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SINTESIS HISTORICA DE LAS TRES COMARCAS
1.CAMPO ARAÑUELO
Esta comarca situada al N.E. de la provincia de Cáceres, se extiende a lo largo de 1.305,1 km2, limitando al Norte. con las comarcas de La Vera, al Sur. con La Jara e Ibores y al Este con la provincia de Toledo, hacia donde se prolonga naturalmente. El río Tajo y su afluente el Tiétar marcan sus barreras geográficas naturales, ya que es dentro del triángulo que forman estos dos ríos donde se asienta su territorio. Con el reparto administrativo de provincias en 1.833, el Campo Arañuelo, unidad geográfica hasta entonces, quedó dividido entre la región Castellano-Manchega y Extremadura, aceptando como capital natural a Navalmoral de la Mata Su nombre según J. Corchón deriva de "Araneolus, palabra con la que los latinos denominaban a una terrible plaga del olivo, consistente en la invasión de unos pequeños insectos, llamados así por su semejanza con la arañas". Hoy sin embargo se concede otra explicación mucho más lógica que tiene que ver con la configuración geológica del territorio, según la cual Arañuelo o Rañuelo se presentaría como un diminutivo de Raña, palabra extremeña que F. Hernández Pacheco incorporaría al diccionario Internacional de Geología, haciendo referencia a un tipo de formaciones sedimentarias compuesta fundamentalmente por arenas, arcillas y cantos rodados. El relieve del Campo Arañuelo lo forman dos unidades fundamentales: la llanura sedimentaria Arañuela y el macizo Paleozoico meridional. La primera es una amplia meseta ligeramente ondulada por la erosión, con una altura media de 298 metros sobre el nivel del mar, ligeramente inclinada hacia el N.W., dirección que siguen sus principales arroyos. Esta llanura entra en contacto por el Sur. por una meseta Paleozoica que en muchos puntos alcanza los 400 metros de altura, sólo sobrepasada por los 559 metros de la Sierra de Almaraz, o los 576 metros de la Sierra de Serrejón, ambas al S.W. de la comarca. La llanura está constituida por arenas y arcillas del terciario continental y canturrales Pliocénicos, en tanto que el zócalo Paleozoico lo forman granitos postcarboníferos. Mención aparte merecen las sierras de Almaraz y Serrejón formadas por cuarcitas y pizarras del Ordovícico y Silúrico y las calizas Precámbricas que desde Almaraz y Valdecañas se adentran en la comarca de Los Ibores Aparte de los ríos Tajo y Tiétar, la llanura Arañuela se halla surcada por arroyos de régimen irregular y temporal que por efecto de la inclinación orográfica, avenan mayoritariamente en el Tiétar El clima es una mezcla de las tres modalidades peninsulares, es decir: Continental, Mediterráneo y Atlántico que tienen como consecuencia unos inviernos fríos, aunque no extremos, primavera y otoño con abundantes lluvias y veranos secos y calurosos. La actividad económica más importante es la agricultura con cientos de hectáreas dedicadas al cultivo del tabaco y espárrago, seguido de la ganadería extensiva y la industria, sobre todo la destinada a la transformación y envasado de los productos procedentes del sector primario. Como consecuencia de la puesta en marcha de planes de regadío, en la ribera del Tiétar, grandes masas de encina, alcornocal y robles fueron desforestadas, relegando éstas poblaciones a la llanura central, donde existe un claro predominio de la dehesa, a las sierras o al ribero de los ríos, donde se registran importantes poblaciones de enebros, sobre todo en la margen de Berrocalejo.
1994 HABITANTES SUPERFICIE EN KM. 2
ALMARAZ 1.470 33,83 Km.2 BELVIS DE MONROY 550 44,57 Km.2 BERROCALEJO 156 14,20 Km.2 CASATEJADA 1.446 113,92 Km.2 DELEITOSA (1) 959 146,00 Km.2 EL GORDO 344 79,60 Km.2 MAJADAS DE TIETAR 1.308 121,20 Km.2 MILLANES 267 18,00 Km.2 NAVALMORAL DE LA MATA 16122 160,75 Km.2 PERALEDA DE LA MATA 1.496 89,05 Km.2 ROBLEDOLLANO 541 62,04 Km.2 SAUCEDILLA 596 60,40 Km.2 SERREJON 386 121,70 Km.2 TALAYUELA 9435 271,85 Km.2 TORIL 179 151,10 Km.2 VALDEHUNCAR 168 24,93 Km.2 ______________________________________________________ TOTAL 35.423 1.513,14 Km.2 (1) Deleitosa y Robledollano, No pertenecen históricamente a esta comarca.
A) Los orígenes del poblamiento.
Al término de las glaciaciones cuaternarias, quedaron configuradas las diferentes unidades geomorfológicas de la comarca, entre las que cabe destacar a las terrazas del Tajo, por ser en ellas donde encontremos rastros de los pobladores más antiguos. Hasta hace muy poco tiempo se hablaba de ciertos núcleos Paleolíticos repartidos por las márgenes de Peraleda e incluso por algunos cerros de la llanura, pero los sondeos sistemáticos a lo largo de toda la orilla del Tajo, han llevado a considerar que no existen tales núcleos como unidades aisladas, sino como partes de un gran yacimiento único que bordea toda la cuenca del río, desde el puente de Bohonal hasta Berrocalejo. Es más, lejos de disminuir la intensidad de los hallazgos hacia el exterior de sus orillas, estos se adensan, mostrando una pervivencia mayor que en la mencionada cuenca. La explicación se encuentra en el fuerte componente arcilloso sedimentario de la comarca, que unido a la escasa inclinación y escorrentía, daba lugar a la formación de navas o terrenos lacustres, que en el tiempo al que nos referimos, debían de estar salpicados de una vegetación que atrajo a una fauna, en cuya caza el hombre se había especializado. El estudio de la industria que produjeron ha sido abordado ya en más de una ocasión, sin embargo los continuos descubrimientos que se han venido realizando desde entonces obligan a replanteamientos constantes de la visión que se tenía de este horizonte Paleolítico, no sólo en lo que a cuantía de yacimientos se refiere, sino también a su periodización, que abarca ya del Achelense Medio al Musteriense, es decir desde el 200.000 al 70.000 a.C. El punto obligado de referencia es la meseta de Cerro Cincho-Coscojas y su continuación hacia Valparaíso, debido, en primer lugar a que sus yacimientos naturales de sílex, fueron aprovechados ocasionalmente en la confección de herramientas, y segundo, por tratarse del complejo de industrias líticas más importantes del Achelense Medio y Final de Extremadura. Mejor estudiado que las terrazas del Tajo, la gran variedad de artefactos, forman el núcleo más importante de la colección J. Sendín de Plasencia. Como típicamente Musterienses hay que anotar algunos materiales recientemente descubiertos en las orillas del pantano, a la altura de la población de El Gordo y los de San Marcos en Rosalejo; revistiendo especial importancia los del último yacimiento, por encontrarse en plena llanura, lejos de las tradicionales terrazas y por hallarse muchas de sus piezas talladas en sílex, un material que parecía reservado a otras regiones peninsulares. Del Paleolítico Superior no se conocen yacimiento alguno, pero sospechamos que muchas piezas de sílex que cubren la superficie de Valparaíso pueden ser un producto de este período, aunque los útiles que se encuentran sean un tanto atípicos. Tampoco se ha llevado a cabo una investigación sobre este campo en la comarca, entre otras cosas por la práctica inexistencia de formaciones cavernarias a las que parece supeditarse la población de este periodo. El único calerizo de alguna importancia, es el situado al S.W. de Almaraz, pero sus calizas dan lugar a pocas cavidades externas, salvo en el tramo de Valdecañas y Rmangordo, donde se recogieron en el interior de grietas, algunos restos humanos junto a fragmentos de cerámicas de fébrica neolítica, calcolítica y de la Edad del Bronce. Tal vez si se completara un registro arqueológico en profundidad, en esta cueva se encontrasen los primeros restos de una cultura escasamente tipificada en el centro-sur de la Península. Del Neolítico se ignoran las primeras etapas, es en una fase avanzada del periodo cuando conoceremos unos pocos útiles procedentes de varios abrigos enclavados a orillas del Tajo y de un nutrido grupo de dólmenes dispersos a lo largo de la cuenca del mismo río y las proximidades del Tiétar. Ambas referencias ilustran sobre un tipo de sociedad que practicó una economía de tipo mixta, en la que la agricultura debió ceñirse a la franja de vega de los ríos, mientras que los ásperos riscos del ribero se adecuaron más a los hábitos ganaderos, no obstante la caza y la pesca siguieron ocupando un lugar importante en su dieta, como se deduce del hallazgo puntas de flecha y de pesas de redes. Prácticamente todo este caudal de datos procede de prospecciones, salvo en el caso del dolmen de Guadalperal, excavado por Obermaier en 1.925. Este sobresale por su espectacularidad de los 181 monumentos restantes catalogados en la provincia de Cáceres, pero desgraciadamente hoy sólo puede visitarse en aquellas ocasiones en las que descienden de forma acusada las aguas del embalse de Valdecañas. Se trataba de una gran tumba cubierta por un túmulo, construida con aparejo granítico, arrastrado hasta este lugar desde una distancia aproximada de 5 km. Del esfuerzo realizado, dan idea las 140 piedras que se conservan en pie, incluyendo el único menhir con grabados rupestres de la provincia . El inventario de la tumba es poco común, por la riqueza y variedad de objetos que reafirman el carácter colectivo del enterramiento. En su cámara se agolpaban hachas, puntas de flecha, cuchillos, láminas, objetos de adorno, vasos de cerámica, y de uno o varios enterramientos posteriores, varios juegos de vasos campaniforme exquisitamente decorados, etc. El fin del Neolítico coincide con la sedentarización de numerosos grupos humanos, por defecto impulsor de un mayor desarrollo tecnológico que diversifica aún más los sistemas de producción, equilibrando las actividades ganaderas con las agrícolas, es lo que en la historia se señala como la Edad del Cobre. Este periodo se traduce en el Campo Arañuelo en la primera fase estable de poblamiento y en una cierta organización del territorio de acuerdo con unos modelos en los que prima ya el sentido estratégico. Por esa razón los poblados del Molinillo, Borbollón (Navalmoral de la Mata), La Muralla (Valdehuncar) o Albalat (Almaraz) se ubican en los oteros graníticos o en los meandros de los ríos., aunque no faltan tampoco cuevas, como la de Valdecañas (Almaraz) utilizadas como depósitos funerarios, vivienda o santuario. Lo más representativo de este concierto material, son las hojas de sílex, puntas de flecha, elementos de hoz, molederas, raspadores, buriles, azuelas, punzones, elementos de adorno y algún utensilio de cobre, estando ausentes los elementos rituales, mágicos o religiosos que se circunscriben al ámbito del arte rupestre. Dentro de las manifestaciones pictóricas atribuibles a la Edad del Cobre, destacan las de la Cueva del Caraval en Robledolano y Cueva Bermeja en Serrejón, realizadas dentro del estilo esquemático sobre lienzos de cuarcita en el interior de una enorme oquedad, cercana al Salto del Corzo. El esteliforme que aparece en primer término compuesto por dos esferas concéntricas radiadas, se asocia a figuras humanas y animales y a otros símbolos de difícil traducción iconológica. No obstante por la posición que ocupan, en el eje de la cueva orientada al mediodía, podría intuirse una relación escénica de culto solar, o en un sentido más práctico con algún tipo de calendario. La Edad el Bronce, comienza a tener un registro importante, con poblaciones escalonadas a lo largo de la llanura o el borde de los berrocales. Los materiales, consistentes en fuentes carenadas, con motivos impresos de circulos, espigados, acanaladuras, etc. se inscriben dentro de la cultura de Cogotas I (s.XIII-VIII a. C.), con un desarrollo tardío representado en el poblado de La Muralla de Valdehuncar, donde la aparición de dos fíbulas de codo y otro conjunto de elementos cerámicos marca la transición de Cogotas al mundo de la I Edad del Hierro, del que contamos ya con importantes indicios, aún en estudio bajo el solar romano de Talavera la Vieja. El rechazo a la llanura, con uno de los índices más bajos de población histórica en Extremadura por kilómetro cuadrado se ha mantenido casi hasta el principios de siglo, arrinconando las poblaciones hacia los límites de las vegas, las zonas de contacto con el granito o el ribero . El fenómeno se hace más visible ya en las poblaciones de la Edad del Hierro que asientan sus ciudadelas en los escarpes del Tajo, algunas aprovechando cimentaciones de culturas anteriores como ocurre en La Muralla de Valdehuncar, otras son levantadas de nueva planta como las del castro de Valdecañas en Almaraz. Este último con una cerca amurallada de casi dos kilómetros de recorrido, remata en una gran torre que estrangulaba el paso al interior de un recinto donde afloran plantas cuadradas y rectangulares de las viviendas. La ocupación romana sustituye esta estructura de poblamiento, por el de ciudades y villas, con el fin de administrar y explotar el territorio. En este sentido el Campo Arañuelo queda adscrito a la órbita de Augustóbriga (Talavera la Vieja), a partir de la cual se distribuirán otros núcleos de menor entidad, que utilizan la vía que enlaza Mérida con Zaragoza como punto de referencia para su establecimiento. Como manifestamos anteriormente, el modelo de población, seguirá ciñendose a las tierras más salubres, de ahí que la llanura emerja como un foco de despoblamiento, mientras rincones como el de Las Viñas cercano a Navalmoral de la Mata y Millanes, soportarán una gran densidad de población según se desprende del hallazgo de numerosas "villae", de las cuales, al menos tres fueron decoradas con pavimentos musivos. La villa del Olivar del Centeno en Millanes excavada recientemente, constituye uno de los ejemplo de la gran propiedad romana dotada de comodidades y lujo propios de la gran ciudad. Pinturas y mosaicos con escenas de cacería, retratos, temas geométricos o el cortejo Báquico distinguen el rango de sus habitantes. Hacia el Este, los "fundus" documentados se vinculan directamente con Augustóbriga y la calzada, pero no todos nacieron con vocación agropecuaria, algunos pudieron servir simplemente de tabernas, caso posible de las ruinas de Santa María (Navalmoral de la Mata) o Valparaíso (Peraleda de la Mata), donde hay localizado un miliario; otros como Peñaflor (Berrocalejo) surgieron con una clara función militar para la vigilancia de la vía y el puente que después llamado del Conde y por último, algunos se orientarían hacia la producción industrial. El ejemplo más interesante se halla en la villa de la Cañada de los Judíos (El Gordo), donde las aguas del pantano de Valdecañas pusieron al descubierto varios hornos, restos de fundición y telares. Todo este proceso iniciado en el s. II, se continua y prolonga más allá del Bajo Imperio romano, consolidando un sistema de ordenación y explotación del territorio que aún perdura. Las únicas estructuras que sufren modificación son las religiosas, que tiene que adecuarse al modelo cristiano, de ahí que en "villae como las de Torre de San Gregorio" (Navalmoral de la Mata) se hallen elementos basilicales. La era islámica significa un nuevo periodo de despoblamiento, para unos moradores de por sí debilitados, por la inestabilidad política visigoda que había obligado a muchos a retirarse de los peligrosos márgenes de las vías hacia zonas más apartadas. No conocemos ninguna mención del Campo Arañuelo en las fuentes árabes, salvo en el caso de Al-Balat (término de Almaraz), ciudad fundada a la orilla de uno de los vados más importantes del Tajo. LLegó a ser capital de una "cora" o provincia musulmana que abarcó probablemente desde Monfragüe hasta las lindes de Vascos (Navalmoralejo, Toledo), y desde la Vera a Miravete. Como cabeza militar quedó integrada en la Marca Media o "Al Tagr al- aswat", enlazando con los castillos de la Jara a través de atalayas, conociéndose una totalmente arruinada en Cancho Castillo (Valdehuncar). Los Almorávides la fortifican y utilizan como punto de partida de sus correrías hacia territorios del Duero, hasta que en la decadencia de este imperio es destruida por las milicias fronterizas cristianas Alfonso VIII la repuebla y cede a una orden militar recién creada en Trujillo que probablemente no llegue ni a ocuparla, ya que en el mismo año (1.195) los Almohades han devastado toda la frontera incluyendo Toledo. A partir de entonces ya no se cita la fortaleza sino el vado, hasta el reparto de la moneda forera, cuando se la incluye dentro del sexmo del Campo Arañuelo, pero como Campana de Albalat.
B) La repoblación medieval.
