Rodríguez García, J. M. "Las Cruzadas vistas desde Sevilla", en Sevilla 1248. Congreso internacional conmemorativo del 750 aniversario de la conquista de la ciudad de Sevilla por Fernando III, Rey de Castilla y Léon. Ayto. de Sevilla, Fundación Ramón Areces, Madrid, 2000. Pp. 725-733.
LAS CRUZADAS VISTAS DESDE SEVILLA[1]
Roma,
París, Acre, Bizancio y Sevilla. ¿Qué tienen en común estas ciudades en el S.
XIII?
El
siglo XIII es el del llamado renacimiento medieval, el del auge económico y
comercial de los reinos cristianos occidentales, el de la transmisión de
conocimientos de la antigüedad a través básicamente de la tradición musulmana y
de progresos a partir de éstos, el del fortalecimiento del poder de las
monarquías –crecientemente nacionales y centralistas-, el de la consolidación
del derecho romano como base de esos incipientes “estados” ( salvando las
distancias) y no ya sólo del mundo eclesiástico. Pero también es el de la
aparición de las Órdenes mendicantes, de los nuevos contactos con Oriente y la
aparición en la escena Occidental de los Mongoles, el de las cruzadas a
Bizancio, Egipto, Báltico, Tierra Santa, Túnez e Hispania, el de la lucha entre
el papado y el Imperio. Todos estos elementos tienen que ver, y mucho, con lo
que se llama fenómeno o movimiento cruzado.
Si
bien para muchos autores las cruzadas están en declive para finales del XII y
claramente en crisis en el s. XIII, llegando a morir con la desaparición de los
reinos Latinos de Levante en 1291; yo
mas bien diría que el s.XIII representa el declive o muerte de sólo un cierto
ideal, o más bien práctica, de cruzada que propugnaba la unión de toda la
Cristiandad bajo el mando unificado del papado para la liberación de los Santos
lugares y la defensa de la Iglesia de Cristo. Es difícil sostener la idea del
declive de las cruzadas en un siglo en el que, probablemente, se de el mayor
número de cruzadas oficiales hasta el momento: contra Albigenses y herejes,
cruzadas contra y por Constantinopla, Tierra Santa y el Báltico, Cruzadas a Hispania
y el norte de África, cruzadas contra los enemigos políticos de la Iglesia (por
supuesto declarados previamente herejes o excomulgados), etc. Es cierto que en
el s. XIII hay voces discordantes o abiertamente críticas tanto contra el
propio fenómeno cruzado en sí (es decir, el uso de la violencia para conseguir
fines en defensa de la Iglesia), como los determinados objetivos de ciertas
cruzadas o el abuso de indulgencias y privilegios. Pero lo cierto es que esas
voces discordantes habían existido desde el principio, y no parece que en el s.
XIII haya una explosión de nuevas críticas al respecto, salvo el caso de los
abusos de uso de indulgencias. También es cierto que ya no asistimos a las
grandes cruzadas donde los grandes líderes de la cristiandad actuaban unidos,
pero de hecho esto sólo había ocurrido, y a duras penas, en las denominadas
tres primeras cruzadas[2]. También es el siglo del nacimiento de lo que Burns ha llamado el
"sueño de conversión del s. XIII"[3]. Pero este nuevo énfasis en el uso de la conversión por la predicación
de buenas palabras no quiere decir que se oponga necesariamente a la realidad
cruzada. De hecho en muchos casos precede o sigue a la propia cruzada, para al
final, normalmente, reconocerse que hace falta el apoyo de una cruzada militar
para después obrar más libremente en la conversión y predicación[4].
