasta que, dice el personaje en su relato, "caí como una piedra sobre el piso desnudo de un cuarto de la Avenida Lincoln, donde me dejaron dormir gratis a cambio de lavarle los platos por la noche a un cura alemán que había huido por haber -como un verdadero caballero- jurado en falso para salvarle la reputación, si es que la tenía, a una casada". Traven ha negado que él fuera Trefny, pero a quienes han penetrado en estos pasajes les resulta difícil que hubiese dos estudiantes de teología con antecedentes norteamericanos un poco oscuros, que hubiesen sido expulsados de universidades alemanas en la misma época, a menos que estuviesen refiriéndose, como Marut y como Traven, a las experiencias de algún amigo, "es más probable suponer -agrega Judith Stone- que el mismo Marut tuvo una extensa educación teológica después de haber leído sus constantes referencias a la Biblia en Der Ziegelbrenner, el periódico que publicaba en Munich."

Marut mismo escribe en Der Ziegelbrenner -una de las pocas veces en que se refiere a él mismo-, que había abandonado sus estudios teológicos muy temprano para saber su respuesta a su pregunta: cómo podía alguien orar en el púlpito por la victoria del ejército alemán sin que descendiera Cristo para echar a "estos malditos predicadores de la victoria fuera de Su templo". La estudiosa norteamericana, que se hizo traducir la colección de Der Ziegelbrenner, afirma que también Marut escribió en ese periódico que lo echaron del seminario por "hacer preguntas indecentes". Y en cuanto a la confesión del Traven inequívocamente autor de El barco de los muertos, está la referencia al cura alemán huido de su país. Si, como sucede, la experiencia de los autores o la que perciben de otros, llenan medularmente la base de la cual arranca la ficción o la realidad imaginada, es de suponer que en torno de nuestro autor han existido, en él o próximos, los elementos que configuran al estudiante de teología o a la preocupación por la teología.

Marut refleja la misma repulsa que Traven Torsvan por los periodistas en general. Y en una ocasión -una vez más en Der Ziegelbenner-, asocia al periodista con el clero. "Si digo que el mayor pillo y mentiroso durante la guerra fue un periodista, no me olvidaré de agregar: en seguida de él viene el cura. Para el representante de Cristo en la tierra no debería haber un gobierno, pues Cristo no conoció Estado alguno. Él solamente conoció a la humanidad, solamente conoció hermanos, solamente hijos de Dios... Pero las representantes de Dios ciertamente hicieron diferencias entre los hijos en Inglaterra, en Francia, en Rusia, en Alemania. El dogma de Cristo no es nacional, ni siquiera es internacional; es expresamente antinacional. En ninguna parte dice Cristo que sea permisible la guerra, ni siquiera menciona una guerra defensiva... Pero Él dijo: <<Guarda tu espada donde debe estar; porque aquel que toma la espada morirá por la espada.>>"

El enigma de Marut

Sobre Ret Marut, como B. Traven, insisten todos los investigadores, ensayistas y escritores alemanes. En una ocasión en México, ante textos de Marut que reflejaban la contradicción entre sus ideas individualistas, antibélicas y antinacionalistas, con un cierto antisemitismo derivado de exaltaciones germánicas del propio Marut, Traven llamó a éste "charlatán político", pero no negó específicamente a su interlocutora (la autora del trabajo de Ramparts) que hubiese sido Marut.

Gerd Heidemann trajo a México el programa de una obra de teatro que se representaba en Berlín el mismo día en que estalló la I Guerra Mundial, en cuyo reparto aparece Marut. Y una fotografía del propio actor, por cierto con un penacho de indio americano, el parecido de cuyo rostro con Traven Torsvan es notorio. Enseñando esa fotografía y cotejándola con las que fueron tomadas a Traven en Chiapas en 1954 y en Hamburgo en 1959, el reportero recorrió lugares y personas que habían tenido conocimiento con el personaje. Josef Pfliegler, mayordomo de Marut en la casa de Clemenstrasse 84, de Munich, donde vivió el personaje, le dijo que aquellas fotografías eran de una misma persona. Y como la del hombre que ellos habían tratado se las reconocieron también Amador Paniagua, de Ocosingo, Chiapas, que estuvo con Traven en 1930; José Tarano Vega, de la finca El Real, también en Ocosingo; Ernestina González, del mismo lugar, y otros que habían tratado al novelista.

