Después de retirar las
capas superiores de una colina, una gigantesca perforadora rotativa taladra las laderas
para llegar a las ricas vetas de carbón situadas por debajo. La perforadora puede
penetrar hasta 30 m.
El carbón es un combustible sólido de origen vegetal. En eras
geológicas remotas, y sobre todo en el periodo carbonífero (que
comenzó hace 345 millones de años y duró unos 65 millones), grandes extensiones del
planeta estaban cubiertas por una vegetación abundantísima que crecía en pantanos.
Muchas de estas plantas eran tipos de helechos, algunos de ellos tan grandes como
árboles. Al morir las plantas, quedaban sumergidas por el agua y se descomponían poco a
poco. A medida que se producía esa descomposición, la materia vegetal perdía átomos de
oxígeno e hidrógeno, con lo que quedaba un depósito con un elevado porcentaje de
carbono. Así se formaron las turberas. Con el paso del tiempo, la arena y lodo del agua
fueron acumulándose sobre algunas de estas turberas. La presión de las capas superiores,
así como los movimientos de la corteza terrestre y, en ocasiones, el calor volcánico,
comprimieron y endurecieron los depósitos hasta formar carbón.
Los
diferentes tipos
de carbón se clasifican
según su contenido de carbono fijo. La turba, la primera etapa en la
formación de carbón, tiene un bajo contenido de carbono fijo y un alto índice de
humedad. El lignito, el carbón de peor calidad, tiene un contenido de
carbono mayor. La antracita es el carbón con el mayor contenido en
carbono y el máximo poder calorífico. La presión y el calor adicionales pueden
transformar el carbón en grafito, que es prácticamente carbono puro.
Ciertos productos de la combustión del carbón pueden tener efectos perjudiciales
sobre el medio ambiente. Al quemar carbón se produce dióxido de carbono
entre otros compuestos. Muchos científicos creen que, debido al uso extendido del carbón
y otros combustibles fósiles (como el petróleo), la cantidad de dióxido de carbono en
la atmósfera terrestre podría aumentar hasta el punto de provocar cambios en el clima de
la Tierra (Efecto invernadero). Por otra parte, el azufre y el nitrógeno del carbón
forman óxidos durante la combustión que pueden contribuir a la formación de lluvia
ácida.
Todos los tipos de carbón tienen alguna utilidad. La turba se utiliza desde hace siglos como combustible para fuegos
abiertos, y más recientemente se han fabricado briquetas de turba y lignito para
quemarlas en hornos. La siderurgia emplea carbón metalúrgico o coque, un combustible
destilado que es casi carbono puro. El proceso de producción de coque proporciona muchos
productos químicos secundarios, como el alquitrán de hulla, que se emplean para fabricar
otros productos. El carbón también se utilizó desde principios del siglo XIX hasta la
II Guerra
Mundial para producir combustibles gaseosos, o para fabricar productos petroleros mediante
licuefacción. La fabricación de combustibles gaseosos y otros productos a partir del
carbón disminuyó al crecer la disponibilidad del gas natural. En la década de 1980, sin
embargo, las naciones industrializadas volvieron a interesarse por la gasificación y por
nuevas tecnologías limpias de carbón. La licuefacción del carbón cubre todas las
necesidades de petróleo de Suráfrica.Las tecnologías limpias de carbón son una nueva generación de procesos
avanzados para su utilización, algunas pueden ser desde un punto de vista comercial,
viables a principios del siglo XXI. En general, estas tecnologías son más limpias y
eficientes y menos costosas que los procesos convencionales. Hay muchas tecnologías
limpias, pero la mayoría alteran la estructura básica del carbón antes de la
combustión, durante la misma o después de ella. Con ello reducen las emisiones de
impurezas como azufre y óxido de nitrógeno y aumentan la eficiencia de la producción
energética.En la década de 1980,
algunos gobiernos emprendieron programas de colaboración con la industria privada para
fomentar el desarrollo de las tecnologías limpias de carbón más prometedoras, como los
métodos mejorados para limpiar el carbón, la combustión en lecho fluido, la inyección
de sorbentes de horno y la desulfuración avanzada de gases de combustión.
El
carbón se encuentra en casi todas las regiones del mundo, pero en la actualidad los
únicos depósitos de importancia comercial están en Europa, Asia, Australia y América
del Norte.En Gran Bretaña, que
fue el líder mundial en producción de carbón hasta el siglo XX, existen yacimientos en
el sur de Escocia, Inglaterra y Gales. En Europa occidental hay importantes depósitos de
carbón en toda la región francesa de Alsacia, en Bélgica y en los valles alemanes del
Sarre y el Ruhr. En Centroeuropa hay yacimientos en Polonia, la República Checa y
Hungría. El yacimiento de carbón más extenso y valioso de la ex Unión Soviética es el
situado en la cuenca de Donets, entre los ríos Dniéper y Don; también se han explotado
grandes depósitos de la cuenca carbonera de Kuznetsk, en Siberia occidental. Los
yacimientos carboníferos del noroeste de China, que están entre los mayores del mundo,
fueron poco explotados hasta el siglo XX.Las estimaciones de las reservas
mundiales de carbón son muy variadas. Según el Consejo Mundial de la Energía, las
reservas recuperables de antracita, carbón bituminoso y subbituminoso ascendían a
finales de la década de 1980 a más de 1,2 billones de toneladas. De ese carbón
recuperable, China tenía alrededor del 43%, Estados Unidos el 17%, la Unión Soviética
el 12%, Suráfrica el 5% y Australia el 4%.
La
producción mundial del carbón en 1994 refleja la crisis de la minería en la Unión
Europea (la producción bajó un 17,4%) y en Rusia (decayó en un 6,2%). En cambio se
produjo un dinamismo en la industria carbonífera de Estados Unidos, China, India,
Colombia y Australia entre otros países. La producción total en el mundo ese año fue
2.158,3 millones de toneladas, de las cuales China produjo un 27,4%, Estados Unidos un
5,5% y la República de Suráfrica un 4,8%.