Roma,
como centro de la Cristiandad; París, como capital de la comprometida dinastía
Capeta con las diferentes cruzadas y sede de la Sorbona; Acre, como capital de
los estados latinos de Oriente una vez perdido Jerusalén y Bizancio, como
capital del Imperio cristiano de Oriente y eje para el problema de la
unificación de las iglesias que también repercutiría en una mejor posición para
la recuperación de los Santos Lugares son, todas ellos, centros reconocidos de
este mundo cruzado del S. XIII. Ahora bien, las cruzadas no son sólo aquellas
expediciones militares dirigidas a Oriente para la recuperación de los Santos
Lugares; son eso y mucho más. Las cruzadas, parafraseando a Riley-Smith, sería
un tipo de guerra santa autorizada por el papa, quien la proclamaba en el
nombre de Dios o Cristo. Puede tener un carácter defensivo u ofensivo, en caso
de recuperar territorios anteriormente cristianos y perdidos a manos de los
infieles, o proclamada en contra de los enemigos de la Iglesia, y que
contestaba a la necesidades de la Iglesia de toda la Cristiandad. Un cruzado
tomaba un voto público, que al principio no era distinguible y que estuvo
siempre basado en el del peregrino; teniendo ambos la misma base legal. A los
cruzados, tanto si luchaban en el Este, Tierra Santa, contra los cismáticos, o
en la Península Ibérica se les concedía indulgencias, algo que evolucionaría
con las propias cruzadas[5]. En este sentido, las luchas en el suelo Peninsular se pueden englobar
dentro del fenómeno cruzado, al mismo tiempo que la reconquista en sí comprende
a las "cruzadas" -como campañas autorizadas por el papa para a
determinado fin en un tiempo concreto, acompañado de una indulgencia-, pero es
anterior y va más allá, al igual que las cruzadas como institución e ideal
cruzado no mueren en 1291[6].
SEVILLA
En
el siglo XIII Sevilla, como ciudad musulmana, cuenta con su propia tradición de
guerra santa, en este caso Islámica, representado en la institución del Yihad.
La Yihad es tanto deber individual como colectivo, ya que en el Islam los
conceptos de mundo religioso e institución pública se funden en uno solo. No
vamos a entrar aquí en más detalles al respecto; baste decir que cuando en 1210
el emir Almohade lanza su carta de desafío en respuesta a la petición de
socorro de Alfonso VIII a la Cristiandad para lanzar una cruzada contra los
vencedores de Alarcos y Salvatierra, los musulmanes están proclamando su ideal
de guerra Santa contra el enemigo de su religión. Enemigo cristiano del que
tienen clara conciencia de los apoyos que puede recibir de Roma y del resto de
la Cristiandad en forma de Cruzada[7]. Por lo tanto, ya tenemos a Sevilla como centro de una experiencia de
guerra Santa, la Yihad, esta vez desde el lado musulmán. Yihad que es anterior
al fenómeno cruzado pero que también es la respuesta al mismo[8].
Por otra parte, el uso de la Yihad había sido fundamental para la elite
dominadora de al-Adalus. Ya Almanzor hizo amplio uso de ella[9].
Y los regímenes de los Almorávides y almohades justificaban su propio poder y
existencia como pueblo gobernante en su primacía en la Yihad[10].
Los propios benimeríes, Abu yusuf a la cabeza, utilizaron el Yihad tanto como
arma justificadora como arrojadiza[11].
Mientras que para almorávides y almohades Sevilla contaba entre sus bases de
operaciones, para los benimerínes sería el principal objetivo de sus ataques.
No pasará mucho tiempo antes de que se tornen las posiciones y Sevilla sea
objeto mismamente de un determinado tipo de guerra santa, la cruzada, lanzada
por Fernando III contra sus muros.
No
vamos a hablar aquí de las campañas que llevaron a Fernando III a la definitiva
conquista de Sevilla. No vamos a hablar del importante papel que jugó la
cruzada -según el modelo hierosimilitano[12]- concedida a este hecho, tanto como fuente de soporte espiritual
(indulgencias) e institucional (apoyo de la iglesia) como de riqueza económica
(tercias y otras); ni hablaremos de la opinión que mereció las conquistas de
Fernando III[13], dentro de ese ambiente cruzado, en las diferentes crónicas nacionales
e internacionales.[14] Nosotros vamos a ir un poco más allá, vamos a empezar donde otros han
terminado. Tomemos el acceso al trono en Sevilla de Alfonso X, en 1252, como
punto de partida.
Que
la península Ibérica es un frente cruzado, tanto productor de cruzadas como
destino de ellas, desde el inicio de estas en el s. XI es difícilmente
discutible[15]. Dicha
situación de las campañas en la península como cruzadas es algo reconocido por
el papado, por la diplomacia internacional y por el común del pueblo en general[ninguna1][16]. Esta valoración se mantiene durante todo el s. XIII a pesar de la
inevitable atracción de Jerusalén como foco cruzado y de la bula Quia major de
1215 que anulaba todas las cruzadas en favor de la que se estaba proyectando a
los Santos Lugares[17].
Desde 1250, una vez que Portugal y Aragón han terminado su labor
reconquistadora, la frontera andaluza va a pasar a ser el frente cruzado
peninsular; el cual vería reforzada su atracción desde 1315 cuando los planes
de cruzadas a Oriente no pasan de las fases preliminares. Es entonces cuando
los europeos deseosos de cumplir su voto cruzado se tienen que decidir por los
frentes más claramente abiertos: el Báltico y Andalucía.