Vale, pues, dejarse seducir por el planteamiento alemán de Marut-Traven, aunque su aceptación de identidad no signifique aceptar que Marut naciera en Alemania, sino que vivió y actuó en dramáticos acontecimientos de ese país. Para aumentar, no para desvanecer la confusión, hay que contar con que Marut mismo es un seudónimo. Recknagel recuerda que Marut es una palabra indo-aria que significa "viento fuerte que despeja de nubes el cielo". Al parecer, Marut había dicho que su madre fue inglesa y que había viajado a los Estados Unidos para tener el hijo (¿hijo natural del káiser Guillermo?), quien así pudo haber reclamado la nacionalidad norteamericana.

La nacionalidad del propio Marut, circunscrito a Marut mismo e incluso prescindiendo ahora de este Traven real de carne y hueso que escribe en México, aparece asimismo con sus misterios específicos. El misterio, buscado, preparado o no, es un elemento inseparable de B. Traven en todos sus antecedentes probables. En el registro para extranjeros de la policía de Dusseldorf, en 1912, aparece lo que el propio Marut declara: nació el 25 de febrero de 1882 en San Francisco. Dijo ser, sin embargo de nacionalidad inglesa. Pero el primero de agosto de 1914, cuando el káiser decreta la movilización general para la guerra, la palabra inglesa es cambiada, con la letra superpuesta en esos mismos papeles, por norteamericana. (Inglaterra significaba la guerra contra Alemania, y los Estados Unidos, todavía no.) El cambio debió haberlo hecho alguien con influencia para tener acceso a los archivos policíacos.

En una orden de detención expedida por la policía de Munich contra Marut, el año 1919 (años en que se derrumba la República Socialista por la que Marut había trabajado), se consigna que los padres del detenido habían muerto. El padre aparece como Guillermo, y la madre como Helene Ottarent. Marut, hombre de teatro, dijo a la policía que su padre era un empresario de San Francisco. "En cierta ocasión le contó a su amiga íntima, la actriz Elfriede Zielke, que su madre fue irlandesa y su padre inglés, y que él había nacido durante una travesía en un barco. Su acta de nacimiento fue depositada en San Francisco y luego destruida durante el incendio y terremoto de 1906."

Así, pues, algunas referencias alemanas sobre Ret Marut, discrepan de las oficiales de Traven Torsvan, aunque coinciden en que su país de nacimiento fue los Estados Unidos. Pero aquéllas, que nació en 1882 y no en 1890; en San Francisco y no en Chicago.

El reportero de Stern, Heidemann, me ha contado que, en 1962, su redactor-jefe le ordenó comenzar el reportaje de Traven, cuyas novelas había leído con entusiasmo, como todo alemán que se asoma a ellas. La publicación ha gastado cuarenta mil dólares en esta historia. Heidemann tiene, en su casa de Hamburgo, cuarenta y dos carpetas sobre el caso, llenas con dos mil quinientos folios. Buscando comprobar la identidad de Ret Marut con Traven, ha estado en Holanda, España, Brasil y los Estado Unidos. Y, desde luego, en México. En Chicago recorrió cincuenta y ocho iglesias tras el registro natal de Traven Torsvan en sus diversas variantes. No lo encontró. Pero él mismo me dijo, en atenuante de la frustración, que en 1890, el año del nacimiento de Traven, solo se registraban en las iglesias el diez por ciento de los nacimientos. En Rotterdam y Amberes, puerto donde anduvo Gales -nombre inglés que puede traducirse con parecido significado al de Marut-, el personaje de El barco de los muertos, que se supone sea el mismo Traven en su camino de Europa -adonde había llegado en otro barco, el Tuscaloosa, desde Nueva Orleáns- hacia México, buscó las constancias de los barcos que salían -con un alto en España- hacia el puerto mexicano de Tampico. Para hilar su pista hubo de desechar muchas que eran falsas y desencaminaban.

