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LA MESTA (OBRA DE JULIUS KLEIN).

1-Organización.

Orígenes.

     Desde antes del Imperio Romano, España ha tenido una floreciente ganadería lanar y una vida pastoril generalizada.

     La primera raza de ovejas en España fue la churra (lana marrón y larga), que fue casi totalmente sustituida en tiempos de los Reyes Católicos por otra raza, la merina (lana blanca y corta), introducida por los benimerines (tribu del norte de África), que, además, nos dejaron la mayor parte de la terminología pastoril española.

     Esta raza mejoró y se extendió por el mundo.

     La Mesta se formó para que a estas ovejas no las faltasen pastos verdes (invernaderos y agosteros), ni cañadas donde transitar.

     En la primera parte de la Edad Media, los propietarios se reunían para repartir los mostrencos (reses descarriadas) de los rebaños o hatos trashumantes. A estas asambleas locales se les denominaban "mestas".

     En 1273 Alfonso X reunió a todas las mestas castellanas en una "Mesta nacional", llamada "El honrado concejo de la Mesta", al que concedió una carta de privilegio.

La trashumancia.

     El lugar de paso de los rebaños eran las cañadas. Las primeras fueron reconocidas en los siglos VI ó VII por el Fuero Juzgo visigodo. Eran caminos fijos para el ganado. Las cañadas reales medían 90 varas. Las más importantes son:

o       La leonesa. De León a Extremadura.

o       La segoviana. La más utilizada. Partía cerca de Navarra e iba hasta el Valle del Guadalquivir.

o       La manchega. De Cuenca a las llanuras murcianas.

Las ramificaciones de las cañadas eran conocidas por el nombre de cordeles, de 45 varas y las veredas de 22'5 varas. Había pasos temporales:

     - Cañadas de hoja (discurrían por los barbechos).

     - Cañadas de campo a través (por montes y baldíos).

     Las medidas de las cañadas eran vigiladas por los entregadores para que no se apropiaran de ellas los agricultores de los bordes.

     Las grandes cabañas eran divididas en rebaños de 1000 cabezas para la trashumancia y las reses eran marcadas.

     Los rebaños partían de los agostaderos del norte en septiembre. El viaje duraba un mes hasta los invernaderos. En esos pastos del sur nacían los corderos.

     Se salía después en abril y a mitad del camino se esquilaba y se vendía la lana en las lonjas, entre ellas la de Segovia. Continuaban su camino y en mayo o junio se encontraban de nuevo en los agostaderos.

El mercado.

     En el camino hacia el sur se celebraban ferias o mercados, donde los pastores vendían sus productos y compraban alimentos y útiles.

     La Mesta contribuyó a comercializar la lana merina por todo el mundo (sobre todo Inglaterra y Flandes). Para proteger estos mercados exteriores y que los tuviese España en monopolio, se prohibió la exportación de reses merinas.

     Con los Reyes Católicos se empezó a comerciar con ganado.

     En la época de decadencia de la Mesta se fundó la Compañía de los cinco gremios para monopolizar el mercado de la lana, pero fracasó.

     En el siglo XVIII se dio el golpe definitivo a esta industria al exportar las ovejas merinas al extranjero (Suecia 1720).

Organización interna de la Mesta.

     La Mesta no tenía rebaños propios, sino que era una organización de propietarios de ganado que se caracterizaba por su democracia y su cumplimiento escrupuloso de sus códigos y ordenanzas (prescritos en 1492 y 1511).

     Las reuniones que celebraban eran tres, pero en 1500 aproximadamente se redujeron a dos (enero o febrero en el sur y septiembre u octubre en el norte). En 1740 se comenzaron a celebrar sólo en Madrid.

     Tenían lugar en las iglesias o a campo abierto, en lugares designados por turno por las cuatro cabañas (Soria, Segovia, Cuenca y León).