Ahora
bien, hagamos honor al título de esta comunicación. ¿Cómo se veían las cruzadas
desde Sevilla? Para cuando esta es tomada hay 5 grandes temas cruzados en
marcha, o en un lapsus momentáneo: la cruzada contra las aspiraciones
imperiales de los Hohenstauffen, el tema del Imperio Latino de Oriente, la
cruzada contra los Mongoles, la cruzada a Tierra Santa y los últimos coletazos
de las cruzadas contra heréticos (léanse Albigenses). Con respecto a la cruzada
contra los Albigenses parece que tanto la iglesia como la monarquía hablan con
una misma voz: apoyo incondicional a la cruzada contra los heréticos. Incluso
el propio Jaime I reconoce la justicia de esa cruzada en la que había muerto su
padre defendiendo a sus vasallos provenzales. Ahora bien, el tema de la cruzada
imperial es otro cantar. Mientras que la Iglesia castellana fue uno de los
apoyos más decididos del papado en su lucha contra Federico II, es difícil
pensar que la monarquía castellana, y especialmente Alfonso X, que acabaría
defendiendo esa misma posición imperial, vieran con buenos ojos una cruzada
lanzada contra correligionarios cristianos -excomulgados- por el hecho de
oponerse al papa. La actitud de Alfonso X será un continuo tira y afloja con el
papado respecto a esto. En lo que se refiere a las cruzadas a Bizancio, Tierra
Santa y contra los Mongoles la actitud es coherente con la tradición
castellana. Ya hay una cruzada en marcha dentro del territorio peninsular como
para tener que divertir fondos a otros escenarios. Eso no es óbice de que las
órdenes militares realizaran aproximaciones a la participar en esos frentes[18],
y que el papado siguiera recabando el apoyo castellano tanto en hombres, armas,
dinero, caballos y consejos para tratar de ellos[19].
Castilla con Alfonso X sigue manteniendo su atención en la lucha peninsular, en
su propia cruzada según es reconocida por el papado aunque con clara iniciativa
real. En alguna ocasión, y más para atraer simpatías o rechazar críticas, se
recurre al socorrido argumento del obispo Gelmires (s. XI) de que es más seguro
intentar tomar los Santos Lugares vía norte de África que aventurarse a una
campaña con bases lejanas inciertas[20].
Sevilla
es para Alfonso X su base de operaciones, su ciudad querida y leal
-representada en la figura de su arzobispo-, su capital del reino si se puede
decir ello en una época en la que no existe tal figura como tal. La razón la
tiene clara desde el principio. Ya en el Setenenario recoge una alabanza
a Sevilla, destaca su posición estratégica y fortaleza para "quebrantar a
sus enemigos", tanto a los que están cerca de él en España como los que
están allen del mar, porque "él ha en poder amas las mares"[21]. Parecidas razones de compromiso de lucha contra los musulmanes, que
le llevarán a proteger y cuidar otros 3 lugares: Cádiz (y el puerto de Santa
María), Murcia y Alicante[22].
Sevilla
se convierte en el centro de su corte (sin desdeñar el papel de Burgos o
Toledo) y es testigo, por ende, de la importante actividad cruzada que va a
desarrollar Alfonso X a lo largo de todo su reinado y que va a hacer que
Castilla-León y ,especialmente, Sevilla figure, se convierta, en el otro
importante foco cruzado del S. XIII. A nivel local, el fuero concedido a
Sevilla , y su repartimiento[23], muestran la orientación militar que pretenden dar Fernando III y
Alfonso como centro de operaciones contra la frontera y la expansión del reino
(caso de la conquista de Niebla en 1262), y por tanto de la fe, al norte de
África. Las Ordenes militares, junto a Sevilla, se convierten en ajes
articuladores de la frontera[24]
y de sus atarazanas partirán los buques con la misión de la defensa del
estrecho y la expansión allén del mar.
