Factores que influyen en la agricultura
Durante cientos de miles de años, el hombre ha llevado a cabo unas actividades
económicas exclusiva o fundamentalmente recolectoras. El hecho que separa,
en forma radical, estas actividades recolectoras de las productoras es la
aparición de la agricultura que apareció sólo en sectores muy concretos de
la superficie terrestre y, aproximadamente siete u ocho mil años a.de C.
Las nuevas formas económicas coadyuvan a solucionar
decisivamente el problema de la alimentación de la humanidad. Este nuevo
período económico va a presentar un dinamismo y una diversidad de técnicas
de producción realmente sorprendentes.
El concepto
de ecosistema y los estudios ecológicos conducen a considerar a la
especie humana incluida dentro del ecosistema natural, es decir, como
formando parte del conjunto del medio: es una pieza más en el gran
conjunto de la naturaleza. Ahora bien, esta pieza, como todas las
restantes, tiene sus características propias; por una parte, son
fundamentales de la especie humana la capacidad de adaptación a todo tipo
de medios, y, por otra, su capacidad de raciocinio y de evolución, que la
diferencia cualitativamente de las demás especies.
Estas
características, particularmente la segunda, significan que el hombre
desempeña en los ecosistemas un papel muy diferente. En esta evolución
pueden considerarse tres fases fundamentales:
a) el hombre no representa ningún elemento que altere los mecanismos del ecosistema;
b) el
hombre altera moderadamente los mecanismos de los ecosistemas
primitivos, lo
que da origen a ecosistemas nuevos, y
c) el hombre altera profundamente los ecosistemas primitivos, lo que conduce con frecuencia a su total destrucción
-----La
agricultura
La intervención del hombre inteligente, en el ecosistema consistirá
básicamente en la aportación de aquello que permite un desarrollo más rápido y
una mayor producción de materia comestible en las plantas y la cosecha de
éstas antes de que se inicie su destrucción por excesiva maduración.. Al
agricultor se le plantean, pues, desde el principio una serie de problemas
(ecológico, botánico, económico, etc.). El primero de ellos consistirá en
la selección y adaptación de plantas útiles y su mejora en
cuanto al
desarrollo de unas partes concretas de las mismas: semillas, tronco,
hojas, flores, frutos, etc.
Para la obtención de plantas
más desarrolladas, el hombre ha de crear un sistema ecológico que les sea
particularmente favorable; éste debe consistir en una mejora del suelo y
una mayor aportación de agua y de sustancias nutritivas para la planta.
El suelo del que dispone es el formado en el ecosistema natural y el
hombre sólo puede intervenir -mediante el empleo de algunas herramientas o
máquinas, que varían según el grado de cultura y de evolución técnica-, en
la modificación de la estructura del suelo, procurando, por ejemplo, aumentar el
tamaño de los poros de aquél, a fin de que puedan contener mayor cantidad de
agua y de oxígeno. Para la obtención de una calidad de suelo agrícola más o
menos aceptable se hace necesaria la aportación de una energía auxiliar,
procedente del hombre, de animales y de máquinas.Otro problema fundamental
consiste en el agotamiento del suelo, que al
ser separado del ecosistema
natural deja, por consiguiente, de recibir la correspondiente cantidad de
materia orgánica aportada por el conjunto de seres que lo
constituían.
La aportación de materia orgánica, de
fertilizantes varios y también de agua, se ha conseguido mediante métodos
diferentes a través de los tiempos.En todo caso, el agrosistema se ha venido
caracterizando por mantenerse siempre en un estadio joven, por ser lo más simple
posible y por una productividad
elevada.
La Revolución Agraria
Desde
mediados del siglo XVIII, el mundo occidental fue testigo de una serie de
profundas transformaciones que afectaron a las actividades agrarias. Así,
llegaría a alcanzar resonancia y prosperó la expresión revolución agraria. El
incremento poblacional, sumado a los progresos de los medios de transporte y al
desarrollo de las relaciones internacionales, fueron motores que afectaron de
manera directa a la elevación del nivel de demandas agrícolas. Por otro lado, la
elaboración de una ciencia agronómica y la propagación del consecuente cuerpo
doctrinal inspiraron novedosas prácticas y métodos agrícolas más
evolucionados.
Por consiguiente, la revolución agrícola reportó, entre otros
hechos, la implantación de nuevos cultivos, por lo regular industriales, d e
especulación y especializados. De esta forma, la agricultura, en el tránsito del
s. XVIII al XIX, se va integrando cada vez más en una seriación de hechos
económicos y sociales por los que se configuran nuevos paisajes.En ayuda de la
concepción que de la agricultura como ciencia tiene el hombre moderno viene, en
muy primer término, la gran expansión de los llamados cultivos revolucionarios.
Igualmente, las combinaciones de cultivos han desembocado en la constitución de
sistemas intensivos de explotación de la tierra. Por tanto, al crearse nuevas
riquezas sería como éstas alentarían nuevos avances que, concatenándose entre
sí, darían fisonomía totalmente distinta a la
agricultura.