El transito de ejércitos hacia uno y otro lado de la Extremadura (frontera) tuvo un resultado desastroso para la comarca, que salvos puntos muy concretos quedó totalmente yerma y despoblada, tanto es así que a principios del s. XIII Fernando III concede un derecho de asiento, quedando libres los posibles ocupantes de pagar los "pechos" a la corona. No se conoce la procedencia exacta de estos pobladores que constituyen el germen histórico de la comarca, aunque lo más probable es que tuvieran raíces en los serranos de Ávila que aprovechaban la llanura para la invernada de sus ganados. Por ello cobraría sentido la alianza entre los concejos de Talavera y Plasencia tendente a limitar la progresión abulense que ya había ocupado un sexmo desde la Puebla de Naciados a la Vega de Alarza. Así pues la repoblación cristiana en el Campo Arañuelo sería de tres clases: una señorial (casas de Belvís, Almaraz y Oropesa), otra eclesiástica (Campana de la Mata y Albalat) y una concejil (sexmo de la Puebla de Naciados). En 1.254 se fijan los estatutos de la Tierra de Plasencia a partir de la carta de población en la que Alfonso VIII concedió los derechos de explotación en esta parte del mapa, casi al mismo tiempo en que se instauran los señoríos de Almaraz y Belvís, Oropesa y Serrejón. A principios del s. XIV en medio de aquellos señorios se constituye un concejo de alquerías dependiente de la jurisdicción de Plasencia que tiene como eje la iglesia de Santa María de la Mata, de ahí que al concejo se le nombre como Campana de la Mata. Esta peculiar institución, promovida por la iglesia tiene como fin potenciar la repoblación, evitar la usurpación de tierras por parte de los señores y emanciparse de la Mesta. No obstante su característica más significativa era la disposición de tierras, dehesas y egidos por parte del común de los vecinos que disfrutaban además del privilegio de exención de impuestos para los recien casados o recien avecindados. Su estabilidad dependió de la fortaleza de los señores que usurparon tierras y derechos, consolidados mediante adehesamientos El número de poblados que lo componían fue variable; en principio se cuentan las aldeas de Santa María, Navalmoral, Valparaiso, Torviscoso y Malhincada, en el s. XV se añade Millanes y tal vez Talayuela; en el s. XVII se incorpora La Peraleda y a principio del XIX, en ese ciclo recurrente de despoblamiento sólo subsisten ya Navalmoral, Peraleda y Millanes. Con todo el siglo. XV es una etapa positiva para el Concejo de la Mata que logra mantenerse apartada de los enfrentamientos entre las familias nobiliarias de los señoríos vecinos, donde la historia tuvo un comportamiento diferente. Durante los siglos XVII, XVIII y comienzos del XIX dice J. Corchón, el Campo Arañuelo se va despoblando de un modo alarmante por causas fundamentalmente económico-militares. Cuando las enérgicas medidas del Despotismo Ilustrado habían contenido el mal, la Guerra de la Independencia detiene los progresos alcanzados y coloca a muchos pueblos arañuelos en tal lamentable circunstancias que a duras penas se logran reponer en el transcurso de la pasada centuria Si bien la Guerra de Sucesión primero (1.701-1714) y la de la Independencia después (1.808-1.814) precipitaron el hundimiento económico de la comarca, no es menos cierto que muchos pueblos se habían abocado hacia ello de forma natural, ahorrándoles un larga agonía. Torviscoso, Malhincada, Santa María de la Mata, fueron pasto de la esterilidad traída por las talas y el paludismo. citándose los mencionados términos como "tierra enferma" en las Relaciones Topográficas de Felipe II o en las de Tomás López. La Puebla de Naciados victima de la escasez de tierras fue estrangulada por las grandes propiedades de aristócratas absentistas. Por las guerras, El Centenillo, Valparaiso, Las Lomas, etc. Y por la desamortización eclesiástica los conventos de Alarza, El Espadañal y San Francisco, exclaustrando a los monjes que los habitaban. Con la paz se repoblaron algunos núcleos destruidos por la guerra -Saucedilla, Casatejada, Belvís de Moroy y Almaraz-, pero otros no se reconstruyeron jamás, en total, contando con el arañuelo toledano se despoblaron más de 42 localidades. Esta tendencia se ha visto frenada en nuestra era, merced a la creación de planes de regadío que han permitido poner en marcha la explotación de todas las riberas del Tiétar, creándose para tal fin localidades nuevas como Rosalejo o Tietar, resultando además beneficiados pueblos de cabecera que como Navalmoral de la Mata o Talayuela han visto aumentar su habitantes en una proporción hasta ahora desconocida en la provincia de Cáceres.
2. LA JARA
La comarca de la Jara cacereña, situada al NE de la provincia de Cáceres, forma parte de una verdadera unidad geográfica, escindida administrativamente desde 1.833 de las provincias de Toledo, Ciudad Real y Badajoz. Abarca los términos de Villar del Pedroso, Carrascalejo de la Jara, Navatrasierra, Garvín, Valdelacasa de Tajo, Peraleda de San Román y Talavera la Vieja, extendidos sobre una superficie de 518 Kilómetros cuadrados, alberga una población aproximada de 2818 habitantes de derecho.
1994: HABITANTES SUPERFICIE EN KM2.
CARRASCALEJO DELA JARA 496 48,70 Km2. GARVIN 121 38,03 Km2. NAVATRASIERRA (Pedanía de V. del Pedroso) PERALEDA DE SAN ROMAN 435 69,34 Km2. TALAVERA LA VIEJA *39,10 Km2. VALELACASA DE TAJO 900 73,88 Km2. VILLAR DEL PEDROSO 866 248,99 Km2. _______________________________________________________ TOTAL 2818 HAB 518,O4 KM2
*-Esta extensión era la que tenía antes de que su termino se repartiera entre Bohonal de Ibor y Peraleda de San Román-
Sus límites, dejando de un lado la línea imaginaria que la separa por el Oeste de Toledo, quedan esbozados al Norte por la línea del Tajo, al Sur por el valle del Guadarranque y Gualija y al Este por las riberas del pantano de Valdecañas. Su contraste paisajístico se debe a una variedad geológica que resume las formaciones endógenas cacereñas. Con un predominio de la llanura pizarrosa, a veces fuertemente ondulada, los escarpes graníticos de formas dinámicas, cerros de calizas marmóreas, rañas arcillosas y crestones de cuarcitas. Es esa diversidad la causa de afloramientos minerales, que como el cobre y el plomo llegaron a ser explotados industrialmente hasta principios de siglo, o la que en la divisoria de las cuencas del Tajo y el Guadiana, a la altura de Navatrasierra, da lugar a importantes brechas fosilíferas de trilobites y otras especies gestadas en distintas eras geológicas. Su clima es continental moderado, con fuertes variantes termométricas entre las zonas serranas y la llanura central, incidiendo en la vegetación predominante, que es de tipo árido, el matorral de jara y sus asociados conforman un tapiz vegetal, que da carácter a un territorio que apenas muestra testigos de su abundante flora. Su red hidrográfica es muy dilatada, acusando el paisaje su impacto modelador. En la Sierra de Altamira, tienen origen la mayoría de las fuentes y manantiales, que abren en su discurrir gargantas y desfiladeros, algunos de impresionante belleza como el del río Gualija aguas arriba del despoblado de San Román o el del Pizarroso en su desembocadura en el Tajo. En éste último paraje el agua salva desniveles de hasta cuarenta metros, a base de cascadas, cortando a pico las paredes del cañón granítico recreando un paisaje de gran belleza. Desde este mismo punto inicia el Tajo su andadura por la Jara cacereña, excavando también un profundo ribero que llega a ser impresionante en las alturas de La Renegada y la Bellaca, angosto paso flanqueado por gigantescas atalayas graníticas, salpicadas de enebros y acehuches.
A) Los orígenes del poblamiento.
Los primeros registros de asentamientos humanos en la comarca de la Jara se remontan al Paleolítico Inferior y Medio, con yacimientos localizados en torno a las terrazas del Tajo que se formaron sobre la raña de Talavera la Vieja, único lugar del río en su recorrido por la comarca, donde se abre para dar paso a una extensa planicie. En esta zona los primeros seres humanos que la habitaron debieron practicar una economía oportunista, en la que se incluía la actividad cinegética, para la cual hubieron de fabricar una serie de objetos en piedra, tales como hachas de manos, raederas, picos y lascas, que emplearían en separar carne, piel y romper los huesos de sus presas. Muchos objetos de los que nombramos aquí han sido encontrados en cantidades apreciables repartidos por las orillas del pantano de Valdecañas, que en su labor erosiva ha ido descarnando las antiguas terrazas. A finales del Neolítico volveremos a contar con vestigios humanos, tanto en el tramo abierto del río Tajo, como en otros valles y en la planicie jariega, se trata en esta ocasión de una extensión del fenómeno megalítico hacia la submeseta, caracterizado por la construcción a base de grandes bloques de piedras de enterramientos colectivos a los que se les denomina dólmenes Los más significativos son los del Gambute en Peraleda de San Román, El Tesoro y Las Atalayuelas en Valdelacasa; ninguno de los cuales ha sido excavado, aunque por sus características y proximidad con el de Azutan (Azután, Toledo) podemos conocer el ritual y filiación cultural. La Edad del Cobre se consolida como uno de los momentos de mayor florecimiento de las comunidades prehistóricas, adensándose el mapa de hallazgos relativos a este periodo. Hay evidencias de poblamiento en Castros y Tejoneras en Villar del Pedroso, en el Recorvo de Talavera la Vieja, en La Cueva del Escoberal, Cueva de Peña Castillo, Cueva del Colmenar en Peraleda de San Román, y también en este último término en el yacimiento de Navaluenga, uno de los más complejos e interesantes de la región, al hallarse instalado en la cima de un laberíntico berrocal, con espectaculares formaciones de piedras caballeras y abrigos que el hombre aprovechó como viviendas, dejando la huella de su paso en grabados, pinturas, cerámicas y en un variado muestrario de útiles de trabajo. El declinar de las tradiciones calcolíticas, parece que fue acompañado de una merma de la población, hasta finales de la Edad del Bronce, periodo testimoniado únicamente por el hallazgo de cerámicas grises y estructuras de cantos rodados en los estratos fundacionales de Talavera la Vieja. Durante la Edad del Hierro hemos de suponer que se produjo una revitalización, al tiempo que una identificación con el ámbito cultural conocido en las fuentes antiguas como el territorio Vetton. La distribución de las peculiares esculturas de verracos por el campo jariego parecen refrendarlo, al tratarse de elementos con valor iconográfico de identificación étnica. Su conexión con el grupo abulense lo avalan más de una docena de hallazgos, algunos de los cuales fueron citados por I. Hermosilla, a su paso por Talavera la Vieja, a mediados del siglo XVIII, donde se contabilizaron hasta seis. Uno se conserva en Valdelacasa y otros seis se hallan repartidos por las fincas limítrofes y en el mismo casco urbano del Villar del Pedroso. La romanización del territorio arranca del siglo I de nuestra era, cuando en el lugar que hoy ocupa el despoblado de Talavera la Vieja se funda el Municipio de Augustóbriga. Sus ruinas confundidas entre el légamo del pantano de Valdecañas y las construcciones modernas, aún hoy constituyen un símbolo de magnificencia, aflorando por doquier restos de templos, termas, casas, columnas y sepulcros Además de esta población, surgieron otros núcleos de poblamiento disperso por el agro de La Jara, en lo que a la luz de la moderna investigación se denominan asentamientos rurales. Su repartición es más irregular y menos densa que en otras áreas de la provincia, pero no se hallan exentos de interés dado que su vocación eminentemente agropecuaria es la que conformó el sustrato de explotación primigenia de la comarca. Muchos se organizaron en el extrarradio de Augustóbriga, como la Viña del Bobo o la villa del Recorvo, de la cual conocemos su planta casi completa, gracias a la actividad erosiva de las aguas del pantano, otras sin embargo se fueron espaciando, allá donde la tierra ofrecía mejores condiciones. En la zona serrana El Toconal, La Argamasa y Los Hormazos (Carrascalejo), en la llanura, La Oliva, Torrealbilla, San Blas (Villar del Pedroso), Los Villares, Mingo Gil (Valdelacasa), El Torreón, Los Barrios (Garvín), El Baden, Navalapicaza, Barrera de la Zamorana, La Povea y San Román (Peraleda de San Román) Para comunicar este territorio con la orilla Norte del Tajo o salvar el Gualija, se utilizaron barcas que transportaban viajeros, toda clase de mercancías, rebaños, etc. Se conocen la de Espejel, Alija, y la de Talavera la Vieja, que debió de funcionar desde el momento de su fundación, ya que existía una imposibilidad material de construir un puente frente a la ciudad, debido a los cambios de curso que efectuaba el río, en un tramo de litología endeble. Conscientes de este problema los romanos, y de la insuficiencia de esos medios de comunicación se buscó un punto en el ribero granítico y construyeron más alejado de Talavera la Vieja, el puente que dice Mélida "debió tener". Dicho puente, al que se le conoce como Del Conde de Miranda porque unía las orillas de su jurisdicción, formó parte de una vía subsidiaria, que partía de Augustóbriga en dirección a Caesaróbriga (Talavera de la Reina), salvando primero el Gualija, por otro puente llamado del Buho, y alcanzando las alturas del berrocal, cerca de unos baños termales romanos, donde se hallaron bustos de mármol, inscripciones y cimentaciones de edificios. Su fábrica a pesar de equipararse a las mejores de la ingeniería hidráulica romana en España, es casi desconocida, apareciendo citada en contadas ocasiones.
B) La era islámica y la repoblación medieval.
La Marca Media o "Al-Tagr al-awsat", era donde se integraba la comarca en tiempos del emirato omeya de Córdoba, cuando se la incluye dentro de un complejo sistema defensivo destinado a salvaguardar los territorios andalusíes situados al sur del Tajo frente a los avances cristianos. Su efectividad se cimentaba de una serie de castillos y atalayas que escalonados a lo largo del río Tajo, el llano y las montañas que se encontraban a su espalda, controlaban el territorio circundante, cerrando cualquier intento de penetración desde el Norte, a la vez que servía de refugio a la población del territorio y apoyaba las razzias de los musulmanes en territorio cristiano. En el segmento que comprende la Jara caceña conocemos ocho de aquellos emplazamientos que constituyeron parte importante de ese cinturón defensivo que debió aglutinarse a partir de la ciudad islámica de Vascos (Navalmoralejo, Toledo). El más occidental de todos se le conoce con el nombre de Castros, al menos desde el s. XII, cuando aparece citado en un privilegio otorgado por Alfonso VIII al Concejo de Ávila. Sin embargo su construcción paralelizable con otras clasificadas como bereberes del Alto Tajo debe datar de al menos del s.X. Fue construido en el espigón que forma la desembocadura del arroyo Pizarroso en el Tajo, tutelando los puentes que enlazaban las orillas de ambas corrientes Su planta está diseñada y construida, siguiendo un esquema ampliamente difundido por Al-Andalus y el Magreb, consistente en un rectángulo de torres cuadradas, que en esta ocasión fue levemente distorsionado para que coincidiera con la cota del otero en el que se asienta. El interior aparece hoy totalmente desocupado, a excepción de un estructura rectangular que delimita un aljibe y los restos de la primitiva atalaya, desde la cual se comunicarían con las poblaciones vecinas. La puerta mirando al río se halla guarnecida por dos torres de cubos cuadrados. Fuera del castillo se extiende paralelo al Tajo, los restos de una aldea sujeta a su protección, con viviendas de planta rectangular, contruídas, al igual que el castillo con aparejo granítico abundante en los alrededores. La caída y posterior despoblación, debe encontrarse en relación con la rendición de Toledo por Alfonso VI, que ya entonces inicia la ocupación cristiana de los valles del Tajo. Aguas abajo en el mismo ribero se alza la fortaleza de Espejel en término de Valdelacasa, de ella desconocemos su verdadero topónimo árabe, ya que al igual que su homónimo de Castros, sólo se cita en las fuentes cristianas a partir del s. XII, cuando Alfonso VIII la dona a la orden de Santiago, en calidad de plaza desierta; razón por la que hay que suponer además, que tras las incursiones de los imperios norteafricanos hubiera quedado en despoblado. Del estudio de sus restos se desprende que el asentamiento tuvo lugar en el siglo X, constituyendo uno de los castillos mejor caracterizados de la Marca, pues aparte del baluarte central construido a partir de un esquema cuadrangular con torres de la misma planta incrustadas en las esquinas, conserva la barbacana y la coracha. Su aparejo de granito combinado con cal y planchas de pizarra, dispuestas horizontalmente, a intervalos regulares en el recrecido del paramento, confieren a la obra un contraste de colorido, poco corriente en construcciones militares de este tipo. Más hacia el Oeste queda la fortaleza de Alija emplazada sobre los cerros graníticos que dominan la desembocadura del río Gualija en el Tajo. Su disposición estratégica cabe relacionarla con el paso de una antigua vía que salvando los puentes del Buho y del Conde alcanzaba las llanuras del arañuelo toledano y su enlaces hacia los puertos castellanos. Este control lo reforzaba, en la otra orilla, la atalaya de Peñaflor, de la que hoy no quedan más que la cimentación al pie de la roca del mismo nombre. De su importancia se hacen eco las fuentes medievales, mucho más prolijas en datos sobre los avatares del asentamiento. Por Ibn Hazm sabemos que un miembro de la tribu bereber de los "awraba", Sabrun b. Sabib gobernó la fortaleza de "Alisa" a finales del siglo. IX o comienzos del X, ya que su hijo fue destituido del mismo cargo por el califa Abd al-Rahman III an-Nasir. Otro cronista, Ibn Hayyan, al hablar del Tajo comenta que pasa al Norte de la fortaleza de "Alisa", situada a ochenta millas de Toledo. Más tarde tenemos constancia arqueológica de su repoblación efectiva por parte cristiana en una necrópolis de tumbas antropomorfas excavadas en la roca con cabecera semicircular y en una ermita que aprovecha el solar de otra hispano-visigoda, destruida seguramente para construir la fortaleza, pues sillares, tégulas y fragmentos de mármol con decoraciones propias del siglo VII se hallan dispersas e incrustados en los muros y torres cuadradas de la fortaleza. La misma población cristiana debió ampliar la cerca del castillo, consolidándola con torres diferentes en muchos aspectos de las musulmanas. En el s. XV, aseguradas ya las fronteras con el islam, la población del lugar pasa a repoblar la antigua Augustóbriga, por mandato de D. Pedro de Zúñiga, segundo conde de Miranda, según se recoge en las Relaciones Topográficas e Históricas que mandó redactar Felipe II en 1.578. Con el abandono llegó la ruina, desplomándose la torre central al ceder las claves del arco que la soportaba, cedieron los tapiales y soterraron el aljibe que abastecía de agua a sus antiguos moradores. La misma ruina hizo presa en las torres de vigía repartidas por el llano, cuyo destino fue el de servir de enlace entre los baluartes y aldeas de la sierra; sin embargo de las que hubo quedan en la memoria, la de Torlamora en Carrascalejo, el Torreón en Garvín y el Cerro del Castillejo en Peraleda de San Román. Mejor fortuna aguardó a las que se levantaron en los primeros lomos de la sierra, lejos de núcleos poblados, al pie de los puertos franqueables. Un ejemplo lo constituye el Castillejo de Valdelacasa que no pasa de ser un simple rectángulo con muros de más de un metro de ancho y mampuestos irregulares de cuarcita equilibrados con planchas de pizarra, muy diferente del castillo del Marco en Carrascalejo, una soberbia construcción, resumen de la arquitectura militar islámica bereber, que asoma al llano desde el arco de herradura de una puerta flanqueada por dos torres. Su interior aunque muy reducido da paso a una almenara de planta circular muy semejante a las que coronaron los picos de algunas sierras de Toledo. Con la seguridad que proporcionaba aquel sistema de defensas prosperaron núcleos de pobladores musulmanes, muchas veces enmascarados por los desarrollos urbanos posteriores, de hecho todos los pueblos de la comarca, poseen trazas arquitectónicas moriscas, pero hoy con seguridad sólo podemos hablar de dos lugares, aparte de los que crecieron a la vera de los castillos, que por su ubicación serrana conservan la traza de aldeas o caseríos islámicos. Aquellos fueron el Pico de la Cueva en Garvín y el Castillejo de Navatrasierra, dos centros que tienen en común el sentido caótico urbano que pareció caracterizar a esta cultura.