Expansión
que se plasma en el proyecto de la cruzada Africana. Plan original de Fernando
III[25], desarrollado y llevado a la práctica por su hijo. Creo que esta
empresa o "negocio" se debe enmarcar en la lógica continuación de la
Reconquista que propugnaba la recuperación de las tierras antiguamente
cristianas, del original reino Visigodo del que Alfonso se proclama sucesor[26], y no debe entenderse como una simple excusa ante el papado del uso de
los beneficios cruzados, o sólo para aumentar el papel de Alfonso X en busca de la
consecución del Imperio dentro del territorio peninsular, aunque
probablemente tuviera algo de los dos [27]. Esta cruzada comenzada en 1252[28], ya se ha internacionalizado hacia 1254, con la
incorporación de Inglaterra a dicho plan[29]. El "fecho Imperial" marcó un nuevo
estímulo en el uso de la cruzada como instrumento político y diplomático. Desde
1256, Alfonso lanzó una ofensiva internacional diplomática que conseguiría,
entre otras cosas, colocar a Castilla como un poder importante en el escenario
occidental[30]. Como "emperador" se suponía que
debería defender a la Cristiandad frente al infiel[31]La cruzada era el método tradicional para
conseguirlo y para una persona del s. XIII le hubiera sido muy difícil encontrar
una mejor manera de aumentar su prestigio que ser un cruzado o, aún mejor,
dirigir él mismo una cruzada contra el infiel. Cuando en 1257 Ricardo de
Cornualles llegó a ser elegido como emperador, Alfonso se encontró con un
oponente que tenía tanto dinero como prestigio, en gran parte conseguido como
líder cruzado. En la lucha que siguió todas lar armas eran válidas y el
prestigio era una de ellas. Alfonso, quien ya disfrutaba de la fama de los
castellanos como cruzados[32], también se preocupó de buscar otro medios para
aumentar su prestigio e influencia: se rodeo a si mismo de una brillante corte[33]. Del mismo modo no creo que fuera casual el
nombramiento del obispo de Marruecos, Lope, como embajador del castellano
delante de Inglaterra y los poderes imperiales. Creo que Alfonso
consideraba que algo de la aureola como
obispo cruzado de su emisario tendría alguna influencia en sus interlocutores.
Así
mismo, debemos entender las relaciones entre Castilla y Bizancio dentro de ese
contexto de reconocimiento como emperador. De todos es conocido el episodio del
pago del rescate de Felipe de Courtneay, hijo del ex-emperador latino de
Bizancio y de María de Brienne prima del rey, en 1259. Los contactos referentes
al tema bizantino, dejando a un lado el atractivo del asunto[34], se mantendrían con altibajos hasta 1275, dependiendo también de las
relaciones con Carlos de Anjou[35]. En el mismo sentido habría que mirar los contactos con otros poderes
como Mongoles y Mamelucos todos ellos protagonistas, como aliados y/o
objetivos, de cruzadas[36]
Sevilla
también jugaría un papel decisivo en la rebelión, revuelta, levantamiento o
guerra mudejar, como se quiera denominar, de 1264. En este caso el rey
castellano también pudo disfrutar de los privilegios cruzados concedidos por el
papa, aunque lo inesperado de los hechos le hiciera tomar una medida nada
ortodoxa. Alfonso X se tomó la libertad de ordenar él mismo la predicación de
la cruzada, algo reservado exclusivamente para el papa, haciendo uso de dos
antiguas bulas concedidas a él en 1246 y 1259[37]. El papa le reconvino, aunque no dudó en autorizar rápidamente la
predicación efectiva de la misma con sus consiguientes beneficios[38]. Algo parecido ocurrió en 1275, ante la invasión benimerí, aunque
también andaba por medio el dramático tema para Alfonso X de la renuncia a la
candidatura imperial habiendo conseguido poco antes la renovación de la tercia
de las fábricas[39]. Si la
revuelta de 1264 había frenado su largamente preparada cruzada africana
-después del fracaso de Salé de 1260[40]-,
la invasión de 1275, y el desastre de Algeciras (1278) marcaron el fin de
cualquier otro proyecto durante su reinado de lanzar ninguna cruzada ofensiva.
Otro
de los aspectos candentes del s. XIII es la consabida polémica entre misión y
cruzada, y el papel de la predicación en todo ello. Tampoco quiero entrar a
fondo tanto por falta de espacio como por el hecho de que otras personas
trataran el tema. Sin embargo resaltemos un punto. En Castilla, al menos, hasta
Alfonso X no hay una clara política de conversión y predicación hacia los
musulmanes. El establecimiento de escuelas arábigas en Sevilla y Murcia deben
ser entendidos más como una medida defensiva que ofensiva. Sí, defensiva,
porque la preocupación principal de Alfonso X no es que se conviertan los
musulmanes, -aunque intenta impedir que se pongan reparos a ello- tanto los que
están bajo su corona o los del otro lado de la frontera; sino evitar que los
cristianos caigan en la tentación de pasarse al Islam[41].
