Publicamos por razones evidentes de interés la respuesta que el señor
Pello Salaburu dirigió a nuestro compañero Alex García a propósito del artículo
de éste “Bolonia
para los hijos de los asalariados”.
Respuesta del señor Pello Salaburu a Alex García
Estimado amigo Alex:
He leído con interés y detenimiento el escrito que me ha enviado.
Si le digo la verdad, nada de nuevo he encontrado en él. No tengo intención de
contestar a todos y cada uno de los puntos, porque son demasiados, y demasiado
generales, además. Sabe usted que el primer requisito para avanzar en una
discusión científica es la concreción. Cualquiera que se haya interesado por
estos temas (si por interés se entiende algo más que leer artículos y
entrevistas de periódico, o discutir en un café) encontrará suficiente material
(libros, revistas, red) que le ayudará a entender muchas de las cosas que ahora
se confunden. Pero haré alguna observación. La primera, para agradecerle que se
haya tomado la molestia de leer mi artículo.
Yo no sé si tengo conciencia de clase, ni de qué clase (y arranco
con este comentario, porque usted también inicia así el suyo). Sólo sé que para
poder pagarme los estudios tuve que trabajar en un taller durante la carrera
desde las 6 de la mañana hasta las 2 de la tarde, porque mi familia no me podía
pagar la universidad. Aquello de la conciencia de clase lo experimenté en carne
propia, sin libros de por medio, aunque también leí libros sobre el tema,
faltaría más, era lo único que se leía. Celebro que esto haya cambiado ahora y
que el acceso a la educación superior se haya generalizado. Es un gran avance
de la sociedad. Pero aquella situación, de verdad, no se lo deseo a nadie. Hace
una referencia al modelo “idílico” norteamericano, con una referencia a
créditos de 20 años. No es cierto, sin más, lo que usted afirma. Se lo dice una
persona que cree conocer razonablemente bien aquel sistema, porque ha recorrido
algunas de sus mejores universidades (siempre con becas, por supuesto, mi
familia seguía sin poder pagarme los estudios) y ha dedicado muchas horas a
estudiarlo con detenimiento. Se trata del mejor sistema universitario que
existe en el mundo pero que no es idílico para los alumnos, porque tienen que
trabajar duramente para poder acabar con éxito los estudios. Esto no es una
opinión, sino un hecho, que nos puede gustar o no, pero un hecho, aunque a
veces no distingamos bien la frontera entre opiniones y hechos.
Sobre el proceso de Bolonia se podrá decir lo que se quiera, pero
lo mínimo que es exigible a una crítica es que no atribuya características
inexistentes a lo que desea criticar. Esto es lo que sucede aquí. Se podrá
tener miedo de que la universidad se privatice o no, pero ese tema es
independiente de Bolonia. No encontrará nada de eso en lo que se llama “proceso
de Bolonia” que es muy anterior al “Acuerdo General sobre Comercio y Servicios”
que cita. Tampoco encontrará nada en Bolonia sobre esas 63 titulaciones cuya
desaparición teme. Por cierto, en ese sistema que tan poca confianza le
inspira, el de EEUU, encontrará usted centenares de titulaciones, tan
agresivamente comerciales como “Estudios africanos”, “Estudios de la mujer”,
“Estudios étnicos”, “Educación especial para minusválidos mentales”, “Educación
sobre el Arte”, “Educación musical”, “Griego antiguo y medieval”,
“Humanidades”, etc. (se trata de titulaciones, no de
asignaturas sueltas. Las asignaturas pueden ser mucho más llamativas). El hecho
de que el gobierno español haya estudiado la posibilidad de reordenar las
carreras y trabaje sobre documentos que contemplan la desaparición de unas
cuantas (eso es lo único cierto hasta el momento) no está necesariamente
relacionado con Bolonia. Desde el punto de vista de los documentos aprobados en
las distintas convenciones europeas, el número de titulaciones es completamente
irrelevante en el proceso. Y le recomiendo la lectura de documentos escritos
también por alumnos (hay uno bien interesante publicado por tres estudiantes,
cuya referencia le puedo facilitar. Está en inglés).
