| A las once de la mañana todo eran lágrimas y lamentos
en el 117 de la calle Major de Sarrià. Un funcionario del distrito
acababa de precintar ante un centenar de vecinos atónitos uno de
sus espacios -y símbolos- más preciados: el teatro del centro
parroquial de Sarrià.
¿El motivo? Ruidos excesivos para una vecina que en los últimos
años ha denunciado las molestias que sufría debido a los
conciertos y actividades de los muchos colectivos culturales que hasta
ahora ensayaban y actuaban en la sala. Tras un largo litigio judicial,
el precinto se hizo ayer realidad ante la estupefacción de los usuarios
del local -un "esbart dansaire", un grupo teatral, varios colegios...-
y de mosén Manel Valls, el párroco, que presenció
el precinto con mucha resignación.
"És una lástima que por la protesta de una persona hayan
cerrado un teatro por el que ha pasado medio Sarrià, lamentó.
Reforma insuficiente
"En su momento -añade- accedimos a rebajar el número
de actuaciones, sobre todo por la noche, y nos gastámos un millón
de pesetas insonorizándolo." Una prueba sonométrica del distrito
-que montó un concierto ex profeso para la ocasión- puso
de relieve que el ruido seguía siendo excesivo y que se tenía
que aplicar la sentencia que emitió en el año 1996 el Tribunal
Superior de Justícia de Catalunya. Mosén Valls cree que el
problema ha surgido porque "cuando se construyó la casa donde vive
esta señora no se preocuparon de levantar una pared maestra y aprovecharon
la de la parroquia".
Los usuarios del centro no daban crédito a sus ojos al ver a
los funcionarios precintando la sala. "Es que nos hemos quedado en la calle,
porque en Sarrià éste es un espacio único y donde
se celebran actuaciones desde hace más de noventa años",
explicaba Montse Piquet, que forma parte del grupo de teatro y cuyo abuelo
fue uno de los primeros en pisar el escenario del teatro parroquial. "No
nos vamos a cruzar de brazos ante esto", dijo.
Las protestas por exceso de ruido se han disparado en Barcelona porque
la contaminación acústica es un problema de primer orden.
Sin embargo, muchos vecinos concentrados ayer se preguntaban por qué
le ha tocado a un centro cívico y no a los muchos bares y discotecas
mal insonorizados de la ciudad. El presidente de la asociación de
vecinos de Sarrià, Jaume Tortella, advirtió que Sarrià
no puede "perder un espacio único, que es un equipamiento".
La vanguardia
2001.03.21
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