Reyes de Aragon

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Alfonso I

Hijo de Sancho Ramírez, tomó el trono en 1104 como sucesor de su hermano Pedro I. Su matrimonio con Urraca, reina de Castilla y León, pretendió unir ambos reinos, lo que no se logró por la oposición de la nobleza y clero castellano-leonés, partidarios de Alfonso Raimúndez, hijo anterior de Urraca. Emprendió con éxito numerosas batallas contra los musulmanes, tomando Ejea en 1106 y venciendo en Valtierra a las tropas de Mostain II. Conquistó Zaragoza en 1118, Calatayud y Tudela en 1119, y venció a los almorávides en Cutunda en 1120. Emprendió una expedición militar contra Granada y Córdoba entre 1225-26, lo que le permitió repoblar el valle del Ebro con pobladores mozárabes. Aspiró a anexiono territorios a sur de Francia, llegando a sitiar Bayona en 1131. Tras su muerte en 1134, legó el reino a las Órdenes militares, si bien sus deseos no se cumplieron al ser nombrados Ramiro II el Monje como rey de Aragón y García Ramírez como rey de Navarra.


Alfonso II

Hijo de Sancho Ramírez, tomó el trono en 1104 como sucesor de su hermano Pedro I. Su matrimonio con Urraca, reina de Castilla y León, pretendió unir ambos reinos, lo que no se logró por la oposición de la nobleza y clero castellano-leonés, partidarios de Alfonso Raimúndez, hijo anterior de Urraca. Emprendió con éxito numerosas batallas contra los musulmanes, tomando Ejea en 1106 y venciendo en Valtierra a las tropas de Mostain II. Conquistó Zaragoza en 1118, Calatayud y Tudela en 1119, y venció a los almorávides en Cutunda en 1120. Emprendió una expedición militar contra Granada y Córdoba entre 1225-26, lo que le permitió repoblar el valle del Ebro con pobladores mozárabes. Aspiró a anexiono territorios a sur de Francia, llegando a sitiar Bayona en 1131. Tras su muerte en 1134, legó el reino a las Órdenes militares, si bien sus deseos no se cumplieron al ser nombrados Ramiro II el Monje como rey de Aragón y García Ramírez como rey de Navarra.


Pedro III

Elegido rey en 1240, lo fue también de Sicilia a partir de 1282. Hijo de Jaime I, heredó de su padre el trono de Aragón, Valencia y el principado de Cataluña. Su matrimonio con Constanza de Suabia y la continuación de la política de expansión en el Mediterráneo que emprendió su padre le llevaron a reclamar derechos sobre Sicilia, aprovechando además el descontento de la población local con la política de la casa de Anjou. Así, en 1282 se apoderó de Sicilia pretextando preparar un ataque a Túnez, lo que provocó que el papa Martín IV le excomulgara y concediera derechos sobre la corona catalano-aragonesa a Carlos de Anjou. En 1283, el rey francés Felipe el Atrevido invadió el Ampurdán y tomó Gerona, si bien la victoria de la flota catalano-aragonesa al mando de Roger de Lauria en el golfo de Rosas logró equilibrar la disputa. La difícil situación de Pedro III, enfrentado a Francia y al Papado, fue aprovechada por la nobleza aragonesa para emprender un movimiento de presión que obligó al rey a jurar el Privilegio Real, un conjunto de fueros favorable a sus intereses estamentales. La nobleza catalana, por su parte, obligó al rey a conceder una constit



Ramon Berenguer III

(Rodez, actual España, 1082-Barcelona, 1131) Conde de Barcelona (1097-1131). Hijo de Ramón Berenguer II, nació poco tiempo antes de que su padre fuera asesinado, supuestamente por instigación de su hermano Berenguer Ramón II. Tras el destierro de éste en 1096, Ramón Berenguer III se convirtió en conde de Barcelona, e inició una política de fortalecimiento de su Casa repecto a los demás señores feudales de la zona. Dentro de esta política hay que enmarcar la inclusión en sus dominios del condado de Besalú, a la muerte de Bernat III, en 1111, así como su boda, al año siguiente, con Dulce de Provenza, que le reportó los derechos sobre este condado. En 1117 heredó la Cerdaña al morir sin sucesión el conde Bernat Guillem, y en los años siguientes firmó diversas alianzas con Foix, Urgell, Pallars y el Rosellón. Su política exterior se caracterizó por una orientación hacia el sur para contrarrestar el peligro de los almorávides, cuyas incursiones amenazaban el Penedés y el Vallés. Con todo, su estrategia no fue sólo defensiva, ya que estuvo al frente de una expedición naval pisana que, bajo el patrocinio del Papa, ocupó Mallorca e Ibiza. Una peligrosa ofensiva almorávide, que amenazó Barcelona, le obligó a volver apresuradamente con su ejército, y aunque logró una clara victoria sobre los invasores, el dominio cristiano sobre las Baleares no pudo consolidarse y las islas tuvieron que ser abandonadas al poco tiempo. No obstante, la expedición sirvió para poner las bases del futuro poderío naval catalán, al tiempo que fortaleció los contactos comerciales en el Mediterráneo. Los avances terrestres de Ramón Berenguer III, si bien no se tradujeron en grandes conquistas territoriales (fracasó en su intento de capturar Tortosa) sí le reportaron un gran prestigio, materializado en la restauración de la diócesis de Tarragona. Así mismo, las arcas del condado se enriquecieron con los tributos recibidos de Valencia, Tortosa y Lleida.


