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Es probablemente la ciudad que más pasiones encontradas levanta. Entre varios viajeros las discrepancias
que surgen al juzgarla son absolutamente extremas: aquellos a los que les ha maravillado y aquellos
otros que consideran que Lisboa no se encuentra entre las ciudades más significativas de Europa. Fue fundada por los fenicios hace 2.000 años, capital de la Lusitania romana y conquistada por los visigodos y posteriormente los árabes (714). Alfonso Enrique I, la reconquistó 400 años después con la ayuda de las armadas inglesa, holandesa y alemana, y se convirtió en el primer rey portugués. Un siglo después, bajo el reinado de Alfonso III, se convirtió en la capital. Su época dorada se vivió en el siglo 16 con las expediciones marítimas y sobre todo gracias a Vasco de Gama, que le proporcionó el monopolio de las especias con las Indias Orientales. En el siglo 16 ya se produjeron dos temblores, pero fue en 1.755 cuando ocurrió el gran terremoto que asoló la ciudad (excepto el barrio de Alfama), muriendo la tercera parte de la población. El rey José I mandó dirigir la reconstrucción a su ministro el Marqués de Pombal, que diseñó la zona de Baixa en forma de rejilla, construyendo la primera ciudad urbana de Europa. La monarquía finalizó con el asesinato del rey y su heredero, en la plaza del comercio, y posterior bombardeo naval del Palacio de Lisboa, todo ello a principios del siglo 20. Finalmente en 1.974 el pueblo se levantó en la llamada Revolución de las Flores y derrocó al dictador Salazar, liberándose todas las colonias portuguesas. En la actualidad con 850.000 habitantes, la ciudad puede considerarse dividida en tres zonas principales: dos zonas elevadas Alfama y el Barrio Alto o Chiado, y un valle entre ambas (Baixa). |
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El barrio de Alfama se alza en la ladera que conduce al Castillo de San Jorge.
Fue la zona de la ciudad que mejor sobrevivió al gran terremoto al estar edificados los cimientos sobre
la roca de la montaña. Debido al desplazamiento de la población hacia esta zona, conviven palacetes de
los nobles de la época, edificicaciones moriscas y casas de la clase baja. Por la gran pendiente de la
ascensión, la mejor forma de acceder al barrio es mediante el tranvía desde los alrededores de la
Plaza del Comercio. En las primeras rampas se encuentra la Catedral de Sé, erigida después de la reconquista a los árabes, no solo como iglesia sino también como defensa ante cualquier ataque proveniente del río. De estilo románico, se le añadieron posteriormente motivos góticos. Destruida por el terremoto, se reconstruyó en su estilo original. Su fachada de dos torres y sólidos muros tiene aperturas en el rosetón central sobre la entrada. En el interior destacan el altar del siglo 18 y la sacristía, utilizada como tesoro, que contiene las reliquias de San Vicente. |
![]() Catedral de Sé |
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A mitad de subida se encuentra el Mirador de Santa Lucia, un primer punto para descubrir
la maravillosa inmensidad del río Tajo al cruzar la ciudad (en los días nublados no se
observa la otra orilla) y un buen lugar para cenar en los días calurosos de verano. Pero la mejor vista
de la ciudad se logra al alcanzar el Castillo de San Jorge, lugar de paso de fenicios,
romanos, visigodos y árabes que construyeron los muros y torres (probablemente visigodas) de la
fortaleza. El Palacio que albergaba fue reconstruido de sus ruinas en el siglo 13 y fue residencia de
los reyes lusos durante 300 años hasta que Manuel I construyó otro en la Baixa (que fue destruido con
el terremoto). En la actualidad es simplemente un jardín con la estatua de Alfonso Enrique I y el