Política que se vería reforzada tras la represión de la revuelta mudejar con el
establecimiento de casas y conventos de los padres predicadores y menores en
las principales ciudades de la frontera como Sevilla, Murcia, Jaén, etc,
adoptando así un cariz algo más ofensiva. Ordenes estrechamente ligadas a la
predicación cruzada desde sus comienzos, a la vez que a la labor misionera. Sin
embargo, en Castilla, esa labor misionera hacia los musulmanes parece más
enfocada hacia el territorio africano que peninsular[42].De
hecho, no podremos encontrar ninguna
conversión masiva en estos tiempos, eso es un fruto que no maduraría hasta el
s. XV y del que Alfonso X constituye solo el primer eslabón. El llamado sueño
de conversión del S.XIII no existe en Castilla, a pesar de la opinión del rey
de convertir a los moros por buenas palabras y no por medio de las armas[43].
En
la etapa final de su vida, Alfonso se nos presenta dentro de un mar de
contradicciones. Él, que había intentado convertirse en líder cruzado de la
cristiandad durante gran parte de su reinado se veía abocado ahora, al final de
la misma, a enfrentar la amenaza de enemigos externos e internos. Lo más grave
fue la sublevación de su hijo que hizo que las partes se aliaran en un
imposible juego de alianzas cruzadas: por un lado Alfonso, sus fieles
sevillanos y el emir de Marruecos. Del otro su hijo Sancho, con la mayor parte
de las órdenes militares, nobleza y el rey de Granada. A pesar de ello, parece
ser que en Alfonso aún seguía presente el ideal de cruzada. Además de parecer
proponer una definitiva cruzada conjunta a Inglaterra y Francia que atravesaría
el norte de África hasta llegar a Tierra Santa[44],
también se preocupa por la suerte de otros elementos cruzados, como las Órdenes
Militares, aunque no se puede decir que le apoyara en sus últimos días. Con la
excepción de parte de la Orden del Temple, el resto de las Órdenes Militares
optaron por el partido de su hijo. Aún así, desde Sevilla, en su testamento
ordena que mientras su cuerpo debía ser enterrado en Sevilla, su corazón
debería ser llevado por el maestre del Temple a Jerusalén y ser sepultado allí.
Para ello se le daría al maestre sus armas, caballo y 1.000 marcos de plata[45].
A todo ello hay que sumar que desde 1276 y nada más superado su enfrentamiento
con el papado por el tema imperial, la postura adoptada con respecto a la
sucesión y a los infantes de la cerda le vuelve a enfrentar con Francia y el
papado. Este último, empeñado en su penúltimo intento de lanzar una cruzada a
Tierra Santa, proclamada en el concilio de Clermont de 1274, llama la atención
continuamente a Francia y Castilla ya que su enfrentamiento perturba la paz de
la cristiandad y hace muy difícil la consecución de la paz y unidad necesaria
para lanzar la cruzada[46].
¿Ordenó Alfonso la traducción y edición de la Gran Conquista de Ultramar como
última voluntad de un rey cruzado, intentando animar a la cruzada a una nobleza
que a lo largo de su reinado no se había mostrado demasiado dispuesta? El tema
aún está en debate.[47]
Dos
siglos más tarde, en 1449 cuando el papa concede la indulgencia plenaria para
una cruzada que se organizaba en la ciudad de Sevilla bajo la dirección de su
arzobispo, ya no se hace referencia al modelo hierosimilitano[48]. Acre había caído en 1291 y con ella los intentos prácticos de
recuperar Tierra Santa. En París, la dinastía reinante se había desligado de su
papel defensor de la Cristiandad. Constantinopla resistía a duras penas los
últimos embates del empuje Otomano que lograría su caída en 1453, provocando la
predicación de una nueva cruzada contra ellos. Roma seguía intentando moverse
en el ámbito cruzado pero ya apenas son Chipre y los reinos hispánicos los que
parecen actuar prácticamente, al tiempo que el frente Báltico ya esta en clara
decadencia. Sólo Castilla-León, con Sevilla como base, seguirá siendo ese foco
de atracción cruzado internacional que había logrado nueva fuerza desde 1248 y
que se mantendría casi de forma permanente (con la excepción del periodo de la revolución
Trastámara, y quizás también durante las épocas de Sancho IV y Fernando IV[49])
hasta 1492 y aún más allá. Desde allí se exportarían las ideas y la mentalidad
cruzada al Nuevo Mundo[50], al tiempo que se mantiene en la vieja Europa en la forma de la guerra
contra el Turco y los protestantes[51].