La progresión de Alfonso VI hacia el Tajo fue acompañada de un esfuerzo repoblador que favoreció el asentamiento de mozárabes andalusíes y vecinos de Talavera en La Oliva, Los Villares de San Blas , El Pedroso, el Carrascal y valle de San Román, estos dos últimos precedentes de las poblaciones de Peraleda de San Román y Carrascalejo; pero la invasión Almohade y el fracaso de la guerra que llevó contra ellos Alfonso VIII, al ser derrotado en Alarcos (1.195), ocasiona una nueva reocupación del territorio por parte de estos fanáticos musulmanes que llevan a la recién asentada población cristiana a retroceder hacia el Norte o refugiarse en las asperezas montañosas de las Villuercas. Cuenta F. Jiménez de Gregorio, que los almohades encontraron el territorio vacío, despoblado e inhóspito, por lo que le otorgaron el nombre de "Xara", que como extensión de La Mancha también vendría a significar desierto. Habrá que esperar al siglo XIII para que la Jara vuelva a ser mencionada en los documentos como una parte del alfoz de Talavera de la Reina, villa que desde entonces pasó a administrar y reorganizar la comarca que se reparte entre los vecinos y el Concejo de esa ciudad, usurpándola a los pocos que ejercitando la presura de la tierra se habían instalado allí. En esa adjudicación se halla el germen de la economía extensiva que aún sustenta estos pueblos y su régimen social, ya que los primeros ocuparán las extensas dehesas, dedicándolas a la cría de ganado, mientras los segundos a cambio de un tributo, que en 1.369 pasará al arzobispado de Toledo, otorgan licencia de asiento a colmeneros, leñadores, ballesteros, agricultores y sobre todo ganaderos que camparán en las tierras comunales La escalada de ocupaciones clandestinas movió a los arzobispos y nobles a encauzar el movimiento de colonos hacia zonas más libres nombrando regidores de los Concejos a Alcaides y Alguaciles cuyas funciones son recogidas en diversas disposiciones renovadas por los sucesivos arzobispos. La última que conocemos data de 1.490, fecha en la que los postreros pobladores del Castillo de Alija y vecinos de Talavera se mudan a la vega del Tajo y refundan por segunda vez la villa que llamaría de Talavera la Vieja, una villa de señorío en el confín administrativo de La Jara, dando por terminada casi de forma definitiva la repoblación. Todo el éxito de este proceso no obedece solamente a la alianza entre las casas nobiliarias, Concejo de Talavera y el arzobispado de Toledo, sino que hay que considerar la labor de los colonos, que para mantener la autoridad y hacer frente a los bandidos golfines de la Sierra de Las Villuercas, se unieron en hermandades o milicias, ejerciendo un control benéfico que hizo de un territorio agreste una comarca atractiva.
3.-LOS IBORES
En una porción del rosario de las sierras orientales cacereñas, se halla la comarca de los Ibores enmarcada por Las Villuercas, la Jara cacereña y El Campo Arañuelo. Se muestra como una continuación natural de las Villuercas, de hecho comparte con esta por el oeste, las alineaciones de la Sierra de Viejas y de Torneros, mientras La Jara se cierra a la espalda, sirviendo de linderos unas hondas depresiones excavadas por el río Gualija y el Obispillo, arrroyuelo ultimo, que naciendo en el Camorro de Navalvillar sirve de mojón al término de Villar del Pedroso, usurpador en cierto modo a los Ibores, de la vecindad con las tierras de Guadalupe. Por el Norte, con el frente abierto se asoma desde los bancos rañizos al Campo Arañuelo, dibujando el Tajo su frontera natural. Zona privilegiada por la naturaleza, y no tanto por su situación, ha padecido a causa precisamente de lo agreste de su paisaje, un tipo de aislamiento geográfico en el que el protagonismo histórico, queda enormemente oscurecido por sus comarcas vecinas, sobre todo si piensa en su cercanía al monasterio de Guadalupe. El valle del río es en cierto modo el articulador de una población encerradas en una estrecha, pero escabrosa faja de terreno, delimitadas por serratas alternas y paralelas, que a la altura de Fresnedoso giran bruscamente en dirección oeste persiguiendo el curso del Tajo, de cuyo cauce son tributarias por la margen izquierda las aguas de los Ibores. El río Ibor que da nombre a la comarca y apellido a sus pueblos, tiene probablemente una de las raíces linguísticas más antiguas de la Península, como sobradamente han demostrado los estudios que a propósito del mismo han realizado los filólogos E. Sánchez y J. Marcos, quienes encuentran en la raiz ib/ip un elemento frecuente en las ciudades antiguas de la cuencas de ríos como el Guadalquivir o el Tajo, en un momento que históricamente se sitúa entre el periodo Orientalizante y la llegada de las primeras oleadas indoeuropeas o lo que es lo mismo entre los siglos VIII-VI a. C. Geológicamente la comarca aparece definida por tres formaciones fundamentales, cuarcitas, pizarras y en menor medida, calizas. Ya Egozque y Mallada, en su antigua Memoria geológico y minera de la provincia de Cáceres, realizan una descripción e integran esta zona, como haría mucho más tarde V. Sos, dentro del cuadro de estructuras de Las Villuercas. Para V. Sos, resaltan en primer lugar las serratas de cuarcitas ordovícicas, con relieve típico armoricano, en el que asoman exhumados los bancos rocosos estratificados y casi verticales en las cumbre, cuya máxima altura se alcanza en el Camorro de Navalvillar con 1345 m., aunque la tónica general es de unas alturas que se desarrollen entre los 600 y los 1000 m. Las alineaciones de las cumbres, destacan casi peladas, con fuertes melladuras que permiten la existencia de pasos o puertos. A su pie se acumulan frecuentemente grandes escombreras, extendidas por las vertientes según derrames en forma de abanico, conformando canchaleras completamente intransitables. Son espectaculares la Pedrera de la Mojonera, Sierra de Porrinas, Castillejo del Castañar, en el costado de la Sierra de la Palomera, donde algunos poseen bloques rocosos de varios metros cúbicos. En los tramos inferiores entre coluviones, hacen acto de aparición series detríticas y estratificadas en la que predominan areniscas y limolitas del Cámbrico, cuarcitas silúrico-ordovícicas, pizarras de la misma época, ciertas ampelitas y facies carbonatadas que han dado lugar a formaciones cársticas, algunas con ornamentaciones de estalactitas y estalagmitas tan impresionantes como las de la Cueva del Helechal en Castañar de Ibor Hacia la periferia de la comarca, coincidiendo en la convergencia de los ríos Gualija con el Tajo en terrenos abiertos, se han formado rañas pliocénicas (Era Terciaria) a base de sedimentos arcillosos cantos rodados , en las que el carácter morfológico más importante viene dado por la gran llanura y absoluta horizontalidad rematada en sus estremos por flecos de sueves rampas o fuertes taludes, que en la carretera de Castañar a Bohonal se hacen visibles con un desnivel de 680 m. en la raña de las Mesillas al Valle Pobre con 380 m. En la cuenca de los ríos se reconocen niveles de terrazas, que desechando la del nivel de inundación se repiten en número de cuatro, morfología que permite deducir su origen eustático cuaternario. El clima es de tipo mediterráneo subtropical, con precipitaciones que oscilan entre los 900 y los 700 mm. anuales; sin embargo la especial conformación de los valles y su orientación hacia poniente, permiten atemperar la altitud y disfrutar de suaves temperaturas invernales que resultan moderadamente frescas, como refleja la media de 8,0° C. Los veranos van de templados a calurosos, con una media de 25.,6°C. El valle de los Ibores constituye uno de los mejores ejemplos de conservación del bosque mediterráneo de la Península Ibérica, ello se debe en parte a esa situación de especial aislamiento a la que hemos aludido al principio de esta introducción, pero sobre todo a la accidentado y agreste topografía que impide la búsqueda de una cómoda utilidad por el hombre. Si su vegetación se intenta definir de manera uniforme, sólo se ajustaría a las que en general se hallan representadas en el biotopo de bosques esclerófilos peninsulares, pero el hecho de que las montañas posean distintas orientaciones y una progresión en altura considerable, matizan la primera definición, al escalonarse las especies, según la temperatura, luz, precipitación que reciben, etc. De acuerdo con esto encontramos en las vertientes más meridionales y solaneras los representantes durilignosos clásicos, encina, alcornoque, enebro, junto a otras especies que componen el matorral como la jara, brezo, lentisco, romero, quejigo, etc, mientras que hacia las umbrías y valles, especies del bosque caducifolio, entre las que se cuentan el castaño, aliso, roble y algunas de bosques relictos como el loro Tiene la comarca una extensión de 391,43 km2, una longitud máxima de 30 km y una anchura irregular que va ampliándose de Norte a Sur. siete pueblos conforman su territorio natural actual, Bohonal de Ibor, Castañar de Ibor, Fresnedoso de Ibor, Mesas de Ibor, Navalvillar de Ibor, Campillo de Deleitosa y Valdecañas, con una población sangrada por la emigración, que en el año 1986 se situaba con unos efectivos censados de 4308 habitantes y ha pasado en 1994 a 3629 habitantes. Hay que hacer mención a La Avellaneda, una alquería situada en un terreno insalubre de fondo de valle, que se despobló en las postrimerías del siglo XVIII.
HABITANTES SUPERFICIE EN KM2 BOHONAL 627 41,35 CAMPILLO DE DELEITOSA 187 25,30 CASTAÑAR 1404 146,90 FRESNEDOSO 449 55,70 MESAS 225 48,32 NAVALVILLAR 608 54,50 VALDECAÑAS 129 19,36 _______________________________________________________ TOTAL 3.629 391,43KM.2
A) Los orígenes del poblamiento.
