| Absenta o Ajenjo (artemisia absinthium) | ||||||||||||||||||||
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Todo
indica que el mito de la Absenta vive
una segunda edad de oro. Salvo en El Corte Inglés (donde aún
se considera una bebida totalmente prohibida), en las licorerías, en
los bares de "chupitos" y en otros establecimientos del gremio hostelero,
puedes hacerte con una botellita de "El Hada
Verde" (La Fee Verte), nombre bajo el cual se conocía
a la absenta en el París del s.
XVIII y XIX. Incluso los dominicales de la prensa ibérica le han dedicado
su merecido espacio.
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Como
hemos podido comprobar, sus efectos en el ser humano inquieren una belicosidad
y efectos traumáticos desmesurados. No sólo Alfred Jarry
fue víctima de los "efectos" de este licor espirituoso. "El
Hada Verde" fue la musa de muchos de los artistas de la bohemia
parisina: Rimbaud, Verlaine, Van Gogh, Baudelaire, Lautrec, Manet, Victor
Hugo e incluso Oscar Wilde utilizaron la absenta
de modo frecuente por sus estímulos creativos.
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Según
la tradición, el nombre primitivo de la absenta fue el de Parthenis
absinthium, pero la diosa griega de la castidad recibió tantos
favores suyos que le dio su nombre, conviertiéndose así en Artemisia
absinthium.
Su sabor amargo es proverbial y absinthium significa "desprovisto
de placer". El
ajenjo era considerado como el gran remedio de los grandes males. Se utilizó
para curar anginas, para prevenir la embriaguez y sanar las mordeduras de
ratas y ratones. Se le atribuyeron propiedades aperitivas, es decir: abre
el apetito, y se utilizaba como tónico estomacal. Como
cualidad mágica, el ajenjo se colgaba en las puertas para mantener
alejado al diablo y a los espíritus malignos. En la Edad Media, las
brujas empleaban la artemisa en sus pócimas, encantamientos y hechizos
para ahuyentar a los seres malignos y a los demonios. Pero pasemos a lo que
creo que consideras de mayor interés.
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A partir de 1850 comenzó a cundir la alarma sobre las consecuencias derivadas de la absenta consumida de forma abusiva. El licor fue inventado en Suiza, en 1792, por el doctor francés Pierre Ordinaire. La destilación de las hojas y los tallos del ajenjo hace que se desprendan las betatuyonas, cuya intoxicación produce el síndrome denominado absintismo, el cual se caracteriza por la correspondiente adicción, hiperexcitabilidad, convulsiones, alucinaciones, deterioro del sistema nervioso, demencia y, finalmente, la muerte. El hecho de que la bebida estaba asociada a la vida bohemia de los artistas contribuyó a que aumentara el temor sobre sus perniciosos efectos. |
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