|
|
![]() |
|
|
|
|
Por: A. Friedich, 7/Noviembre/2002 |
|
En América Latina hemos observado, en los últimos años, un avance de la izquierda, en Perú fue electo Alejandro Toledo; en Venezuela el populista Hugo Chávez; en Ecuador el exmilitar golpista Hugo Gutiérrez y en Brasil el dirigente del Partido de los Trabajadores Luis Inacio Lula Da Silva. El populismo crece en el sur del continente y una de las causas de este resurgimiento es la necesidad para los marginados de una esperanza, como única posibilidad de continuar en la azarosa lucha cotidiana por conseguir el sustento para sus familias. Así el populismo se ofrece como alternativa fácil al libre mercado. Las clases medias ven en sus bolsillos al mercado financiero como algo distante, lejano e incluso irreal. La población no ha visto mejoras en su nivel de vida en los últimos años. La falta de proximidad del libre mercado hace que la población lo perciba como un paraíso económico perdido con un mensaje hueco sobre los beneficios de la globalización. No es un discurso accesible para las clases populares y las cuales constituyen la mayoría del electorado en los países en vías de desarrollo. Los resultados de la elección presidencial brasileña demuestran que la política es un fenómeno local, sin duda, los medios de comunicación globales y los locales se convierten en útiles aliados de los zares financieros del mundo en las campañas políticas. En Brasil el candidato del Partido de los Trabajadores Luis Inacio Lula Da Silva fue presentado como un futuro adalid de un socialismo superado y como próximo aliado de Fidel Castro y de Hugo Chávez. En un posible eje maligno del populismo. En el caso brasileño los intereses del capital mundial, a través de la especulación financiera, hicieron su campaña proselitista, a favor del candidato oficialista, basada en el miedo a una crisis financiera. Sin embargo, las transnacionales tienen la desventaja, en el juego democrático nacional, de la imposibilidad de ofrecer esperanza a una sociedad cada vez más golpeada por el hambre y el desempleo; carecen de una expresión tangible para el pueblo. No cuentan con una voz y una palabra creíble para los más necesitados. Por su parte en México los procesos electorales de Coahuila y Guerrero nos hablan de mapas políticos basados en expectativas locales, sólo un mal candidato o uno bueno son la diferencia para los electores. En México avance de la izquierda Sudamericana hace florecer ilusiones a los perredistas de un futuro triunfo, algunos sectores del Partido de la Revolución Democrática ven renacer las posibilidades del ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas en una cuarta campaña electoral, otros cultivan la probabilidad de un triunfo electoral del Jefe de gobierno del Distrito Federal. La Jefatura del Gobierno capitalismo ejerce un populismo insípido, basado en encuestas indescifrables, con promesas intransitables y reverencias democráticas falsas. Tantalea mediante las encuestas la opinión de supuestas acciones de gobierno, lo cual refleja una administración sin rumbo fijo, con la certeza de acomodar los resultados de sus instrumentos a sus devaneos democráticos y sus fines personales. Un populismo galopante como el de Andrés Manuel López Obrador sólo puede germinar dudas sobre su capacidad de gobierno y generar certeza de su profunda irresponsabilidad. Hace su precampaña presidencial disfrazando en acciones populistas a costa del erario del Distrito Federal la ciudad de la esperanza puede ser la luz cegadora de las promesas fatuas. Las posibilidades de Andrés Manuel López Obrador son el espejismo de la participación y del ilusionismo democrático al cual es afecto. Su gobierno recurre al
populismo irresponsable con su programa de otorgamiento de recursos
a las personas de la tercera edad, su popularidad se basa, en
el otorgamiento de dádivas, carece de imaginación
para impulsar un programa económico innovador. Su incontinencia declarativa lo tiene en los medios electrónicos todos los días, es un brillante demagogo, la salida fácil está en sus labios; sin embargo, la capital padece su incompetencia ante el crimen organizado. El futuro que promete es el endeudamiento y el populismo. Si la esperanza es una ilusión, él es el irresponsable de truncarla. No se trata de regalar dinero, es necesario crear empleos. Las dudas adquiridas por el gobierno de la capital la pagarán los ancianos con inflación y sin la posibilidad de obtener recursos para satisfacer sus necesidades. Las alternativas para el Distrito Federal son: fortalecer las finanzas públicas y generar sistemas más justos para pensionados y jubilados. Los mitos y las leyendas de un futuro basados en el endeudamiento y la ineficiencia burocrática sólo lograrán la desilusión, es teñir de amarillo al priísmo populista del Distrito Federal. |
|
|