Jose Manuel Rodríguez García
Universidad de Salamanca
[1] La presente comunicación está extractado de la tesina que será presentada al grado de la Univ. de Salamanca titulada "Idea y Realidad de Cruzada en tiempos de Alfonso X, 1252-1284"
[2]Sobre la crisis de las cruzadas, TRHOOP, P. A. Criticism of the Crusade: a Study of Publc Opinion and Crusade Propaganda. Philadelphia: 1975. En contra, SIBERRY, E. Criticism of Crusading, 1095‑1274. Oxford: 1985.
[3]BURNS, R.I. "Christian-Muslim confrontation: the 13th century dream of conversion",The American Historical Review, 76 (1971): 1386-1434
[6] HOUSLEY,N. The Later Crusades, 1274‑1580: from Lyons to Alcazar. Oxford: 1992. BENITO RUANO,E. De la Alteridad en la Historia. Madrid: Discurso de entrada en la Real Academia de la Historia, 1985.
[7] Anales Toledanos, I, en España Sagrada, 23, 395.El anónimo de Madrid y Copenhague, ed. A . Huici, (Anales del Instituto general y técnico, II) Valencia, 1917 n. 10. pp. 122-123. Roud el-Kartas, Histoire des Souverains du Maghreb, Paris, 1860, pp. 337, 340. Para una visión oriental: Makrisi, Essulouk li Mariset il Muluk [The Road to Knowledge of the Return of Kings], in Chronicles of the Crusades, ed. H.G.B. (London: Henry G. Bohn, 1848: reissued New York: AMS Press, 1969), pp. 555-556
[8] Ante la conquista de Jerusalen( 1099) o la caída de Valencia(1245) los autores musulmanes proclamaban la necesidad de lanzar el yihad como respuesta. Otra cosa es que se hiciera caso a esas llamadas.
[9] BARIANI,L, La dinastia degli Amiridi secondo le cronache Arabo-Andaluse (367/977-399/1009). Instituto Universitario Orientale, Napoles, 1996. Tesis doctoral inédita.
[10]VIGUERA MOLINS, M.J, Los reinos taifas y las invasiones magribíes, Madrid, 1992
[11]MANZANO RODRÍGUEZ, M.A, La intervención de los Benimerines en la península Ibérica, Madrid: 1992
[12]15/IV/1247, bula "Cum carissimus". cit.GOÑI GAZTAMBIDE, J. Historia de la Bula de la Cruzada en España. Vitoria: 1958. n. 208. pp 183-184.
[13]Al que su moderno biógrafo llama "prototipo del rey cruzado" GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J. Reinado y diplomas de Fernando III. Córdoba: 1980-84, p. 78, cit. a los Anales Toledanos. Así mismo la P.C.G. recoge el grito de “Dios ayuda” a la caida de la ciudad, que recuerda el grito cruzado de 1096 “Deus le volt”.
[14] No hablaremos porque otros en este mismo congreso y anteriormente ya se han ocupado de ello. Sobre el reinado de Fernando III consultar, además del ya citado libro de J. González, MARTÍNEZ DÍEZ, C. Fernando III, 1217‑1252. Palencia: 1993 y, especialmente, RODRÍGUEZ LÓPEZ,A, La consolidación territorial de la monarquía feudal castellana. Expansión y fronteras durante el reinado de Fernando III. Madrid, 1994. Sobre la visión en las crónicas de las campañas de Fernando III ver: LOMAX, D.W. "La conquista de Andalucía a través de la historiografía europea de la época", Andalucía entre Oriente y Occidente, Córdoba, 1988, pp. 37-50; y GARCÍA FITZ, F, "La conquista de Andalucía en la cronística castellana del S. XIII", Andalucía entre Oriente y Occidente, Córdoba, 1988, pp. 51-62. En general, consultar los diferentes artículos recogidos en las actas de las IV Jornadas Nacionales de Historia Militar. Fernando III y su época. Sevilla, 1995.
[15]Entre otros: LLOMAX, DW. The Reconquest of Spain. Londres: 1978; GOÑI GAZTAMBIDE, J. Historia de la Bula de la Cruzada en España. Vitoria: 1958; RILEY‑SMITH, J. The Crusades: a short History. Londres: 1987.
