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Traven, misterio sin misterio En octubre de 1966 publiqué en la revista mexicana Siempre!, número 695, un reportaje titulado Siempre! revela, al fin, el misterio literario más apasionante del siglo, y presenta al mundo a B. Traven. Quién es, cómo es, cómo vive y cómo piensa el extraordinario novelista hecho leyenda. Por primera vez un periodista podía decirle al público éste es B. Traven, esto es lo que me ha dicho, sin que el famoso autor envuelto en el misterio, o alguien con poderes suyos, lo desmintiera. Carecía aquel primer reportaje de la fotografía de Traven -que otro siguiente ya mostraría de tal forma enriquecido- y prescindía, además, de una referencia al domicilio del escritor en la ciudad de México, donde yo habíale entrevistado y examinado cartas y documentos propios de sus relaciones con los escritores y con la prensa del mundo, que inserta frecuentes críticas a su vasta y apasionante obra. La imagen física del rostro de Traven la proporcionaba entonces con un grabado del busto, a la sazón casi terminado, que le hacía su amigo el escultor Federico Cannessi, pues Traven es enemigo de la fotografía personal y de toda otra manifestación publicitaria. Si uno quiere encontrar abierta la puerta de su casa, debe dejar la cámara fotográfica en la calle, como yo hice. Pero Traven no se opuso a que publicara la fotografía del busto destinado a ocupar un lugar en el pequeño jardín de su casa mexicana. Aquél es el busto de un hombre a quién sus amigos de México, sabiendo que se trata de B. Traven, mencionan siempre como Hal. Porque es la misma persona que en algunas ocasiones ha firmado papeles y ha tratado asuntos, en calidad de representante de B. Traven -como, por ejemplo, la filmación de alguna de las películas basadas en novelas de Traven-, bajo el nombre de Hal Croves. La identidad de Traven, cosa útil para críticos y bibliógrafos, sería más fácil si sólo estuviese limitada a este dualismo. Pero la historia que circula entre indicios que parecen inobjetables y otros que resultan concordantes o fantásticos, hay nombres que hacen mucho más difícil convenir irrefutablemente sobre la misma persona a la que, sin embargo, todos convergen. Unos se aproximan a la definición actual y literaria del personaje conocido como Traven Torsvan, que declara haber nacido en Chicago a los efectos de la actual ciudadanía mexicana -por naturalización-, y otros parecen alejarse de él, como el alemán Richard Marhut, simplificado en Ret Marut, actor, director de teatro, escritor, editor y revolucionario. Hay quienes remontan la identidad hacia un estudiante de teología llamado Charles Trefny, de una universidad alemana. O bien la ponen bajo ciertos seudónimos ocasionales que alargan la fantasía, prolongan la duda y añaden motivos más que sobrados para el intento de unir una obra literaria de grandes resonancias mexicanas con su verdadero y único autor. Así se ha supuesto igualmente que un combatiente internacional de la guerra de España, allí caído bajo el seudónimo de Ziegelbrenner- nombre de una publicación alemana anterior a la I Guerra Mundial, durante ella y hasta 1921-, era también B. Traven, o al menos uno de los Traven que ciertos pesquisidores no desechan totalmente. Del mismo modo se ha presupuesto que la obra de Traven es producto de un equipo de mexicanos, de quienes haría cabeza la representante visible y traductora de los libros al español, la señora Esperanza López Mateos, o solo ella. El lector de las ocho novelas que siguen a estas notas, advertido o no del aspecto impreciso de la personalidad del autor, tendría suficiente con vivir las aventuras marineras o de los buscadores de oro; los dramas de las monterías en las selvas mexicanas y de los indios oprimidos, para comprender que su realismo ha sido prendido y devuelto a las páginas por un hombre cuya imaginación tiene la virtud y la capacidad de la recreación de gentes, cosas y latitudes que se antojan fantásticas. Empero son reales con el fluido de un relato literario excelente y de un sentimiento que manifiesta la actitud del autor en la vida. Forzosamente ha de preguntarse también quién es ese hombre, cuál es su aventura. Y