Este es el sentido que parece tener la
revolución ³mecánica² de la agricultura, iniciada en el s. XIX. La
utilización del tractor la
remata, dándole una tremenda dimensión. El
motocultivo y la misma electricidad han venido a ser en la actualidad aspiración
que sintetiza los afanes por el logro total de la mecanización de las labores
agrícolas.Para nadie pasan inadvertidos los resultados de estos adelantos:
ampliación de las extensiones cultivadas, mayor ahorro y rapidez en las faenas
agrícolas, mejora en los sistemas de explotación, etc., que se traducen en un
incremento muy sustancioso de la producción.Además y puede ser significativo,
cuando se implantan rotaciones en los cultivos se hace tanto por exigencias
agronómicas como por los precios de los distintos productos agrícolas. La
producción se orienta, pues, al mercado. Es ya declaradamente una agricultura
comercial o de franca y decidida especulación. En ocasiones, la meta va más allá
y se llega a la más radical especialización, alentada con frecuencia por una
latente
vocación regional o
comarcal.
Conclusión
El
mundo de la agricultura requiere globalmente el estudio y conocimiento de una
amplia gama de fenómenos sociales y económicos que convergen en unas áreas que,
en términos visuales, pueden reconocerse como ³el campo². (Ager, palabra latina,
de donde proceden los vocables agrario y agricultura, significa precisamente
campo). En aquel y al paso del tiempo, los recursos naturales han sido objeto de
nuevas y cambiantes demandas. Sin duda, esta tendencia continuará en el futuro
cada vez con mayor intensidad. Las estructuras rurales heredadas del pasado
tendrán que ser estructuradas e incluirse nuevos componentes más allá de los
estrictamente agrarios. Habrá que intentar obtener el mejor entendimiento entre
todos ellos para armonizar las distintas demandas
de terreno que han venido
a sumarse a las específicamente agrícolas.
Hay
que tener muy presente que todo paisaje agrario puede explicarse no sólo por su
suelo, relieve o topografía, climatología,
sino también por su devenir
histórico, su poblamiento, utilización, etc., etc.
AGRICULTURA TRADICIONAL. PUEBLOS PRIMITIVOS
PUEBLOS CAZADORES Y PASTORES NÓMADAS
AGRICULTURA Y GANADERIA TRADICIONALES EN LOS PAISES DEL SUR
LA AGRICULTURA DEL ARROZ EN ASIA MONZÓNICA
EL PROBLEMA DEL AVANCE DE LA DESERTIZACION: EL CASO DE AFRICA
Oasis y regadíos de la zona arida Agroganadería de secano
PUEBLOS CAZADORES Y PASTORES NÓMADAS
Los primeros seres humanos conocidos vivieron de la caza, la pesca y la recolección, lo que constituía una economía básicamente depredadora. El posterior descubrimiento de la agricultura y la ganadería, a partir del neolítico, relegaron aquellas actividades, pero en algunas zonas aisladas han continuado existiendo grupos humanos cuya subsistencia depende de la abundancia de la fauna y la flora naturales.
Hasta el siglo XIX, en las grandes praderas de Norteamérica, pervivieron pueblos indígenas, como los sioux, que ocupaban el territorio del alto valle del Missouri (Estado actual de Dakota), cuya vida dependía de la caza del bisonte. Otros pueblos indígenas de Norteamérica de la región de los Grandes Lagos, tales como iroqueses o mohicanos vivían fundamentalmente de la caza en los bosques. Su contacto con los europeos comenzó cuando pasaron a intercambiar pieles por otros productos. La expansión de la "civilización" desde la costa atlántica hacia el Oeste significó la transformación del hábitat natural por la colonización agrícola de las tierras, y con ellas, la práctica desaparición de las culturas indígenas. Todavía en el siglo XX perviven pueblos que obtienen sus recursos, fundamentalmente, de la caza y la pesca. Habitan espacios marginales en durísimas condiciones que han dificultado la colonización de esos territorios. Es el caso de los esquimales, que se extienden por la península de Alaska y las islas Aleutianas. En esta zona, el hielo cubre el suelo la mayor parte del año, por lo que la vegetación es mínima (sólo un pequeño intervalo de unos dos meses con el desarrollo de plantas herbáceas de ciclo corto). Además, durante más de la mitad del año no se ve el Sol. En estas circunstancias, los esquimales se han adaptado a sobrevivir en el hielo: alimentándose de la caza de focas y otros animales, de la pesca que realizan sobre respiraderos abiertos en el hielo, desplazándose en trineos tirados por perros, edificando ingeniosamente sus viviendas con bloques de hielo("Igloos"), vistiéndose con pieles y ornándose con objetos elaborados en hueso. No obstante, en los últimos años muchos jóvenes abandonan la forma de vida tradicional y se desplazan hacia las ciudades meridionales, los ancianos reciben ayuda del gobierno de Estados Unidos, mientras otros grupos van sustituyendo los trineos de tracción canina por modernas motos de hielo.
