4. Miguel de Unamuno

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4. El modernismo religioso de Miguel de Unamuno [1864-1936].- San Manuel Bueno, mártir [1931].- La poesía unamuniana.


Miguel de Unamuno leyendo en la cama vestido de él mismo, es decir, de «individualista» [sin corbata, chaleco sin botones subido hasta la nuez y borde de la camisa como si fuera un pastor luterano]


[17/20.03.2000]


Figura

Vivía Unamuno aislado en si mismo, en un continuo monólogo interior [o «monodiálogo» para usar sus palabras]. En él primaba lo intelectual sobre lo sensual, la rutina sobre el desorden. Comía poco, sólo bebía agua y no fumaba. De mujeres ni hablar, la suya y gracias. Tuvo nueve hijos. Su casa de Salamanca era una nevera pero no pasaba frío. Las visitas sí, tiritaban incómodas en una silla mientras Unamuno disertaba sin parar. Nunca usó abrigo a pesar del frío de Salamanca en invierno. Era un individualista en todo.

La nivola

La novela a Unamuno le servía para expresar su filosofía. Lo que le importa es el debate de las ideas y no la acción. Es una novela filosófica, de ideas. Para Unamuno la verdadera acción está en la cabeza, en el alma. Apenas salió de Salamanca [forzado al exilio] pero su vida fue una constante actividad mental. La aventura es la aventura intelectual para él.

En su momento esto era bastante peculiar. Algunos decían: no son novelas. Unamuno solucionó el problema. Vale, son nivolas. Con este nombre ironico le echó en cara su miopía a la crítica de su tiempo y así no se dejó encasillar.

La novela que vamos a leer la escribe poco después de volver del exilio. El tema, central en Unamuno: la inmortalidad del alma [«si uno es lo que es, y seguirá siendo lo que es»]. Morimos totalmente o no. ¿Se acaba la vida con la muerte?. No le basta la inmortalidad. Quiere ser Unamuno, con sus zapatos y barba...

La cuestión religiosa

Es una novela religiosa. La crisis del sentimiento religioso ortodoxo a principios del siglo XX cuando se confía esa misión trascendente a la palabra poética. Se pretende que, una palabra liberada de las ataduras del discurso racional, ella logre armonizar los dos opuestos: pensamiento y sentimiento.

No podemos olvidar el «Credo poético» de Unamuno:

«Piensa el sentimiento, siente el pensamiento»

Este es el modernismo de Unamuno.
San Manuel Bueno, mártir [1931] es una obra que habla de religión y de crisis religiosa. El modernismo fue también una crisis en el terreno religioso. Hubo un modernismo teológico [quizá más en los países protestantes que en los católicos pero también. Y Unamuno es buen ejemplo]. Unamuno es un ejemplo del modernismo teológico católico español. Hay quien habla de Unamuno y la generación del 98. Pero si entendemos el modernismo como «un movimiento general» de renovación literaria, científica, etc. Unamuno es parte de ese movimiento, en especial desde el punto de vista religioso.
El modernismo religioso empezó en Alemania en el siglo XIX. Teólogos católicos, protestantes, judíos afirman «queremos unir los dogmas, los dogmas de la la Iglesia y la Biblia, con los descubrimientos científicos». Unir teología y ciencia. De Alemania pasa a Italia [El santo de Fogazzaro, muy famoso, influyó mucho en Unamuno] y Francia [Ernest Renan, Loisy muy leído]. El modernismo teológico fue condenado por el papa [Pío X, 1908. encíclica Pascendi]. Unamuno se indignó ante la condena del Papa [o mejor con sus consejeros porque decía que Pío X era un pobre hombre incapaz de meterse en honduras filosóficas]. Pero El santo de Fogazzaro casi convierte al catolicismo a Ortega. Eran libros críticos pero muy religiosos. Sólo por hablar de religión ya hacían algo a favor de la religión. El santo tiene un argumento parecido a San Manuel Bueno, mártir.
Unamuno leyó a los modernistas europeos [Fogazzaro, Kierkegaard]. Le interesaban las cuestiones de ciencia y religión [es posible probar históricamente la resurrección de Cristo...]. En parte su modernismo religioso consistió en acercarse al protestantismo más liberal. Esto era heterodoxo en la católica España.


En Ordet [1942] del danés Carl Theodore Dreyer la fe de una niña resucita físicamente a su madre Inge en uno de los mejores finales de la historia del cine. Como el apolíneo Cristo crucificado de Velázquez, Ordet de Dreyer recoge la promesa de una vida de carne tras la muerte, central en el mensaje cristiano y cardinal en la lucha agónica de Unamuno por creer.


Autobiografía religiosa y política

Unamuno está en una situación personal crítica [había pasado por varias crisis espirituales. Diario íntimo]. Además llevaba tiempo pensando en hacer una novela que fuera como una autobiografía. En Cómo se hace una novela dice:

«¿Pero no son acaso autobiografía todas las novelas que se eternizan y duran eternizando y haciendo durar a sus autores y antagonistas?».