[16]De hecho, según Maqrizi, S. Luis no habría tenido ningún reparo en apropiarse de la fama de las conquistas ferndinas en una carta de invasión o conversión al sultán de Egipto poco antes de desembarcar en Damieta en la VI cruzada, 1248 ( Crónica de Maqrizi, GABRIELI, Storici arabi delloe Crociate, Roma, 1964: 334-335, 283-284)
[17]Ver las obras citadas de Goñi Gaztambide y Rodriguez López.
[18]BENITO RUANO, E. "Balduino II de Constantinopla y la Órden de Santiago. Un proyecto de defensa del Imperio Latino de Oriente." Hispania,12 (1952): 3‑36; idem, "Santiago, Calatrava y Antioquía." Anuario de Estudios medievales,1, no. Tirada aparte (1964): 549‑60; RODRÍGUEZ GARCIA, J.M y ECHEVARRÍA ARSUAGA, A. "Alfonso X, la Orden Teutónica y Tierra Santa: una nueva fuente para su estudio". Las Órdenes Militares en la Península Ibérica. Universidad de Castilla-La Mancha, Ciudad Real, 1996. En prensa
[19]El 11.4.1255 el papa escribe a Alfonso solicitando socorro para Tierra Santa (La documentación pontificia de Alejandro IV (1254-1261). Rodríguez de Lama, I, ed. Roma: 1976; o solicitando consejo a la O. de Calatrava sobre el tema Mongol (13.12.1258/60. Bullarium Ordinis Militiae Calatravae, pp.117-120
[20]Postura ya defendida en el s. XI por el obispo Gelmirez, y Alfonso I, parece ser recuperada por Alfonso X, y luego ya continuada de forma permanente, desde el s. XIII, por R. Llull y el resto de los dirigentes peninsulares incluyendo a los Reyes Católicos y personajes del s. XVI.
[22] La documentación pontificia de Urbano IV (1261-1264). Rodríguez de Lama, I. ed. Roma: 1981, pp140-141; Documentos de la Época de Alfonso X. el Sabio. Madrid: Memorial Histórico Español; Vol.I, II., Madrid: 1851. pp. LXIII. Además recordemos la fundación de la O. M. de Santa María, crada para luchar contra los infieles en el mar y que contaba entre sus 4 bases con Cartagena y el Pto. de Sta. María (TORRES FONTES,J. "la Orden de Santa María de España." Miscelánea Medieval Murciana,3 (1977): 75‑118.
[23]GONZÁLEZ GONZÁLEZ, J, Repartimiento de Sevilla, 2 vols, Madrid, 1951; Diplomatario Andaluz de Alfonso X, el Sabio., González Jiménez,M ed. Sevilla: 1991; GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M; BORRERO FERNÁNDEZ,M; MONTES ROMERO-CAMACHO,I, Sevilla en tiempos de Alfonso X el Sabio, Sevilla: 1987.
[24]GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M. Alfonso X el Sabio, 1252‑1284. Palencia : 1993.
[26]Opinión tambien compartida por GONZÁLEZ JIMÉNEZ, M, "La idea y práctica de Cruzada en la España Medieval", V Jornadas Nacionales de Historia militar, Sevilla, 1997:171-186.pp.177-178. Sin embargo no estoy de acuerdo en que esto fuera algo único o peculiar de esta cruzada. Todas las cruzadas proclamadas en la Península, dentro de la doctrina cruzada de recuperación de antiguas tierras tenidas por cristianos y sometidas al poder de los infieles, encajaban perfectamente con el ideal de Reconquista de recuperación de antiguo solar Hispano; siendo ésto especialmente cierto para el caso del reino castellano-leonés. (RODRIGUEZ GARCÍA, J.M. Idea y Realidad de Cruzada en tiempos de Alfonos X el Sabio, 1252-1284. Tesina presentada al grado de la Univ. de Salamanca. 1998)
[27] AYALA MARTÍNEZ, C. de. Directrices Fundamentales de la Política peninsular de Alfonso X (Relaciones Castellano‑Aragonesas de 1252 a 1263). Madrid, 1986. JULIO SOCARRAS, C. Alfonso X of Castile: an study on Imperialistic frustation. Barcelona: 1976.
[28]La documentación pontificia de Inocencio IV (1241-1254). Quintana Prieto, A. ed. Roma: 1987. doc. 709 en adelante.
