Enrique Bueanaventura

Falleció el maestro caleño Enrique Buenaventura, ícono de la dramaturgia colombiana , fundador y director del TEC. Su cuerpo será velado en las tablas del Teatro Experimental de Cali.

El maestro Enrique Buenventura, gigante del arte contemporáneo murió a sus 83 años en la Clínica de los Remedios de Cali.

El Maestro padecía un problema estomacal que se desencadenó en una peritonitis que finalmente se lo llevó a la muerte a las 8:30 de la mañana.

Nacido en Cali en 1925 dramaturgo, director, ensayista, narrador y poeta obtuvo el título doctor honoris causa de la Universidad del Valle, fue director de la escuela de teatro del Instituto Departamental de Bellas Artes, fundador y director del Teatro Experimental de Cali - TEC-.


Casado con Jacqueline Vidal de cuya unión nació Nicolás, reconocido narrador oral y teatrero, tenía dos hermanos Jaime y Alejandro, también dedicado al arte.

El lugar de velación será en las instalaciones del TEC en las horas de la mañana, descanse en paz Maestro, cuya huella será recordada por siempre en el mundo de las artes.

Obras

-A la diestra de dios padre (5 versiones)
-Los papeles del infierno
-Requiem por el padre de las casas
-Historia de una balada de plata
-Vida y muerte del fantoche lusitano
-Ópera bufa
-La estación
-La orgía

El País- jueves 1 de enero de 2004- Colombia


Bogotá, 1 ene (PL) El cadáver del dramaturgo, director, ensayista, narrador y poeta colombiano Enrique Buenaventura, es velado hoy en el Teatro Experimental de Cali (TEC), del cual fue director y su fundador en 1962.

Nacido en 1925 en Cali, capital del departamento colombiano de Valle del Cauca, Buenaventura murió la víspera en esa misma ciudad a los 83 años de edad en la Clínica de los Remedios, víctima de un padecimiento estomacal que desencadenó en una peritonitis.

Además de fundador y director del TEC, el destacado intelectual recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Universidad del Valle y director de la escuela de teatro del Instituto Departamental de Bellas Artes.

Entre sus principales obras aparecen las cinco versiones de A la diestra de Dios padre, Los papeles del infierno, Réquiem por el Padre de las Casas, Historia de una balada de plata, Vida y muerte del fantoche lusitano, Opera bufa, La estación y La Orgía.

Consultado por la prensa local sobre la sensible pérdida para el arte nacional, Santiago García se limitó a recordar frases de uno de sus mejores amigos de que “el teatro es una manera de ensayar la vida” y “los homenajes son buenos, pero en vida”.

García, quien junto a Buenaventura no solo creció como persona, sino como actor y forjador de un teatro colombiano con una identidad propia, que ahora es admirada en el mundo.

Buenaventura dedicó su vida a la aventura y a los viajes, realizando los más diversos oficios, desde marinero hasta pintor, pasando por actividades como el periodismo y la cocina, pero su mente siempre estuvo en las tablas, a las que se dedicó por entero, siendo influenciado de manera determinante por Bertolt Brecht y su propuesta de teatro épico, señaló García.

Agregó que el dramaturgo fallecido “se inició como cualquier otro amante de las artes escénicas, que posee el talento, pero le falta el trabajo, la dedicación y el sacrificio para ser un buen actor. Empezó con Andrés Covo y Carlos Chiape en Colombia, para luego irse a Argentina para probar de otras mieles del teatro”.

Pero, destacó, uno de los mayores recuerdos que tenemos quienes lo acompañamos en la vida es la creación del Teatro Experimental de Cali, en 1962, siendo tachado de loco, atrevido y hasta de iluso, pero aunque no faltaron los problemas, este centro cultural creció, para fortuna de los amantes de esa expresión artística en el Valle del Cauca.

“Su aporte a las artes escénicas del país tiene implícita la superación del costumbrismo decimonónico y una apertura hacia las distintas vertientes de la modernidad, y especialmente al marxismo, el psicoanálisis y el estructuralismo”, subrayó García.

Cerca de 10 obras editoriales publicadas y más de 35 creaciones llevadas a la escena teatral, hacen de Buenaventura uno de los mayores gestores culturales del país, puntualizó.

No obstante, prosiguió, no sólo fue este su aporte. Muchos, en verdad muchos, de los actores de las últimas décadas, han pasado por las escuelas y talleres de este maestro caleño, formándose y recibiendo ese contagio de alegría y pasión por este difícil arte.