En el otro extremo del mundo, los bosquimanos del Kalahari (Botswana) viven también de la caza y la recolección en un medio árido. De pequeña estatura (en torno a 1,50 m), los bosquimanos son incansables andarines, capaces de encontrar en el desierto la cantidad suficiente de agua para evitar la deshidratación, alimentarse de las bayas y semillas comestibles, extraer de las plantas veneno para sus lanzas, rastrear piezas, reconocer los itinerarios de los animales... De este modo continúan sobreviviendo desde hace siglos, mucho tiempo antes de que los europeos conociesen siquiera estos territorios del interior de África.
También los pueblos pastores son conocidos desde tiempos remotos. En la Antigüedad y la Edad Media se produjeron a menudo conflictos entre pueblos sedentarios de economía agropecuaria y pueblos pastores nómadas. Así, se produjo la invasión de Europa, desde la época del Imperio romano, por pastores procedentes del Este europeo (germanos) y de las estepas del Asia central (hunos, magiares, búlgaros, turcos, mongoles). Desde el siglo VII, la expansión del islamismo se produjo al compás de las conquistas de un pueblo de pastores nómadas: los árabes. Los contactos de Europa con el Próximo y el Lejano Oriente asiático, en época medieval, se efectuaron gracias al enlace de la ruta de la seda, itinerario seguido por las caravanas y por los tratantes de ganado.
En la actualidad, perviven residualmente en los últimos pueblos pastores: los tuareg en los confines del desierto sahariano; los masai, en Kenia; los lapones en el norte de Escandinavia, etc. Los masai incendian las hierbas secas de la sabana para favorecer el crecimiento del tapiz vegetal en la siguiente estación lluviosa, se desplazan con sus rebaños de vacas siguiendo los pastos. Se alimentan de leche y sangre tomada de los ejemplares robustos. Algunos tratan de obtener ingresos extras permitiendo ser fotografiados por los turistas occidentales. Los lapones, ataviados con sus tradicionales trajes rojos, deben su supervivencia al reno. En invierno descienden hacia el Sur, al dominio de la taiga (los bosques de coníferas), y en verano se desplazan hacia los verdes pastos de la tundra. Las rutas de migración animal y ganadera son muy anteriores al establecimiento de las fronteras políticas. En la actualidad, la cooperación de las autoridades de Finlandia, Suecia y Noruega facilita el transporte en barco de las reses, la dotación de servicios básicos y el empleo de maquinaria sofisticada para conducir los rebaños.
LA AGRICULTURA POR EL FUEGO La forma más primitiva de agricultura conocida se basa en la deforestación progresiva de zonas de selva mediante la quema de árboles y maleza. Probablemente, este modelo de explotación del suelo y de colonización del espacio no debe diferir en mucho, excluyendo las lógicas diferencias bioclimáticas, de lo que debió ser la agricultura neolítica los albores de la civilización, miles de años antes de Cristo. Es característico de agricultura:
*El uso del fuego para roturar el bosque creando espacios de cultivo y gen abono con las cenizas que fertilizan el suelo temporalmente.
*El carácter itinerante, es decir, sin asentamiento definitivo,
*La ausencia de ganadería autóctona en estas regiones propicia la inexistencia de animales domesticados que puedan ser empleados como fuerza de tracción para tirar de carros o arados. En consecuencia, estas tareas las desempeñan las personas, que deben acarrear todo lo necesario. Además, el laboreo de la tierra se realiza de manera exclusivamente manual, con la ayuda de útiles rudimentarios
*Complementar la dieta con la recolección, la caza y la pesca que los nativos obtienen en la selva.
La agricultura por el fuego pervive en zonas que hasta fechas muy recientes ha permanecido prácticamente aisladas de todo contacto en el exterior. Se localiza primeramente en la zona ecuatorial :
- En Asia, en las regiones interiores de Indonesia y la península de Indochina.
- En el continente africano, en la cuenca del río Congo y algunos territorios del África occidental.
- En el continente americano, en zonas de América central y la cuenca amazónica donde los indígenas debían ya cultivar las tierras ganadas a la selva antes de la llegada de Cristóbal Colón.
El monótono clima ecuatorial, con sus días prácticamente idénticos a lo largo de todo el año (mañanas brumosas, tardes lluviosas y noches templadas) crea las condiciones para el desarrollo del bosque natural: la selva. El calor y la humedad constantes crean la flora más variada del Planeta, que crece en pisos escalonados y forma el hábitat boscoso y acuático de una fauna salvaje integrada por multitud de especies de insectos y otros invertebrados; reptiles, anfibios, simios y aves. La intensa actividad bacteriana que se desarrolla en estas condiciones climáticas favorece el desarrollo de múltiples enfermedades, que afectan tanto a los seres humanos como al ganado foráneo que se ha intentado introducir sin éxito en las zonas de selva. En otras ocasiones, la creación de pastizales para el ganado está provocando la destrucción por tala y erosión subsiguiente de la selva.