Antagonista [«otro yo»]. Los personajes de Unamuno son Unamuno. Unamuno usa la novela para descubrirse a sí mismo, para conocerse y eternizarse [ahí la inmortalidad]. La novela es una forma de eternidad. Pero al mismo tiempo un autor muere en su antagonista [la idea de Unamuno de que la personalidad está en perpetua tranformación]. El lector vuelve a crear la novela. Identidad autor–lector. Autor, antagonista y lector comparten la misma aventura
¿Está confesando que es un ateo? Quizá está confesando que es un estafador. También hay cierto mensaje político. Se publicó en 1931, un momento de gran efervescencia política [advenimiento de la República]. Unamuno era un gran personaje público, exilado por Primo de Rivera [contra el que había escrito durante muchos años y había conseguido más popularidad aún] y esta novela causó un gran impacto. Esta novela no es combativa. Además, la teoría de la intrahistoria impide gran entusiasmo en Unamuno por los cambios superficiales. La República sería un cambio de sistema político pero no más profundo. Un cambio en la superficie. En cierto modo Unamuno tuvo dos luchas, dos agonías: Dios y España. Posiblemente está diciendo: no creo tampoco en España. No creo en Dios ni en España.

La poesía

Cubierta de Poesías [1907]


Cada día somos más los que consideramos la poesía de Unamuno –junto a la de Antonio Machado– la más importante de nuestro siglo. Tradicionalmente se la ha considerado muy poco, como si fuera una debilidad del hombre filosófico, agónico y pensador. Unamuno fue un poeta tardío, la mayoría de su poesía la escribió después de los 40 años. Poesías [1907] su primer libro lo publicó con 43 años [era rector de la Universidad de Salamanca...]. Además su poesía no es la de Darío. Unamuno no tenía oído para la música, no tenía ritmo [no tenía interés por la música]. Era hombre de ideas y de pensameinto. Ahora es diferente. Pero en aquella época la gente tenía mucho oído para la poesía, mucha gente le escribía poemas a la novia, etc... y la poesía era música. Entonces Unamuno entró como elefante en una cacharrería. Unamuno se enfrentó con Rubén Darío [se le veían las plumas del indio por debajo del sombrero]. Darío, sin embargo, siempre reconoció el valor poético de Unamuno. Pero sus poemas han ido creciendo con el tiempo.

¿Por qué Unamuno se pone a escribir poemas con cuarenta años? Unamuno había sido socialista en su juventud pero luego sufrió una famosa crisis espiritual [la del Diario íntimo] porque se planteó el gran tema:

– antes que luchar por una sociedad feliz [en ese caso socialista] hay que investigar un problema más importante: la inmortalidad del alma, la cuestión religiosa, la cuestión metafísica.

Unamuno se lanzó así a una búsqueda filosófica, intelectual, de un Dios que sería la garantía de la inmortalidad personal [ahí están sus libros como Del sentimiento trágico de la vida]. Pero esto lo llevó a un egotismo radical [no me vale si no se salva mi conciencia]. En cierto modo, la poesía pudo ser un camino de salida. La prosa es más fácil de manejar, de conducir por donde uno quiere. La poesía crea un espacio de juego que en parte escapa al control del autor y permite darle un sentido «amoroso», «sensitivo» al pensamiento [en la prosa todo es más frío]. Por eso Unamuno en su poética que llama significativamente «Credo poético» [dándole a la palabra poética un carácter sagrado en el sentido modernista que ya hemos analziado] dice:

«Piensa el sentimiento, siente el pensamiento».

Con 40 años Unamuno v en la poesía la forma de «sentir» el pensamiento. Por ejemplo, la rima como lugar del azar. La rima impone una determinada palabra que termina de la misma manera. Eso es una forma de perder el control racional pero a la vez de ganar en una lógica ilógica pero que puede ser tremendamente reveladora. A Unamuno no le importaba el ripio, porque lo importante es lo que revela la palabra inconsciente. La poesía permite permite pensar sintiendo [una alternativa al racionalismo]. Incluso puede ser una vía de religiosidad de un Unamuno angustiado y que busca una salida. Qué dice Jesucristo: el que quiera encontrarme primero tiene que perderse a sí mismo. Encontrar a Dios es perder el yo, es renunciar a la personalidad [los místicos, la vida monástica] . Esto era inconcebible para Unamuno. En la poesía probablemente vio una forma de perder el control pero sin perderlo del todo, controladamente. Por eso su preferencia por el soneto [una forma cerrada, que empieza y termina, con unas normas de rima, etc...]. Para perderse dentro pero para salir después de ese trance después de haber intentado revelarse a sí mismo.
Podríamos hablar mucho más. A mí me gusta muchísimo esta poesía [junto con Machado es el mejor]. Es una poesía que debe mucho a los barrocos españoles [Quevedo, Fray Luis de León], una poesía muy inglesa por meditativa [Coleridge, Wordsworth, Robert Browning], estos poetas ingleses de la meditación, también recuerda a Giacomo Leopardi el italiano, un poeta filosófico. Es decir, es una poesía de pensamiento en la línea de cierto romanticismo esencial europo. por eso alguien ha dicho que Unamuno es nuestro mejor poeta romántico, nuestro mejor poeta del siglo XIX. Bueno, y si alguien no lo ha dicho lo digo yo ahora. _________________________________________________________________________________________________________________________

Bibliografía:
* Hugo Friedrich: Estructura de la lírica moderna [Barcelona, Seix Barral, 1974]. Es un libro que explica el proceso de religamiento de la poesía.


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