| CRIPTOARTE, CRIPTOARTISTAS, CRIPTOREVISTAS | Nelo Vilar. Ponencia presentada en Edita 2001. Encuentro de Editores Independientes de Punta Umbría. |
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Desde que empecé en esto de la performance, la poesía visual, de acción, sonora, etc., hace más de una década, muchos compañeros se han ido quedando por el camino, a veces tras una actividad importante. Algunos vuelven de vez en cuando para hacer alguna cosilla, más por amistad que por interés en “desarrollar su carrera de artista”. Se dirá que es normal que muchos artistas abandonen al entrar en el mercado de trabajo o al encontrar una pareja con la que sentar la cabeza (por eso dice el tópico que los verdaderos artistas son gandules y misógamos). En nuestra asociación Forade, responsable de la revista Fuera de, la mayor parte de los compañeros son artistas-desertores, por eso se nos ocurrió que no habían dejado de ser artistas, sino que se habían convertido en cripto-artistas. El criptoartista no ha abandonado la mirada creativa, la mirada transgresora de la realidad, ni el gesto poético, simplemente ha abandonado la pretensión de hacerlo visible por las vías “ordinarias”, ha sacrificado los aspectos exhibicionistas y narcisistas de la creatividad —puesto que toda exposición de arte es una exhibición del artista y por tanto comporta un necesario exhibicionismo, el artista es un pavo —un pavo real. No
se trata de hacer juicios de valor, puesto que hay expresiones artísticas
que tienen una función social que me parece importante y que requiere una
exhibición pública. Tras
esta rehabilitación amistosa del ex-artista conceptual —poeta visual,
mail artista, perfórmer...—, me di cuenta de que el concepto
“cripto-artista” tenía más posibilidades, de que se podía tirar del
carro de la idea. Porque
toda esta constelación de fancines, de revistas, de convocatorias, de
festivales que conforman nuestro mundo, ¿no es en realidad un cripto-sistema
artístico? José
Antonio Ramírez, en su ameno librito Ecosistema
y explosión de las artes (Anagrama 1994) hace una completa definición
del “ecosistema artístico” en la que, sin embargo, no incluye prácticamente
a nada ni a nadie de los que estamos aquí; al leerlo me sugirió la
estimulante posibilidad de que estuviésemos en otro ecosistema artístico,
independiente, paralelo, alternativo o marginal, y que, como todo
ecosistema, suponemos una riqueza en cuanto socio-diversidad. Mi propuesta
última, que tampoco debe de ser ninguna novedad, es que el nuestro, más
que un sistema, es un cripto-sistema. Fuera de, distribuye 400, 500, 600 números, aunque no sabemos cúantos
se leerán en realidad. Otros fancines en los que he estado involucrado
tenían una tirada de 100, de 200 unidades. En algunas soirées de
performance los propios artistas superábamos en número al público. Pero
incluso cuando se trata de convocatorias exitosas, de éxitos de público
—pienso en los Festivales Internacionales de performances y poesía de
acción de Valencia, com más de mil personas de público cada día—,
normalmente se mantiene el carácter secreto, minorizado, más que
minoritario,... ¿Minorizado para quién? Para el Sistema artístico
institucional: las revistas especializadas, los medios de formación de
masas, los críticos figurantes, las ferias de compra-venta como ARCO,
INTERARTE, etc. No
es nuevo: gente “importante” como Joan Brossa, como ZAJ, como Fluxus y
tantos otros han necesitado de 30 años de trabajo para ser reconocidos.
Mientras tanto han sido cripto-artistas y quizás haya sido una pena que
lo hayan dejado de ser en algún momento. El
cripto-arte demuestra que lo importante no es la cantidad sino la calidad.
Trabajos de criptoarte con varios miles de receptores, capaces de un
cuestionamiento radical y de una poesía evidente, han pasado sin dejar ni
un arañazo al Ecosistema artístico institucional. Se
me dirá que si se es invisible a este sistema artístico muchas veces es
porque no se puede, porque no hemos desarrollado los mecanismos adecuados
para conseguir el preciado acceso... Pero esto no es exacto. Si miramos atrás podemos ver todo un siglo de movimientos artísticos, de grupos, de -ísmos, voluntariamente cripto-artísticos. El caso más evidente es el de la Internacional Situacionista, en la que todo aquél que era reconocido por el Sistema del arte era automáticamente purgado, excluido, proscrito del grupo —por mamón. Pese a su funcionamiento críptico para los salones oficiales, desde el impresionismo, pasando por movimientos de vanguardia como el dadaísmo que rechazaban todo el sistema del arte, el Fluxus y sus soirées de performances en casa de uno y de otro, el movimiento alternativo en los años 70 y hasta llegar a la actualidad, el cripto-arte, con sus cripto-artistas y sus cripto-revistas, ha sido algo necesario. Del
mismo modo que hay formas no convencionales de hacer política —pensemos
en las revueltas de Seattle, Praga, Washington, Niza, Québec...—,
existen mecanismos alternativos para el arte, y sin duda estas jornadas lo
son: cripto-jornadas, herramientas alternativas que es necesario mantener
frente a un arte de escaparate, frente a un arte de Alta cultura,
sublimado, mitificado, mercantilizado, burgués, de carrera, con el que se
lavan la cara los grandes delincuentes de la banca, las petroleras, etc... Si en este momento se ha de poner una pega a este cripto-arte, ésta no es su bendito secretismo, sino su rutina. El movimiento alternativo, la poesía visual, el arte postal, la performance art, son géneros consolidados durante los años 70. Demasiado a menudo lo que vemos en los festivales, en las exposiciones, lo que recibimos en las convocatorias, es más de lo mismo pero envejecido, apolillado, cansino, cutre,... A mi parecer, como cripto-artista y como portavoz aquí de una cripto-asociación i de una cripto-revista, todo este sistema requiere de diálogo, de confrontación y de autocrítica radical. Son las únicas vías hacia un cripto-arte de algún interés y no hacia un cripto-narcisismo, un cripto-exhibicionismo que afortunadamente no transciende. Para
ello se hace Fuera de, para un
doble propósito: En primer lugar, y como tantas publicaciones, para hacer
visible cualquier tipo de gesto invisibilizado, minorizado por un sistema
artístico que ya huele mal —pero no necesariamente invisible ni
minoritario, y que cumple un papel fundamental en la sociedad. Y en
segundo lugar para favorecer la autocrítica, el debate, la circulación
de las ideas, para que la aventura cripto-artística no se quede parada,
para que decidamos entre todos hacia dónde queremos o debemos ir. Quería,
pues, hacer una reivindicación de lo criptoartístico, del margen, de un
arte paralelo, “otro” als institucional, y de la importancia de
cultivar este movimiento tal como se ha hecho en otros lugares.
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