A pesar de la exuberancia vegetal, el suelo, de color rojizo, no es muy rico en humus. La mayor parte de la materia orgánica desaparece rápidamente debido a la acción de los microorganismos, de modo que no llega a descomponerse e incorporarse al suelo, como sucede, por ejemplo, en las zonas templadas. La pendiente del terreno es prácticamente imposible de apreciar ante la densidad de la vegetación. En la actualidad, la tala indiscriminada de enormes superficies boscosas de la Amazonia y el empleo de modernas técnicas de investigación ha permitido descubrir que las zonas llanas se limitan al espacio contiguo a las orillas de los innumerables ríos que confluyen en el Amazonas. El resto corresponde a zonas en pendiente (laderas) y depresiones. Algo parecido sucede en la cuenca del Congo. En América central y el Asia ecuatorial, este tipo de agricultura ha quedado relegada a zonas montañosas interiores. El poblamiento es concentrado. Los poblados están formados a menudo por un recinto cerrado de forma elíptica. La empalizada sirve de protección contra las otras tribus y cada familia tiene su hogar junto a la empalizada. Para protegerse de la lluvia construyen la techumbre con ramajes y grandes hojas. Duermen en el suelo o en hamacas. Este sistema de cultivo lo practican reducidos grupos humanos emparentados que formas tribus. Cada grupo escoge una zona, donde construye el poblado y quema la maleza, de modo que se crea un pequeño claro en la selva. Allí, alternando con plantas autóctonas, siembran sobre el terreno abonado con las cenizas. A medida que se recogen las cosechas, la fertilidad de las tierras va menguando. Los indígenas van abriendo otras zonas contiguas de bosque. En el transcurso de una generación (unos 20 años, aproximadamente), los nativos se desplazan hacia otras zonas de la selva donde reconstruyen el poblado y comienzan a explotar la tierra siguiendo el mismo proceso. Se trata, pues, de un poblamiento itinerante forzado por una agricultura muy extensiva que, dada la escasez de abono, obliga al desplazamiento del poblado ante el agotamiento de la tierra. Los productos cosechados todo el año forman un policultivo de subsistencia compuesto por cereales (maíz o mijo), tubérculos (mandioca, patata), hortalizas (judías y guisantes) y otros cultivos, como la caña de azúcar o el algodón. Debido a la frecuencia y a la regularidad de las lluvias, los nativos no deben preocuparse del regadío. La dieta se complementa con la recolección de frutas, bayas, invertebrados (orugas, insectos), peces de los ríos cercanos y la caza.
No existe el concepto de propiedad privada de la tierra. Los campos ni siquiera están parcelados y los cultivos se entremezclan con la maleza. Sin embargo, el apego de las tribus a su territorio (campos, ríos, selva) está muy definido y la explotación del mismo se lleva efectuando durante generaciones. La explotación se realiza conjuntamente, a menudo con un diferente rol para los hombres, que se ocupan sobre todo de la caza y la pesca (actividades consideradas peligrosas), y las mujeres, que se ocupan preferentemente del cultivo. La productividad es bajísima, así como el rendimiento de la tierra, que tan sólo permite alimentar de 5 a 10 personas por kilómetro cuadrado. Los grupos son muy reducidos, se limitan a unas cuantas familias.
Los nativos son muy conscientes de la necesidad de conservar el medio natural en el que viven (muchos de ellos conservan creencias animistas, espíritus que habitan en algunos animales). En las últimas décadas, este espíritu conservacionista se ve amenazado por intereses que se ciernen sobre las potencialidades de la selva amazónica.
La agricultura por el fuego retrocede al ritmo que avanza la destrucción irreversible de la selva y, con ella, el conjunto del ecosistema natural, que es frágil y fácilmente vulnerable. La intensa deforestación desarrollada en los últimos treinta años por las modernas compañías que se dedican a la explotación forestal indiscriminada y la conversión de zonas boscosas en pastizales donde se desarrolla la ganadería con especies importadas están acabando con las selvas ecuatoriales. Estas constituyen el auténtico pulmón del Planeta, al devolver oxígeno a la atmósfera y reducir parte del dióxido de carbono que procede de las emisiones del gas que origina la quema de combustibles, especialmente los carburantes. La eliminación de la vegetación facilita la erosión del suelo. Las intensas lluvias lavan el terreno y, sin raíces que contengan la tierra, las aguas se llevan los escasos aportes orgánicos que nutren el suelo. Los ríos adquieren un tono rojizo proporcionado por el color del limo que es arrastrado. Se ha dicho que la selva amazónica se desangra por los ríos rojizos que avenan al Amazonas. El resultado es la mineralización de los suelos, preludio inevitable de la desertización.
