El
Congreso del PSE-EE: Golpe de Estado en el
Socialismo Vasco
Vuelven los que nunca se fueron. Así
interpretamos desde Encuentro Socialista el oscuro derrocamiento de la línea política de
Nicolás Redondo en el Partido Socialista de Euskadi a causa de la revuelta interna
protagonizada por los cuadros más nacionalistas del socialismo vasco.
El PSOE se debate desde hace varios
años entre la renovación y el más de lo mismo. Cada cierto tiempo la eterna crisis
parece remitir a causa de algún milagro regeneracionista que va a alejar definitivamente
a los fantasmas del pasado. Pero la vieja guardia, los sectores reaccionarios del PSOE,
son aún muy poderosos y su ciega resistencia a abandonar la primera línea política
está desangrando al socialismo español en su conjunto. Evidentemente, dentro de esta ala
reaccionaria tiene un papel preponderante el antiguo secretario general Felipe González.
En la actualidad la pugna entre
renovación e involución es manifiestamente desigual. La Ejecutiva Federal y el liderazgo
que representa Rodríguez Zapatero pasan por momentos de muy baja credibilidad, poca
autoridad y notoria debilidad entre sus propias filas. La presión del felipismo
involucionista, con el inestimable apoyo mediático de PRISA y el lastre de algunos
errores de estrategia, están forzando la retirada y la mutilación de la mayoría de
iniciativas desplegadas por la Ejecutiva del cambio tranquilo en aras de la
recuperación de crédito del PSOE. Estamos asistiendo a un vergonzoso cambio de
estrategia por parte de la dirección socialista, a una verdadera capitulación a cámara
lenta de los valores y principios que ganaron el XXXV Congreso ante el partidismo
cortoplacista, rencoroso y vacío de quienes perdieron las elecciones de 1996.
La última concesión al pasado ha
sido la salida de Nicolás Redondo Terreros de la secretaría general del PSE y su
posterior sustitución a cargo de Ramón Jáuregui. Redondo, un hombre comprometido con
una línea política que resultó ganadora en el último Congreso socialista vasco, había
apostado firmemente por desmarcarse del nacionalismo gobernante y defender sin complejos
la Constitución y el Estatuto. Y más allá de cálculos partidistas, la convicción de
que el País Vasco necesitaba una reacción así le llevó a coprotagonizar el único
órdago político que se le ha lanzado al PNV en 20 años de autogobierno. Ante tamaña
afrenta, los oscuros sectores nacionalistas de su propio partido, los llamados vasquistas,
se revoltaron hasta conseguir su dimisión y la restauración del viejo vasallaje
socialista respecto al PNV, personalizado en el templado presidente de la Gestora.
Desde Encuentro Socialista creemos que
una operación de acoso y derribo de tal magnitud no ha podido ser llevada a cabo
exclusivamente por el ala vasquista del partido, de la que por cierto se desconoce su
alcance y fuerza real al no haberse presentado a ninguna elección interna; ni siquiera
contando con la torpeza e ineptitud de la dirección federal. De hecho, para tal menester
se ha contado con el inestimable apoyo de la vieja guardia felipista, de la que son
conocidas sus excelentes relaciones con el PNV, y el potente altavoz que representan los
medios del Grupo PRISA. La campaña desarrollada por estos últimos ha sido especialmente
virulenta contra la persona de Redondo Terreros: tanto EL PAÍS como la Cadena SER no han
disimulado su pública aversión por el constitucionalismo socialista y por su máximo
representante en el PSE.
El desembarco de viejas caras en el
seno del socialismo vasco no es sino el principio de una nueva fase de la ofensiva que los
sectores más reaccionarios del socialismo y el aparato mediático de PRISA, están
desarrollando para controlar férreamente los destinos del viejo partido obrero, aun a
costa de su propia aniquilación.
En ese sentido, es particularmente
desconcertante la actitud mostrada por el secretario general del PSOE y por toda su
Ejecutiva, que se han encogido de hombros, cuando no han mirado hacia otro lado, ante el
salvaje ataque contra el PSE de Redondo. Resulta inconcebible, sin embargo, pensar que
Zapatero va a poder seguir disfrutando de su brillante, por poco ejercido, cargo si PRISA
y el entorno de González (que tienden a converger) logran imponer sus tesis en el
Congreso de marzo.