Ramon Berenguer IV

1113-Borgo San Dalmazzo, actual Italia, 1162) Conde de Barcelona y rey de Aragón. Se convirtió en conde de Barcelona a la muerte de su padre Ramón Berenguer III, en 1131, e intervino de manera decisiva en la crisis sucesoria aragonesa desatada por el testamento de Alfonso I el Batallador, que dejaba su reino a las órdenes religiosas. El apoyo de Ramón Berenguer IV a Ramiro II, hermano del Batallador, frente las ambiciones territoriales de los castellanos, le reportó la gratitud del aragonés, quien le ofreció a su hija Petronila en matrimonio. De esta manera quedaron unidos, bajo un solo monarca, dos de los más importantes reinos peninsulares. Era una unión patrimonial, ya que ambos reinos conservaban sus leyes y sus instituciones, y Ramón Berenguer IV poseía los territorios de Aragón sólo en usufructo, pues éstos, según las capitulaciones matrimoniales, correspondían a los hijos de Petronila. Su diplomacia consiguió que tanto las órdenes religiosas como Alfonso VII de Castilla aceptaran esta situación, para lo cual hubo de conceder amplios privilegios a las primeras y prestar vasallaje al castellano por las plazas al oeste del Ebro. Su política exterior se centró entonces en la expansión de catalanes y aragoneses hacia el sur, y en la defensa de sus derechos en Occitania. Tomó Tortosa en 1148 y un año más tarde, Lérida, Fraga y Mequinenza. En 1151, con el tratado de Tudellén, pactó con Alfonso VII el reparto de la conquista de las tierras musulmanas, así como el del reino de Navarra. La política occitana empezó a convertirse, durante su reinado, en uno de los principales focos de interés para la Casa de Barcelona. La implicación de la Corona aragonesa en la politica de los grandes reinos europeos llevó a Ramón Berenguer IV a la firma de alianzas con Enrique II Plantagenet, duque de Aquitania, y con el emperador Federico I Barbarroja, a través de las cuales defender sus intereses en la región.


Alfonso I


Alfonso II


Alfonso IV


Alfonso V


Pedro III


Jaime I


Ramon Bereguer  IV


Cruzado


Escudo original


Caballero en torneo


Pintura la torre de Teruel


Temple en Aragon


Fortalezas del Temple
en Aragon


Templario


Caballero con armadura

Alfonso IV

Hijo de Jaime II y de Blanca de Anjou, alcanzó el trono en 1327 por la renuncia del primogénito Jaime. Como infante, emprendió la campaña de conquista de Cerdeña (1323-1325). Casado con Teresa de Entenza, nieta del conde de Urgel, de éste matrimonio nació su sucesor Pedro IV el Ceremonioso. Por su segundo matrimonio, con Leonor de Castilla, hija de Fernando IV, donó numerosas posesiones del reino de Valencia a su hijo Fernando, provocando las protestas de su primer hijo, Pedro, y de una mayoría de la nobleza aragonesa y de la población valenciana. Debido a esto, hubo de revocar su decisión y reafirmar la ordenanza de su padre, declarando el reino indivisible. La mala gestión de los funcionarios catalanes provocó revueltas en Cerdeña (1329), instigadas por Génova, que supusieron un enfrentamiento económico y militar nunca solventado por lo corto de su mandato. En el ámbito peninsular, intentó emprender una cruzada conjunta con Castilla contra los musulmanes, que nunca se llevó a cabo por los problemas con Cerdeña y por el acuerdo firmado entre Alfonso XI y Mohamed IV de Granada



Caballero con armadura
Alfonso V

Hijo de Jaime II y de Blanca de Anjou, alcanzó el trono en 1327 por la renuncia del primogénito Jaime. Como infante, emprendió la campaña de conquista de Cerdeña (1323-1325). Casado con Teresa de Entenza, nieta del conde de Urgel, de éste matrimonio nació su sucesor Pedro IV el Ceremonioso. Por su segundo matrimonio, con Leonor de Castilla, hija de Fernando IV, donó numerosas posesiones del reino de Valencia a su hijo Fernando, provocando las protestas de su primer hijo, Pedro, y de una mayoría de la nobleza aragonesa y de la población valenciana. Debido a esto, hubo de revocar su decisión y reafirmar la ordenanza de su padre, declarando el reino indivisible. La mala gestión de los funcionarios catalanes provocó revueltas en Cerdeña (1329), instigadas por Génova, que supusieron un enfrentamiento económico y militar nunca solventado por lo corto de su mandato. En el ámbito peninsular, intentó emprender una cruzada conjunta con Castilla contra los musulmanes, que nunca se llevó a cabo por los problemas con Cerdeña y por el acuerdo firmado entre Alfonso XI y Mohamed IV de Granada