El hecho de que encontremos en la bibliografía arqueológica extremeña contadas referencias al contenido histórico-arqueológico de esta comarca, se debe a una ausencia casi total de investigaciones, sólo en los últimos años, propiciados por distintos proyectos de catalogación del arte rupestre o de yacimientos de la Edad del Cobre, ha comenzado a arrojarse alguna luz sobre los primitivos habitantes de la comarca. La documentación sobre el Paleolítico, pese a que en el curso del río Ibor se reconocen terrazas cuaternarias, procede de un tramo del Tajo comprendido entre el puente de Bohonal y la Cuesta de la Zamorana, en término de Bohonal de Ibor; aquí se recogen con cierta frecuencia picos triédricos, hendedores, bifaces, núcleos y raederas de similar tipología a los que componen la industria de Las Coscojas y Valparaíso en el Arañuelo, materiales que en su conjunto constituyen los prototipos de las Industrias del Achelense Medio-Superior (Paleolítico Inferior) e incluso del Musteriense (Paleolítico Medio). La presencia del Homo-Sapiens, creador de la cultura del Paleolítico Superior, es escasa en Extremadura, sin que tengamos hasta el momento ningún yacimiento excavado que refleje una continuidad poblacional en este periodo, no obtante, unos grabados de úrsidos y cérvidos encontrados en la cueva de la Mina de Castañar de Ibor contituyen el excepcional testimonio de un grupo de individuos, que probablemente hacia el final del Magdaleniense buscaron refugio en alguna de las cavidades formadas en las calizas de la zona. Este hecho, como bien añaden sus descubridores, constituye un hito en el estudio del arte rupestre paleolítico, en una zona dónde sólo se conocían producciones semejantes en la cueva de Maltravieso de Cáceres, yacimientos ambos alejados de los que hasta ahora aparecían como grandes focos irradiadores de la cornisa cantábrica. Por fortuna, tan magníficos hallazgos, quizá no sean más que un punto de partida para otros semejantes en una zona donde son frecuentes las formaciones cavernarias. Baste recordar al respecto, que en el calerizo de Castañar, a principios de siglo, Vicente Paredes señalaba ya la existencia de ciertas brechas fosilíferas en una cueva, no muy lejos de la de la Mina y que de los sedimentos de la Cueva del Helechal, se extrajeron al parecer por unos aficionados a la espeleología de Navalmoral de la Mata, algunos útiles producto de una industria laminar levalloisiense en la que reconocimos hojas y buriles. Esta última cueva, objeto de exploración geológica-espeleológica, merecería también una investigación arqueológica, como sugerimos cuando redactamos el resumen del la segunda campaña de catalogación del arte rupestre en la Alta Extremadura. Los testimonios neolíticos aparecen tempranamente en los riberos del Tajo, como lo demuestran la existencia de cerámicas impresas y una industria microlítica, seguramente producto de las culturas que siguiendo el curso del río hacen su aparición en la comarca hacia el IV milenio antes de Cristo. Los escasos restos suelen recogerse entre grietas de rocas y sedimentos arenosos de la cota más baja del pantano de Valdecañas, procedentes de abrigos graníticos formados en las canchaleras del abrupto ribero, donde la actividad erosiva del agua los ha arrrancado. Estas cerámicas deben considerarse el origen de una penetración del Neolítico hacia la Meseta, casi al compás del fenómeno megalítico, de fuerte implantación en la zona. Está atestiguado en el dolmen del Pibor, el Horquillo, y en los túmulos de los Labrados, las Murcias, El Alisar y El Gambute, todos en término de Bohonal de Ibor, frecuentando las tierras de cierta proyección agrícola. La falta de excavaciones en los mismos, impide precisar su adscripción cultural con más detalle, aunque su pertenencia a los dólmenes de corredor dentro del fenómeno megalítico occidental basta para suponer unas fechas encuadrables entre fines del IV y principios del III milenio, como parecen apuntar los resultados radiocarbónicos del cercano dolmen de Azután, con presencia de geométricos y láminas, aunque no se descarta tampoco una utilización Calcolítica que incluya material campaniforme, como tiene lugar en el dolmen del Guadalperal, frente a los que mencionamos en la orilla opuesta del Tajo. Paralelamente al desarrollo de los dólmenes de corredor pueden haberse introducido los enterramientos en cueva. Estos se comprueban por primera vez en la provincia de Cáceres en las faldas del Pico de la Covacha de Castañar de Ibor. En este yacimiento las excavaciones clandestinas efectuadas hace una decena de años pusieron al descubierto materiales que parcialmente hemos podido documentar, consistentes en puntas de flecha de base plana, cóncava, con aletas, láminas de sección trapezoidal y triangular, cuentas de collar de variscita y hueso, hachas, azuelas, fragmentos de cerámicas y huesos. Muy interesante es la aparición en la orilla del río Tajo, cerca del actual emplazamiento del monumento romano de Los Mármoles, la presencia de una tumba colectiva probablemente en silo, del tipo de Campo Real, puesta al descubierto por la erosión provocada por el estiaje del pantano de Valdecañas. Semejantes circunstancias impidieron una recuperación completa durante la excavación de urgencia que llevamos a cabo en la zona, pero los cuatro cráneos extraídos y algunos huesos largos en una porción muy pequeña del corte permiten asegurar que se trató de un tipo de enterramiento en el que los restos humanos pudieron haberse seleccionado y que el silo se tratase de un depósito secundario. En todo caso lo interesante que por primera vez en la prehistoria extremeña, en una de sus comarcas se emplean en una misma época formas múltiples de enterramiento que quizá halla que juzgar como parte de un mismo tronco de ideas funerarias y religiosas. Del yacimiento mencionado en último lugar parte nuestro conocimiento también acerca del hábitat, pues durante la excavación citada de Los Mármoles se pusieron de relieve la existencia de fondos de cabañas distribuidos en torno a una loma. En total, aparte del fondo excavado registramos otros siete más vaciados por el agua, en su mayoría de poca profundidad, (80 cm. de diametro por 30 cms. de profundidad, 110 cm. de diametro por 40 cm. de profundidad), hogares empedrados, registros de agujeros para postes en la marga caliza y muelas naviformes de molino, con una distribución tan homogénea que nos hacían pensar en que cada núcleo de ellas correspondió en el pasado a una cabañas en las que la presencia de pellas de barro, quizá atestiguara la existencia de techumbres a base de materia vegetal. Importante es el hallazgo en de un fragmento de cerámica con impresiones de cereal y molederas en el interior de un silo, pues nos orientan precisamente por un uso como depósito agrícola de los mismos. Entrar a rastrear los cauces de relación del yacimiento de los Mármoles, implica necesariamente, que se tomen como referencia, por una cuestión que en principio es de proximidad, los conjuntos de La Meseta pues contienen elementos de gran paralelismo con nuestros yacimientos. Una comparación objetiva revela en todos ellos, como la ausencia o presencia del vaso campaniforme, según el criterio convencional, define dos fases concomitantes con nuestros yacimientos. La primera, atestiguada en Los Mármoles, comparte con los yacimientos meseteños el empleo de un material cerámico mayoritariamente liso, constituido por cuencos semiesféricos de todos los tamaños, vasos globulares, vasos de paredes rectas y ejemplares de borde realzado, con unos atributos casi invariables, resaltando la inexistencia de temáticas decorativas, salvo si consideramos como tal a los engobados rojizos. Este matiz tan localista delata un cierto arcaísmo, pues el uso de almagra se asocia con mucha frecuencia a los primeros niveles de ocupación de yacimientos Calcolíticos en Extremadura El único elemento de conexión meridional lo ofrecen dos fragmentos de bordes reforzados desde otro yacimiento vecino en la Barrera de la Zamorana, que señala quizá una fase un poco más avanzada dentro del ámbito precampaniforme con la presencia de foliáceos y hojas de gran tamaño, rebabas de cobre, azuelas, etc. La industria lítica es prioritariamente sílex, contando a su favor este empleo masivo, con la presencia de depósitos naturales en las proximidades; los artefactos carecen de tipos definidos, tratándose la mayoría de lascas retocadas, denticulados, etc. A la misma época, Cobre Pleno, parecen coresponder los poblados de la Cabecita y Canchos Blancos en Mesas de Ibor, donde han tenido lugar hallazgos en superficie de hachas, puntas de flecha, pellas de barro y cerámicas lisas. El Pico de la Covacha en Castañar de Ibor de Ibor, donde se reconocen aparte de restos cerámicos, lienzos de muros construidos con aparejo irregular de cuarcitas que enlazan los bancos naturales de la cumbre, hasta formar el perímetro de una muralla arruinada en numerosos puntos. Dos docenas de pesas de redes, unos cantos con escotaduras tallas a los lados, se recogieron en un cortafuegos de Mesas de Ibor en la Sierra Gallega, cerca del Pimpollar, junto a fragmentos de cerámica que delataban también un pequeño asentamiento. La fase campaniforme está documentada en el poblado del Recorvo situado frente al sepulcro de Guadalperal, pero en la orilla contraria del río Tajo. Sus cerámicas responden a tipos Ciempozuelos y campanifomes puntillados sin base estratigráfica, impidiendo una seriación que parece apuntar un carácter tardío, lo que quizá se vea reforzado por la coexistencia en el poblado con materiales de la "facies clásica" de la Edad del Bronce caracterizada por un grupo de cerámicas decoradas a base de cordones aplicados con digitaciones, labios con los mismos motivos, incisiones en los bordes, abundancia de mamelones, carenas medias y altas etc que tienen también un fiel reflejo en la Meseta Un aspecto que resulta coincidente en todos estos yacimientos en sus distintas fases es la heterogeneidad en el emplazamiento, desarrollado lo mismo sobre pequeñas elevaciones cercanas al río, que en las alturas de los picos, ello reflejan la dualidad de tradiciones productivas. Tierras con posibilidades para el cultivo y tierras, de praderas y monte muy capaces para el desarrollo de actividades pastoriles o venatorias. La primera de las posibilidades, a pesar de carecer de análisis, polínicos o antracológicos, no la extraemos de la posible información que puedan proporcionar los elementos de molienda, dientes de hoz, etc, que bien pudieron ser utilizados también en la recolección de heno o molturación de granos silvestres, sino que afortunadamente es deducible indirectamente gracias a las impresiones conservadas en un fragmento de cerámica encontrada en el silo I de Los Mármoles. El tipo de cereal cultivado parece corresponder con una variedad de cebada vestida (Hordeum vulgare) La escasez de restos de fauna, tan sólo una pieza dentaria de ovicáprido nos impiden aventurar conclusiones al respecto, pero la implantación de estas especies, junto a bóvidos, suidos y équidos en la totalidad de los yacimientos estudiados en Extremadura y la Meseta nos inducen a pensar en la actividad pastoril como una práctica con plena vigencia en estos momentos. La práctica de la caza se halla perfectamente documentada con la presencia de armaduras de flechas y la pesca con la presencia de valvas de mejillón de río, pesas de redes, etc. Este apresurado repaso sirve al menos para ilustrar el trasfondo cultural de una dinámica de poblamiento, que encuentra su reflejo más directo en la zona castellano-manchega, una región que en la Edad del Cobre parece encontrar su convergencia con las zonas meridionales, en torno a esta línea del Tajo, acrecentando su importancia como núcleo con entidad propia durante la Edad del Cobre. El aspecto iconológico de estas culturas se halla presente el arte esquemático en las dos cuevas del Aguazal y La Covacha de Castañar de Ibor y en el Puerto de Mesas. La temática de los mismos es muy clásica, con una preponderancia de los puntiformes y arboriformes sobre el resto de los motivos. Resulta especialmente interesante la presencia de cerámicas y hachas en la cueva I del Aguazal, por cuanto de raro tienen el contexto arqueológico en estos yacimientos. De ello se infiere una utilización del yacimiento, con carácter habitacional durante la Edad del Cobre, fecha a la que cabe situar el punto de partida de las expresiones pictóricas esquemáticas en la comarca. Más problemática resulta la adscripción de los grabados rupestres de cazoletas del Cancho de las Cabras y la Cueva del Rescoboso en Mesas, aislados bajo canchales con formas llamativas o a la entrada de covachos. Como en otras ocasiones en que aparecen las cazoletas como delimitadoras de espacios domésticos estas se conectan a lugares en los que ha se ha desarrollado un asentamiento, pero la escasez y fragmentación de las cerámicas, caso de Canchos Blancos de Mesas de Ibor, impide cualquier concreción, aunque por el ámbito en el que tiene lugar la mayoría de este tipo de grabados pueden valorarse como una versión más del arte esquemático, presente en algunos casos incluso en megalitos. De la Edad del Bronce hasta la romanización las investigaciones han avanzado tan poco que únicamente un yacimiento con adscripción dudosa parece referirse a estas etapas en las que parecen predominar poblados en alto de pequeño tamaño, con casas rectangulares y fortificaciones, se trata del Castillejo de Fresnedoso. Sus materiales podrían ser el correlato cerámico de una parte de los materiales de La Muralla de Valdehuncar, en cualquier caso parece tener una continuación en el hierro, elemento, cuya aparición en la superficie del yacimiento frecuente. Influjos del mediodía se detectan, siguiendo las pautas iniciadas en en Bronce Final, dejando en su recorrido como muestra, fíbulas de codo en un apéndide de lo que fue el solar de Talavera la Vieja, evidenciando una aculturación, o mejor una introducción de elementos originarios del Mediterráneo. A pesar de que el proceso romanizador es dilatado dentro del territorio nororiental extremeño, los poblados catalogados corresponden según nuestras observaciones a una implantación que tiene lugar a partir del siglo. fundamentalmente. Sobre este hecho hay que insistir, puesto que lo que se pone de relieve es que las zonas explotadas de esta comarca se encuentran fuera de los ámbitos prioritarios de producción. La topografía accidentada, la pobreza edáfica y densos bosques, debieron contener su ocupación, dispersando la población a medida que se adentraban hacia las rañas y tierras interiores, permitiendo sólo un cierto adensamiento en las riberas del Tajo. El proceso se refleja también en la escasa extensión de los asentamientos, en la pobreza constructiva, en la ausencia de cualquier elemento de lujo y en definitiva de cualquier otro detalle que delate algo más que la simple funcionalidad. Como asentamientos rurales señalamos un total de nueve yacimientos: cuatro en Bohonal de Ibor (Cerro de las Cabras, Arroyo Tamujoso, Hoja de Carrasco y Majadal del Castaño), cuatro en Mesas de Ibor(Cerro de las TInajas, Isla de Valdecañas, El Herradero, Viñas de Valdehiguera), y uno en Fresnedoso de Ibor (Los Millares de San Matías). Todos se caracterizan por la presencia de material latericio y cerámica común en superficie. Cuando se dejan ver los muros, por efecto de la erosión, como sucede en la Isla del Pantano de Valdecañas, se levantan a base de mampuestos irregulares, a doble hilada, utilizando el sillar trabajado excepcionalmente como refuerzo de las esquinas. Las actividades desarrolladas por estos núcleos se ligan al sector agropecuario, pero no dejan de llamar la atención en núcleos como el Herradero, la abundancia de rebabas de fundición de hierro que pueden ligar el yacimiento a una pequeña industria extractiva de oligistos o goetitas tan frecuentes en la sierra cercana. Es posible también que algunos yacimientos contaran con molinos y con dependencias anejas para almacenamiento de cereales, pues restos de estructurras preparadas para ello, se han encontrado en casi todos los yacimientos. Los restos de necrópolis que han llegado hasta nosotros son escasos, conociendo por referencias orales la del Cerro de las Cabras, un mausoleo turriforme de "opus caementicium" despojado de las losas que lo cubrieron, arruinado y sumergido en el pantano. Este tipo de pequeños asentamientos, jugó un papel secundario con respecto a los grandes “fundus” del entorno, muchos fueron simples establos o núcleos de habitación temporales dependientes en muchos casos de villas enclavadas en las mejores tierras, pues la distribución espacial de los primeros, no obedece a motivaciones económicas importantes, de comunicación o necesidades estratégicas, más bien obedecen a necesidades locales particulares. Del mundo hispano visigodo, tan difícil de detectar arqueológicamente cuando nos remitimos a los restos de sus asentamientos rurales, sólo un lugar, Los Millares de Fresnedoso de Ibor, ha podido proporcionarnos algunas evidencias de poblamiento en este periodo. Nos referimos a un núcleo arrasado, con numerosas muestras laterícias en superficie, que se caracterizan por una decoración a base de ondas peinadas, o digitaciones muy propias de los asentamientos extremeños que alcanzan el siglo VI y perduran al menos hasta el siglo VIII. No obstante las evidencias más interesantes se encuentran junto a la ermita dedicada a San Matías; allí hace algunos años se descubrieron varios sepulcros delimitados por lajas de pizarra, con pobres ajuares consistentes en jarros y platos de cerámica que desgraciadamente no se conservaron. Por referencias orales sabemos que los sepulcros se hallaban en un recinto que fue aprovechado parcialmente para edificar una ermita en las postrimerías del siglo XVI y que dicho recinto y lugar, conocidos como la Herguijuela, hacían honor, como el mismo topónimo indica, a un edificio eclesial, probablemente contemporáneo del yacimiento, es decir de época visigoda. Otro núcleo probable de esta época hubo en Bohonal de Ibor, junto a la Carretera de Mesas, pues hacia 1960 al reparar la carretera se destruyó un sepulcro antropomorfo de cabecera interior como los que con frecuencia rodean los asentamientos tardorromano o hispano-visigodos de la región
B) La era islámica y la repoblación.
Los hábitat medievales muy deficientemente conocidos hasta ahora por las investigaciones en esta comarca, suelen referirse a pequeños poblados que se ubican en las crestas de las montañas, siguiendo un patrón repetido a lo largo de las Villuercas, donde hemos documentado ya nueve de estos asentamientos. Los restos más importantes los hemos localizado en el Castillejo de Castañar de Ibor, núcleo habitado de escasa importancia, con una pequeña muralla de refuerzo y un conjunto de cabañas de planta cuadrada y rectangular apiñadas sobre la cima, semejante al catalogado recientemente en la Sierra del Milanillo de Mesas. Las explotaciones rurales, si las hubo son difíciles de localizar, ya que en su inmensa mayoría van a reutilizar materiales anteriores; sólo un monumento, la Torre de los Moros posee una impronta islámica que le destaca como el más ejemplar de los edificios de este periodo. Si durante esta fase parece paliarse en cierta medida la despoblación reflejada en la época visigoda, a lo largo de la Edad Media, esa misma despoblación parece acentuarse, debido, tanto a la escasez de posibilidades que brindaba la comarca como a la peligrosidad inherente a toda la tierra fronteriza. Será a partir de la mitad del siglo XIII, cuando asegurada casi toda Extremadura, se repartan los territorios, asignando las jurisdicciones. Castañar, Navalvillar y la Avellaneda por ejemplo quedaron dentro del Alfoz de Talavera de la Reina, el territorio de Bohonal, se incorporó junto el territorio de Alija a las propiedades de D. Álvaro de Luna, pero su caída en desgracia permite a la corona recuperar el territorio, cediéndolo Juan II después a D. Pedro de Zúñiga, Conde de las Mirandas. El segundo conde de esta línea sería el que repartiera en concejo de Alija entre Talavera de la Vieja y permitiera la fundación de Bohonal. Fresnedoso de Ibor y un pueblo denominado Casas de Ibor, al que identificamos como Mesas, formará parte del mayorazgo de Belvís, fundado por Alfonso Pérez del Bote, II ( 26 de Agosto de 1239) señor de Belvís, a quién el rey Fernado IV confirmará los derechos heredados, por eso se englobaría siempre dentro del Señorío de Deleitosa junto a Campillo, que a la postre también pasaría a la Casa de Alba y Ducado de Frías. De Valcecañas sólo podemos aventurar que perteneció al Duque de Frías, pero ignoramos cuando pasó a propiedad del ducado, si lo hace cuando el territorio adquirido por Monroyes y Almaraces se une al condado de Oropesa (pues nunca se menciona en los documentos que hemos cotejado) o pasa a pertenecerle cuando Enrique II les adjudica al I Conde de Oropesa, D. Fernando Álvarez de Toledo el Castillo de Cabañas en 1369, como un apéndice del territorio. Todas las preeminencias que conllevaron las distintas adjudicaciones fueron conservadas hasta la desamortización cuñado se liquida el caduco régimen señorial, corriedo pareja la historia de estos pueblos a la del resto de Extremadura.