     Los votos se recogían por cabañas, que ya habían celebrado sus reuniones locales antes. Los cargos se nombraban por sorteo:

     - El presidente de la Mesta era el miembro más antiguo del Consejo Real de Castilla. Vigilaba la gestión interna, presidía las asambleas, era el nexo de la Mesta con el gobierno.

     - Los procuradores vigilaban los tributos.

     - El cuerpo de contadores y receptores se encargaban de la administración.

     - Los alcaldes de la Mesta, o de la cuadrilla, se elegían cada cuatro años y vigilaban el cumplimiento de las leyes y recogían los mostrencos.

     - Procuradores de corte.

     - Procuradores de puertas. Se situaban en las puertas reales para cobrar los tributos a la Mesta y vigilar su exactitud.

     La Mesta estaba compuesta por una minoría de propietarios poderoso (nobles) y una mayoría de pequeños propietarios que eran los que la daban vitalidad.

La administración de justicia.

Orígenes de los alcaldes entregadores.

     Eran funcionarios ambulantes de la Mesta, aunque en realidad o al menos teóricamente, eran funcionarios reales. Pasaron a ser nombrados por la Mesta en 1568, cuando compró el derecho a nombrarlos.

     Su función era judicial y administrativa. Eran el nexo de la Mesta con resto de la sociedad; eran los encargados de solucionar los frecuentes altercados entre campesinos y pastores.

     El entregador principal era El alcalde Entregador mayor.

     En el imperio romano se nombró un juez para hacer justicia en temas de pastoreo, al que se puede considerar el antecedente más remoto de los entregadores.

     En Aragón el cargo similar al de entregador fue el de "el justicia" que era el presidente de la organización aragonesa de ganaderos (La casa de ganaderos de Zaragoza). Administraba justicia en temas pastoriles. Se diferenciaba del entregador en que no era ambulante, visitaba los pastos sólo una vez al año, en que el territorio que administraba era mucho menor, y que podía imponer hasta la pena capital, mientras el castellano únicamente podía sancionar con multas.

     En entregador en Castilla nació con la Mesta en el reinado de Alfonso X. Fue el protector judicial de la ganadería.

     Su sueldo era una parte de las multas que ponía. Tenía que dar cuenta de su gestión en las asambleas. Las Chancillerías (Valladolid y Granada) hicieron desaparecer la figura del entregador, al poderse recurrir ante ellas las multas impuestas por ellos.

El entregador y las ciudades.

     Primero sólo había un entregador por cada cuadrilla o cabaña, es decir, 4. Posteriormente hubo uno por diócesis, y en 1589 se redujeron a dos.

     Los entregadores iban acompañados por una multitud de alguaciles, escribanos...

     Sus funciones eran la conservación en buen estado de las cañadas, abrevaderos y descansaderos. Vigilaban los abusos cometidos en los pastos públicos (roturaciones). Defendían a los pastores de campesinos y de los tributos, detenían a los ladrones. A veces se excedieron en sus funciones al entrometerse en pleitos locales.

     Cuando los entregadores recorrían las cañadas para hacer justicia tropezaban con los impuestos y tributos que ciertas ciudades tenían concedidos cobrar en sus cartas de privilegios locales (sobre todo en el sur), con lo que se ocasionaban frecuentes conflictos.

     El entregador ejercía justicia en los ayuntamientos, acompañado por el alcalde y en tiempos de los Reyes Católicos por el corregidor.

La decadencia del entregador.

     Los últimos Habsburgos estaban arruinados y aceptaban "subsidios", tanto de la Mesta como de las ciudades, a las que como pago las daban privilegios que las fortalecían contra las pretensiones del entregador.

     En 1600 se nombran unos comités para vigilar la actuación del entregador y unos delegados para investigar en las reuniones de la Mesta, con la intención de reducir el poder del entregador. Contra esto luchó la denodadamente la Mesta, por medio del Consejo Real.

     Se le prohibió al entregador tomar parte en los pleitos de cercados, retener la parte que le correspondía de las multas que imponía y se le limitó el sueldo y el número de acompañantes.