AGRICULTURA Y GANADERIA TRADICIONALES EN LOS PAISES DEL SUR
Pese a la diversidad paisajística y agrícola existente, los países del Sur comparten una serie de características comunes:
- Atraso económico por falta de un proceso adecuado de desarrollo industrial, lo que se traduce en la existencia de unas explotaciones tradicionales con pocos recursos y técnicas rudimentarias.
- Baja productividad: las actividades primarias ocupan a un alto porcentaje de la población activa, muy por delante de la industria o los servicios, escasamente desarrollados.
- Predomina el policultivo de subsistencia, combinado, en algunos casos, con el desarrollo de determinados productos cultivados como único recurso para la exportación.
LA AGRICULTURA DEL ARROZ EN ASIA MONZÓNICA
En el Sureste asiático, la zona más poblada del planeta, se desarrolla un tipo de agricultura de tradición milenaria basada en el cultivo del arroz. Este producto precisa temperaturas cálidas y abundante humedad, puesto que su ciclo de crecimiento transcurre casi totalmente en tierras inundadas. Por esta razón, la agricultura del arroz se desarrolla en zonas de clima tropical húmedo o monzónico. El monzón es un viento estacional que sopla en verano trayendo consigo torrenciales lluvias que a menudo provocan inundaciones y catástrofes con pérdida de zonas de cultivo, viviendas y vidas humanas. Sin embargo, también ejerce una acción benéfica: el laborioso reparto o distribución de las aguas vertidas por las lluvias monzónicas permite el desarrollo de la vida humana gracias al cultivo del arroz. También prospera este tipo de agricultura en climas templado-humedos de tipo chino, caracterizados por largos y lluviosos veranos e inviernos sin nieve. Las zonas costeras y los valles de los cursos bajos de los grandes ríos del Sureste asiático (Siltiang y Yangzé en China Bajo Indo, Ganges y Bramaputra en el subcontinente indio; Rojo (Mekong) en la península de Indochina), ofrecen suelos fértiles en zonas llanas que desde la antiguedad remota - tercer milenio antes de Cristo- acogen elevadas densidades de población.
La intensa presión demográfica de esta reglan ha impulsado a colonizar otros territorios y los arrozales se han ido extendiendo hacia las laderas montañosas, en las que se han construido terrazas para aplanar el terreno. Como resultado de todo este proceso, los bosques han quedado reducidos a espacios muy limitados, y la vegetación natural tan sólo se conserva en las zonas más inaccesibles y despobladas. En consecuencia, los animales autóctonos cuyo hábitat ha sido destruido corren grave peligro de extinción. Es el caso, entre otros, del oso panda, una especie cuyo numero de ejemplares se ha ido reduciendo de manera alarmante, a la par que iban desapareciendo los bosques de bambú.
El paisaje rural de este tipo de agricultura está, pues. profundamente humanizado. Lo constituyen pequeñas y numerosas parcelas que ofrecen en su conjunto una apariencia de "mosaico de espejos", al quedar delimitadas por pequeños diques que contienen el agua donde crece el arroz. Las viviendas de los campesinos se sitúan en promontorios a salvo de inundaciones. Por lo general. se agrupan en pequeñas aldeas localizadas en las cercanías de algún río que se suele utilizar como vía de navegación fluvial. En las proximidades de las casas se sitúan pequeños huertos donde se cosechan variadas hortalizas: lechuga, guisantes, soja, zanahorias... También suelen existir corrales donde se crían diversos animales: pollos, patos o cerdos, alimentados con los desperdicios; y algunos frutales: arbusto del té, naranjos. En algunas zonas se desarrolla un tipo de explotación complementaria entre las moreras, los gusanos de seda y los peces criados en estanques. La morera alimenta a los gusanos de seda, el estiércol de los gusanos y los restos de hojas secas se utilizan para cebar a los peces y el fango de las charcas permite la obtención de abono verde utilizado en los huertos y las moreras.
La propiedad de la tierra en el Lejano Oriente pertenecía tradicionalmente a la comunidad. En el siglo XX se ha desarrollado la propiedad privada en Japón, Corea del Sur, Pakistán y la India, y la propiedad estatal en los países comunistas: China, Corea del Norte, Vietnam, Camboya y Laos. En unos y otros predonima la explotación directa. Son los campesinos que habitan las aldeas los que trabajan la tierra. Pero en los países comunistas la explotación se realiza de manera colectiva, con herramientas, graneros y animales o maquinaria comunes. En China el sistema de las comunas (comunidades rurales que pretenden el autoabastecimiento) se creó al finalizar la Segunda Guerra Mundial, tras el triunfo de la revolución de Mao Zedong, para extender el comunismo a zonas rurales, dotando a las aldeas de escuelas, comedores, centros de atención médica, talleres de artesanía local... El trabajo colectivo permitió aumentar espectacularmente la superficie cultivable y la proporción de tierras de regadío que necesitan el arroz y los huertos.