--------------------------------------------------- LOSTERMINOS MUNICIPALES
A) CAMPO ARAÑUELO
1.Almaraz. El vestigio más antiguo de poblamiento es un espectacular castro situado en la margen derecha del Tajo. Este enclave debió aglutinar la población local durante la Edad del Hierro, hasta la llegada de los romanos que fueron desplazandose del improductivo ribero hacia la llanura por donde discurriría la vía que enlazaría el Oeste con el centro de la Meseta y el Este. La calzada que atravesaba el vado de Al-Balat, despues de superar las cuestas del ribero, enfilaba recta, buscando el flanco del berrocal de Navalmoral. A ambos lados esa calzada se han contabilizado los restos de propiedades romanas en la finca del Picatón, en el solar de la ermita de Rocamador, en el camino de Valdecañas y en los mismos alrededores del Torreón, en las afueras de la localidad. Del último lugar dice Viñals, un erudito académico del siglo pasado, que "en una necrópolis se que extrajeron vasijas de barro, hebillas, pendientes y esqueletos", que se ajustan por su descripción, a un momento tardío de la romanización, tal vez entrada ya la etapa visigótica. Sobre aquellos cimientos surgió la gran propiedad nobiliaria de la casa de Almaraz y Deleitosa, fundada por Juan Alfonso Gómez a mediados del siglo XIV, gracias a un privilegio otorgado por el rey Alfonso XI, a cuyo lado combatió en la batalla del Salado. El rey le concedió además título de señorío y villa, agregando el primer señor de Almaraz, el escudo con la banda azul ganada en la batalla y los dos dragones enfrentados, símbolo de la lucha. Juan Alfonso era hijo de Beatriz Alfonso, prima del rey Fernando IV, el mismo que le concedió una franquicia sobre estas tierras, sobre las que se fundaría la casa de Almaraz. Del matrimonio de Juan Alfonso Gómez y Teresa Fernández de Belvís nacería Blasco Gómez de Almaraz, que hereda las dos casas, creando el mayorazgo de Almaraz. A partir de entonces el ansía por aumentar las posesiones lleva a los Almaraz a una guerra contra los Monroy, otra de las familias más poderosas de la órbita placentina, hasta que al cabo de dos generaciones Isabel de Almaraz, nieta de Blasco se une en matrimonio a Hernán Rodríguez, V señor de Monroy, corriendo desde entonces la historia pareja a la casa de Belvís. Como punto de paso, dicen algunos historiadores que incluso su nombre significa "encuentro", por hacer referencia al momento en que Tarik y Muza reúnen sus fuerzas una vez conquistado Toledo y Mérida, Almaraz fue testigo de comitivas reales camino de Portugal, de la Guerra de Sucesión entre Austrias y Borbones y de la cruenta guerra de la Independencia que tuvo especial incidencia en la villa, al resultar destruida y abandonada, incendiados los archivos, arruinado el torreón y volado su puente.
2. Belvís de Monroy. Este señorío nace como una donación de Sancho IV a un caballero placentino, llamado Hernán Pérez del Bote, con el fin de que repoblara y alzara un castillo desde el que se pudiera proteger la frontera y hacer frente a los bandidos golfines. El linaje de los Bote se mantendría en virtud del mayorazgo hasta la cuarta generación, cuando a través de una herencia el señorío se funde con el de Almaraz y Deleitosa. Sin embargo su casta y nombre les viene a partir de la quinta generación, cuando Doña Isabel de Almaraz, casa con Hernán Rodríguez de Monroy. Un matrimonio de gran importancia, si se tiene en cuenta que con él se reúne un extenso mayorazgo y finalizan las rivalidades que habían mantenido apartadas las dos casas. El siglo XV tendrá especiales repercusiones para la familia de los Monroy, pues justo en el momento en que su señorío alcanza la máxima extensión y poder estallan los conflictos entre los descendientes de Hernán e Isabel. Los hechos más destacados se vinculan con Alonso de Monroy, más conocido como el Clavero, su hermano Hernado de Monroy, nombrado en las crónicas como el Gigante y con su primo El Bezudo. Los primeros contenderían juntos por el castillo de Monroy, del que desposeyeron a Bezudo, aunque este en una gesta plagada de valor e ingenio nos sólo logra recuperar lo suyo, sino tomar en una ocasión el castillo de Belvís y cercar en otra a sus primos. Estas guerras sucederían paralelas a las que mantuvo el Clavero con los Álvarez de Castro de Oropesa, con Portugal, del lado de los Reyes Católicos y con los Gómez de Cáceres y Solís, a cuenta de la sucesión al maestrazgo de la orden de Alcántara, autoridad que nunca pudo ver confirmada debido a la traición de su hermano el Gigante y a las intrigas de Doña Leonor Pimentel de la casa de los Zúñiga Placentinos. A la muerte de Hernando de Monroy, hereda el mayorazgo su nieto Francisco de Monroy, activo militar que participaría en las guerras de Francia junto a Carlos V. Casado con Doña Francisca Henríquez, funda el convento del Berrocal o de San Francisco, de donde partirían los primeros evangelizadores de Méjico. La octava señora de Belvís, sería Doña Beatriz de Monroy, hija de los anteriores, continuó la obra de sus padres fundando el hospital de San Pedro en Belvís y varias iglesias. Es probablemente una de las últimas habitantes del castillo, ya que tras su matrimonio con el III Conde de Oropesa, D. Fernando Álvarez de Toledo, el señorío quedaría asimilado a dicha casa, que lo mantendrían hasta el siglo XIX en que pasa al duque de Frías, quien a su vez lo vende al marqués de la Romana, actual propietario de una ínfima parte del antiguo señorío. Un rollo o picota señala en la plaza al viajero que se encuentra en una villa que estuvo sujeta a la jurisdicción de un señor, que podía administrar justicia a sus vasallos. No se conoce exactamente cuando fue levantado, pero es evidente su trazada gótica, con un fuste octogonal rematado en un pequeño obelisco con escudos en blanco. Entre medias de los tres cuerpos hay dos cabezas de jabalí, que J. R. Oxea emparentó con los antiguas esculturas de Verracos. De la plaza empedrada parte una red de callejuelas excavadas a veces en la roca berroqueña; la más interesante es la que llaman calle Real, pues en ella tiene su asiento las mejores casas, de los que fueron en tiempos, vasallos e hidalgos del castillo. Muchas de sus fachadas poseen arcos labrados de cantería decorados con perlones abulenses, arcos carpaneles, ventanales geminados, esgrafiados y escudos, algunos relatan en azulejos la pertenecía del término a Castilla y León, sobre un damero rodeado de alicatados geométricos. Todavía muchas de esas casas conservan la distribución original, con patios interiores, zaguanes, grandes chimeneas, cuadras, bodegas y corrales, configurando entre todas uno de los más originales conjuntos de principios de finales de la Edad Media y principios de la Moderna.
3.Berrocalejo Igual que su vecina población de El Gordo, las gentes que la fundan proceden de La Puebla de Naciados, pero en el pasado ya contó con un núcleo de población hispano-visigoda importante asentado en el impresionante ribero de Peñaflor a orillas del Tajo. Dicha población comprende unas extensas ruinas de lo que sin duda constituyó un "vicus" Bajo Imperial, se hallan sepulcros excavados en la roca, molduras decorativas, capiteles, basas, fustes de columnas y una ingente cantidad de sillares producto de intensos trabajos de cantería que tal vez se orientaron a la construcción del puente llamado del Conde.
4. Casas de Belvís o de San Bernardo. Como pedanía de Belvís de Monroy, depende de esta villa para todos los asuntos relacionados con lo administrativo, tiene sin embargo iglesia propia y una población de activos ganaderos que llegó a superar el siglo pasado en número de habitantes a su cabecera. Su término diseminado entre el berrocal y la llanura, alberga numerosos yacimientos arqueológicos. Al Neolítico y Calcolítico corresponden los indicios materiales de las cuevas que pueblan el ribero del Tajo; de las cinco que conocemos, la más importante es de las Palomas, llamada así porque las pinturas rupestres fijadas a sus paredes se asemejaban a este tipo de aves, desgraciadamente fue anegada por el pantano de Valdecañas antes de ser estudiadas adecuadamente. Más pujante fue el colono hispano-romano, si tenemos en cuenta que la población se halla rodeada de "villae" de ese periodo. Hacia el Este, en la finca de La Jarilla aún se conservan los cimientos de contrucciones, entre los que descuellan los de un hórreo romano, como el que se descubrió en la villa de Los Términos de Monroy. Más hacia la llanura, entre la calzada y el berrocal afloran mosaicos, teja romana e inscripciones de carácter funerario o votivo. De aquellas "Villae" acarrearon al pueblo de Las Casas de Belvís materiales para la construcción de viviendas como prueban varias estelas y sillares empotradas en las paredes de las casas. Una de ellas presenta una inscripción y dos esquemáticos bustos en bajorrelieve. El tejido urbano se adecua a una economía de signo ganadero, generalizándose las casas con corrales de gran amplitud, independientes de la casa a los que se accede a través de altos portones con tejadillo. Dada la proximidad con Belvís, hay una transferencia de temas decorativos que afecta afectan a las fachadas y estructuras de las casas, concebidas con la misma solidez y eclecticismo.
5.Casatejada. No se conocen documentos que con certeza proporcionen una fecha de fundación de la localidad, pero se sabe que en el siglo XVI, en 1571, contaba con más habitantes de los que podía reunir el resto de las poblaciones de la Campana de la Mata. El hecho de que tuviera además el grupo de edificios religiosos más numerosos y de mayor calidad artística demuestra que el crecimiento fue acompañado de un progreso económico que hoy sabemos se hallaba cimentado en una organización artesanal, compuesta por bataneros, tintoreros, sombrereros, tenerías, herrerías, más de un centenar de telares y alfares que llegaban a producir más de 17.000 piezas de cerámicas al año según Larruga. Tal prosperidad motivó en 1635, durante el reinado de Felipe IV, la compra de su exención jurisdiccional de Plasencia, a la Hacienda Real por 8,5 millones de maravedises, pero en años sucesivos, a causa de la crisis que sacudió el siglo XVIII, aún no se había pagado más que una mínima parte de la deuda, acordándose antes de pasar de nuevo a la jurisdicción de Plasencia, venderla a D. Pedro Valle de la Cerda, quien asumiría los débitos. En 1695 la situación económica y hacendística de la localidad es tan precaria debido a la la explotación y la opresión señorial que el Concejo intenta invalidar sin éxito su venta a los Cerda, lo que es causa de nuevo de una depauperación que lleva un siglo más tarde a registrar cuatro veces menos vecinos que a finales del s. XVI. A principios del s. XVIII, Castejada sufrió la Guerra de Sucesión, combatiendo 300 de sus vecinos contra la caballería austriaca que llega hasta la misma villa en un momento en que sus pobladores la habían abandonado, cargando con los objetos artísticos y sacros, para evitar su profanación. Un siglo más tarde, el 19 de diciembre de 1808 las tropas napoleónicas toman posesión de la población, saqueando sus iglesias y destruyendo tres cuartas partes de las viviendas, incluyendo la Casa Parroquial, en la que se pierden títulos y documentos. Estas acciones supondrían junto a la enorme tasa de morbilidad que venía soportando a causa del paludismo, un lastre, en el que ni las reformas sucesivas, ni los periodos de bonanza económica pudieron levantar hasta bien entrado el siglo XX.
6 Deleitosa. Deleitosa, al igual que Robledollano, han sido añadidos al final de este trabajo, porque en principio lo que se pretendía era analizar las comarcas históricas que se citan en el título, a las cuales, las dos localidades mencionadas no pertenecieron, hasta el reparto provincial definitivo de 1833. Se incluyen por tanto, más por el interés de las propias poblaciones, mancomunadas en el proyecto LEADER, que por afinidades históricas con el resto, pues geográficamente constituyen la extensión más septentrional de Las Viluercas. De la primera no se conoce ningún tipo de ruina o manifestación anterior a la Baja Edad Media, cuando según la tradición, una parte de la servidumbre de los caballeros de la Orden de Alcántara que custodian las murallas de Trujillo se instalan en la falda de la Sierra de la Breña, cerca de uno de los pasos por donde circulaba ya, el ganado trashumante que venía a pastar a las dehesas que se extendían entre el flanco de las Villuercas y Trujillo. Es a partir de esas fechas, s. XIV, cuando se tiene constancia documental, siendo el documento más importante aquel en el que Alfonso XI cede a Juan Alfonso (Alonso) Gómez (1343) el señorío de Almaraz y Deleitosa, confirmándolo como mayorazgo en tiempos de Enrique III, a favor de Diego Gómez de Almaraz. (hijo de Juan Blasco de Almaraz), que también heredaría el señorío de Belvís. En 1495 es señor de Belvís, Almaraz y Deleitosa, D. Francisco de Monroy y Zúñiga, además de primer conde de Deleitosa (1529), título otorgado por la ayuda prestada a los Reyes Católicos primero, y a Carlos V después. Su hija Beatriz de Monroy y Ayala fue segunda condesa de Deleitosa y casó con Fernado Álvarez de Toledo, III Conde de Oropesa, por lo que a la muerte de ambos, las tierras que aporta doña Beatriz quedan incluidas dentro de la casa de Oropesa, hasta que en 1802, muere sin sucesión la duquesa doña Cayetana de Alba, y pasa el territorio a D. Fernández de Velasco, duque de Frías y Uceda. Los herederos del Duque de Frías venden gran parte de la tierra a partir de 1837, mientras algunas como las de Deleitosa son enajenadas, pasando a los vecinos como suertes, en virtud de derechos usufructuarios. Poco más merece destacarse de su historia, salvo los episodios relativos a la ocupación francesa, que acabaron por destruir lo poco que quedaba del Convento y esquilmar a la población o aquella escaramuza que tuvo lugar cerca de Retamosa, donde las tropas de la I República cercaron y mataron al general carlista “Sabariegos”, quién más tarde sería enterrado en Deleitosa. La etimología popular dice que el nombre de Deleitosa deriva de la función que desempeñó el castillo (casa fuerte), como prisión, osea “castillo delitoso”, añadiénsosele la -e- despues para intentar remediar, como añade el vicario que contesta a la encuesta de T. López en 1798, el “ vilipendioso charadeo” a que ello daba lugar. Es no obstante lo más lógico que Deleitosa se denominara este pago, ya desde muy temprano de la reconquista, pues no hay documento que acredite lo contrario. Como decíamos al principio, Deleitosa fue englobada dentro de la tierra de Trujillo, a cuyo partido Judicial pertenecía, pero dada su vinculación a la capital del Campo Arañuelo, ya sea comercial o administrativa, determinaron una inclusión artificial en esta última comarca. Aporta Deleitosa, sin embargo, al acervo monumental, una lista de edificios de gran valor, convento, castillo, rollo, iglesia, ermita..etc. El convento de Agustinos recoletos descalzos, que bajo la advocación de S. Juan de la Penitencia se funda en las cercanías de la localidad, se halla hoy día en estado ruinoso, restando apenas parte de lo que fue la nave de la iglesia y las celdas. El castillo, también destruido, fue testigo de episodios sangrientos entre los belicosos Francisco, Alonso y Hernando de Monroy, quienes acabaron por dejar reducido el edificio a una sencilla torre del homenaje, hoy arruinada. Tuvo también según las fuentes, una casa de Templarios, un hospital y una ermita aneja al último, dedicada a la Virgen de la Concepción, pero de estos edificios apenas si se conservan los cimientos. Queda por último el símbolo de la jurisdicción, un bello Rollo montado sobre tres gradas circulares de piedra, en cuyo centro se levanta una columna de cantería, con basa compuesta y capitel toscano, rematada en un pináculo, que poseía una cruz de hierro forjado del siglo XVII, ya desaparecida. Del fuste a dos tercios de su coronamiento sobresalen cuatro canecillos esculpidos con figuras de león y sobre ellos sendos escudos de los propietarios de la villa. Queda por último la iglesia dedicada a San Juan Evangelista,(aunque el patrón del pueblo es San Juan Bautista), construida en varias fases, dos de las cuales son perfectamente reconocibles en el levantamiento de los tramos. De finales del siglo XV es la parte más antigua y del XVI la mayor parte del resto de la fábrica, una obra gótica modesta con dos accesos laterales a través de arcos de medio punto y un acceso central a través de un arco rebajado y enmarcado por un alfiz El interior revela una bóveda de crucería sobre pilares adosados, que acaban en un ábside poligonal con techumbre de madera. A ambos lados del presbiterio se abren dos capillas también con bóveda de crucería. Se venera en la iglesia una imagen conocida como Cristo del Amparo, cuya devoción data de al menos dos siglos. Otra imagen, de Santa Rita, se cita en la encuesta de T. López como perteneciente al Convento, sin que sepamos si se trata de algunas de las que figuran en la parroquia
7. El Gordo Se fundó con gentes procedentes de la Puebla de Naciados, habiéndose realizado su primer enterramiento en 1604 según consta en los archivos de la iglesia. Sus habitantes, en una gran proporción descendientes de mozárabes (la gente más antigua y numerosa), moriscos, serranos castellanos, torenses y gallegos, es decir, un típico producto de la repoblación leonesa . Perteneció al Conde de Miranda y tenían como principal ocupación la arriería y el comercio.
8.Majadas En 1876, en las contestaciones remitidas a T. López, aún se la nombra como Aldeanueva del Campo del Quexigal, poseía en su término algunas minas, pero la principal ocupación de sus gentes fue la ganadería extensiva.
9.Millanes. Nace como aldea al amparo de los Monroy de Belvís, pero pasa muy pronto a formar parte del alfoz placentino en virtud de un acuerdo de los primeros con D. Alvaro de Zúñiga, para incorporarse más tarde a la Campana de la Mata. Su cercanía a Navalmoral unida a la modestia del municipio le acarrearon un vínculo de dependencia que aún mantiene. Su iglesia es la más pequeña del antiguo término concejil de la Mata, pero su término alberga importantes ruinas romanas que han comenzado a excavarse recientemente.
