HISTORIA DEL FLAMENCO
 

    HISTORIA DEL FLAMENCO

                                                                                                                                                                                          
 SECCIONES
'' Historia del flamenco
Origen,  figuras.
'' Los palos Conozca los diferentes estilos.
'' Geografía del flamenco Lugares clave para entender el flamenco.
'' Iniciación al flamenco
Léxico flamenco y letras de los diferentes estilos.
'' Bibliografía y discografía
Bibliografía, discografía, comentarios de publicaciones y grabaciones.
'' Directorio flamenco
Direcciones en Internet de tablaos, artistas, festivales y todo lo relacionado con el flamenco.
'' Guía de Audición
Aprenda a conocer, y entender el flamenco
'' Disfruta el flamenco
Radio, TV, peñas, tablaos, salas, bares, festivales.

INTRODUCCIÓN


 




 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

 

   

 

Granada

 

Rompiendo el aislamiento en que se encontraba España con relación a Europa, desde principio del siglo XIX se inicia una extraordinaria afluencia de extranjeros a la Península Ibérica. Generalmente se ha atribuido este hecho, por un lado a la consecuencia del paso por el territorio español de los ejércitos franceses e ingleses y al concluir los enfrentamientos bélicos hace que algunos de los extranjeros que vinieron a luchar, vuelven a esta tierra en plan turístico. Por otro lado, por esa época se produce el triunfo del movimiento romántico en Europa y a España se la considera destino casi obligado.

Como consecuencia de los hechos anteriores, se manifiesta una producción extraordinaria de libros de viaje, en los que Andalucía es objeto de una admiración especial, y hacia esta región se dirigen gran parte de los viajeros foráneos. Théophile Gautier escribe lo siguiente al respecto: "Madrid nos resultaba insoportable, y los días que tuvimos que estar allí nos parecieron dos siglos por lo menos. Soñábamos con naranjos, limoneros, cachuchas, castañuelas, basquiñas y trajes pintorescos, pues todo el mundo nos contaba maravillas de Andalucía". Y cuando, camino de Andalucía, divisa Sierra Morena, exclama: "......detrás de aquella cadena de montañas violeta se ocultaba el paraíso terrenal de nuestros sueños".

Por su parte Richard Ford, al abandonar Andalucía, se expresa así: "Adiós a la alegre Andalucía y a la vegetación tropical. Los que van hacia el norte cambian un edén por un desierto...". Este es el tono general del extranjero que, por aquella época visita el suelo andaluz y contempla sus paisajes y su naturaleza.

En cuanto a los habitantes de esta tierra no salen mal parados, ni mucho menos, desde la óptica del turista, sobre todo el género femenino: "Los andaluces eran ya célebres bajo los romanos por su destreza; con frecuencia brillaron en los teatros de Roma. Más frecuentemente todavía, las jóvenes andaluzas atrajeron a la multitud y sus aplausos con sus danzas lascivas; ellas cautivaron los corazones de los cónsules, de los tribunos, de los pretores, de los senadores, sobre los que ejercieron el imperio más absoluto". "Las andaluzas modernas no han degenerado: todavía son las bailarinas más agradables y seductoras de España. En general, son bien hechas, piel delicada, talle esbelto; los trazos de su rostro finos; ojos negros, vivos, llenos de fuego; amaneradas, pero llenas de gracias. Las del reino de Granada son las mejor hechas... "Es claro que la imagen de bailarina descrita pertenece a la raza gitana. Y si la descripción se hace desde la capital del reino de Granada nos está retratando a la gitana del Sacromonte, y los bailes no pueden ser otros que los que esta población interpretaba a todo aquel que ofreciese alguna compensación económica. Navarro García nos describe el asentamiento de la población gitana en el Sacromonte: "A partir de mediados del siglo XVIII, el gitano del Monte Sacro se convierte, junto a sus cuevas y las chumberas que bordean los caminos, en atracción exótica de cuantos viajeros románticos recorren nuestro país". "Allí... se ganaba la vida el gitano a base de limosnas y, muy probablemente, interpretando sus bailes y cantes...".

Los visitantes extranjeros coinciden con la descripción en aquella época del entorno del Sacromonte y de las danzas organizadas, que eran admiradas y muy celebradas por estos turistas del siglo XIX. Gustaban del rasguear de las guitarras, de las "extrañas melodías" que entonaban los cantaores y, sobre todo, los bailes realizados por muchachas de "admirable cuerpo".

Todos estos espectáculos que los gitanos del Sacromonte ofrecían a los turistas constituían las denominadas "zambras", reuniones que, al decir de los expertos, tienen cierta relación de continuidad con las antiguas "zambras" moriscas. Los componentes del cuadro humano que desarrollan el espectáculo son los mismos: bailaores, músicos, jaleo y palmas. Con el tiempo el nombre de estas reuniones no ha cambiado. Generalmente las "zambras" tenían constitución familiar, ya que estaban compuestas por distintos miembros de una misma familia, a cuya cabeza figuraba el capitán o capitana, que daba nombre al grupo.