     Badajoz, la ciudad ganadera más importante, encabezó la campaña de desprestigio de la Mesta y del entregador. Los nobles y el clero se unieron a esta campaña, e incluso llegaron con amenazar de excomunión a los entregadores si no se sometían a ellos.

     La Mesta hubo de recurrir ante la Sala de los Milquinientos ( en la que el demandante depositaba como fianza 1500 doblos de oro), que dio algunas sentencias a favor de la Mesta e hizo renacer su esperanza, pero con Carlos III, su ministro Campomanes el cargo de entregador desapareció en 1796.

Tributación.

Impuestos sobre el ganado lanar en las regiones mediterráneas.

     En los pueblos mediterráneos (Italia, África del Norte, sur de Francia y España), debido a sus características de relieve y clima la ganadería era trashumante, y al paso por los distintos pueblos y ciudades se exigía a estos rebaños el pago de daños y perjuicios e impuestos de peaje o portazgos. Estas multas eran una fuente de beneficios para las ciudades. El origen de estos impuestos viene unido a la aparición de la ganadería trashumante.

     El montazgo era el impuesto más antiguo. Era una pena usada por las ciudades (lo recaudado era para las arcas locales) para castigar a los ganaderos intrusos en montes y dehesas locales, pero con el paso del tiempo se convirtió en una carga fiscal.

     Los arbitrios eran en principio multas por la transgresión de los derechos de las ciudades.

     Los portazgos (con el tiempo fueron sustituidos por las alcabalas) eran un impuesto a los ganados que usasen las cañadas. Se cobraba en las puertas reales (aunque a veces se hacia en las puertas de las ciudades, con los ganados destinados a la venta).

     También a la corona, por ser su protector le pagaban un tributo anual y una tasa por transitar por sus cañadas.

En todas las regiones se pasa de pagar los tributos locales a pagar tributos a la corona, que se fortalecía cada vez más, menos en Valencia y Navarra, que de pagar los impuestos a la corona se pagarán a las instituciones locales.

Es un sistema antifeudal basado en un impuesto a la propiedad semi-moviente. Estos arbitrios eran la prueba de la constante lucha entre los intereses pastoriles y los agrarios. Como consecuencia de los arbitrios locales surgió la tributación pecuaria impuesta por el poder central.

Impuestos en sobre la ganado lanar en Castilla durante la Edad Media.

     Durante la Edad Media las principales obligaciones en Castilla fueron los portazgos y los montazgos.

La tributación a la corona servía para financiar las constantes luchas contra los musulmanes. Esta tributación a la corona surgió de los tributos locales, cuya recaudación, en lugar de ir a parar a las arcas locales iban a la Hacienda real.

     La recaudación de estos impuestos correspondía a la corona, pero en la práctica los cobraban los nobles y las ciudades, a veces sin el permiso real. El cobro de montazgos se limitó a uno pos jurisdicción para evitar abusos.

A algunos ganaderos que habían ayudado en las tareas de la Reconquista se les libraba de pagar estos tributos por medio de exenciones.

     Alfonso X, en Las partidas, reguló todos estos impuestos y exenciones y limitó el número de puertas reales.

Los arbitrios locales en la época de desarrollo de la Mesta (1273-1474).

     En la primera carta de privilegio concedida a la Mesta en 1273, se asegura a los patronos que los impuestos de montazgo y portazgo sólo podían ser cobrados a las puertas de unas ciudades determinadas, y como máximo dos cabezas de cada mil.

     Los montazgos eran impuestos locales y la corona creó otro impuesto, "El real servicio y montazgo".

Con Alfonso X muchos portazgos locales se recuperaron para la corona, para cortar la independencia fiscal de algunas ciudades y de algunos nobles.

     Se persiguió por medio de tres agentes fiscales (que eran judíos) los montazgos ilegales.