mejor mirador para observar la ciudad. Frente a Alfama, se alza el Barrio Alto o Chiado, la zona de la ciudad para disfrutar de los fados en sus cafés o restaurantes, aunque desde luego la oscuridad de sus calles no invitan precisamente al paseo nocturno. Esta fue la zona que sufrió un incendio a finales del siglo 20 que no pudo ser sofocado por los bomberos debido a la estrechez de sus calles y por estar construidas con vigas de madera. Al barrio se accede desde la Plaza de los Restauradores (Baixa) mediante el Ascensor de Santa Justa o mediante el funicular. Cerca de la parada se alza el Convento del Carmo, iglesia carmelita del siglo 14 que fue la segunda más grande de la ciudad, pero en el terremoto fue asolado su techo y buena parte del edificio y no ha sido reconstruido, utilizándose hoy como Museo de Arqueología. Chiado es la zona de la ciudad menos interesante por la sensación de penuria que ofrece, aunque para muchos es la que mejor representa el espíritu de sus habitantes. Entre ambos barrios se encuentra la zona más moderna de la ciudad: la Baixa. Ideada por el Marqués de Pombal nace a orillas del Tajo en el lugar más bonito de la ciudad: la Plaza del Comercio. Construida en el lugar donde estuvo el Palacio Nacional destruido por el terremoto, es una plaza con arcadas del siglo 18 en sus tres lados, sobre la que se asienta la Casa del Gobierno, y una Estatua ecuestre de José I en su centro, quedando abierta a la inmensidad del Tajo y al embarcadero, lugar diario de transito de los habitantes de la otra orilla del río. |
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Encajado en la parte trasera de la arcada norte el alza el pequeño Arco del Triunfo, a
través del cual se accede a un entramado de avenidas paralelas con nombres de oficios comerciales. La
frontal es la Rua Augusta, peatonal, que desemboca en la plaza principal de la ciudad: el
Rossio (cuyo nombre real es Plaza Dom Pedro IV) donde se encuentra la
estación central de Ferrocarriles, el Teatro Nacional y el Elevador de Santa
Justa, que accede al Barrio Alto. Al norte de la plaza, casi anexa, se abre otra importante
plaza: la Plaza de los Restauradores, en cuyo centro se eleva un obelisco
conmemorativo de la independencia de España en el siglo 17. Desde aquí nace el boulervard más transitado de la ciudad, la Avenida de la Libertad, de 1,6 Km., al estilo de los Campos Elíseos o el Paseo de la Castellana, con kioscos para cenar o tomar copas escuchando música portuguesa. Es la zona en que se concentran la mayoría de los hoteles de categoría, y desemboca en una especie de colina sobre la que se asienta la Estatua y Plaza del Marqués de Pombal, donde se concentra el mayor caos circulatorio de la ciudad. Esta plaza es el lugar que inicia el grandísimo parque inclinado Eduardo VII, que acoge a mitad de camino en su zona izquierda (subiendo) la llamada Estufa Fría o Jardín botánico de plantas tropicales conformado en torno a cascadas y grutas. Volvamos a la Plaza del Comercio, y a través de la carretera paralela Tajo hacia su desembocadura o la línea férrea que circula entre los dos sentidos de la carretera, en unos 15 minutos alcanzaremos el barrio de Belem. Este fue el puerto original y sobre el mismo se levantó la Torre de Belem, en el siglo 16 en el estilo manuelino, como una atalaya y fortaleza de defensa de los navíos. En su fachada se denota una clara influencia morisca y a través de una escalera de caracol en piedra se alcanza la almena superior con una gran vista a lo largo del río Tajo y de la Plaza del Imperio. La Plaza del Imperio es una gran zona abierta con jardines y una preciosa fuente en la que se encuentran el Monumento a los Descubridores, junto al Tajo, el Monasterio de los Jerónimos, al otro lado, el Museo de Marina y la Feria de Lisboa, junto al Monasterio. El Monasterio de los Jerónimos tuvo su origen en un pequeño monasterio del siglo 15 que Enrique el Navegante construyó, y en el que Vasco de Gama pernoctó antes de su viaje a la India. A la vuelta de Vasco de Gama, el rey Manuel I reemplazó el monasterio, construyendo otro en su lugar como ofrenda por la nueva vía de comercio abierta. Se terminó de construir en 1.572. En su frente, de caliza blanca, se