Entre los premios recibidos por Buenaventura, su amigo mencionó el de la Organización de Naciones Unidas para la Ciencia, la Cultura y la Educación, el de la Universidad del Valle y el popular Premio Aplauso en la Capital del País.

Prensa Latina


COLOMBIA. Adiós al poeta, director y dramaturgo Enrique Buenaventura 'Mi querido my dear'

Murió este miércoles en Cali a los 78 años de edad quien puso el nombre del teatro colombiano en el panorama mundial de los años 60 y 70.

"En mis tiempos eso significaba Partido Comunista, ahora es pincho y cerveza", dijo el maestro señalando el aviso de un restaurante en el que solo se veía PC y soltó una carcajada mientras se rascaba la cabeza rosada con el índice derecho. Estar a su lado era disfrutar del humor inteligente y de las anécdotas del marinero que un buen día decidió anclar para dedicarse a un oficio por medio del cual le dio gloria al arte nacional: el teatro. 

Todo en la vida de Enrique Buenaventura fue explosivo, desde su alumbramiento en la casa solariega de Cali, en 1925, cuando su madre, Julia Emma Alder corrió embarazada y convertida en una antorcha humana al estallar la fábrica de pintura que tenían en el sótano, pasando por sus obras que siempre criticaron el establecimiento y defendieron las raíces indígenas y la esencia americana, hasta su despedida el pasado 31 de diciembre, a causa de una apendicitis que se le convirtió en peritonitis y lo tuvo casi tres meses en cuidados intensivos. "Cuando apagaron la casa, sacaron a mi mamá y nació Enrique, de seis meses y medio", dijo su hermana Luz, una de las mayores, sobre su llegada al mundo.

Varios pechos alimentaron al pequeño pues las lesiones de su madre eran delicadas. La abuela Ernestina y la tía solterona, Betulia, se encargaron del cuidado del muchachito y de la búsqueda de las madres de leche: "En ese tiempo no existían los biberones. Él era tan pequeño que cabía en el bolsillo del abrigo del tío Manuel María", contó hace años Nicolás, otro de los hermanos mayores. Enrique volvió a la casa paterna a los 8 años.

LOS PRIMEROS ACTOS. Desde su primer año lo vestían de cura y lo llevaban a la iglesia de San Francisco. A los 6 años, el futuro artista era capaz de hacer una misa perfecta: "Las tías invitaban a las vecinas y todas comulgaban. Ellas creían, a fondo, que la hostia estaba consagrada", agregó Nicolás.

Ese catolicismo ferviente se encontró con el protestantismo fanático de su padre. Todo eso le dio bases al proceso artístico que seguiría después, ya que en sus montajes siempre predominó la simbiosis religiosa y mística que vivió.

Ernestina, la abuela casada con un alemán, le enseñó en las tardes de aburrimiento a recitar y a hacer teatro. Lo aprendió tan bien que cuando lo regañaban respondía en verso y dejaba a todos callados. "Éramos diez, y vivíamos en pura risa y en puro chiste Y todo por Enrique", afirmó Luz.

El maestro era un imitador nato que convencía a las tías de desvestir los santos con tal de aperar a sus amigos actores con el vestuario necesario. De su padre, Cornelio, aprendió el oficio de la mentira y la fábula; algo que entrenaba en el 'Recreo de la Casa', como llamaban a las tertulias que organizaban en familia.

La química y las matemáticas casi le impiden graduarse del Santa Librada; pero nuevamente su trabajo cultural lo salvó. Por entonces ya era profesor de literatura en un colegio privado e hizo un escrito que enfureció a su papá: "Debió escribir 'Mi amigo el oficio' y no: 'Mi amigo el ocio'", dijo don Cornelio. "Pero para él, el ocio era un espacio que le permitía pensar y empezar a meterse en las historias que luego pondría en escena", afirmó Nicolás.

Por entonces, Buenaventura se enroló en el circo de Andrés Crovo y su Teatro Carpa, y conoció al fallecido actor Luis Chiape, con el que transitó el mundo mágico de la radio.

PERIODISMO Y TEATRO. En los 40, cuando llegó a la Universidad Nacional de Bogotá para estudiar arquitectura, decidió matricularse en filosofía y pintura. En 1950, después de un viaje por el Chocó, donde comenzó a escribir desaforadamente, volvió a Cali y trabajó en el Diario del Pacífico.