El cultivo del arroz corresponde a una agricultura intensiva y minuciosa con baja productividad. La obtención de la cosecha es el resultado de un gran esfuerzo humano. La mayor parte del trabajo se realiza con abundante mano de obra: transporte de agua mediante balanzas y otros procedimientos, construcción de terrazas en las montañas, edificación de canales, elevación de los diques y allanamiento de las parcelas... El empleo de animales de tracción se reduce a algún búfalo de agua utilizado para arar la tierra, puesto que no se dispone de terrenos para pastos..
RENDIMIENTOS Y PRODUCTIVIDAD DEL ARROZ
| PAISES |
Kg / Ha |
Kg / Trabajador |
| CHINA (VALLE DEL YANGTZE) |
1200 |
600 |
| VIETNAM |
900 |
600 |
| INDIA (VALLE DEL GANGES) |
600 |
200 |
| TAIWAN (FORMOSA) |
5800 |
1100 |
El mayor problema que debe afrontar este tipo de agricultura es la dificultad para ampliar el terreno cultivable en unas áreas superpobladas. Por ello, el reto de los próximos años será la modernización de las explotaciones para elevar los rendimientos por unidad de superficie y lograr el aumento de la productividad por persona, de manera que la producción agropecuaria pueda seguir alimentando a los mas de 2.000 millones de habitantes que pueblan esta zona, lo que representa aproximadamente el 40% de la población mundial.
EL PROBLEMA DEL AVANCE DE LA DESERTIZACION: EL CASO DE AFRICA
El recurso más importante del Planeta es el agua: sin este elemento, la vida no sería posible. Tres cuartas partes de la superficie del Planeta corresponden a los océanos por tan sólo el cuarto restante de tierras emergidas (los continentes). Del total de agua disponible, sólo algo más del 2% (unos 40 millones de km3, aproximadamente) es agua dulce, utilizable para el consumo humano y la agricultura. Sin embargo, de estos 40 millones, más de la mitad son inutilizables porque corresponden al hielo de los glaciares que ocupan regiones prácticamente deshabitadas; el resto se reparte entre lagos, ríos y agua subterráneas, quedando una mínima parte en forma de vapor de agua en la atmósfera. Los recursos de agua dulce son, por tanto, limitados.La cantidad de agua permanece constante y se revitaliza cíclicamente, dando lugar a un proceso que incluye las siguientes fases:
- Evaporación del agua oceánica, liberándose de las sales minerales y evapotranspiración de las plantas y del resto de los seres vivos.
- Formación de nubes desplazadas por los vientos, que precipitan en forma de lluvia o nieve al enfriarse.
- Escorrentía de aguas que, o bien, se filtran en suelos permeables hasta alcanzar la capa freática (horizonte impermeable bajo tierra equilibrado con el nivel del mar), permaneciendo como aguas subterráneas, o bien, fluyen siguiendo la inclinación del terreno hacía los nos que los conducen al mar, con lo que el ciclo vuelve a comenzar..
La disponibilidad de agua en cantidad y calidad suficiente diferencia a los países
del Norte de los países del Sur. Los habitantes de aquéllos consumen incluso más de
3.000 litros al día, mientras en los países pobres las personas disponen apenas de unos
10 litros diarios (la cantidad mínima adecuada de agua se estima en unos 100 litros por persona y día).
El problema de la escasez del agua tiene especial incidencia en la zona cálida de la Tierra donde se extienden los climas tropicales y áridos. En las ultimas décadas se está acelerando el proceso de desertización. Algunos ejemplos significativos son:
- El lago Chad, en el centro del desierto del Sahara, que se ha reducido en los últimos años a un 10% del espacio que ocupaba hace apenas una década.
- En Malí, Níger o Sudán, el desierto avanza, las dunas invaden casas y campos de cultivo, que han sido abandonados.
- En las zonas templadas próximas a los trópicos la deforestación y el pastoreo excesivo hacen avanzar el desierto también en la orilla norte del Mediterráneo, como se observa en el sureste de la península Ibérica (Almería).
- En España, la prolongada sequía de los años 1993 y 1994 planteó serios conflictos por la distribución de los recursos de agua para riego y consumo entre la comunidad de Castilla-La Mancha la murciana y la valenciana. Además, reveló que los acuíferos conocidos que tardan años en configurarse estaban siendo rápidamente sobreexplotados, lo que afectaba incluso a espacios protegidos, como las Tablas de Daimiel, en Ciudad Real, o Doñana, en la provincia de Huelva, donde la vegetación y la fauna, sobre todo la migratoria, se resienten considerablemente ante la falta de agua.
