El
Centro Andaluz de Arqueología Ibérica
descubre que el enterramiento ibero
de Hornos del siglo VI antes de Cristo, pertenece a una casta
aristocrática, que realizaban sacrificios humanos, de carácter ritual, en el que cuando un hombre fallecía, la mujer
era sacrificada junto a su marido.
La
investigación de estos restos, en la que ha colaborado la
Universidad y la
Asociación de Amigos de los
Iberos, ha tenido
una inversión de 30.050 euros,
aportados tanto por la Junta como por el Ayuntamiento, a lo
que se une el material y el equipo humano que ha intervenido,
y entre los que se encuentran siete arqueólogos, y
arquitectos.
Según uno de los directores del
estudio, Manuel Molinos, el túmulo funerario excavado en la roca natural, --siglo IV
antes de Cristo--, en forma de tambor circular con dos
niveles, que contaba además con un camino de acceso. En su
cúspide se levantó un altar de forma cuadrada donde se colocó
una gran pira funeraria con madera de pino y lentisco como
combustible, que al arder alcanzó una temperatura próxima a
los 800 grados centígrados, según se pudo extraer de las
investigaciones. Durante la excavación se
halló un hipogeo y dos urnas funerarias, además de puntas de
flechas y alimentos, sobre los que se realizaron una serie de
analíticas paleoambientales, análisis de paleodietas, análisis
osteológico y químico, además de arqueología de campo y
laboratorio.

Manuel Molinos,
en la foto observando las urnas con Arturo Ruiz al fondo, dedujo que sobre la
pira se colocaron los cuerpos de un hombre de 30 años y los de
una mujer de algo más de 20, que fueron incinerados
simultáneamente y cuyos restos fueron colocados en urnas. Mientras el hombre presentaba "un envejecimiento
prematuro",con diversas enfermedades, como osteoporosis y
anemia por una pobre alimentación, basada en vegetales, y
había sufrido varios traumatismos "como la rotura de varios
dientes", la mujer estaba en perfecto estado de salud, "de lo
que se deduce que la mujer no tenía ninguna dolencia y que, en
el momento de fallecer su marido, fue sacrificada junto a él,
al modo de los ritos hindúes, y tenemos prácticamente la
certeza de que fue de esta forma".
"Además, las
cenizas se encontraban mezcladas, de lo que se deduce que la
cremación se produjo al mismo tiempo", indicó Molinos, ya que
además "es notable y reconocida la influencia que sobre la
primera época ibera ejercieron los fenicios y las culturas
orientales".Agregó que este tipo de prácticas desaparecieron
en el siglo IV antes de Cristo, explicó además que entre los
restos de un "ajuar no especialmente rico", se hallaban restos
de alimentos vegetales y animales, --cabrito, ciervos,
cerdos--, cereales, de lo que "se desprende el tipo de dieta
que tenían los iberos de la primera época, con un escaso
consumo de leche".
Según Arturo Ruiz, Director del Centro de Arqueología
Ibérica y fundador de la
Asociación de Amigos de los
Iberos, el hallazgo de este hipogeo, "nos ha dado una visión
novedosa y una aportación muy rica sobre la arquitectura
típica y sobre la vida cotidiana como su dieta, durante la primera época
ibera a través de los ritos funerarios, que supone la
transición de los primeros clanes a las sociedades
principescas que posteriormente se desarrollaron durante el
siglo IV antes de Cristo.
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