10.Navalmoral de la Mata. J. Bueno sostuvo en buena lógica que el nombre de Navalmoral, tan abundante en el entorno toledano y abulense, se debía a un traslado toponímico de los pastores que la pueblan a finales del s. XIII, como un recuerdo de su lugar de origen, en el Alto Alberche. La creencia mítica, según la cual el origen de la población estuvo ligado a una venta edificada al borde del Camino Real no tiene justificación documental alguna, sin embargo ha perdurado en la memoria morala tal vez como símbolo de progreso de la ciudad; no en vano Navalmoral debe se crecimiento más a lo que se relaciona con las comunicaciones, que a la propia industrialización del pais. Navalmoral tiene en el Molinillo y en la propia Plaza Vieja dentro de su casco urbano, vestigios de poblaciones tardorromanas; pero el núcleo original que dio lugar a la población actual, debió desarrollarse en una pequeña elevación que se conoce como El Cerro, un barrio donde el plano de distribución de sus viviendas revela un estatus homogéneo de población ganadera. Las menciones más antiguas de esta comunidad siempre se han hecho en el entorno general del Campo Arañuelo, por ejemplo, cuando con motivo del concierto o tasa de la moneda forera, hecho en 1395 al 1400, se dice, que este Concejo de la Mata pertenecía al Sexmo del Campo Arañuelo, uno de los de la Tierra de Plasencia. En el siglo XV Navalmoral ya destacaba junto a Peraleda como lugar estable, islas de prosperidad en medio de señoríos contra los que el Concejo de la Mata tuvo que sostener numerosas disputas para evitar las usurpaciones de tierras. Es en este mismo siglo cuando la construcción de la iglesia de San Andrés al borde del Camino Real defina la verdadera vocación caminera de la localidad. En 1663 en Concejo obtiene mediante compra, la Real Cédula de villazgo que le permite independizarse del corregimiento placentino, alzándose como símbolo de la jurisdicción propia que otorga el título de villa, una Picota o Rollo, que mutilado y retocado aún es visible junto a la Plaza de las Minas. A partir del siglo XVIII Navalmoral ya cabecera de su propia comarca se convierte en paso obligado de las tropas de Felipe V hacia Portugal primero y del Archiduque Carlos de Austria hacia Madrid. A los últimos se enfrentan los moralos declarados borbónicos, ganando un privilegio que eximía a sus vecinos de ser soldados de quinta y de reemplazo, una vez que en 1710 quedó pacificado el pais. En los años sucesivos se construyen los mejores edificios de la Calle Real, entre ellos la casa de Comillas, edificada por los monjes Jerónimos que regentaba El Espadañal. Las guerras napoleónicas fueron un freno para su desarrollo, pues aparte de la destrucción de sus comunicaciones, puente de Almaraz y del Conde, de la ruina de la agricultura y la ganadería, una sexta parte de su población fallecería durante la contienda. La liquidación del Antiguo Régimen, contrariamente a lo que se proponía, logra que con las desamortizaciones se pierdan los bienes comunales y se rompa definitivamente la estructura comunitaria de la Campana de la Mata, apareciendo el latifundio en Navalmoral. En 1834 por decreto de Fernado VII se crea el partido Judicial, en 1858 se inaugura la estación de ferrocarril y en 1882, Antonio María Concha Cano, un placentino de ideología liberal, que desde su puesto había contribuido junto a Moret a fomentar el desarrollo de la minería de fosfatos cacereña, funda una Escuela-Biblioteca que aún conserva documentos y libros de gran valor, entre ellos, los de Urbano González Serano, filósofo-pedagogo, oriundo de esta localidad que fue admirado por Giner de los Rios.
11.Peraleda de la Mata. Citábamos al principio de nuestro recorrido a Peraleda de la Mata como una de las estaciones Paleolíticas más importantes de Extremadura y como asiento del excepcional monumento dolménico del Guadalperal. Los romanos dejaron su huella en asentamientos cercanos a Valparaíso y a la Vega de Alarza, donde en el siglo XIII los monjes Bernardos procedentes del Monasterio de Ntra. de Valdeiglesias (Madrid) fundarían una Granja, llamada de Santa Cruz. Tuvo este convento una de las ermitas-oratorio más antiguas del Arañuelo, pero tras la desamortización en el siglo XIX y su posterior venta a particulares de Peraleda quedó bastante arruinada, conociéndose muy poco de ella cuando en la década de los sesenta fue cubierta por las aguas de Valdecañas. Del lugar que sí se conservan ruinas es Valparaíso o Lugar Nuevo, tercera localidad de la Campana de la Mata, fue abandonada durante la Guerra de Sucesión hacia 1706. Por su situación, en medio del antiguo camino Real Madrid-Lisboa fue disputada por los señores de Valverde y Oropesa, llegando a poseerla estos últimos. Hoy la única huella de su existencia la constituye su iglesia arruinada, levantada a mediados del s. XV. Otra iglesia del término de Peraleda de la Mata, es la de Santa María de la Mata, importante por ser el lugar del reunión que los ayuntamientos de la Campana de la Mata escogieron una vez que se arruinó el primitivo consistorio; allí se decidiría por parte del Concejo, la emancipación de Plasencia, pasando los lugares de la Mata a tener jurisdicción propia y categoría de villas. Como eje de una amplia jurisdicción quedó Peraleda de la Mata, villa desde 1663, que alcanzó mayor progreso que sus convecinas, debido a la salubridad del paraje, a la variedad de sus tierras y a la combinación agropecuaria de su economía. Adscrita tempranamente a la Campana de la Mata, se libró de las cargas señoriales, pero tuvo que soportar enormes pleitos y disputas entre el vecindario a causa del arbitrio de sus alcaldes, la acampada de los franceses en sus inmediaciones y los asaltos de la Guerra Carlista. Su entramado urbano se compone a partir de una plaza semiporticada con balcones abiertos y protegidos por barandillas de madera entre las columnas que sustentan la techumbre, destacando por su buena factura y conservación el edificio del ayuntamiento. Hacia el exterior de la plaza las viviendas reúnen otras características más sencillas, aunque no faltan los ventanales esquinados, soportales con columnas, portalones con cubierta a dos aguas y tejados con voladizos. Fuera de esto los monumentos principales son las ermitas del Cristo, San Vicente y la iglesia parroquial dedicada a Santiago Apóstol.
12. Puebla de Naciados Cuando en 1393 se reparten los territorios del Condestable de Castilla. D. Ruy López Dávalos, caído en desgracia ante el rey Enrique III, una parte de los mismos correspondería al Justicia Mayor del Reino D. Pedro de Zúñiga ( Estúñiga). Este sería el primer Conde de Miranda del Castañar, y su condado abarcaría desde las villas de Candeleda a La Puebla y sus anexos de Valdeverdeja, El Gordo, Berrocalejo, Talavera la Vieja, Bohonal, etc. hasta el río Ibor; un territorio casi vació que repoblaría incluso con moriscos de los que cuenta la tradición fueron "espías en la frontera con los moros", de ahí que la Puebla tenga el sobrenombre de Naciados o Enaciados, aunque hacia el Oeste se la conoce mejor por Santiago del Campo Arañuelo. Nunca llegó a prosperar como núcleo urbano a pesar de que se la considera matriz fundacional de El Gordo y Berrocalejo. Su decadencia se pone en relación con el agotamiento de unas minas de cobre por las que el III Conde de Miranda pleitearía con el Monasterio de Guadalupe; pero lo más probable es que su ruina venga a partir de la voladura del Puente del Conde en la Guerra de la Independencia y la cañada ganadera, que discurría por la " Carrera de La Puebla a Candeleda" se desvie hacia el puente del Arzobispo, perdiendo el beneficio que este tráfico le deparaba. A mediados del siglo XIX subsisten aún dos ventas y varias casas que sirven a transeúntes. De la iglesia no queda más que el contorno de su planta arrasada y sus casas que han sido convertidas en humildes albergues para animales. Únicamente la Picota o Royo Jurisdiccional con cuatro canecillos, se yergue como eje de los caminos que allí confluían. A media ladera una fuente de arquillo sustentada en el centro por una columna con capitel, son probablemente restos aprovechados de una villa romana que constituye el asiento más antiguo de esta villa, desaparecida ya de los mapas del Campo Arañuelo Como curiosidad añadiremos que en el siglo XVIII, en el orden militar dependía de la provincia de Extremadura y del alfoz de Ávila en el orden civil y religioso.
13.Robledollano. De 1570 data un documento conservado en el archivo parroquial, que explica el origen del pueblo a partir de una venta que daba servicio sobre todo a los trashumantes; y que la adopción del nombre le venía de un pimpollar de robles existentes en las cercanías. El hecho de que su fundación tuviera lugar entre dos jurisdicciones Cabañas de la Peña (Cabañas del Castillo) y Deleitosa, dio lugar a que se le conociese también como Medio Robledo. Y es que el mediodía de esta localidad pagaba sus tributos a la Abadía de Cabañas, mientras el poniente lo hacía al señorío de Deleitosa o a quién correspondiera la tierra según las épocas, así hasta la configuración de los términos municipales del siglo XIX, cuando queda definitivamente englobado en el partido Judicial de Logrosán, como un termino más de Las Villuercas, aunque la diócesis que le correspondería seguía siendo Plasencia y la iglesia por entero la de Cabañas. Condenado económicamente a un crecimiento lento por lo escabroso y duro del terreno mantuvo una producción de lino de excelente calidad, sedas y una herrería propiedad del Duque de Alba especializada en la producción de retortas de hierro, funcionando la misma a orillas del río Viejas hacia 1720. Sobre asentamientos antiguos no tenemos más datos que unas pinturas rupestres, apenas unos rastros de dedos inscritos en un panel en la Cueva de la Sierra del Caraval al suroeste de la localidad. La iglesia es el principal monumento de la localidad. Se trata de un modesto edificio construido en el siglo XVII a base de ladrillo y mampuestos; posee una única nave cubierta por un techo de madera soportado por una serie de tres arcos fajones proyectados hacia un ábside de forma poligonal, cubierto con una bóveda de cuarto de esfera; conserva el ábside restos de una decoración esgrafiada compuesta de motivos vegetales y geométricos. A ambos lados de la nave se ubican dos altares, el más interesante decorado con azulejos que representan escenas de la Virgen y de Santa Lucía. En el pie de la nave se alza la torre de mediana altura con ventanucos campaneros abiertos en el último tramo.
14.Saucedilla Para J. L. Y J. C. Masa Rubio que realizan una magnífica síntesis histórica de esta localidad, el nacimiento de Saucedilla debió de ser contemporáneo o con una diferencia de poco tiempo del de la vecina localidad Casatejada, al pertenecer ambas al curato de Collado y aparecer las últimas localidades en un censo del pecheros en el siglo XIV. De ese siglo data el documento más antiguo de la localidad, una sentencia judicial que arbitra un deslinde de tierras en 1376. Mantuvo una pequeña comunidad judía (1479), de la que sabemos gracias a documentos en los que se especifican los impuestos que esta debía de abonar en concepto de servicios a la corona. El siglo XVII parte de una crisis poblacional y económica, aunque supone para Saucedilla una desvinculación de la jurisdicción placentina y la adquisición de villazgo, al mismo tiempo que se convertía en señorío del duque de San Germán.
15.Serrejón. Es el tercero de los señoríos tempranos que nacen en territorio del Arañuelo cacereño en virtud de una donación del Rey Enrique II (1339-1379) al Mariscal de Castilla Don García González de Herrera, investido entre otros con el título de Señor de Serrejón, Arroyo del Puerco (Arroyo de la Luz) y la Anguila, lugar último despoblado en 1786, distante de Serrejón unos 3 Kilómetros al Este. El matrimonio del Mariscal con doña Estebanía Fernández, de la poderosa casa de Monroy, le procuraría al enviudar de ésta además, otras posesiones en Talaván . Casado en nuevas nupcias con Doña María de Guzmán, tuvo dos hijos, de los cuales Pedro Núñez heredaría en 1406 el señorío, de este pasará a su primogénito García de Herrera y de este a su hija Ana de Velasco Herrera que unirá la fortuna familiar a la del Conde de Benavente, Don Alonso Pimentel. Este matrimonio tuvo lugar a principios del siglo XVI y todavía a principios del siglo XX, durante la reforma agraria del Bienio Azañista, existen registros de propiedad de esta casa en Serrejón que se liquidarán al término de la Guerra Civil española.
16.Talayuela. Tradicionalmente se ha pensado que el nombre le viene de una atalaya sobre la que más tarde se construyó la iglesia. En 1519 Plasencia le concede el Egido, ampliando su territorio hasta alcanzar la mayor amplitud del Campo Arañuelo. Su rápido crecimiento hizo saltar su vieja estructura concéntrica en torno a la plaza con el ayuntamiento hasta adquirir la estructura de un pueblo lineal de plano alargado Tuvo el triste privilegio de ser la capital palúdica española, atrayendo en este siglo a científicos de talla internacional que estudiaron la forma de atajar los estragos que producía hasta bien entrado este siglo.
17.Toril. Toril constituye el núcleo poblacional más pequeño del Campo Arañuelo, a pesar de que su término abarca más de 150 Km2, sólo gracias a las gentes dispersas por fincas y alquerías de Mirabel, Maulique, Torrejón y Herguijuela, puede reunir los 400 habitantes, quince veces más de los que realmente radican en su centro urbano, un vivo exponente de la despoblación de las llanuras centrales de esta comarca. Ya en 1849 Calixto de la Muela, en su memoria relativa a los montes de la provincia de Cáceres, dedicada al Sr. Duque de Abrantes y de Linares, denuncia públicamente la ruina de Toril con estas palabras..."Toril yace en la mayor de las miserias, sin que los pobladores tengan un solo palmo de terreno en los montes que lo circuyen"; no obstante, como símbolo de un pasado más próspero, aún se erigen entre las últimas viviendas, las ruinas de una iglesia construida también bajo el mecenazgo del obispo Gutierre Vargas de Carvajal, a mediados del siglo XVI.
18.Torviscoso. En 1431 pertenecía a los señores de Oropesa, pero en 1994 había entrado en la esfera de la Campana de la Mata. Llegó a ser villa en el siglo XVII, aunque lo cierto es que su población fue siempre fluctuando, hasta desaparecer como municipio a mediados del s. XIX. En 1911, había 51 habitantes, teniendo una morbilidad anual de 49 y una mortalidad, también anual de dos, o sea que todos los habitantes, sin excepción eran palúdicos, con lo que su despoblación no se hizo esperar. Conserva una iglesia, de buena fábrica, construida allá por el siglo XVI y dedicada a San Sebastián.
19.Valdehuncar. Este núcleo, posee dispersos por su término más de 30 conjuntos de grabados rupestres y un asentamiento de tipo castreño enclavado estratégicamente en uno de los meandros que forman el Tajo. Tanto uno como otro poseen una extraordinaria importancia, el primero por tratarse del núcleo más denso de Extremadura y el otro por albergar una población, fundamentalmente Bronce Pleno, que puede aportar valiosos datos para la reconstrucción de una secuencia histórica apenas conocida en la Alta Extremadura. En época romana ese mismo poblado se reutiliza, igual que en la Edad Media, periodo en el que además se construye probablemente una atalaya sobre la roca conocida como Cancho Castillo, únicos testigos de la ocupación islámica del término. Durante la repoblación fue parte del feudo de los de Belvís, hasta 1640 pasa al Condado de Oropesa, evolucionando posteriormente como villa aneja a Navalmoral de la Mata. Su fisonomía urbana da una idea de lo que debieron ser en un principio las alquerías pastoriles en las que no primaba ningún criterio urbanístico.
B) LA CAMPANA DE ALBALAT
20.Casas de Miravete. Concluye Madoz que el pueblo que antecedió a este recibió de una ermita arruinada el nombre de Ventas de San Andrés. Cambió después su nombre por el de Casas del Puerto, figurando como una de las ciudades que en 1639 se venden al D. Francisco de Totavila, duque de San Germán. Aprovechó desde antiguo el tránsito de los ganados por la Sierra llegando a sufrir por su situación un incendio que lo devastó en la Guerra de la Independencia.
21.Higuera. Las únicas referencias históricas de esta población aparecen siempre unidas a las de Romangordo como parte única de la Campana de Albalat, desarrollándose al amparo de unas tradiciones y avatares similares a las del pueblo matriz. No obstante dentro de su término la arqueología ha podido obtener una serie de datos que permiten de momento señalar al poblado prehistorico de la Sierra de La Caldilla (E. del Cobre- Bronce ?) como referente más antiguo de poblamiento, al tiempo que de la Edad Media se destacan las ruinas de una atalaya y su ciudadela en Castil Oreja.