Francisco Petrone, el argentino que trajo La muerte de un agente viajero, lo deslumbró con su puesta escénica y lo que le dijo en una entrevista. Enrique abandonó el trabajo y se volvió actor del gaucho. Pero al poco tiempo, con la disolución de la compañía teatral, en Venezuela, el artista inició uno de sus periodos más importantes: el de marinero por el Caribe.

En Trinidad se enamoró de una maestra, a la que después de un tiempo dejó, se embarcó y empezó a recopilar historias de océano: "Tenía 26 años y lo único claro era que no quería ser pintor ni filósofo, ni periodista", dijo alguna vez. En esos avatares terminó trabajando en el barco de un contrabandista: "Nunca aprendí, me hubiera gustado, pues eso da más plata que el teatro", también contó con sorna.

Se quedó un tiempo en Brasil, asumió el teatro en serio y a la par fue ayudante de cocina, pintor de paredes, ilustrador de revistas y escritor de cuentos. Conoció las obras de Bertold Brecht (Madre coraje, La ópera de los tres centavos) y ya no pudo separarse de él. Su curiosidad lo llevó a investigar la santería y a consagrarse a Oshún. En 1955, con la creación de la Escuela Departamental de Teatro de Cali, lo invitaron a ser profesor.

Un año después, en París, obtuvo su éxito más resonante con la puesta de su adaptación de la obra de Tomás Carrasquilla, A la diestra de Dios padre, su clásico más importante. Luego, en 1967, cuando lo votaron de la escuela por el montaje que Santiago García hizo de La trampa (escrita por Enrique) y donde criticaba al dictador Ubico, de Guatemala -algo que en Colombia se leyó como un alusión a las Fuerzas Armadas-, Buenaventura se independizó. Es en ese momento, cuando cambió el nombre del grupo Teatro Escuela de Cali por el de Teatro Experimental de Cali (TEC), fue a Nancy (Francia, en 1971) con Soldados y El fantoche lusitano. El nombre de Buenaventura empezó a ser citado por los teatristas de todo el mundo por esa manera de montar llamada "creación colectiva", en la que la obra nacía de las improvisaciones en escena. Vicky Hernández, Helios y Aida Fernández, Jorge Herrera, Yolanda García, Humberto Arango y Fanny Mikey fueron algunos de sus alumnos y miembros de su grupo.

En los últimos tiempos, sin dejar de escribir y de la mano de Jacqueline Vidal, una francesa de la que se enamoró perdidamente, y con la que tuvo a Nicolás (el hijo cuentero), el siempre coqueto Enrique capoteó la constante crisis económica de su grupo y los achaques de su salud.

En la sede del grupo, en el centro de Cali, que ahora sin duda es monumento del Teatro Colombiano, al mediodía siempre se reunió con sus actores a almorzar, al estilo de los verdaderos grupos tradicionales.

"Cuando uno tiene cancha es un peligro, porque los laureles son terribles si uno se sienta en ellos. Estoy trabajando ahora en cuatro piezas al mismo tiempo y rápido, porque son póstumas", dijo en una de sus últimas charlas.

Los dientes de la guerra fue lo último que escribió, sobre la historia del conflicto armado en el país. Y en los días recientes, cuando seguía luchando por sobrevivir, Jacqueline lo alentaba preparando la celebración de sus 50 años como formador de artistas. Mientras tanto, en Cali se echaba a rodar la idea de ponerle Teatro Municipal Enrique Buenaventura a la sala más grande de la ciudad. La columna que durante varios años tuvo en el periódico El País fue llenada desde su reclusión en la clínica con sus poemas, escogidos por su cómplice de vida.

El árbol de mangos que hay en el patio del TEC es ahora el lugar donde reposarán sus cenizas. En su casa azul, frente a la ventana que da al portal del teatro, sobre el caballete quedó la pintura inconclusa de una pareja de cabeza y con los pelos alborotados: "Son los niños malabaristas de los semáforos", contó Jacqueline.

En la sala, en la que todavía retumban sus carcajadas y en la que se veló durante dos días su cuerpo, se le hicieron conciertos y se leyeron poesías, lo que más se extrañará son sus conversaciones con el público después de cada presentación. En el centro del escenario quedará su imagen sobre la silla negra, la del hombre bonachón de guayaberas azules. El que jamás dejó de escribir con pluma, el que siempre respondió al saludo con 'La vida es muy dura' y que al final decía: ¡Adiós mi querido, my dear!