[30]Entre los tratados con naciones extranjeras que implican una participación cruzada destacan los de Inglaterra (1254), Marsella (1256), Pisa (1256), Noruega (1258)
[31]Asi lo remarca el propio emperador Federico II en una carta a Ricardo de Cornualles. MATTHEW PARIS. Cronica Maiora, 1232‑1272, J. A. Giles ed. Londres: 1884, I, 117.
[32]Él mismo se había beneficiado de los privilegios cruzados en 1246 cuando dirigía sus campañas en Murcia y acompañando posteriormente a su padre en la victoriosa campaña sevillana (27/4/1246. La documentación pontificia de Inocencio IV (1241-1254). Quintana Prieto, A. ed. Roma: 1987. doc. 272)
[33]Loaysa dice que ALfonso había armado caballeros a un gran número de nobles, entre ellos: el príncipe Eduardo de Inglaterra; Felipe de Courtneay; el príncipe d. Dionis de Portugal; Mohammad alhamar I, rey de Granada; los propios hermanos del rey D. Fernando, D. Manuel, D. Luis y D. Fernando de Ponthieu; Juan y Luis de Brienne; Juan, marqués de Montferrand; Gaston vizconde de Bearn; y el propio conde Rodolfo de Haubsburgo. Crónica Latina de los reyes de Castilla, p. 82
[34]Reflejado en la popularidad del escenario Bizantino como lugar de milagros, suceso, destino o paso de peregrinos, etc que se puede observar, por ejemplo, en una de la obras modelo de Alfonso X, Las Cantigas de Santa Maria.
[35]WOLFF, R. "Mortage and redemption of an Emperor´s son: Castile and the Latin Empire of Constantinople", Speculum, 29 (1956): 45-84
[36]MARTÍNEZ MONTÁLVEZ, P. "Relaciones de Alfonso X de Castilla con el Sultán Mameluco Baybars y sus sucesores." AL‑Qantara, XXVII (1962): 343‑376. A pesar de los contactos con los Mongoles, no parece que Alfonso mantuviera una buena opinión de ellos: RYMER, TH. Foedora, conventiones..., carta del 27/1/1279. JAIME I, Libre dels feits de Jaume I, ed. F. Soldevilla, Barcelona, 1971, pp. 473-476
[38]1265. Les Registres papales des Clemente IV (1265-1268). Bibliotheque des ecoles francaises Athenes et de Rome, 1893-1901. 2ª serie.Vol. XI. Edouard Jordan, M. E, ed. París, 1893. doc. 15-19.
[39]Les Registres papales des Gregorio X et Juan XXI (1272-1277). Bibliotheque des ecoles francaises Athenes et de Rome, 1893-1901. 2ª serie.Vol. XII. Guiraud, M.J y Gardier, L, ed. París: 1893. n.629.649.650-51
[40]MARÍN BUENADICHA, M. I. "Una contradicción Historiográfica: el suceso de Salé." Alfonso X, el Sabio: Vida, obra y época, S.E.M, 225-236, Madrid, 1984. Madrid: 1989.
[41]Esa preocupación se refleja tanto en sus leyes de las partidas (Ley VII), como en en el Fuero Real y los distintos fueros que otorga a las ciudades donde se propugna la separación de la convivencia.
[42]Sobre la concordancia de los intereses del papado y Castilla ver DUFOURCQ, CH,”Les relations du Moroc et de la Castille pendant la premiere moite du XIII." Revue d´Histoire et de Civilisation du Maghreb,5 (1971)
[44] Memorial Histórico Español. Documentos de Alfonso X, Madrid,1851. CCXXVIII
[45]Mientras, a los pobres del Hospital de San Juan de Acre se le daría su lecho, con todas las rapas alli encontradas y otros 1.000 marcos de plata. Diplomatario Andaluz de Alfonso X, el Sabio., González Jiménez,M ed. Sevilla: 1991. n. 521.
[46] Por ejemplo: 02/12/1277, Viterbo. GAY, Les registres Papales de Nicolas III, Paris, 1896. 222
[47]GONZÁLEZ, C. La Tercera crónica de Alfonso X: <<La Gran Conquista de Ultramar>>. Londres: 1992.
[48]GOÑI GAZTAMBIDE, J. Historia de la Bula de la Cruzada en España. Vitoria: 1958. pp. 647, doc. 6.
[49]Ver el ejemplo de la presencia de cruzados ingleses en: RODRIGUEZ GARCÍA, J.M, "Los enfrentamientos bélicos con Inglaterra y sus gentes: la visión Castellana, 1250-1515" Revista de Historia Militar, (1998):