22.Romangordo. Los restos más antiguos descubiertos en término de Romangordo se hallan en la cueva recientemente descubierta en la garganta del arroyo de la Canaleja, donde se han documentado restos que datan del Epipaleolítico, y recorren sucesivamente todas las etapas de la prehistoria. De época romana, tenemos noticias fragmentarias de unos restos aparecidos junto al cementerio viejo y otros que se hallan en el paraje de la mezquita, identificado tradicionalmente con el solar de un poblado o aldea musulmana, fundada a posteriori de Medina Al-Balat, verdadero bastión militar fundado por los árabes, para la vigilancia de la frontera islámica, intalada hacia el año 1000 en el Tajo. El nombre de la Campana de Albalat aparece por primera vez en un documento emitido en en la época de Enrique III (1395), aludiendo a los 94 vecinos de este dominio que debía pagar la Moneda Forera. No se mencionaban las localidades hasta la época de los Reyes Católicos, cuando en otro documento similar ya aparece la Campana con los pueblos de su pertenencia -Higuera, Romangordo, Piñuela del Puerto y Piñuela Baja. Idéntico censo de poblaciones se registra en otro documento fechado en 1636, cuando las Cortes para obtener recursos económicos con los que sostener al Estado, recurren a la venta de vasallos de behetría, realengo y aldeas de la tierra de ciudades y villas. En ese lote entrarían los pueblos de la campana (Romangordo, La Higuera, Piñuelas y Casas del Puerto -antigua Piñuela del Puerto-), que pasan a D. Francisco de Totavila, Duque de San Germán, dueño también de Saucedilla. Por los interrogatorios y encuestas del s. XVIII, sabemos que dentro los tres pueblos que componían ya el concejo de Al-Balat, Romangordo ostentó, como herencia de la antigua de la rectoría del Salvador de Al-Balat, el título de parroquia. Formaron también estos tres lugares parte de un señorío cuyo propietario en 1785 fue D. Lorenzo Fernández Munella, antiguo secretario del rey Carlos III.
C) LOS IBORES
23. Bohonal de Ibor. En el siglo XV, a instancias del Conde de las Mirandas, los habitantes del Concejo de Alija se distribuyeron entre Talavera la Vieja y Bohonal, que se mantendría como anejo de la primera. El Conde de Miranda fue desde 1464 propietario del dominio útil y los habitantes trabajaron la tierra en régimen de colonato, hasta el siglo XX en que se pacta la venta de casi todo el término, participando en ello todos los vecinos. Esos cinco siglos de presencia señorial no estuvieron exentos de sobresaltos, ya que durante las desamortizaciones de tierra del siglo XIX, se interpretó que la tierra, por haberlas arbitrado el ayuntamiento eran bienes de propios y por lo tanto debían pasar a propiedad del Estado, sin embargo en la protesta del Conde y los vecinos llevada a juicio, el Tribunal Supremo reconoció que la propiedad era del Conde, quién había cedido su uso al pueblo a cambio de una renta. Este sistema cambió en 1930 con la mencionda venta de la tierra al vecindario. Bohonal fue villa desde el siglo XVIII y desde el XIX independiente de Talavera la Vieja, datando de 1850 el deslinde de sus términos.
24. Campillo de Deleitosa. Perteneciente al señorío de Deleitosa, es decir ligada a la poderosa familia de los Monroy-Almaraz, aparece atestiguado como aldea en los documentos testamentarios de Isabel de Almaraz (1413), a pesar de que Pascual Madoz, célebre ministro impulsor de la ley de Desamortización de 1855, en su célebre Diccionario Histórico-Geográfico, nos asegure que la población de Campillo de Deleitosa sólo cuente con 200 años de existencia, es decir que se habría fundado en la primera mitad del siglo XVII. Lo que ignoramos es, si la ubicación de la localidad, responde a la instalación del paso y contadero que la Mesta poseía en las inmediaciones, al deseo del señorío de reforzar el aprovechamiento agropecuario de su tiera, o se halla ligada a la explotación de una mina de hierro. En cualquier caso las tres se combinaron, resultando la última seguramente, su industria más rentable. Las ruinas de aquella explotación son aún visibles parcialmente, en un paraje denominado La Herrería; allí sólo queda parte de la represa y conducción de agua para el martinete de molturación del mineral, mientras el resto de las dependencias, lavaderos y hornos han sido desturídas por sucesivas avenidas de las aguas. Que el núcleo urbano de Campillo date de una época relativamente moderna, no quiere decir que su término no reúna vestigios de poblaciones anteriores, pues como hemos visto, en los alrededores y cueva de Juan Candilla o de las Ferrerías, se han documentado restos prehistóricos. Estos sin embargo, no son los únicos, pues en las colinas del Collado del Fresno (Las Veneras ?), un paraje calizo, encontramos varias cuevas, algunas con desarrollo de gruta, que a nuestro juicio ofrecen una perspectiva extraordinaria para el estudio de etapas de la prehistoria antigua. Más raros y dispersos fueron los núcleos romanos, o mejor tardorromanos, reflejados en los materiales de las Huertas del Cojo, un paraje donde se hallaron varios sepulcros con ajuares cerámicos consistentes en platos y jarras, que hoy pueden admirarse en las vitrinas del Museo de Cáceres. La presencia árabe en la zona, aún no ha sido confirmada con ningún testimonio arqueológico, pues tanto el Fortín de la Sierra, como los materiales que hemos mencionado anteriormente, de ningún modo pueden ser asimilables a este periodo.
25. Castañar de Ibor. El documento más antiguo que hemos podido registrar referente a Castañar de Ibor son las Relaciones Topográficas de Felipe II (1578), que afortunadamente se encuentran recopiladas en varios tomos referidos al reino de Toledo por C. Viñas y R. Paz. En ellas se hace referencia al nombre original de la población, que era el de -Castañal- porque según relata la encuesta " ...hay un castañal que es común..... no conociendo los naturales otro nombre antiguo.". Fue esta población jurisdicción y término de Talavera de la Reina, de la provincia eclesiástica arzobispal de Toledo, tenía alcalde, regidores y un mayordomo nombrados por el pueblo con la aprobación de Talavera, no poseía encomienda ni tenía escudo alguno. Según se deduce de los datos del texto al que nos referimos al principio, la fundó "Fernán Pérez" hacia finales del siglo XV, pues en una de las respuestas a la encuesta, que se realiza en 1578, se dice que el evento fundacional tuvo lugar 180 años antes, es decir en torno a 1498. Esta fecha de fundación, sin embargo podría no ser exacta, si el Fernán Pérez al que se refiere fuera un caballero, notable placentino (Fernán Pérez del Bote), personero de Alfonso X el Sabio, que fue testigo de un privilegio otorgado por este rey a la ciudad de Plasencia (1307), según el cual la ciudad tenía el privilegio de guardar sus propias fronteras y proteger los puertos y las cañadas, pues entonces se encontraba recién fundado el "Honrado Concejo de La Mesta"(1273) y los ganados trashumantes y estantes necesitaban ser amparados de bandidos golfines que entonces infectaban especialmente estas sierras de Las Villuercas e Ibores. Si como parece una de las rutas de la Trashumancia se proyectó por esta zona, bien desde el Puente del Conde o de la Puente del Arzobispo, atravesando estas serranías hacia el paso de Orellana la Vieja (ver mapa de R. Aitken), el origen de Castañar y Navalvillar, pudo estar precisamente vinculado a los derroteros del ganado y a la necesidad de anclar una población para librar a los pastores del asalto de los golfines. Más específica es la fuente cuando se refiere al número de vecinos, entonces de 170, que vivían principalmente de las viñas y olivares, no poseían algunos molinos y se explotaban minas de hierro. Con respecto a la minería hemos encontrado varios documentos, el más antiguo de 1670 lo firma J. de Zaragoza, Jesuita y maestro matemático del Colegio Imperial de Madrid, que por orden de Carlos II se dedicó al registro de minerales. Cuenta de Castañar de Ibor, que "a una legua de la población, en el lugar de los Alisos, hubo una mina que comenzaba con una larguísima veta, de un pie de grueso que contenía plomo y alcohol, y que, según el registro efectuado, podía dar buena plata"; cita también una con indicios de azogue en La Avellaneda.. El Duque de Alba, propietario de la mayoría de estos territorios, fue tal vez el impulsor de una pequeña industria, que explotó las ferrerías del río Ibor, de las cuales la más importante debió de ser aquella que funcionaba en la finca del Aguazal, como dice un documento de 1720 en la jurisdicción de Robledo, aunque el hierro (goetita, oligisto y piritas) se extraían en el Rostro y en otras partes del valle. De la importancia de estas actividades extractivas dan idea varios reglamentos de sociedades mineras como la titulada "Aurora Argentina" que explotó en 1853 una mina de plomo argentífero en el Cerro de los Misillos (Minillos?) de Castañar o la sociedad minera de "La Fraternidad Extremeña",también de 1853, que explotó otra mina de plomo argentífero al sur del sitio del Rostro.
26. Fresnedosos de Ibor. Conocemos gracias al testamento de Alfonso Fernández del Bote, que en 1329, esta villa era parte del Mayorazgo de Belvís, por lo que su decurso histórico corrió parejo a esta casa, incorporándose en virtud de particiones y herencias al señorío de Deleitosa pero desconocemos de este periodo u otro, dato alguno sobre sus pobladores, pues ni siquiera en otra fuente como es la encuesta que T. López se revelan datos como para avalar el origen de los mismos, sirviendo de ejemplo la contestación que da el vate local a la encuesta de T. López: "no hay noticia de cuando ni por quién se fundó este pueblo, no tiene armas algunas, ni escrito alguno de haberlas tenido, ni sujeto de algún lustre, pues todos son labradores pobres, no tiene edificio alguno, ni castillo, ni memoria o vestigios de haberlo tenido"
27. La Avellaneda. Fue una antigua población situada en la margen derecha del Ibor, despoblada en el siglo XVIII. De la iglesia antigua, hasta hace pocos años, no quedaban más que parte de sus muros, cuando por iniciativa vecinal se reedifica pensando más en un albergue para las romerías que en un edificio religioso, por ello, quedan pocos restos destacables o que merezcan una descripción. Una talla de excepcional calidad de un cristo crucificado se conservó en la iglesia de Castañar de Ibor, hasta hace pocos años.
28. Mesas de Ibor. En el Interrogatorio de la Real Audiencia se la cita como perteneciente al Estado y Señorío de Oropesa, entonces propiedad del Duque de Alba, luego al Duque de Frías, señor solariego al que se le pagaba la renta o terrazgo por las labores que se sembraban, pero como aducimos al principio pudo ser en origen el pueblo que en los documentos testamentarios de los Monroyes se cita como Casas de Ibor; en ese caso tampoco habría ninguna contradicción con lo dicho, pues las propiedades de los Monroy pasaron en virtud de una unión matrimonial, entre Dña. Beatriz de Monroy y Ayala y D. Fernando Álvarez de Toledo, III Conde de Oropesa a incorporarse al Condado de Oropesa. Cuando se termina la sucesión directa de la citada Casa toledana, reclama el título D. Diego López de Pacheco despues XIII duque de Frías. Pertenece junto a Fresnedoso a la diócesis de Plasencia, aunque como parroquia quedó aneja a la de Belvís. Muy pocos restos hablan de unos orígenes que parecen vincularse al principio de la Edad Moderna, como un establecimiento en torno al camino mesteño que aventuraba los ganados desde el puente de las Veredas hacia las gargantas del Descuernacabras y de ahí a las dehesas de Deleitosa y Trujillo. No obstante, independientemente del poblamiento, es posible que durante la Edad Media, antes de los estrechos donde hoy se levanta la presa de Valdecañas, y donde antes hubo una barca, se utilizase como paso, pues varios lugares del término se citan en el libro de la Montería de Alfonso XI. A esa época deben de pertenecer también un lote de nueve espadas de hierro que se conservan en el Museo de Don J. L. Sendín en Plasencia, las cuales fueron recogidas en la vega del Castrejón, cercanas al Tajo y entregadas más tarde por el párroco D. Fco. Timón para el Museo catedralicio de Plasencia. Durante la Guerra de la Independencia se vio involucrado en los ataques que el ejército francés realizó para afianzar sus posiciones junto al puente de Almaraz. R. Gómez de Villafranca, relata que el 17 de Marzo de 1809 los franceses atacaron con 12000 hombres los puestos de Mesas de Ibor y Fresnedoso, y a pesar de que la resistencia fue tenaz, las tropas españolas, comandadas por el General Cuesta acabaron retirándose sucesivamente hasta Miravete primero y después hasta Santa Cruz de La Sierra. A propósito de estas acciones V. Barrantes (Ficha 544, tII, p.69.) cita un manuscrito de 40 páginas que tuvo ocasión de consultar en la biblioteca del brigadier Gómez Arteche, en el que se relatan los planes del ataque, por los que la villa tuvo que sufrir tal destrucción que cincuenta años después Madoz, aún nos habla del número de casas demolidas que con motivo de esta guerra quedaban en la localidad. Como recuerdo del atrincheramiento quedan en la Sierra una serie de fortificaciones, consistentes en agrupamientos de chozos o cuartos a los que frecuentemente se han confundido con castros celticos u otras construcciones más antiguas. Aparte de la iglesia que se cita, sabemos que hubo una ermita dedicada a los mártires San Fabián y San Sebastián hoy arruinada.
29 Navalvillar de Ibor. Como sucede con la mayor parte de las poblaciones de esta comarca, se desconoce la fecha exacta de su fundación, siendo la referencia más antigua que poseemos acerca de su origen la facilitada por un documento dado en Valladolid el 15 de Mayo de 1293, durante el reinado de Sancho IV el Bravo, según el cual y con motivo de un resarcimiento hacia la ciudad de Talavera, concede tres dehesas a dicha ciudad, que a su vez su abuelo Fernando III había concedido antes proindiviso, siendo una de ellas, concretamente la tercera, la situada en el Castrejón de Ibor.."hacia el Navalvillar y La Avellaneda..". No se citan los lugares como poblaciones, pero es más que probable que su gestación se hallase cercana vinculándose al deseo de los reyes de crear establecimientos seguros, sobre todo en zonas como estas, cuya despoblación alentaba el bandidaje. Vuelve a nombrarse, Navalvillar en la Relaciones Topográficas como avecindado de Castañar de Ibor y en un libro sellado en 1570 que constaba en en el archivo de Robledollano, donde se decía que "este pueblo era venta y servía a las gentes trashumantes que venían a esta zona desde el puente del Conde, y que estos con frecuencia se colaban por las sierras de La Avellaneda y Castañar", por donde algunos eruditos como A. Blazquez y F. Coello intentaban hacer pasar la vía romana conocida como en trazado A25 señalado en el itinerario antoniniano y el en Anónimo de Rávena. Este trazado, rebatido y demostrada su imposibilidad, si bien no sirvió en la antigüedad para un tránsito regular de carros, sirvió para el tránsito de los ganados, que una vez pasado el contadero del puente del Buho o Las Veredas se dispersaban por estos pagos para entrar en las dehesas de Trujillo, sirviendo ocasionalmente algunas ventas para concentrar la escasa población de estos contornos, que acabaría naturalmente por formar poblaciones en los Ibores como Castañar y Navalvillar, en la senda natural hacia los pastos de la Villuerca Baja o de la Siberia extremeña.
30. Valdecañas. Esta villa ostenta por escudo de armas el de sus antiguos propietarios, los Duques de Frías. Históricamente no se conocen hechos relevantes ligados a su historia, salvo algunas escaramuzas en la Guerra de la Independencia, cuando el general inglés Hill utiliza el camino de la Cueva de Almaraz y atraviesa éste término, para plantarse detrás de las posiciones francesas en Albalat.
D) LA JARA
31. Carrascalejo de la Jara. Cuenta la tradición que Carrascalejo era antes un colmenar que estaba en el mismo sitio en donde ahora está el lugar, al cual llamaron Carrascal. Cercas, olivares, pradillos y descampados alternaban con grupos de casas que se mantenían aislados sin llegar a componer un conjunto verdaderamente urbano, dentro de un territorio que por su proximidad a la Sierra de Altamira resultaba inseguro; como testimonio de aquello, en alguna de las pocas casas viejas que quedan, pueden apreciarse troneras flanqueando las entradas de las viviendas, que por otra parte ofrecían un aspecto misérrimo, con muros de pizarra y tapial, bajas y con escasos tejados. Su conversión en núcleo de cierta importancia deviene de la progresiva alternancia de la actividad melera con la economía pastoril y la pequeña agricultura acomodada al llano y los estribos montañosos de la Sierra. F. Jiménez de Gregorio supone que el barrio al que llaman El Perchel en esta localidad, fue el primitivo núcleo musulmán avecindado con otro caserío también de la misma época llamado Torlamora. Ambos lugares convivieron con una población escasa hasta el siglo XVII en que el segundo se situó al borde de una despoblación que en plena segunda Guerra Carlista sería ya total, pues a los combatientes en la misma se les repartirá una mitad, mientras que la segunda se vendería a ganaderos de Carrascalejo. Hasta hace 75 años se conservaba la iglesia y el corral del Concejo donde tras unas altas tapias los pobladores guarnecían a sus ganados del asalto de los golfines y bandidos que se descolgaban por los puertos de la Sierra.