Jaime I

Nacido en Montpellier, era hijo de Pedro II el Católico y de María de Montpellier. A la muerte de su padre en la batalla de Murete, 1213, fue retenido por Simón de Montfort, hasta que el papa Inocencio III le obligó a entregar al joven a los catalanes en 1214 a petición de la nobleza aragonesa. Pasó su minoría de edad en el castillo de Monzón, tutelado por los Templarios, en tanto que su tío Sancho, conde de Rosetón, regía los destinos del reino. Durante la regencia hubo frecuentes revueltas nobiliarias, que acabaron en principio con la paz de Alcalá (1217) pero que rebrotarán más tarde con especial virulencia, sobre todo a cargo de su hijo bastardo Fernán Sánchez de Castro durante los últimos años de su reinado. A los veinte años comenzó a gobernar, iniciándose un período de disputas con la nobleza aragonesa, con episodios como los sitios de Albarracín, 1220, y Monteada, 1223, y cayendo prisionero en 1224. Solventada la cuestión interior, el debilitamiento del poderío musulmán tras la derrota en las Navas de Dolosa (1212) permite al rey emprender en 1229 la expansión del reino por el Mediterráneo, con la conquista de Mallorca, Menoría (1231) e Irisa (1235), y por la Península, ocupando Suriana y Peñíscala, el reino de Valencia (1238) e incorporando entre 1244-45 Játiva y Vira. Conquista también Murcia en 1266, aunque la cede a Alfonso X de Castilla por el tratado de Almiara (1244) Su interés principal se asienta en la expansión comercial y política en el Mediterráneo. Así, la conquista de Mallorca, lograda gracias a la potencia naval catalana, le permite establecer y controlar las estratégicas rutas comerciales del occidente mediterráneo. Asentados los territorios conquistados, el principal problema del rey fue preparar el reparto de sus dominios entre sus hijos, establecido mediante el testamento de 1247. En dicho documento, Jaime I legaba a Alfonso, hijo de su primer matrimonio con Leonor de Castilla, el reino de Aragón; para Pedro, fruto de su unión con Violarte de Hungría, el condado de Barcelona, el reino de Mallorca y el condado de Ribagorza; y a Jaime y Fernando, hermanos de éste, respectivamente les correspondían el reino de Valencia y el condado de Rosetón. El descontento de Alfonso le hizo recurrir al monarca castellano y provocó una revuelta nobiliaria, solventada por las cortes de Alcañiz (1250), en las que se estableció que a Alfonso le corresponderán Aragón y Valencia; a Pedro, Cataluña y a Jaime el reino de Mallorca y el señorío de Montpellier. La cuestión aun no quedará resuelta, debido a los acontecimientos que años más tarde se sucederán. En 1258, Jaime I firma el Tratado de Corbeil con Luis IX de Francia, con el que da fin a la reclamación de los condes de Barcelona de los territorios al norte de los Pirineos (Languedoc y Provenza, excepto el señorío de Montpellier), a cambio de la renuncia de San Luis de Francia a los condados catalanes, sobre los que tenía derechos adquiridos como descendiente de Carlomagno. En 1260 fallece el infante Alfonso, debiendo organizarse de nuevo la herencia de los territorios de Jaime I. Así, quedan para su hijo Pedro (III) los reinos de Aragón y Valencia y el condado de Barcelona; y le corresponden a Jaime (II de Mallorca) el reino de Mallorca y los condados de Rosetón, Colliure, Conflent y Cerdaña, unidos vasalláticamente al condado de Barcelona. La rebelión musulmana en el reino de Murcia, dominado por Alfonso X de Castilla gracias al tratado de Almiara firmado entre ambos monarcas, empuja a éste a solicitar la ayuda de Jaime I. La colaboración del rey catalano-aragonés consigue pacificar la región en 1266, entregando de nuevo el territorio al monarca castellano. En 1269 promovió una cruzada a Tierra Santa, que fracasó a causa de una gran tormenta. Pretendió también ser coronado por el papa Gregorio X en el Concilio de Lyón (1274), pero éste se negó al no haberse realizado el pago del censo establecido por Pedro II. La revuelta de los nobles, característica de los primeros años de su reinado, rebrota nuevamente en los últimos a cargo sobre todo de su hijo bastando, Fernán Sánchez de Castro, quien se enfrentará al infante Pedro. Por otro lado, los musulmanes del reino de Valencia se rebelan contra el control de Jaime I, obligando al rey a emprender personalmente la campaña de pacificación. En otro orden de cosas, instituyó la moneda barcelonesa de "tren" en 1258 y fomentó con su política expansionista el comercio con Baleares y plazas africanas, concediendo el derecho de nombrar cónsules a los conceller barceloneses. Enfermo, abdica en sus hijos Pedro y Jaime y muere en Valencia en 1276. Enterrado en Poblé, sus restos fueron trasladados en 1835 a Tarragona y reintegrados a Poblé en 1952.




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