Diego Giraldo. El Tiempo. 2 de enero de 2004


El observador. Luis Guillermo Restrepo
¡Buenaventura, Enrique!
Noviembre 16 de 2003

"Los muertos que vos matais gozan de cabal salud". Tan disparatada frase tiene cabal cumplimiento frente a la suerte del maestro Enrique Buenaventura, hoy recuperándose de su encuentro con 'cándida' para seguir luchando contra el olvido de su prodigiosa obra.

Hace unas semanas, a nuestro querido maestro y camarada de todas las horas lo atacó 'cándida', una bacteria cruel y asesina que se disfraza de múltiples formas. Hoy, Enrique se recupera, y con su característica ironía, propia de una inteligencia inusual y un escepticismo corrosivo, debe estar riéndose de quienes anunciaron su muerte. O de quienes empezábamos a sentir el vacío de su ausencia, aunque aguardábamos su recuperación, para poder oír de nuevo esa sentencia con que siempre saluda: 'La vida es una lucha'.

Como dijo su hermano Cornelio, qien se fue cuando le dio la gana, ' Los Buenaventura se mueren cuando ellos quieren'. Así hace el maestro, un portento de la inteligencia que ha hecho el mejor teatro de Colombia; a quien echaron del Partido Comunista por comunista. El trotamundos que puede contar la historia del planeta con la misma facilidad con que escribe una obra donde reproduce la tragedia de Romeo y Julieta en las montañas de Siloé, aquí, en Cali City. El que ha mantenido con vida el TEC, una verdadera utopía que muchos desconocen, algunos tratan de ignorar y los funcionarios públicos matan de inanición, pese a las mil medallas que le han colgado y gracias a la ignorancia sobre lo que significa la cultura, la verdadera cultura, para un pueblo.

Al caer en las redes de 'cándida', Enrique no pudo enviarnos sus columnas, esas parrafadas de sabidurías que para muchos son ladrillos. Y sacó de su extraordinaria galera de sorpresas el cuadernito verde lleno de dibujos maravillosos donde atesora sus poemas, para confrontar a su traicionera amiga: "¡Ay, qué modo de vivir / así a contracorriente./ Qué modo de andar / y remontar a contrapelo!/ A contracascada subir por la violencia torrencial de las aguas / cual pez que busca torpe y terco, / dónde dejar su descendencia / dónde dejar su testimonio / su seminal, blanca, húmeda evidencia, / en cuál roca o en qué piedra."

Tres semanas lleva el maestro en su lucha. Tres semanas donde la ayuda de sus médicos, las preocupaciones de su hijo Nicolás, y su voluntad de hierro, parecen ganar la fenomenal pelea por la vida contra 'cándida'. Tres semanas, en las que conncentró toda su batalla vital por mantener al TEC. Tres semanas, en las que sus miles de discípulos, casi todos ateos, rogaron al Creador por la suerte del gran maestro. Tres semanasen las que se nos ha hecho demasiado escaso el tiempo que compartimos con él.

Mientras tanto, Buenaventura Enrique le hacía el quite a la muerte y a todas las cándidas que por su vida han pasado, con su humor, su ironía y su sapiencia propia del que casi todo lo ha vivido, incluyendo la muerte. Y es posible que ahora, el maestro se nos vuelva a aparecer, con su andar cancino, el bastón gastado, su camisa indescriptible, su cuadernito de poemas y su barba descuidada y blanca. Con su saludo de siempre: 'la vida es una lucha' y buscando cómo carajos mantener al TEC con vida. Entonces, tendremos que releer su Tonada:

"Espera muerte, paciencia / tengo tanto por hacer /tu tiempo en cambio es eterno / no tienes porqué correr /(...) No te hallé en ninguna parte / Cuando en todas te busqué /y siento que amenazas / cuando no te quiero ver.(...) Es el hacer que dice / quién me escogió ha sido él. / No hay, muerte, pues, ningún trato/ Sólo esperamos a ver." Así no se puede morir nadie. ¡Buenaventura, Enrique!


Última columna de Enrique Buenaventura en El Pais

Ayer, martes 30 de diciembre de 2003, salió publicada en El Pais, la última columna del maestro Enrique Buenaventura.

Poemario
Al rey Salomón

Cómo cantaste, rey, a la doncella de doce años que te llevaron al lecho de la agonía para alejar de ti la muerte y para que te calentara los huesos.

Y cómo se levantó tu cetro y cómo un río brotó tu voz y cantaste el Cantar de los Cantares, el Cántico de los Cánticos cuando ya se iba tu alma de tu cuerpo.

Recordado seas, para siempre

por ese último suspiro.

Por eso, rey, ardes en el infierno

de los grandes poetas del universo.

