Cuando la poderosa Unión
Soviética se derrumbó, allá por 1991, muchos se refirieron entonces al "fin de la
historia". Según ellos, el fracaso del modelo socialista demostraba que el único
sistema económico posible era el capitalismo, y que la única alternativa política
válida era la que había abrazado ese sistema económico desde su nacimiento. Intentaban
así borrar del mapa político las fuerzas y las alternativas del izquierdas, como la
socialdemocracia o el comunismo, e imponer la hegemonía de un pensamiento único escorado
hacia la derecha, la presunta gran triunfadora.
Ignoraban que el capitalismo que
había resistido al modelo soviético no era ya aquél a quien el derrotado sistema se
había enfrentado. Si la lucha de clases se había neutralizado, no había sido porque el
proletariado hubiese capitulado, sino porque unos y otros habían cedido hasta hacer del
viejo e injusto capitalismo un sistema de rostro humano que se había adaptado a los
tiempos de forma más o menos acertada.
A pesar de todo eso, la
impresión que cundió era que la izquierda yacía entre los escombros del Muro de
Berlín. Esta idea, así como la pérdida de la referencia soviética, influyó
decisivamente en la izquierda occidental. El movimiento comunista, ya en retroceso,
consumó su defunción y en el mejor de los casos se ha reciclado o se ha reducido a una
fuerza simbólica. La socialdemocracia, aunque defendió la democracia liberal y criticó
el autoritarismo soviético, también fue arrastrada por el derrumbe y el fracaso de sus
raíces ideológicas e históricas. Y desde entonces ha sufrido un proceso de vaciado
ideológico que le ha llevado a un acercamiento progresivo hacia una derecha que ya ha
cambiado su estigmatizada denominación por la más suave de "centro".
Cabe destacar que esta pérdida
ideológica no ha afectado a la implantación y fuerza electoral de los partidos
denominados progresistas. Da la impresión de que estos partidos se han reconvertido -
electoralmente con éxito - en una versión "corregida" o descafeinada de las
políticas conservadoras.
Lo preocupante de este asunto no
es que la izquierda haya abandonado los postulados radicales y revolucionarios, porque
esto es positivo, sino que haya perdido la iniciativa respecto a la derecha. Con una raíz
ideológica fracasada y un pensamiento único conservador o pseudoprogresista que se
expande triunfante, la izquierda ha optado por abandonar de forma más o menos disimulada
sus ideas fundamentales (hasta los nombres como socialismo han sido sustituidos por
vocablos más suaves como progresismo), así que no puede hacer más que ofrecer, allí
donde la derecha propone un 30 % de educación pública, un 37 %; allí donde la derecha
sugiere bajar las pensiones, subirlas tímidamente, etc.
La izquierda más significativa
(la socialdemocracia) ha aceptado, en una especie de trágala, los postulados
fundamentales de la derecha. Ha abandonado la idea de un Estado fuerte y solidario y ha
permitido que el mercado, cada vez más, sea el único árbitro de toda actividad. La
izquierda parece haber abandonado un modelo propio para tranformarse en un guardián más
o menos severo que vigila e intenta controlar los excesos del conservadurismo.
En los últimos tiempos, ha
surgido una corriente dentro de la izquierda, la llamada "tercera vía", que
supone un intento encomiable desde el mundo sajón de adaptar la izquierda a las nuevas
realidades generadas (globalización, etc.). Pero la izquierda debería tener presente que
la renovación no es siempre la renuncia a principios fundamentales, sino su reforma para
que puedan configurarse como alternativas reales a los problemas de hoy.
La izquierda debe reformular sus
planteamientos. Debe adaptarlos a los tiempos. Ya no puede pedir una revolución
socialista, es cierto, pero no es lo único que puede pedir. El mundo sigue siendo injusto
y la izquierda y los que creemos en ella tenemos la obligación de presentar nuestras
propuestas, nuestras alternativas para resolver las graves cuestiones que acechan a Europa
y a todo el mundo. Y nuestras propuestas no deben ser variaciones más o menos humanizadas
de las de la derecha, sino propuestas propias, originales e innovadoras, fiables,
creíbles y sólidas. Propuestas que construyan un mundo humano y amable, justo,
democrático y próspero para todos. Que no es lo que tenemos.
El socialismo renovador busca
ante todo la modernización de los principios del socialismo democrático. La izquierda, a
pesar de lo que piensen algunos, no ha caducado: ni sus ideales, ni sus principios, ni su
voluntad de integración. Sin embargo, sí que hace falta renovar sus formas, sus
propuestas prácticas; enriquecerlas y adaptar un discurso antiguo o desfasado a la
realidad de hoy y al futuro del mañana.
Queremos aportar ideas al
socialismo del futuro, porque creemos que el socialismo del futuro será la opción de la
ciudadanía para conducir el progreso por el camino de la libertad y la democracia.
Aquí encontrarás algunos
puntos de partida de lo que es el socialismo renovador. En el ámbito
teórico, puedes leer nuestro Manifiesto del
Socialismo Renovador; es una exposición de los principios y las ideas que mueven la
socialrenovación. En segundo lugar, y para conocer exactamente cuál es la idea del
socialismo renovador acerca del Estado, puedes consultar la Concepción socialrenovadora del Estado; y por último, tenemos
también un artículo, titulado Reforma o
revolución, en el que se exponen los grandes trazos de la estrategia del socialismo
renovador para cambiar la sociedad y construir un espacio de progreso y libertad para
todos.
En el aspecto operativo y organizativo, resulta fundamental
el diagnóstico y las propuestas vertidas en el documento Organización
del Socialismo Renovador.
Todos estos documentos se hallan en el apartado de Documentos, de donde te los puedes bajar de uno en uno o con un
archivo ZIP que los comprende todos. La mayoría están disponibles en
formato DOC (Word 97 y compatibles) y PDF (Acrobat
Reader 3 y compatibles).
Nuevo
siglo, nueva izquierda. El siglo XXI, apenas comenzado, viene acompañado de
una espiral de cambios en todos los órdenes -político, económico, social y cultural-
que requerirá a buen seguro una buena dosis de imaginación y esfuerzo para afrontarlos
satisfactoriamente desde la izquierda. Esta convicción, junto con la decidida voluntad de
participar en esta amplia renovación, es la razón de ser de este apartado, en la que
englobamos una serie abierta de artículos que intentan ofrecer una visión constructiva
de aspectos que tomarán relevancia en esta nueva etapa.
» Un mundo
cambiante.
» La izquierda antidogmática.
Esta
es nuestra aportación al debate de la izquierda; sin embargo, sabemos que no
trabajamos con absolutos si con axiomas indiscutibles. Creemos que es imprescindible
vuestra participación, vuestras ideas y vuestras propuestas: todo es necesario para
construir el progresismo del mañana. Si quéreis comentar algo acerca de las ideas que
exponemos en este apartado, mandádnos un correo
electrónico. El debate está abierto.