Habla usted de privatización y se sacude unas declaraciones del
rector Vázquez, presidente de la CRUE, mezclando de nuevo churras y merinas
(¿qué tendrá que ver esto con Bolonia, si Bolonia no habla de ello?). Sin
embargo, le voy a decir una cosa: el sistema español, y el de las matrículas
bajas, en general, bastante común en Europa, es uno de los sistemas más
injustos y perversos que existe. La razón es muy clara: un estudiante que
pertenece a una familia que gana 100.000€ al año paga exactamente lo mismo que
un estuante cuya familia gana 20.000€. Lo mismo paga quien vive en Otxarkoaga en un piso de 80m2 que quien vive en la Gran Vía
en uno de 300m2. Lo mismo quien difícilmente tiene un coche de segunda mano que
quien tiene un Mercedes con chófer. Lo mismo quien en verano se tiene que quedar en un
pueblo de la Rioja que quien pasa sus vacaciones en un Crucero. Para colmo: una
familia que no puede enviar a su hijo a la universidad por carecer de medios y
tiene que emplear a su hijo de electricista o a su hija a limpiar casas, contribuye
también con sus impuestos, de forma importante, a que el dueño de esa camisa
que acaba de planchar su hija acuda a la universidad, a un coste muy reducido
¿es esa la universidad social e igualitaria que quiere la izquierda? Yo, desde
luego, tengo un concepto de igualdad radicalmente diferente. Este sistema está
contribuyendo a que las familias más pudientes destinen porcentajes bajísimos
de sus ingresos para que sus hijos puedan estudiar y, de paso, el día de mañana
se vean más beneficiados
precisamente porque otras familias con menos recursos les han facilitado los
estudios.
Por supuesto, este es un tema delicado, y hay otros argumentos de
muchísimo peso para elevar de forma sustancial los precios de las matrículas en
las universidades públicas. Pero nada de eso se debería hacer, eso lo tengo tan
claro como todo lo anterior, si no se reformula de forma radical el sistema de
becas. Lo ideal sería que el de Otxarkoaga pagase una
cantidad módica al final, y el de la Gran Vía estuviese mucho más cerca de los
6.000€ que realmente cuesta ese servicio. Eso se soluciona si la matrícula es
igual para los dos y el de Otxarkoaga tiene una beca
de 5.600€. Esa es la auténtica transformación social de un servicio que,
además, no es ni será nunca –por propia definición- universal. Como ve, en eso
concuerdo exactamente con usted: quien quiera estudiar una carrera no debe
encontrar obstáculos de tipo económico (habrá otros, por supuesto: imagine que
de repente todos quieren ser médicos, o periodistas). Sólo que la forma de
garantizar ese deseo (no sé si es un derecho) se puede articular de distintas
formas. Mi propuesta, aunque aparentemente esté más cerca de lo que llama
privatización, es mucho más igualitaria, no tengo la menor duda. Esto cambiará,
no lo olvide, el día en que el hijo del dueño del Mercedes, y el hijo del chófer
del Mercedes que conduce su padre, paguen dos cantidades radicalmente
distintas. Por supuesto, una matrícula baja o gratuita garantiza exactamente lo
contrario. Y, de nuevo otro “por cierto”: en ese sistema tan
extraordinariamente caro como el norteamericano, alrededor de un 70% de
estudiantes tiene beca.
No voy a discutir otras afirmaciones de su escrito: quien
realmente sabe diferenciar entre clases magistrales y trabajo realizado en casa
o en la biblioteca es la persona que lo ha experimentado, así que no voy a
intentar rebatir un sistema más o menos desordenado de creencias con argumentos
bien fundados, porque sé que de nada sirve. Los mayores tenemos la ventaja de
no ser lo suficientemente jóvenes como para saberlo todo. Y yo sé pocas cosas.
Pero aprendí hace mucho tiempo que no puedo criticar que un edificio tenga 200
pisos, y organizar una huelga contra eso, si resulta que el edificio no tiene
más que dos. ¿Y si se nos hubiera olvidado contar?
Muchas gracias de nuevo por su atención, y un saludo cordial
Pello Salaburu