Oasis y regadíos de la zona arída
En los climas desérticos, la escasez de lluvias y las altas temperaturas dan lugar a la ausencia de agua, lo cual propicia una reducidísíma vegetación y una fauna de pequeño tamaño, pero de carácter letal: escorpiones, algunos insectos. serpientes venenosas, como la de cascabel, chacales, roedores que excavan sus madrigueras, aves rapaces.La falta de vida, el paisaje mineral, la ausencia de vida humana en unos amplios espacios vacíos bajo cielos sin nubes, le han dado a este ecosistema árido el nombre de desierto con el que se designa comúnmente. A pesar de ello, no todos los desiertos son iguales. Existen los desiertos rocosos (Arizona), pedregales (Atacama), arenosos (dunas del Sahara o Arabia), fríos (Gobi). Todos comparten una elevada amplitud térmica diurna (a mediodía las temperaturas alcanzan los 50 C y por la noche el termómetro desciende hasta los O 0C). El entorno mineral del desierto se calienta y enfría bruscamente como el metal. El Sol, sin ninguna interferencia nubosa, calienta el suelo hasta temperaturas insoportables, pero al ocultarse y cesar la fuente de calor, surge la noche estrellada y el enfriamiento es vertiginoso.
La vida en estos territorios sólo resulta posible allí donde aparece el agua. En las regiones montañosas próximas al desierto se recogen algunas precipitaciones. Los arroyos que se forman dan lugar a ríos, que no llegan a desembocar en el mar: son los guadis (palabra árabe que significa río, como Guadiana, literalmente, Rio-Anás). Los encontramos en el Sahara, o en el confín norte del desierto del Kalahari, cuyas aguas desaparecen fruto de la evaporación y la filtración. Sólo aquellos grandes caudales de miles de kilómetros, cuyos nacimientos están alejados de las regiones áridas, pueden desafiar al desierto, como el Nilo, o el Indo en Asia, cuyo nacimiento discurre entre la cordillera más alta de la Tierra, el Himalaya, y la Meseta del Tíbet. Otros casos semejantes, aunque de menor relevancia, son el Eufrates y el Tigris, en Iraq, y el Syr Daria y el Amu Daria; estos dos últimos vierten sus aguas en el mar de Aral, en Asia central.
Salvo estas excepciones, en los desiertos sólo se conservan las aguas que, filtradas subterráneamente en suelos permeables (calizos), evitan la evaporación. Las rocas impermeables que se hallan bajo el suelo evitan que las aguas continúen su avance en profundidad y fuerzan su circulación. Su trazado discurre bajo la superficie del suelo, formando en algunos lugares depósitos acuíferos que pueden ser explotados mediante pozos que se utilizan como abrevaderos para el ganado nómada en medio del desierto. Si en algún momento estas rocas impermeables afloran a la superficie debido a la disposición de los pliegues del terreno, arrastran también al agua, que reaparece manando limpia y cristalina tras haber pasado los sucesivos filtros. El curso de estos ríos recuperados provoca la milagrosa reaparición de la vida vegetal: el oasis.
La vegetación natural del oasis es la palmera datilera, de la cual se aprovecha todo: se bebe el jugo hecho con su savia, se comen los frutos (dátiles) y se utilizan su tronco y sus ramajes para la construcción de chamizos y cestos. Sin embargo, el mayor bien que ofrece la palmera es su sombra, que proporciona un ambiente fresco y posibilita la agricultura, evitando la evaporación del agua. De este modo, en los oasis se ha desarrollado desde hace siglos una agricultura intensiva escalonada, en cuyo piso inferior, a pie de las palmeras, se extienden las huertas, organizadas en pequeños bancales o parcelas donde se riegan y cosechan lechugas, tomates, berenjenas, pimientos, zanahorias, calabacines... En un piso intermedio se desarrollan árboles frutales: naranjos, limoneros, higueras, almendros, y, por último, en el techo vegetal, el ya mencionado aprovechamiento de la palmera.
Algunos de estos palmerales son reducidos, otros ofrecen una dimensión considerable, como el de Tozeur, al sur de Túnez, con más de 200.000 palmeras, entre las que es fácil perderse. Los oasis se han convertido en el único lugar de asentamiento estable del desierto, amparando el desarrollo de mercados y ciudades que se convierten en los puntos de intercambio obligado transitados por las rutas caravaneras.
Entre los trópicos de ambos hemisferios, en las zonas donde se extiende el clima de sabana tropical, se desarrolla un tipo de agricultura tradicional relacionada con la ganadería y asociada a algunas etnias del África negra. En estas regiones, donde el calor se extiende todo el año, el ritmo estacional viene marcado por la alternancia anual de las épocas seca y lluviosa. A medida que nos alejamos del ecuador, la estación lluviosa se va acortando progresivamente hasta que, finalmente, llega a desaparecer totalmente al alcanzar el dominio del clima desértico.