Pero volvamos a Alemania con Ret Marut. En 1914 trabaja en el teatro. En 1916 publica en ese mismo país algunos libros, entre ellos Cartas a la señorita de S..., de clara tendencia pacifista, lo que significaba un serio riesgo frente a la psicosis de guerra, al chauvinismo y el poder de los militares en ese país. En 1917 aparece en Munich y empieza a publicar Der Ziegelbrenner, que puede traducirse como "el que cuece ladrillos en el horno", con el sentido político de ladrillos para construir un mundo mejor. Goethe, y en cierta proporción también Schiller, era en Der Ziegelbrenner el modelo alemán de la cultura y de la nación alemana, por su universalidad. El periódico de Marut condena el nacionalismo y la guerra. Aunque reconoce en sus escritos que no perteneció a ningún partido político, Ret Marut aparece ligado al grupo de revolucionarios judíos, de diferentes matices radicales, que preparan, participan o dirigen la Revolución bávara, socialista, que va desde 1918 a la primavera de 1919, bajo la influencia, pero no la concordancia siempre, de la Revolución bolchevique triunfante en la vieja Rusia. En Berlín, Carlos Liebknecht y Rosa Luxemburgo proclaman, el 9 de noviembre de 1918, la República Libre Socialista de Alemania. Marut está más cerca de Kurt, Eisner, Landauer, Ernst Toller, Eric Mühsam y Eugène Leviné, y en Munich. Por la paradoja calendárica, aquella Revolución comenzó un día de noviembre (de 1918) como la rusa, y terminó un primero de mayo (de 1919), fiesta internacional de los trabajadores.

Los soldados del ejército alemán de la república seducida por el nacionalismo de una mayoría socialdemócrata, que se imponen sobre aquella amalgama de socialistas de izquierda, anarquistas, individualistas, comunistas bolcheviques, espartaquistas, que habían creado los consejos de obreros y soldados, aprehenden al revolucionario de Ret Marut. Escapa al río de sangre de la derrota y a sus aprehensores. La forma como lo hizo sería relatada por el propio autor en un número de Der Ziegelbrenner -en diciembre de 1919-, que logra seguir publicándose, entonces con el nombre de una fiel compañera de Marut como editora: Irene Mermet. Marut cuenta que el primero de mayo de 1919, esperaba en un café a otros escritores revolucionarios cuando los carros de los "guardias blancos" recorren velozmente las calles de Munich para librar la ciudad del "terror rojo". Describe la gente asesinada en torno suyo, y cómo ayudaba a los heridos, cuando un carro con gentes distinguidas por los brazaletes blancos se detuvo y cinco hombres armados se fueron sobre él. Lo detuvieron como el destructor y agitador más peligroso, miembro de la República del Consejo (de obreros y soldados). Si no lo admitía sería ejecutado en el acto. Fue arrojado sobre el vehículo, donde permaneció bajo la puntería de las armas. Sus captores se detuvieron ante la casa de un general, sedientos de aclamarlo y de mostrar a su peligroso prisionero. Prosiguieron hasta el Ministerio de la Guerra, donde Marut fue bajado del vehículo y registrado otra vez. Lo acusaron de crímenes de alta traición. Sería condenado a muerte. Presionado para que rindiera una declaración, fue careado con testigos que suscribían las acusaciones. El tribunal, presidido por un teniente, decidiría en tres minutos. Antes de esa decisión se originó un tumulto a causa de que un hombre increpó el rudo comportamiento de los soldados del nuevo gobierno de mayoría socialdemócrata encabezado por Hoffman, y Marut pudo escapar. Vivió un tiempo escondiéndose en departamentos vacíos y en el campo. Desechó la idea de entregarse como un gesto sin sentido. Poco a poco fue reapareciendo e iba de población en población hablando de una revolución mundial. Der Ziegelbrenner informó el 6 de enero de 1920 que a Marut le habían desprovisto de la casa y de la tarjeta de alimentos y que aún se le buscaba por alta traición "debido a que Marut tiene una opinión distinta a la de los socialdemócratas sobre lo que es útil a la humanidad". Él e Irene dejarían Munich, con este razonamiento escrito en el periódico: "Una ciudad, o un país, que quiere morir debe dejársele morir en paz. Si uno pudiera, hasta debería ayudar a expeditar el proceso."