entonces llega a la novela del autor de la novela. Durante muchos años. la identidad de B. Traven ha sido -y todavía lo es- motivo de pesquisas y de sensacionalismo, donde el interés literario subyace en aras de esclarecer las incertidumbres crecidas sobre su persona, tan legendaria como la de sus propios personajes. El lector de su obra comprende entonces por qué se ha desatado, sobre todo en Europa, y más especialmente en Alemania, la búsqueda en casos minuciosa, infatigable, con dispensa de mucho tiempo y de dinero, de un Traven físico que un día dijera: "Sí, señores: yo soy Traven con todos los riesgos y todos los méritos." Pero Traven evita una declaración semejante y prefiere dejar correr las aguas incluso cuando se enturbian con indicios o suposiciones que pudieran no favorecerle. Porque menosprecia la publicidad y se aferra a principios de independencia personal. ¿Solo por eso? También, probablemente, porque su vida misma, como la de algunos de sus personajes, se encuentra entretejida y cosida en circunstancias creadoras de personalidades públicas diversas sobre una misma individualidad real, cuya imagen circunstanciada respectiva prefiere no destruir sino fusionar con cada contingencia y momento. Quizá crea que vive en un mundo impreparado para resistir reconocimientos científicos o sinceros sobre la presencia y existencia distintas de un hombre que siendo uno, fue siendo otro al paso del tiempo. Pero que es relativamente el mismo bajo la presión de las formalidades a las que debe apariencia y una cierta adaptación. La seguridad de que B. Traven -y no Bruno Traven, como aparece en algunas ediciones, diferencia que indica en el segundo caso, un origen pirático- vivía o había vivido en México, nace de sus libros, inequívocamente situados, con excepción del primero El barco de los muertos, y el último, Aslan Norval, en la Huasteca petrolífera mexicana (sobre el golfo de México), como Rosa Blanca; en las serranías metalíferas de este país, como El Tesoro de la Sierra Madre; y en las selvas del Sudeste, muros de caoba y de chicle, de cafetales y de indios engarzados a un hábitat socialmente opresivo y naturalmente hostil, como en La rebelión de los colgados y en El general (Tierra y Libertad). Esta última región también le inspiró un estudio antropológico titulado Tierra de primavera, publicado en 1928 y que consta de seiscientas páginas. Cuantos han salido a buscar a Traven han venido a México. No era posible, ni en las más grandes capacidades de ficción por cosas transmitidas, que un autor pudiese conocer los lugares, los ambientes, los seres y sus almas como él los retrata. Y debía de ser un extranjero, enraizado por la posesión de tan profundos conocimientos, pero no tan absorbido por lo cotidiano, como para desecharlo como insignificante, defecto o virtud de escritores nacionales mucho más inclinados a tocar un interiorismo del ser, un subjetivismo de la manera de ser, que a la descripción de cuanto por sencillo y común les parecía acaso intrascendente. Traven, como escritor que llega, hace descubrimientos simples que resultan asombrosos a una mentalidad ajena. Su narración contiene las cosas de la vida, más de una vida que se halla en el polo opuesto de la sociedad organizada y desarrollada de los mundos modernos y que, sin embargo, coexiste en ese mismo mundo, formada por islotes de exotismo y de injusticias, de sentimientos primarios y puros, y de rebeldías naturales. Constituyen así una explosiva y cautivadora sorpresa que convierte en excepcional, sugestivo, fascinante, el acontecer diario. ¡Pero qué acontecer! Seres enrolados en esa especie de levas que los arrancan de sus casas y familias y los hacen esclavos sin escape en las monterías cerradas por los bosques selváticos, los animales y los hombres que apenas han salido de su condición animal; desbocamiento de la naturaleza que crea la delicadeza de las orquídeas, las lluvias sin fin, los torrentes sin freno; sobrevivencia de grupos étnicos con nostalgias históricas, resistentes a la aculturación y al mestizaje; rapiña de los descubrimientos y conquistas en territorios que ya se dan por descubiertos y conquistados; gemidos cuya audición no permiten distinguir