A diferencia de lo que ocurre en las zonas templadas, las aldeas se sitúan en lugares alejados de los ríos, ya que éstos tienen un régimen muy irregular. El terreno en África es predominantemente llano y fácilmente inundable. En la época de las lluvias, los ríos aumentan enormemente su caudal y se desbordan. En la época seca, su caudal se reduce hasta llegar a desaparecer en algunos tramos del río, de modo que las aguas quedan estancadas. En estas aguas retenidas y pestilentes se produce la incubación de microorganismos que, transmitidos por la picadura de algunos insectos, provocan enfermedades infecciosas, algunas de ellas mortales, tales como el paludismo, la enfermedad del sueño o la denominada "ceguera de los arroyos". En consecuencia, el agua es escasa y a menudo de mala calidad. Ha de ser transportada en recipientes hasta la aldea, recorriendo a veces trayectos de algunos kilómetros. Esta tarea la desempeñan las mujeres, tanto adultas como niñas desde corta edad.
Otra consecuencia del clima es la formación de suelos lateriticos, que son estériles para la agricultura. Se originan en zonas llanas, elevadas como resultado de la disolución de las sales minerales del suelo en las aguas encharcadas. La posterior evaporación del agua da paso a la formación de una capa rocosa endurecida que imposibilita su puesta en cultivo.
En las aldeas sereres del Senegal el modo de poblamiento es concentrado, con un número escaso de chozas construidas con barro secado al sol, paja y ramas para las techumbres, que se esparcen sin orden fijo dentro de un recinto protegido a veces con empalizadas. La aldea rodeada de un anillo de pequeños huertos familiares que se conoce como pod. Estas porciones de tierra abonadas con restos domésticos (se desconoce el concepto de "basura~") son las únicas que, con mucho esfuerzo y sacrificio, pueden ser regadas. De ellas se obtienen judías, guisantes y otras hortalizas.
El resto de las tierras extendido más allá del pod en zonas con ligera pendiente acoge cultivos de secano que se intercalan entre los escasos árboles (acacias), los cuales, además de dar sombra, protegen al suelo de la erosión y aportan pequeñas hojas que lo enriquecen. Para su explotación extensiva, el terreno se organiza en tres grandes áreas (hojas) separadas por setos. En una hoja se planta cereal, sobre todo, mijo, sorgo o centeno, con el que elaboran tortas de pan. En otra siembran cacahuete, que utilizan para obtener aceite, o mandioca. un tubérculo que una vez machacado y tostado sirve para cocinar sopas. La tercera, que está limitada por setos queda en barbecho, es decir, sin cultivar. En la zona de barbecho pasta el ganado, generalmente cabras y especies de vacuno de grandes cornamentas adaptadas al clima cálido. Cada año, las hojas van rotando para dar descanso y regenerar la tierra ( recordando el sistema de cultivo tradicional europeo del openfield). Los setos son abatidos, permitiendo pastar al ganado una vez recogida la cosecha. Las técnicas de cultivo son tradicionales. Algunos animales se emplean para tirar de carros y arados. Las herramientas son rudimentarias: para moler se sirven de mazas de madera endurecida que las mujeres golpean repetidamente contra el grano, fabrican cestos, utilizan calabazas para contener líquidos...
La propiedad de las tierras es comunal. Los ancianos asignan un lote de tierra a cada familia en proporción al número de miembros. Algunas tareas, como la recolección, se efectúan conjuntamente. Se guarda la cosecha en graneros colectivos. Todas las tareas agrarias son realizadas por los habitantes de la aldea, de modo que la explotación es directa. El policultivo se orienta al autoconsumo, y sólo en los años de buena cosecha es posible obtener algún excedente que pueda ser vendido o intercambiado mediante trueque en los mercados locales y ciudades cercanas.
Se trata de un sistema extensivo porque el rendimiento de la tierra es bajo debido a la dificultad de ampliar el regadío y la escasez de abono, que obliga a servirse del barbecho. La productividad también es muy baja: el trabajo de toda la aldea apenas alcanza para alimentar a sus miembros.
Este tipo de agricultura soporta densidades muy bajas de población, de 30 a 50 hab/Km2, aproximadamente. El rápido crecimiento demográfico del África negra, que posee el índice de fecundidad más elevado del Planeta, con un promedio de más de 6 hijos por mujer, está generando numerosos problemas. El retraso de las lluvias puede ser fatal para la cosecha. La falta de previsión y la carencia de infraestructuras de conservación y abastecimiento de alimentos impiden paliar los efectos catastróficos del hambre. Muchos jóvenes optan por marcharse de las aldeas a las plantaciones de algodón o caucho explotadas por compañías extranjeras, cuyos productos se destinan a la exportación. Otros se dirigen a las zonas suburbiales de las ciudades buscando un empleo que no existe, dada la gran afluencia de inmigrantes y la falta de inversión. De este modo, pasan a engrosar el cinturón marginal de pobreza urbana. Algunos intentan ahorrar para abandonar el país y marchar a Europa en busca de mejor suerte.
En estas dramáticas circunstancias, resulta cada vez más frecuente escuchar noticias de mortandades masivas provocadas por la sequía y el hambre en Etiopía, u otras de matanzas entre etnias que viven al límite de la subsistencia en Ruanda y Burundi.