Después de dejar otros escritos, Ret Marut abandona Alemania, hacia un país lejano, como lo pretende Khundar, el personaje idílico de una de sus obras. Nunca se sabe más de Marut, a menos que lo reencontremos primero en la travesía hacia tierras americanas y finalmente en México, donde escribe El barco de lo muertos, reseña probable y novelada de su propia aventura para viajar sin papeles, sin nombre, sin patria; y Los pizcadores de algodón, sobre ese trabajo en campos algodoneros mexicanos. Aunque El barco de los muertos lo escribió primero, Los pizcadores de algodón aparece antes en capítulos en el periódico Worworts, de Berlín, el año de 1925.

Un extranjero llega a México

El barco de los muertos está asociado necesariamente a la llegada de B. Traven a México, y con la actitud que asumiría respecto a los requerimientos de nacionalidad y de documentos para viajar e identificarse. "No tengo nacionalidad, señor", dice Gales, el marinero del Yorikke. Una y otra vez, el personaje afirma en medio de sus vicisitudes entre países y fronteras europeos, cuando pierde el barco que lo deja en Amberes: "No señor, no tengo nacionalidad ni país natal; soy ciudadano del mundo, pertenezco a las naciones unidas." El sarcasmo ante las atenazantes formalidades de la sociedad es una de las características en la literatura de Traven. Forma parte de la ironía natural del autor.

Cuando Gales logra embarcar en España, en el Yorikke, El barco de los muertos, seguramente que B. Traven, en la realidad de la historia, está viajando en el mismo buque u otro parecido. Él es Gales, y en el Yorikke, o en el Empress of Madagascar, o en otro barco, sin muchos papeles o ninguno, viene embarcado el autor de estas novelas. Si procedía de Alemania, en las condiciones del fracaso de la revolución de los consejos de obreros y soldados, y buscaba un país lejano -lejano no sólo en geografía, sino remoto para la mentalidad alemana, y, por eso mismo, muy atractivo-, ¿cuál mejor que un México convulso todavía por la prolongada Revolución de 1910, donde las tendencias sociales afloraban con un color socializante, en medio de la disputa constante por el poder y de los caudillos, pero con el trasfondo vivo del pueblo?

El Empress of Madagascar de la novela fue intencionadamente encallado sobre las costas de la roca africana, a fin de que los navieros cobraran el seguro. Pero el barco en que Traven-Marut vendría llegó al puerto de Tampico, en el Golfo, en plena efervescencia de la explotación petrolera. ¿Cuáles eran los papeles, cuál el nombre con que Traven entraría al país que ha sido cantera inagotable de sus libros? En aquellos tiempos mexicanos la organización burocrática y el culto por los papeles dejaban mucho que desear. Todo "se podía arreglar". La insistencia por la falta de papeles es siempre explícita y abundante en El barco de los muertos. Gales, llamado familiarmente Pippip por Stanislav, el otro personaje que llega hasta las últimas páginas de la novela dice a éste:

"No te aflijas, Stanislav; porque ni tú ni yo entraremos en el cielo. En primer lugar, carecemos de papeles, de pasaportes. Puedes fiarte de esta circunstancia porque siempre exigen la presentación de documentos sellados por cónsules y autorizados por algún sacerdote, cuando uno llega a la puerta. En otra forma, te la cerrarían en las narices. No hay que olvidar ninguno de esos papeles que acreditan a los ciudadanos modernos, tales como certificados de nacimiento, de vacunación, de bautizo, de confirmación, de matrimonio; recibos de impuestos, por servicio telefónico, de consumo de luz y fuerza; un testimonio de que no tienes conexiones con los criminales sindicalistas de Moscú y otro de la policía en el que se haga constar en el que se haga constar que no tienes cuentas pendientes con ella. Creerás que lo que digo es una broma. ¿Pero por qué diablos habría de necesitar el hombre tantos papeles aquí, en la tierra? ¿No dicen los predicadores que todo lo que aquí ocurre es una preparación para el más allá? Pues los documentos no son más que una preparación para tener listos los que serán necesarios allá."

¡Documentos, papeles hasta en el cielo! ¿No recuerda también esa advertencia las vicisitudes de Marut en torno a su nacionalidad, el desenlace de su vida en Alemania, la huida con pérdida de la casa, de cuantos son bienes utilitarios ligados a la vida rutinaria y su búsqueda de un país lejano donde pueda llegarse sin la presión del sistema?

Ha tomado circulación la especie de que Traven estuvo en México, sin radicarse aún, en 1913, y que entonces entró al país por Mazatlán, puerto totalmente opuesto al de Tampico, pues se encuentra en el Pacífico. Esto sería antes de que estuviera actuando en el teatro en Alemania, donde, como Marut, se le halla en 1914.

También se me ha dado la versión de que Traven entró a México en 1922 por Tampico, Estado de Tamaulipas. En cualquier caso estuvo en Tampico desde donde comenzó a abrir paso a sus andanzas por la región de las Huastecas.

Al llegar a la República Mexicana trabajó en lo que pudo, con sus manos, como los obreros, cuyas vidas quiso siempre contar. Pidió trabajo a la empresa petrolera El Águila. Se lo negaron. Tomó pico y pala y formó parte de las cuadrillas de trabajadores manuales. Allí le decían el Sueco y el Gringo, por sus ojos azules y su pelo rubio.

En mis relaciones con el hogar de los Traven nunca he querido plantear ante él o ante alguien de su familia una cuestión harto delicada a estas alturas -en este otro México que perfecciona su administración burocrática y legal-: ¿por qué no decir ya claramente cómo llegó Traven a México, y por dónde? Antes de formularse esta pregunta que ha de estar en la mente de todos los que pudieran o quisieran desentrañar enteramente el misterio, conviene recordar que Traven Torsvan hizo una declaración para obtener su nacionalidad mexicana en 1951; que ahí dice que ése es su nombre, nacido en Chicago en 1890 y de antigua nacionalidad norteamericana. Quizá ahí diga también que entró a México por primera vez en 1914, por Ciudad Juárez, del Estado de Chihuahua, población fronteriza apenas separada de la texana de El Paso por el Río Bravo. De haber entrado por tierra a México, querría decir que probablemente llegó al continente americano en un barco que lo dejaría en Nueva Orleáns, Estados Unidos, terminal del que lo abandonó en Amberes. En fin, lo más aceptable parece ser que se embarcara en Tampico.

La desaparición de antecedentes en las fluctuantes ciudades fronterizas mexicanas en aquellos tiempos es tan natural como que se hubieran perdido en el terremoto de San Francisco.

Una confesión de Traven Torsvan, que reconociera plenamente cuanto aparece en su historia más o menos exageradamente, no es probable en vista de esta cuestión legal. Y no solo por ese aspecto, sino también por el respeto que tiene a México, jamás podrá Traven explicar cuanto pudiera parecer burla o estratagema a fin de obtener su radicación, aunque para un revolucionario que necesita cubrir su pasado lo segundo resulte absolutamente necesario.
 

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