32. Garvín. El municipio de Garvín surge al lado de un torreón, del que actualmente no quedan mas que la línea de gruesos cimientos, dibujados en un parque anexo a la iglesia, dicha torre o almenara es de origen islámico y tenía la misión de advertir a otras poblaciones de los posibles peligros que podían representar los bandidos o las tropas cristianas que frecuentemente recorrían el territorio en busca de rapiña. Por eso se explica que en el Pico de la Cueva, a espaldas de la localidad se halle una de aquellas aldeas, hoy cubierta por un denso matorral. Hay sin embargo en el sedimento de Garvín trazas antiguas de una romanización marcada por la presencia de sillares y cerámicas dispersas por los huertos que quedan en las traseras del pueblo, en el olivar de Los Barrios y en las faldas de la sierra, donde seguramente llegaron a explotar alguna mina de hierro. Su ascenso poblacional tiene lugar cuando el Arcedianato de Talavera, divide el territorio en dos beneficios curados, correspondiendo uno a Villar del Pedroso, y otro a esta localidad con residencia en la iglesia de Santa María de Garvín, más tarde llamada de la Asunción. De los dos curatos fue el más extenso, abarcando La Peraleda, San Román y otros pueblos como, La Avellaneda, El Castañar y Navalvillar que en la actualidad configuran el núcleo de la comarca de Los Ibores. Dos siglos más tarde, tras la fuga de un importante contingente de población, entra en una fase de recesión económica y social, razón por la que es desposeído del curato, en beneficio de Valdelacasa. Del tiempo en que ostentó la cabecera parroquial, quedó una magnífica construcción eclesial, mientras que resultó destruido el torreón del Duque de Estrada, un feudal talaverano que ocasionalmente utilizó su solar como vivienda de paso u oficina recaudatoria.
33.Navatrasierra. Nace a finales del siglo XVI a expensas del camino de peregrinación a Guadalupe, en la solana de la Sierra de Altamira dando vistas al valle del Guadarranque y Gualija, punto divisorio entre las cuencas del Guadiana y el Tajo. Situada a 600 metros de altura, describe el clásico triángulo de las poblaciones serranas cuyo vértice más alto inicia el caserío, abriéndose en abanico a medida que progresa la construcción, para ensancharse en la ladera más baja, donde está la plaza y la iglesia, hacia la que convergen las calles salvando un agudo desnivel. Es una pedanía del Villar del Pedroso, en cuya iglesia encontramos una partida de bautismo de 1.570, donde figura ya un vecino de La Navilla o Nava Entresierras, que es como se la citará hasta el siglo XVIII. Su discreta evolución social y económica, unidas a la modernidad del asentamiento frenaron la construcción de edificaciones a las que pudiera aplicarse el calificativo de artístico o pintoresco que la propia localidad habría asumido, de no ser por la enorme remodelación urbana llevada a cabo en los últimos años. Al hilo de estas notas el lugar podría no tener mayor interés sino fuera porque aquí la naturaleza brota entre abruptas montañas transformándose en un monumento vivo del paisaje mediterráneo. Prácticamente desconocida, constituye una de las mayores reservas biológicas del continente, con una diversidad de biotopos - turberas, sotos, bosques, roquedos, matorrales, pedreras, pastizales, etc., a las que un milenario aislamiento ha mantenido en unas condiciones inmejorables para que se desarrollara una densa y variada fauna. Es una zona muy rica restos paleontológicos, sobre todo fósiles de Trilobites, Sanguinolites, Redonias, Arcas, Crucianas, etc, producto de las convulsiones geológicas de la era Primaria. El valle del Guadarranque y el del Gualija dan nombre a las arterias que los surcan el paisaje de Natrasierra. El primero recorre veinte solitarios kilómetros rodeado por el verde intenso de matorral y bosque a lo largo de los cuales uno descubre parajes como el Charco de la Trucha, un rincón donde el agua se precipita en cascada sobre una profunda y negra fosa en medio de un soto impenetrable, las tablas del río, protegidas por alisares, los trampales donde raras especies de plantas se sirven de los insectos como alimento, o los profundos precipicios del Jariguela, en las lindes de la comarca, con la más antigua de las colonias de enebros de Extremadura. El Gualija por el contrario está rodeado por una selva casi uniforme, un muro infranqueable hasta las Cuevas de Vázquez en el término de Garvín, donde comienza a abrir profundos callejones hendiendo la pizarra y la cuarcita hasta una profundidad que permite a las heladas invernales unir las de un día con otro sin que conozcan la luz directa del sol. Al llegar a la altura de la cueva del Escoberal, el río se curva en meandros, dejando a la derecha acantilados poblados de rapaces, para abrirse en el valle de San Román y buscar el Tajo, amansándose al acercase a la fértil vega extendida a partir del puente del Buho.
34. Peraleda de San Román. Al hablar de Peraleda de San Román, tenemos que hacer una referencia forzosa a los núcleos de poblamiento prehistóricos que hay diseminados por su término. En primer lugar las cuevas y el poblado calcolítico de Navaluenga se perfilan como uno de los complejos arqueológicos más interesantes al norte del Tajo, no sólo por al abundancia de materiales, sino también por los paneles con pinturas y grabados rupestres que alberga, en medio de un paisaje erizado de caprichosas formas labradas por el tiempo en el roquedo graníticos. Nuevos grabados se reproducen en Peña Castillo, simulando ofrendas, al pie de una enorme e inaccesible roca horadada en su base por cuevas, que al igual que sucede en El Cancho de las Colmenas atestiguan una ocupación humana. Varias estelas funerarias recuerdan el principio de la ocupación romana del territorio, que tiene en el paraje de San Román uno de los puntos más señalados, por cuanto que allí se registraron labores mineras, basadas por una parte en la explotación de cobre y plomo incrustado en filones pizarrosos, y por otra en la extracción de calizas marmóreas destinadas a hornos para la cal y para el recubrimiento de parte de los edificios romanos de Augustóbriga (Talavera la Vieja). En el siglo XI la población de San Román reunió un importante núcleo mozárabe en torno a una edificación eclesiástica, donde se profesó culto al santo oriental que dio nombre a la localidad, prosperando como municipio hasta el siglo XVI, centuria en la que es absorbida por una alquería vecina llamada entonces Peraleda de Garvín, situada en un lugar mucho más abierto y favorable. En el siglo XIX, pretextando las frecuentes confusiones a que da lugar su nombre, solicitan el cambio por el de Peraleda de San Román, a lo que se accede firmando el decreto, el entonces regente, general Espartero en 1.842. Las calles de Peraleda son generalmente estrechas y tortuosas, abundando las plazuelas y solanas, de aspecto cuidado y agradable que proporciona un indudable encanto nostálgico. Sus casas son modestas, aunque actualmente modernas construcciones vienen suplantando con pésimo gusto a las de antaño; apenas asoman casas señoriales, si exceptuamos la del hidalgo feudal, D. Juan Juarez de Toledo, teniendo por monumento más importante a la iglesia de San Juan Bautista.
35. Talavera la Vieja (Bohonal de Ibor). Recientemente, bajo los niveles de la ciudad romana, hemos podido constatar otros niveles de poblamiento que corresponden a momentos del Bronce Final y el periodo Orientalizante. El primero de ellos se percibe a través de una serie de elementos materiales, como fíbulas de codo y cerámicas con tratamientos escobillados. El segundo, mucho mejor consolidado presenta un nivel de ocupación con restos de viviendas construidas a base de cantos rodados que dibujan formas cuadrangulares y rectangulares. Sus restos materiales, cerámicas bruñidas en su mayoría, mantienen sobre todo, fuertes paralelismos con poblados de la cultura tartésica que florecieron a partir del siglo VIII a. C., con lo que Talavera la Vieja se convierte en uno de los núcleos más septentrionales de esta cultura. Su origen como ciudad vettona, no ha podido ser probado, a pesar de que algunos humanistas como Álvarez de Castro descubrieran en sus inmediaciones las características imágenes de verracos. Los romanos la edificaron como una ciudad de nueva planta, respondiendo a un programa administrativo del territorio que entonces aparecía vacío.
36. Valdelacasa de Tajo. Sus orígenes corren paralelos a los del Villar del Pedroso, con un marco prehistórico representado por los dólmenes del Tesoro y las Atalayuelas y la figura de un verraco muy deteriorado que se conserva en el corral de un vecino de la localidad. Se conocen además varios núcleos de población romana en Los Villares, en las cercanías de la Posada del Rey, en Navalapicaza y tal vez en el mismo núcleo urbano de Valdelacasa, si tenemos en cuenta las inscripciones descubiertas correspondientes a este periodo. En los primeros compases de la Edad Media su población quedó repartida en torno a la fortaleza de Espejel en el Tajo, hasta que las fronteras con el el Islam se consolidan en una estrecha franja de Andalucía; entonces es cuando la repoblación cristiana hará posible la fundación de núcleos como el de Valdelacasa en la llanura central, que pasa a configurarse como uno de los núcleos más importantes del territorio. Fiel reflejo de su situación y de su humilde economía son los escasos pero bien proporcionados monumentos.
37. Villar del Pedroso. Las tierras del Villar fueron transitadas en la antigüedad por antepasados Vettones que dejaron como testimonio de su paso varias esculturas de toros y verracos. Dos en la Oliva, uno en el valle del Verraco y otros dos en la misma población. Más tarde los romanos colonizaron el territorio distribuyendo sus explotaciones por el mismo; una inscripción romana que sirve como jamba a una de las casas de la localidad recuerda que el lugar de origen de muchos de aquellos colonos fue la vecina Augustóbriga, enclave protagonista de la organización del territorio en esta época. Especialmente significativo debió ser el asentamiento de La Oliva, donde se hallaron varios sepulcros e inscripciones funerarias Como municipio El Villar, hunde sus raíces en el s. XI, cuando colonos destacados de Talavera de la Reina se asientan en las márgenes del arroyo Morcillo, en la Oliva y en el solar que ocupó la Ermita de San Blas . Más tarde en virtud de un privilegio concedido por Fernando III al Concejo de Talavera la población se fue concentrando en alquerías próximas el lugar que hoy ocupa la población, muy cerca de los arroyos Cagancha y Pedroso. La edificación de la parroquia nuclearizo a la población que acabó prefiriendo el pago del Villar como lugar de asiento. Su proximidad al al cordel de Merinas y al camino de Guadalupe le aportó una prosperidad que se ve reflejada en sus casas y templos, los de mejor construcción de esta zona jariega, llegandose a decir en alguna ocasión que la iglesia parroquial es la catedral de la comarca.
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------------------------------ LUGARES DE INTERES HISTORICO ARTISTICO
CAMPO ARAÑUELO
ALMARAZ 3 .EL TORREON 6.ROCAMADOR BELVIS DE MONROY. 7.EL ROLLO JURISDICCIONAL. VILLA DE BELVIS. 10.EL CASTILLO 11.PRESA DEL CASTILLO 12.CONVENTO DE SAN FRANCISCO. 13.ERMITA DEL BERROCAL. BERROCALEJO. 14.PEÑAFLOR .ATALAYA DE PEÑAFLOR 15.EL PUENTE DEL CONDE 16.IGLESIA DE LA INMACULADA CONCEPCION. 17.ERMITA DE LOS REMEDIOS. CASAS DE BELVIS. 18.IGLESIA DE SAN BERNARDO. CASATEJADA. 19.ROLLO JURISDICCIONAL 20.IGLESIA DE SAN PEDRO AD VINCULA. 21.ERMITA DE LA SOLEDAD. 22.ERMITA DE LA VIRGEN DE LAS ANGUSTIAS. 23.PALACIO DE LAS CABEZAS. EL GORDO. 24.PRESA DEL ARROYO NACIADOS 25.IGLESIA DE SAN PEDRO. MAJADAS DE TIETAR. 26.IGLESIA DEL SALVADOR. MILLANES. 27.VILLA ROMANA DEL OLIVAR DEL CENTENO 28.IGLESIA DE SAN FRANCISCO DE ASIS.
NAVALMORAL DE LA MATA. 29.MOSAICOS DE EL PINO 30.ROLLO JURISDICCIONAL 31.IGLESIA DE SAN ANDRES. 32.ERMITA DE NUESTRA SRA. DE LAS ANGUSTIAS. 33.CASA DE COMILLAS 34.EL ESPADAÑAL. PERALEDA DE LA MATA. 35.DOLMEN DE GUADALPERAL 36.IGLESIA DE SANTIAGO APOSTOL. 37.ERMITA DEL CRISTO DE LA HUMILDAD. 38.ERMITA DE SAN VICENTE. 39.IGLESIA DE SANTA MARIA DE LA MATA 40.IGLESIA DE VALPARAISO 41.SANTA CRUZ DE ALARZA 42.HOSPITAL VIEJO. 43.PUENTE DE VALPARAISO. 44.PUENTE DE LA BOMBA. PUEBLA DE NACIADOS. 45.ROLLO JURISDICCIONAL, FUENTE E IGLESIA SAUCEDILLA. 46.IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA. SERREJON. 47.CUEVA BERMEJA 48.IGLESIA DE SAN ILDEFONSO. 49.ERMITA DE SAN ANTONIO. 50.ERMITA DE LA OLIVA. 51.ERMITA DE SANTIAGO. 52.CRUCERO TALAYUELA. 53.DOLMEN DE LAS LOMAS. 54.DOLMEN DEL CERRO DEL PUCHERO 55.IGLESIA DE SAN MARTIN. TORIL. 56.IGLESIA DE SAN BLAS. TORVISCOSO. 57.IGLESIA DE SAN SEBASTIAN VALDEHUNCAR. 58.LA MURALLA 59.PEÑA CASTILLO 60.IGLESIA DE SANTA MARIA MAGDALENA.
CAMPANA DE LA MATA CASAS DE MIRAVETE 61.CASTILLO DE MIRAVETE 62.FORTIN DE MIRAVETE 63.IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCION 64.IGLESIA DE SANTIAGO DE LA PIÑUELA O PEÑUELA HIGUERA 65.CASTIL OREJA 66.IGLESIA DE SAN SEBASTIAN ROMANGORDO 67.AL-BALAT 68.ERMITA DE LA VIRGEN DE LAS AGUAS 69.IGLESIA DE SANTA CATALINA 70.FORT NAPOLEON
LOS IBORES BOHONAL DE IBOR 71.DOLMEN DE LOS LABRAOS 72.DOLMEN DEL ALISAR 73.DOLMEN DE LAS MURCIAS 74.DOLMEN DEL HORQUILLO 75.DOLMEN DEL PIVOR 76.DOLMEN DEL GAMBUTE 77.IGLESIA DE SAN BARTOLOME APOSTOL CAMPILLO DE DELEITOSA 78.PINTURAS RUPESTRES DE LA CUEVA DE LAS FERRERIAS 79.IGLESIA DE SAN SEBASTIAN 80.FORTIN DE LA SIERRA CASTAÑAR DE IBOR 81.CUEVAS DEL IBOR 82.PINTURAS RUPESTRES DEL AGUAZAL 83.TORREON DE LOS MOROS 84.EL CASTILLEJO 85.IGLESIA DE SAN BENITO ABAD 86.AVELLANEDA FRESNEDOSO DE IBOR 87.PINTURAS RUPESTRES DE LA COVACHA 88.IGLESIA DE SAN ANTONIO ABAD 89.ERMITA DE SAN BARTOLOME 90.ERMITA DE SAN MATIAS MESAS DE IBOR 91.ROLLO JURISDICCIONAL 92.IGLESIA DE SAN BENITO ABAD 93.PUENTE DE LAS VEREDAS. NAVALVILLAR DE IBOR 94.IGLESIA DE SANTA ESCOLASTICA Y SAN ROQUE VALDECAÑAS 95.IGLESIA DE SAN BLAS
LA JARA CARRASCALEJO DE LA JARA 96.ESCULTURA ZOOMORFA 97.CASTILLO DEL MARCO 98.IGLESIA DE SAN MATEO GARVIN 99.IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCION NAVATRASIERRA 100.CERRO DE LOS CASTILLEJOS PERALEDA DE SAN ROMAN 101.PINTURAS Y GRABADOS RUPESTRES DE NAVALUENGA (EL CANCHAL) 102.GRABADOS RUPESTRES DEL SANTUARIO DE PEÑA CASTILLO 103.CANCHERA DE LA ATALAYA 104.CASTILLO DE ALIJA 105.IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA 106.IGLESIA DE SAN ROMAN 107.IGLESIA DE LA POVEDA TALAVERA LA VIEJA (BOHONAL DE IBOR) 108.ESCULTURA ZOOMORFA 109.AUGUSTOBRIGA 110.IGLESIA DE SAN ANDRES 111.ERMITA DE LOS MARTIRES 112.PUENTE DEL BUHO 113.ROLLO JURISDICCIONAL VALDELACASA DE TAJO 114.DOLMEN DEL TESORO 115.DOLMEN DE LA ATALAYUELA I 116.DOLMEN DE LA ATALAYUELA II 117.ESCULTURA ZOOMORFA 118.CASTILLO DE ESPEJEL 119.FORTIN DEL CASTILLEJO 120.IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE LA ASUNCION 121.ERMITA DE SANTA ANA 122.CRUZ DE LAS VIÑAS VILLAR DEL PEDROSO 123.ESCULTURAS ZOOMORFAS 124.CASTILLO DE CASTROS 125.IGLESIA DE SAN PEDRO 126.HOSPITAL DE SAN SEBASTIAN 127.HOSPITAL DEL OBISPO 128.ERMITA DE LA VIRGEN DE LA OLIVA 129.ERMITA DE SAN BLAS 130.GRANJA-CONVENTO DE BURGUILLA 131.PUENTE DEL ARROYO DEL PEDROSO |