al ser humano del animal; excitaciones del dinero, el alcohol y el sexo sin las simulaciones ni la delicadeza de las sociedades modernas; furia de capataces mestizos y extranjeros... Virtud de la narrativa que fue mucho más exaltante al principio en lectores no mexicanos que en México mismo y que situaba a Traven en los niveles de esa literatura vaporosa, entre lianas vegetales y humanas, del drama latinoamericano donde han descollado, para su mismo tiempo, Eustasio Rivera, con La Vorágine o Rómulo Gallegos con sus novelas de la región del Apure. La precisión del relato en Traven no es una mera transposición de cuanto pasa y él ha vivido o sabido muy cerca de las fuentes de los sucesos, dentro de las telarañas del drama, por transmisión de quienes fueron o podían haber sido protagonistas. Se encuentra todo vertebrado con una tendencia -inevitable en la obra de creación, pues la objetividad contiene la tendencia ineluctable de los hechos hacia un desenlace real o imaginado- que en Traven es una afiliación a la causa de los pobres y explotados: los indios, bien en las fronteras del mestizaje, bien casi impermeabilizados a la aculturación dentro de sus zonas marginadas del que en otras partes es impetuoso desarrollo contemporáneo de México. Esa contemporaneidad contiene, empero, la desigualdad de zonas todavía marginadas, en las cuales vive aproximadamente un diez por ciento de la población. Las novelas de Traven han tomado partido, en su contextura de realidad pura o de realidad imaginada, dentro de una lucha de sobrevivencia y frente a la voraz conducta de las explotaciones primarias del hombre y de los recursos naturales. Así se pone al lado de una parte de la nación -sus ingredientes étnicos y culturales prehispánicos- frente a los ladinos [Mestizos que hablan y escriben el español. Ladino es corrupción de latino.] que ocupan el lugar del amo o lo representan y frente a los extranjeros en un mundo donde no se conocen las leyes sociales, sino la del más fuerte. Desgrana Traven la convulsión buscándole el contexto del inicio de la Revolución Mexicana, en 1910 -como en La Rebelión de los Colgados-, contra la dictadura de Porfirio Díaz; de la dominación de las compañías extranjeras que controlaron la riqueza petrolera de México hasta la nacionalización de 1938, como en Rosa Blanca; y de los buscadores de oro venidos de allende las fronteras, como en El Tesoro de la Sierra Madre. Adopta siempre, por decirlo así, un "partido mexicano" en el conflicto. Si éste es entre mexicanos de diferente origen en la formación histórica nacional, y en regiones donde el origen aún es un debate determinado por la posesión de los bienes -cual sucede en las regiones de Chiapas, ejemplo de islotes de comunidades indias tzeltales y tzolziles, vulgarmente conocidas con el nombre de una de sus tribus, los chamulas-, se sitúa claramente al lado de los indios. Más que a México, o antes que a México, tan cerca del problema que es el problema mismo, la narrativa de Traven causa una atracción masiva en el extranjero, y nos revierte despertando un progresivo interés que hoy multiplica sus ediciones en lengua castellana. Parejamente también vino de afuera el interés primero por el autor, muy particularmente de investigadores literarios o periodísticos de Alemania, por la creencia y los indicios, de muy difícil desplazamiento en ese país, de que Traven es un alemán o al menos un hombre que ha vivido en Alemania y participado destacadamente en su vida social. Todo lo cual parece Traven empeñado en olvidar como tantas cosas de su pasado. Aparte el indudable origen extranjero de Traven, su obra ocupa un
lugar en la creación literaria mexicana y latinoamericana. Aquí
teníamos al autor. Aquí lo tenemos. Sus libros se han traducido
a muchos idiomas, incluso antes de que fueran publicados en México.
De las novelas de Traven se han hecho quinientas ediciones en treinta y
seis idiomas y sus ejemplares se han vendido por millones en todo el mundo.
Algunas, llevadas al cine (El tesoro de la Sierra Madre, La Rebelión
de los Colgados, Canasta de Cuentos Mexicanos, Macario), han
popularizado los temas y personajes que ahora tenemos por delante en esta
primera edición española.
