
El río Mandeo nace en los montes de Sobrado dos Monxes, en las cumbres de la sierra de A cova da Loba, y desemboca en Betanzos, formando en su desembocadura la Marisma de Betanzos. En sus 56 kilómetros de recorrido recibe a numerosos afluentes: el Deo, el Porto, el Lombaos, el Dombrete, el Ramalleiro, el Lentemil, el Portabenzos, el Zarzo, el Mendo...por lo que es un río con un caudal abundante. Este elevado caudal permitió que Betanzos fuese un importante puerto marítimo- fluvial hasta el siglo XVI.
El lugar y coto de pesca de Chelo, que analizaremos aquí en detalle, es un tramo muy concreto de este río. Se encuentra cercano a Betanzos, en un valle muy encajado en el sector de A Espenuca. Cuenta con un Aula de naturaleza que nos propone un itinerario ambiental por el río Mandeo muy interesante. Gran parte de la información utilizada para este análisis proviene de hecho, de sus guías.
Desde el punto de vista geomorfológico es muy interesante el encajamiento del río Mandeo a la altura de A Espenuca, un macizo de rocas mucho más duras que las de los alrededores. Con el paso del tiempo, la fuerza del agua (con la posible ayuda de la existencia de una pequeña falla) fue abriendo un cañón para atravesarlo. Es en este tramo donde el río Mandeo alcanza una de las pendientes más pronunciadas de su lecho pues tiene que salvar un importante desnivel.
Si miramos al río con atención podemos observar distintas huellas que ha dejado y continúa dejando la importante erosión del agua sobre las rocas: pilas, pozas del río, cantos rodados...
( Foto Secundino Lorenzo)
Otro elemento vital en este lugar es su bosque de ribera. Los bosques de ribera forman un pasillo verde que se extiende a lo largo del lecho del río comunicando espacios que, de otro modo, funcionarían como islas. Esto tiene gran importancia para la conservación de la biodiversidad. Ayudan también a conservar el río ya que fijan los márgenes y evitan la erosión que provocarían las lluvias torrenciales. También ayudan a regular la temperatura de las aguas manteniéndola casi constante, sobre todo en el verano. Además, sirven de refugio y despensa de alimentos para muchos animales.
( Foto Secundino Lorenzo)
Los árboles de la orilla del río están adaptados a la presencia casi permanente de agua en sus raíces. El aliso es de los que más altura puede alcanzar, hasta 25 metros. Su madera resiste muy bien la humedad y no pudre fácilmente. Además, sus raíces están asociadas a unos hongos que le permiten fijar el nitrógeno de la atmósfera y enriquecen así el suelo sobre el que viven. También encontramos el sauce, árbol que soporta las grandes crecidas del río. Podemos encontrarlo incluso sobre alguna piedra en el medio del lecho del río. Puede llegar a 12 metros de altura aunque lo normal es que sean más bajos.
Pero encontramos en Chelo más árboles que no siempre viven asociados al bosque de ribera. Por ejemplo, el abedul, cuya madera se ha empleado tradicionalmente para hacer zuecos. O el avellano cuyos frutos disfrutamos desde la antigüedad y cuyas ramas se emplean para hacer cestos y atar las vides. El fresno también vive casi siempre cerca de los cursos de agua. Con su madera se hacían los mangos de los aperos de labranza o los ejes de los carros.
Pero además de árboles encontramos helechos, arbustos, lianas, narcisos, lirios amarillos, menta de agua...Y dentro del mismísimo río viven plantas que desarrollan distintas estrategias para evitar ser arrastradas por la corriente y para completar su ciclo vital. Algunas viven enraizadas en el fondo del lecho y sumergidas totalmente como el alga Chara fragilis o el musgo de la fuente. Otras plantas están semisumergidas. Algunas tienen las hojas y flores por encima del agua como la espiga de agua, el miriofilo o los ranúnculos acuáticos. Estas masas de plantas son refugio y lugar de alimentación para la fauna del río. Entre sus hojas nadan los invertebrados, los tritones, las culebras de agua y las ranas. Otras plantas como la lenteja de agua, flotan en el agua, libremente, en remansos y aguas estancadas.
Los animales también adoptan estrategias que les permiten vivir en este medio: Orientarse en el sentido contrario a la corriente (como las truchas o los salmones), poseer un cuerpo aplanado dorsoventralmente para vivir bajo las piedras o mantenerse sobre ellas, tener el cuerpo en forma de huso reduciendo la fricción de la corriente de agua, tener pequeño tamaño, construir pequeños estuches en los que vivir, poseer potentes ganchos con los que agarrarse al substrato, producir potentes hilos de seda que actúan como cuerdas de seguridad, ventosas...La diversidad de invertebrados acuáticos que viven en el río es enorme: moluscos, caracoles, insectos, crustáceos...
Peces como la trucha, el reo, el salmón o la anguila recorren el río Mandeo. En concreto, el salmón es una especie en regresión y el Mandeo es uno de los pocos ríos gallegos que remonta en su migración. De hecho, existen pasos que facilitan su viaje. También el reo se va al mar y vuelve al río para el desove.
Encontramos en Chelo un mamífero acuático como es la nutria. Es difícil verlo, lo más probable es que veamos sólo huellas o excrementos.
En cuanto a las aves, una de las más representativas es el mirlo acuático que se sumerge en el río y bucea caminando por el fondo del lecho agarrándose con sus uñas a las piedras en busca de invertebrados. También vemos lavanderas por la orilla del río o sobre las rocas en busca de insectos.
Pero también el hombre se beneficia del río. Por ejemplo, antiguamente, aprovechando la fuerza del agua para moler grano. En Chelo podemos ver un importante molino de maquila. Este molino tuvo una gran importancia socioeconómica en el entorno ya que a él venían a moler desde la zona de Betanzos e incluso desde Pontedeume, cuando en las épocas estivales los molinos de esas zonas no tenían suficiente agua. Hasta el molino llegaban en barca remontando el Mandeo. Los molinos de maquila pertenecían a un solo propietario. Eran grandes y en ellos vivía el molinero y su familia. El molinero cobraba una parte de la harina, la maquila, que era proporcional a la cantidad molida.
También antiguamente existió un balneario. El balneario de O Bocelo, del que podemos ver ahora sus ruinas en la orilla derecha del río. Tuvo su apogeo en los años treinta del siglo XX, pero un incendio en los cuarenta lo destruyó. A pesar de todo, siguen llegando vecinos de Coirós, Betanzos, Paderne e incluso de La Coruña a buscar las aguas que emanan de su fuente. Son aguas sulfurosas que se bebían como tratamiento del hígado y en baños para tratar el reuma y afecciones de la piel.

Balneario de O Bocelo
Actualmente, el hombre se beneficia de la fuerza del agua del río para producir electricidad. Existe para ello la minicentral hidroeléctrica del Zarzo. Es éste un afluente del Mandeo que sufre una desviación de parte de su curso para encañonar el agua a través de unos tubos que la conducen hasta la turbina que se encuentra en el edificio de la minicentral.
Minicentral del Zarzo (Foto Secundino Lorenzo)
Resumiendo todo lo dicho, el lugar de Chelo es un paraje estupendo para aprender más sobre la morfología del río, su biodiversidad, sus aprovechamientos pasados y actuales y, como siempre, para disfrutar de la naturaleza gallega.
Para disfrutar de más imágenes puedes ver las FOTOGRAFÍAS de Mª José León .
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