inserta una monolítica fachada de entrada con estatuas de sibilas, apóstoles y santos y sobre ellos la Virgen y dos escenas de la vida de San Jerónimo. La Iglesia es grande y son destacables las columnas que la soportan, sobre todo las que se encuentran frente al altar a ambos lados, la tumba de Vasco de Gama, sobre un pedestal soportado por 6 leones,(a la izquierda de la entrada) la tumba del rey (en el ábside) y la tumba de Juan III (a la derecha). Un buen detalle de la Iglesia se tiene desde su primer piso en la parte trasera. Asimismo de ninguna forma hemos de obviar la visita al claustro con sus arcadas de doble piso y el jardín central. A la salida del Monasterio podemos visitar el Museo de Marina, uno de los más interesantes en su genero, con reproducciones de las carabelas y anclas de la Carabela "La Niña" en su viaje de descubrimiento de América. Junto al río Tajo está el Monumento a los Descubridores, erigido en 1.960 para celebrar el 500 aniversario del nacimiento de Enrique el Navegante, el rey que impulso los viajes marítimos transatlánticos en la edad de oro portuguesa. En una especie de proa de carabela, el rey antecede a ilustres navegantes lusos como Vasco de Gama e incluso Cristóbal Colón. Una buena forma de descubrir la ciudad desde otro punto de vista, es el de realizar uno de los cruceros que parten del embarcadero cercano a la Plaza del Comercio. El viaje de ida, en dirección a la desembocadura, es muy bonito y podemos volver a admirar el barrio de Belem y sus monumentos. Por contra, pasado Belem, el barco gira hacia la otra orilla y el paseo se convierte en absolutamente monótono y feo por ser zona industrial, rota únicamente al pasar por debajo del elevado Puente de acceso a Lisboa y la figura del Cristo similar al de Río de Janeiro. Se recomienda visitar el cercano (30/45 minutos) pueblo de Sintra. Es un pequeño pueblo de barrios enclavados en la ladera del monte, con estrechas callejuelas y preciosas casas. El Ayuntamiento, pequeñito pero con una fachada preciosa, a la entrada del pueblo da paso a una avenida en cuesta, en cuya parte derecha está el Palacio Nacional, entre gótico y manuelino, destinado por los gobernantes lusos a residencia de verano y del que destacan desde cualquier lugar las chimeneas en forma de embudo de sus enormes cocinas. Sin embargo, es más bonito el Palacio da Pena, construido para un príncipe bávaro, sobre una de los montes que se alzan sobre el pueblo y accesible únicamente para el transporte público (un autobús que apenas tiene sitio en la carretera de tierra, y taxis). Es absolutamente extraordinario tanto el edificio (parece un castillo de un cuento hadas) como el paradisíaco lugar sobre el que se encuentra enclavado. |
![]() Monasterio de los Jerónimos ![]() ![]() Torre de Belem ![]() Monumento a los Descubridores ![]() ![]() Sintra: Palacio da Pena |
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En el camino de vuelta, si se circula por la carretera paralela al Tajo atravesaremos los afamados
pueblos de Cascais (a 17 Km. de Lisboa), pueblo eminentemente turístico, ideal para
soportar el calor en uno de sus bares terraza, observando como los bañistas se cuecen sobre el muro que
separa la playa de la carretera, y Estoril, cuyo principal atractivo reside en el inmenso
Casino. Finalmente, a la entrada a Lisboa se encuentra el Palacio Nacional de Queluz, en estilo rococó del siglo 18, de fachada rosada, que Pedro III construyó en semejanza a Versalles. El número de visitantes es absolutamente mínimo y por ello comodamente recorrible. Preciosas son la Sala del Trono y la Sala de Embajadores. Se puede finalizar con un paseo por los jardines, no excesivamente cuidados excepto los más cercanos al Palacio. La estancia óptima rondará los 4/5 días, recomendando efectuar reservas con antelación para los hoteles de 4/5 estrellas, pues suelen estar ocupados con los permanentes congresos que se celebran en la ciudad. |
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