El auge de la novelística "traveniana" provocó también en México la legítima preocupación por la identificación del autor. El misterio bajo el cual se cubría la avivaba. Al conocerse sus obras solo se sabía de quien entonces lo representaba, Esperanza López Mateos, inteligente mujer mexicana. Con ella trataban los editores. Luis Spota, reportero mexicano de abolengo, escritor, publicó en 1948 (Revista Mañana) los resultados de su "cacería" periodística de un personaje al que presentó como B. Traven. Éste vivía gran parte del tiempo en el puerto de Acapulco, entonces sin las resonancias turísticas internacionales que hoy goza -o padece-. Se alojaba en una casita del llamado parque Cachú, de las hermanas María de la Luz y Elva Martínez. Aunque aquel extranjero mantenía un cuarto en un hotel de la ciudad de México, vivía largas temporadas como pensionado de la familia Martínez. Recibía la correspondencia en el apartado de correos número 49 del puerto. Sobre esa caja postal puso Spota sus ojos y su cámara. Siguió al personaje en sus viajes por el correo. ¿Tenía a Traven en sus manos, y el misterio hecho pedazos? Después de la aparición del reportaje de Spota, el hombre que vivía en el parque Cachú envió una carta a la misma revista negando que él fuera Traven. Él era Hal Croves. Frente a la afirmación de que Traven es Hal Croves, como primera persona de una dualidad literaria, la revista Life publicó, el 15 de marzo de 1948, una carta de Traven negando que fuera Hal Croves. Sin embargo, Hal Croves y B. Traven parecen ser la misma persona. Croves, el Hal del círculo de sus íntimos, posee la continuidad del esfuerzo literario de Traven, todos los papeles y relaciones con los editores, que yo he visto en su domicilio de la capital mexicana. La necesaria aparición pública y física de Hal Croves está determinada por la filmación de las películas de las obras de B. Traven. Croves escribe el guión, dispone sobre él, supervisa el rodaje de las películas. Un periodista de la provincia, Tito Gallegos Sobrino, que editaba el modesto periódico Voz, en Tuxtla Gutiérrez, capital del Estado de Chiapas, se acercó al grupo que en enero de 1954 llegó a tierra chiapaneca para realizar la película La Rebelión de los Colgados. Fue camarógrafo Gabriel Figueroa, primo de Esperanza López Mateos, la traductora y representante de B. Traven, muerta por suicidio en 1951. Emilio Fernández, el Indio, director de la cinta, dijo al periodista: "Yo creo que Traven es ese gringo. Es el autor del guión cinematográfico de La Rebelión de los Colgados, y además representante del autor. Pero quien te puede dar más datos es Gabriel Figueroa, pues, como has de saber, Gaby es primo de Esperanza López Mateos, traductora autorizada de Traven." Figueroa, quien se conserva entre los íntimos de B. Traven y de su esposa, Rosa Elena Luján, no le dio ningún detalle y se limitó a responder afirmativamente: él también creía que aquel norteamericano huidizo y solitario era Traven. El fotógrafo Nabor Yáñez, también de Chiapas, logró tomarle una fotografía, que el 6 de febrero de 1954 apareció en el seminario chiapaneco Voz, con la presentación, aún dudosa, que Tito Gallegos hacía sobre la posibilidad de que al fin hubiera sido descubierta la identidad del gran novelista. El mismo Gallegos cuenta cómo a duras insistencias, oyó decir a quien se presentaba como Croves: "No obstante el gran interés y el gran cariño que Traven ha demostrado por México, [México] no le hace suyo. En otras naciones, como ha sucedido con otros escritores, ya hubiesen ofrecido a Traven la nacionalidad como premio a su labor." No he oído a Traven una queja semejante, pero de ser real esta afirmación podría estar dentro de un esquema propio a la compleja personalidad del autor, que viviendo bajo diversos nombres ha debido considerarse una especie de apátrida legal, en su consistente y perdurable enemistad hacia los nacionalismos estrechos. Sin embargo, aquel personaje de la fotografía hecha en Chiapas en 1954, estaba nacionalizado mexicano desde 1951 y con su nombre de Traven Torsvan, que es el que tiene, aunque para referirnos a él siguiéramos llamándole Hal entre quienes estábamos en un secreto que ya no lo es. A raíz de mi reportaje sobre Traven en Siempre!,
conteniendo la primera entrevista con el mismo personaje que en otras ocasiones
había negado que él fuera Traven -en el caso del reportaje
de Spota y a la revista Life- o al menos dando a entender
que Traven era alguien distinto a Hal Croves, el mismo Gallegos recordó
su insegura aproximación a Traven, en 1954, cuando ya estaba cierto
de que era la misma persona, describiéndolo así:
Esos trazos se acercan a la realidad que yo conocería cuando
Traven me concedió, a ciencia y paciencia de que hablaba con un
periodista, a los que siempre rehuía mostrándoles hostilidad,
la primera entrevista del género. No la negó viéndola
publicada, ni tampoco hizo aclaraciones, sino que habíala conocido
previamente. Fue el trato de la confianza que yo había obtenido.
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