Nuevamente aparece temporal en el
Partido Socialista. La batalla será dura en el Congreso del PSE, pero la guerra seguirá
más allá. Desde Encuentro Socialista apoyamos y apoyaremos la línea política de
Nicolás Redondo en el País Vasco porque creemos que es la única que se puede
desarrollar en las actuales condiciones. E igualmente, estamos y estaremos enfrente de los
agentes saboteadores, tanto PRISA como los retrógados del PSOE, que intenten hundir,
controlar o amordazar el centenario proyecto de libertad, igualdad y democracia del
socialismo español que tradicionalmente ha representado el PSOE.
La sombra de PRISA es alargada
Con sólo echar una ojeada a las dimensiones de las
cifras que maneja el grupo de comunicación en español Promotora de Informaciones, S.A.
(PRISA), es imposible no sentir una cierta inquietud ante el impresionante poder que se
concentra en estas siglas.
Ha sido tradicional, desde los primeros años de la
Transición, el posicionamiento progresista y democrático de todos los medios del Grupo
y, en particular, de su buque insignia, EL PAIS. Cabe recordar la encendida defensa que
hizo este diario de la Constitución en las difíciles circunstancias del 23-F, en pleno
golpe de Estado.
Todo eso ocurría en 1981. Desde entonces, la trayectoria
de PRISA ha sido menos heroica y, sin abandonar su compromiso con la democracia, se ha ido
haciendo cada vez más cercana con la del entonces gobernante Partido Socialista, hasta el
punto en que sus medios fueron los más tibios respecto a los casos de corrupción que
minaron la credibilidad del Gobierno socialista. Tras la derrota en 1996, la maltrecha
independencia de PRISA respecto a la política española fue definitivamente enterrada y
el grupo se embarcó en una encendida cruzada en favor del último PSOE de Felipe
González y contra el PP, postura ésta que le costó una gravísima persecución por
parte del primer Gobierno popular con motivo de la guerra digital.
Tras la dimisión de Felipe González en el XXXIV
Congreso Federal la posición prisista respecto al PSOE ha cambiado de signo, y
lo que parecía un apoyo al socialismo español se ha descubierto como una alianza con la
línea llamada felipista, con toda la carga ideológica y política que ello
implica: defensa de los nacionalismos periféricos, cuestionamiento sistemático de
cualquier concepción unitaria de España y priorización del desgaste de la derecha
frente a los intereses generales o la política de Estado. Ello ha supuesto muchas veces
un enfrentamiento con las sucesivas direcciones socialistas, y especialmente a partir del
último Congreso, un incremento intolerable de la presión sobre la Ejecutiva y los
cuadros renovados para imponer unas tesis políticas que se habían visto derrotadas en el
Partido repetidas veces.
Uno de los últimos episodios de esta pugna soterrada por
el control del PSOE se ha vivido en el socialismo vasco, donde el despliegue de medios
contra la figura y la política de Redondo y su línea desde 1997 ha llegado a ser
asfixiante. Sin embargo, en Encuentro Socialista no creemos que la ofensiva acabe ahí,
sino que esperamos un recrudecimiento de los ataques a una Ejecutiva cada día más
cuestionada, dividida y débil.
Creemos que la toma de poder por parte de PRISA y sus
adláteres sobre el proyecto socialista del PSOE sería el golpe de gracia de un Partido
que lleva demasiados años soportando direcciones incompetentes, intrigas internas y
conspiraciones mediáticas, internas y externas, que intentan ahogar cualquier intento de
renovación. En cualquier caso, debe quedar claro que desde el progresismo y el socialismo
español no vamos a tolerar las injerencias y los despropósitos que se están viviendo, y
que, si es necesario, habrá que explorar nuevas vías de organización y movilización
más allá del PSOE, si se consuma el secuestro de éste por parte de intereses y grupos
reaccionarios que poco pueden contarnos ya de socialismo, de ética y de democracia.