     A su muerte sus sucesores concedieron multitud de privilegios, hasta que Alfonso XI puso freno a esta situación, y apoyó de nuevo a la Mesta. En 1399 las cortes aprobaron el pago de los peajes sólo de camino al sur.

     Durante los siguientes reinados, bajo la dirección de algunos nobles, el poderío de la Mesta se incrementó, y también se aprovechó de los terrenos que la peste negra dejó casi desiertos.

     Durante el reinado de Enrique III, el regente Don Fernando utilizó hábilmente a la Mesta para dominar a algunas ciudades, al quitarlas una parte importante de sus riquezas.

     Cuando el debilitamiento de la corona hizo imposible este apoyo la Mesta hubo de recurrir a pactar "concordias", es decir contratos para poder pastar en tierras de las ciudades y de los terrateniente.

Arbitrio locales durante el reinado de los Reyes Católicos (1474-1516).

     Los Reyes Católicos se esforzaron en mejorar la situación fiscal de la Mesta, que se sintió de nuevo protegida por la corona.

     Todos los asuntos jurídicos se centralizaban en torno al entregador. Muchas de las multas del entregador sirvieron para sufragar los gastos de la guerra contra Granada y para que se descubriera América. En esta época se saneó la hacienda Real.

     En las cortes de Toledo (1480) los Reyes Católicos se apropiaron de diversos arbitrios locales que se sistematizaron y fueron vigilados por la Corona, se hicieron cambios en el mecanismo judicial y administrativo de la nación.

     Se obligó a los jueces locales a dar cuenta de lo recaudado con los tributos, y para vigilar que así fuera se nombraron los "veedores" y cuando estos resultaban insuficientes se recurría a la Santa hermandad.

Se mandaron hacer inspecciones de todos los arbitrios locales en 1468, bajo la dirección del consejo real. Para esto se nombró un juez especial "juez pesquisidor o comisionado". No impartía justicia, sino que llevaba sus demandas al consejo real, que era el encargado de dictar sentencias (casi todas a favor de la Mesta).

     Se crearon las Chancillerías (Valladolid y Granada) como tribunales supremos. Al principio sus sentencias fueron favorables a la Mesta, pero poco después se convirtieron en su más tenaz enemigo.

     Los arbitrios pecuarios por excelencia siguieron siendo el portazgo y el montazgo, que eran cobrados por cobradores locales (que eran en su mayoría judíos, lo que puede hacer creer que la Mesta influyó en su expulsión 1492).

     El portazgo que se cobraba al ir a vender a los mercados desapareció para favorecer el comercio, que aumentó considerablemente.

     A las ovejas que iban a venderse en el mercado se las denominaba "Merchandiegos".

Arbitrios locales bajo los Habsburgo y los primeros borbones (1516-1836).

     Tras la derrota de Villalar (1521), los municipios tuvieron que someterse a la corona, que nombro unos funcionarios reales para llevar a cabo la administración local, y la recaudación de tributos.

     La Mesta fue una inestimable fuente de ingresos para la corona.

     Las Chancillerías, hasta ahora sumisas al poder real, se enfrentaron a él  y a la Mesta a la muerte de Felipe II, favoreciendo a las ciudades.

     Los jueces pesquisidores que no podían dar sentencias, ahora la daban por cuenta propia, sin llevar los pleitos al consejo real.

     Los privilegios de las ciudades aumentaron y la Mesta, al no poder apoyarse en las Chancillerías y en estos pesquisidores, recurrió al consejo real y a la Corona, que no tenían fuerza para apoyarla.

     La Mesta adoptó una postura defensiva, en lugar de atacar los privilegios locales.

     Pagaba, además, unas tasas a la Iglesia:

          - La cruzada. Se daban mostrencos para financiar la guerra contra los infieles.

          - El diezmo. Se pagaba la décima parte de todo a la Iglesia.

     Los ganaderos trashumantes pagaban los diezmos fraccionados en "medio diezmos" por las regiones por las que pastaban y en su región de origen. Este impuesto apareció en España al comienzo de la Edad Media.