Parece ser que la primera zambra de la que se tiene noticia fue la que capitaneaba Antonio Torcuato Martín, el "Cujón", de raza gitana, nacido en Itrabo y residente en Granada. Según Eduardo Molina Fajardo, Torcuato tenía gran facilidad para tocar la guitarra, y cantaba jondo "con el desgarre de su raza". Utilizaba una sala de la herrería que tenía en el Humilladero para dar los bailes gitanos, "contratando a los mejores artistas que habitaban en las cuevas que cercaban la ciudad". En la "zambra" de el "Cujón" se iniciaron y adquirieron nombre figuras como la "Chata", la "Cotorrera", la "Golondrina", el "Frasquirri", con su mujer la "Pella", entre otros.

Las "zambras" se extendieron a lo largo del camino del Sacromonte y en ese lugar de la primera que se tiene noticia es la que capitaneaba María Gracia Cortés Campos, allá por el año 1870. Después vendría la zambra de Juan Amaya y muchas más, que fueron surgiendo con el paso del tiempo. Las zambras fueron verdaderos vivieros de artistas, y su nombre define tanto al propio espectáculo como al lugar donde se celebra. Hoy en día está en declive pero, no obstante, el turismo extranjero se sigue encaminando al Sacromonte.

Se considera que los tres bailes básicos de la zambra son la albolá, la cachucha y la mosca, sin olvidar otras danzas del Sacromonte que también formaban parte del espectáculo como son el petaco, el merengazo, el tango gitano, etc.

Todos ellos son cantes y bailes que se han realizado en el contexto de las zambras, pero entre los estilos granainos se encuentran también la granaina, la media granaina y determinados estilos de fandango, de los cuales el más conocido es el fandango de Frasquito Yerbabuena.
 

En el ámbito de los cantes de Granada se han situado muy a menudo por algunos expertos ciertos arreglos, resultantes del solapamiento entre la granaína y otros cantes, como es el caso de la granaína-malagueña creada por José Cepero. La innovación o arreglo de Cepero ha sido recibida positivamente por algunos y denostada por otros. También ha sido reconocida como punto de apoyo para alcanzar un cante más perfecto, y este es el caso de Navarro García, que opina que el cante granaína-malagueña de Cepero "fue el modelo de fandango granaino que Tomás Pavón tomó para hacer la que llamó "media granaína", mejorando en gran medida el modelo de Cepero".
A buscar la flor que amaba" fue un cante muy popular a principios del siglo XX. Es otro ejemplo de cante que se encuentra entre la granaína y la malagueña. Lo hicieron todas las grandes figuras de la época citada y todavía se sigue cantando. Lo cantaron Chacón, Manuel Torre, Pastora Pavón, Vallejo, Marchena, Cepero... y más cercanos Terremoto, Porrinas, Antonio Mairena, Morente. En las grabaciones a veces se la llamaba "granaína" y otras "malagueña". Morente centró la cuestión calificándola como "malagueña en tono de granaína".

Entre los cantes granaínos hay que incluir también la gama de fandangos de la tierra, tanto locales como personales. Entre los fandangos locales más representativos se encuentran los de la Peza y los de Güejar-Sierra. El primero lo llevaba en su repertorio la ya citada peceña Africa Vázquez cuando actuaba en el café de Silverio. Este fandango se perdió, aunque se ha argumentado que es el mismo fandango que empezó a hacer Frasquito Yerbabuena y la personalidad de este cantaor hizo olvidar el nombre de Africa Vázquez, pasando a la historia del flamenco con el nombre del conocido cantaor granadino

Los fandangos de Güejar-Sierra son rememorados por Fernando el de Triana en su conocida obra "Arte y artistas flamencos". El pueblo que da nombre a estos fandangos se encuentra situado en Sierra Nevada. Hasta allí fue el de Triana invitado por el alcalde de dicha localidad. El cante servía para dar serenatas a las novias del pueblo por sus parejas y causó una muy positiva impresión al sevillano: "Cada mozo de la pandilla canta una sola copla en la ventana de la novia de cada cual; y confieso que no había oído, ni he vuelto a oír, ni voces como aquellas ni fandangos tan arrieros".

Otros fandangos de la zona llevan el nombre de cada pueblo en los que se cantan y bailan: Almuñécar, Salobreña, Motril, etc.

En cuanto a los fandangos personales, Granada tiene una figura que ha entrado en la historia del flamenco precisamente por el fandango que lleva su nombre: Frasquito Yerbabuena. Francisco Gálvez Gómez, que ese era su nombre, nació en 1883 e hizo sus cantes exclusivamente en su tierra, y casi siempre actuando para familiares y amigos. Basándose en los cantes de Juan Breva creó el fandango que lleva su nombre, cante que su creador nunca quiso grabar. Fueron otros cantaores los que lo dieron a conocer al gran público aficionado y lo grabaron. Gracias a ellos se ha conservado este cante. Entre las pocas actuaciones públicas de Frasquito Yerbabuena se cuenta su participación en el Concurso de Cante Jondo de 1922, en el que obtuvo un premio de quinientas pesetas. Según los que le conocieron fué una persona entrañable, que rebosaba alegría y que gozó de una gran popularidad.

A otro cantaor granaino, Paco el del Gas, se le ha atribuido otro fandango de tipo personal, como es el cante por "jabagotes" o "cante de marengos". Esta adscripción a los cantes de Granada ha sido reivindicada también como propio por la afición malagueña. En efecto, Luque Navajas considera que dichos cantes son la variedad más antigua de la bandolá, tronco y madre de los cantes vernáculos malagueños.



     

Sevilla

Cádiz

Granada

Málaga

Jerez de la Frontera

Córdoba

     

 

<< Subir >>