     El poderío de la Mesta decayó progresivamente, se aumentaron los impuestos. Durante los primeros borbones siguió esta vertiginosa caída y no pudo hacer nada para frenarla y finalmente con Carlos III la Mesta perdió toda su influencia y desapareció el cargo de entregador.

     Los montazgos serían sustituidos por los llamados traviesos y pasajes".

Las rentas reales sobre el ganado lanar durante la Edad Media.

     En Castilla antes de la creación de la Mesta no hay indicios de que se pagasen rentas directas a la hacienda real. Sin embargo, algunos montazgos locales se pagaban a los soberanos como tributo.

     La hacienda real se nutrió de las rentas de la industria pastoril, sobre todo durante la reconquista, en que los ganaderos agradecidos por la conquista de los excelentes pastos del sur dieron tributo a los monarcas.

     Existía un impuesto real "El diezmo de puerto seco", que se cobraba en las aduanas al pasar al reino de Aragón. Pero la primera renta real directa aparece con la Mesta (1270). Es el llamado "servicio de ganado". Sólo se cobraban a los rebaños trashumantes.

     La corona se apropió del impuesto local de la "Alcabala de hierro", que en 1343 cambió el nombre por el de "Servicio y Montazgo".

     En las cañadas más importantes se establecieron en 1300 las puertas reales, donde se pagaba el servicio y montazgo por los rebaños de la Mesta en su camino hacia el sur.

     Con Enrique IV las exenciones de pagar estas rentas se llegaron incluso a vender.

Impuestos reales de la monarquía absoluta.

     Enrique IV dejó la hacienda en bancarrota, y los Reyes Católicos trataron de sanearla con toda clase de rentas, entre ellas las de la Mesta.

     Se siguió pagando el servicio y montazgo a la corona.

     En las cortes de Toledo se reformó toda la tributación, se restringió el poder de las ciudades y de los terratenientes que tenían derecho a arbitrio.

     Los Austrias tuvieron que aumentar las rentas para sufragar los gastos de guerras constantes y su afán imperialista, para lo cual tuvieron que revivir ciertos antiguos impuestos (alcabala) y crear otros nuevos. La solvencia de la Mesta disminuiría a causa de estos impuestos y por los préstamos forzosos que exigía el monarca (como cuando quiso hacerse emperador de Alemania).

     Se intentó sacar el máximo provecho de la industria pastoril.

     El emperador dejó en manos de unos banqueros (Los Fugger) la recaudación de los impuestos sobre las ovejas, lo que benefició a la Mesta, al no verse obligada ya a atender los préstamos forzosos.

     La Mesta recuperó un poco de su economía al comprar el derecho de nombrar entregadores y al comerciar también con bienes inmuebles.

     La corona dio un duro golpe a la Mesta al poner impuestos a la lana vendida en Medina.

     En el siglo XVIII la Mesta pasó de ingresar 40 millones de maravedíes a 7 millones, ya que la corona exigía contribuciones para las guerras.

     Con los primeros borbones se renovó la costumbre de pedir los préstamos forzosos y se aumentó el impuesto de exportación de la lana. Para compensarlo se abolió el "servicio y montazgo".

     Con Carlos III la insolvente Mesta desapareció en funciones y se la acusó de entorpecer el desarrollo agrario y de ser una carga para la corona. Finalmente desapareció legalmente en 1836.

El pastoreo.

Los más antiguos problemas del pastoreo.

     Los pastos utilizados por los rebaños trashumantes eran arrendados. La mayoría eran de la corona, pero los privados eran utilizados por medio de pactos de "concordia" con sus propietarios.

     En el Fuero Juzgo visigodo, los rebaños trashumantes tenían acceso a todas las tierras abiertas de la corona y, además, a las tierras privadas en las que sólo podían estar dos días si no tenían permiso del amo. También tenían derecho a talar árboles en los montes. Pero con la reconquista, al dar privilegios a las ciudades, estas se reservaron sus pastos comunales para sus rebaños y fueron levantando cercas y dehesas.

     Los rebaños trashumantes tenían que respetar los campos de mies, cercados, huertas, viñas y dehesas, y se les permitía pastar en los rastrojos y en algunas viñas con permiso del dueño.

     La Mesta influyó en la deforestación de Castilla, porque cuando las ovejas pastaban por los montes, se comían los brotes, y porque los pastores creían que quemando los árboles en otoño, en primavera salía una hierba mejor.

     La agricultura no fue perjudicada hasta que la Mesta no se excedió en sus privilegios.

Privilegios de los pastizales de la Mesta.

     Los Reyes Católicos se propusieron crear un comercio y para eso subordinan la agricultura a la ganadería, se favoreció a la Mesta. Se prohibieron los cercados para aumentar los pastos y se puso impuestos a la agricultura.

     En las cortes de Toledo (1480) se prohibió a las ciudades acotar sus tierras comunales para que los rebaños de la Mesta pudieran pastar.

     Los bosques debían conservarse para los rebaños de la Mesta y les estaba permitido cortar árboles y cortar arbustos para alimentar en invierno a su ganado. Esto y la construcción de una poderosa flota contribuyeron a la deforestación y aridez de Castilla.

     Los hermanos de la mesta podían disfrutar permanentemente de un campo pagando una renta. La Mesta vigilaba que no hubiese competencias entre los hermanos por los pastos, y vigiló que no se especulase con los arrendamientos de los pastos.

     Con las leyes de Toro (1505) se destrozó todo intento de fomentar la agricultura. Se tuvo que importar los productos agrarios de Aragón, con un considerable aumento de los precios.

     Estas medidas dieron un poder extraordinario a la Mesta y el número de ovejas aumentó.

Decadencia de los privilegios mesteños sobre pastizales.

     Con Felipe II la Mesta era la dueña de los campos de Castilla, pero a su muerte las ciudades empezaron a recurrir a las Chancillerías, que comenzaron a dar sentencias en contra de la Mesta y a favor de las tierras laborables de las ciudades. Se acusaba a la Mesta de impedir la agricultura, de violar con sus privilegios las antiguas libertades de las ciudades y de ser la causante de la subida de los precios y la despoblación humana y forestal.

     Los cercados no se pudieron impedir, porque por cualquier pretexto se daban licencias para roturar y cercar pastos.

     Los rebaños estantes crecieron y se opusieron a la Mesta, que les había intentado someter a sus leyes, sin éxito  y reclamaban los pastos locales para explotarlos ellos.

     La Mesta tuvo que recurrir a arrendamientos a 4 años a un alto precio, en intentó aniquilar la agricultura con todos los medios que tenía a su alcance, por lo que parece posible que influyeran en la expulsión de los moriscos (1609), que en su mayor parte eran agricultores. Con ellos se perdió una pieza fundamental de la agricultura.

     El Consejo real o de Castilla, fiel a la Mesta. Dio unos edictos para que no se roturase, pero estos mandatos se ignoraron.

     El mercado de la lana, hasta ahora bien manejado por la Mesta, cayó en una confusión y la Mesta amenazaba bancarrota.

     Los primeros borbones bajaron la tasa de los pastizales para ayudar a la Mesta y le concedieron el derecho de ejercer sus privilegios en Aragón.

     La agricultura empezó a despertar y roturó más campos sin hacer caso a las reglas de los pastos.

Carlos III y Campomanes hicieron una reforma agraria en la que los municipios disponían de sus tierras comunales para su uso. Fernando VII (que fue presidente de la Mesta) intentó frenar la roturación de pastos, pero no lo consiguió.

     El 31 de enero de 1836 se prohibió utilizar el nombre de la Mesta y en mayo de ese mismo año se creó para todos los asuntos pastoriles "La asociación general de ganaderos del reino".