Vivo

Yo vivo hoy, ahora,

en esta hora, en este

minuto, en esta fugaz

polvareda de segundos.


Si he vivido antes

es novela. Si después

sólo quimera.

Si nunca no es seguro.


Vivo el relámpago

sin tiempo, el celaje

donde mi sombra se quema.


Vivo, es cierto,

atónito y perplejo.

Cual péndulo vivo

entre los números

de la vida y la muerte.


Veo pasar y pasar muertos

y veo huir los vivos.

Y me siento al borde del camino.


Quizá un poco cansado.

Quizá un tanto perplejo.

Quizá aceptando lo agórico

como la gestación de algo nuevo.



Una carta a una amiga

que está en Francia

A Jacqueline



El cielo es de un añil profundo.

La mole tutelar de un gris verdoso.

Esporádicas gotas lleva el viento

y girones oscuros van sin rumbo.



Es invierno, quien sabe, largo

invierno pero mañana a

mediodía será verano.

Así es en este cinturón del mundo.

Las estaciones son aves de paso.



Pierden los árboles su hojas solos.

Cada uno vive su otoño o canta

su verano.

Los chiminangos arden en la lluvia

mientras el guayacán se llena

de oro.



Yo pienso en vos, mi dulce amiga.

Es domingo y abren en mí

sus flores los recuerdos.

Hay sol de invierno y luna

de verano.

Así es en este cinturón del mundo

donde la luna y las estrellas

son distintas

donde la tierra se encabrita y salta

y ruge

y se confunden las realidades

y los sueños.


 

Homenaje
Enrique Buenaventura: cinco décadas de trabajo teatral

"El teatro es una manera de ensayar la vida", afirmó Buenaventura.

"Los homenajes son buenos pero en vida", comentó Santiago García, uno de los mejores amigos de Enrique Buenaventura, con el que creció, no sólo como persona, sino como actor y forjador de un teatro colombiano con una identidad propia, que ahora es admirada en el mundo.

El auditorio Jorge Isaacs de Corferias, en plena Feria Internacional del Libro de Bogotá, fue el lugar, para que el Ministerio de Cultura y en general, todo el sector de la cultura del país, y claro, sus amigos, le rindieron un merecido homenaje a Enrique Buenaventura, por ser impulsor del teatro moderno en Colombia.

Más que merecido, pues este caleño nacido en 1925 dedicó su vida a la aventura y a los viajes, realizando los más diversos oficios, desde marinero hasta pintor, pasando por actividades como el periodismo y la cocina, pero su mente siempre estuvo en las tablas, a las que se dedicó por entero, siendo influenciados de manera determinante por Bertold Brecht y su propuesta de teatro épico.

"Se inició como cualquier otro amante de las artes escénicas, que posee el talento, pero le falta el trabajo, la dedicación y el sacrificio para ser un buen actor. Empezó con Andrés Covo y Carlos Chiape en Colombia, para luego irse a Argentina para probar de otras mieles del teatro", comentó Santiago García.

Tal vez, uno de los mayores recuerdos que tienen quienes lo han acompañado en la vida, es la creación del Teatro Experimental de Cali (TEC), en 1962, siendo tachado de loco, atrevido e incluso iluso, pero aunque no faltaron los problemas, este centro cultural creció, para fortuna de los amantes del teatro en el Valle del Cauca.

SU APORTE
Santiago García también recuerda las formas de trabajo que posee Enrique Buenaventura, pues trabajaron en los sesenta en la realización del método de la creación colectiva, que le dio protagonismo al teatro colombiano en el mundo.

"Su aporte a las artes escénicas del país tiene implícita la superación del costumbrismo decimonónico y una apertura hacia las distintas vertientes de la modernidad, y especialmente al marxismo, el sicoanálisis y el estructuralismo", continuó García.

Cerca de 10 obras editoriales publicadas y más de 35 creaciones llevadas a la escena teatral, hacen de Buenaventura uno de los mayores gestores culturales del país.

Pero no sólo fue este su aporte. Muchos, en verdad muchos, de los actores de las últimas décadas, han pasado por las escuelas y talleres de este maestro caleño, formándose y recibiendo ese contagio de alegría y pasión por este difícil arte.

John Alex Toro, quien actualmente hace parte del elenco de "Francisco el matemático", recuerda: "Mi vida actoral se puede definir como antes de conocer al maestro y después de conocerlo.

Yo antes quería ser actor, él hizo que yo no pudiera vivir sin actuar. Ese contagio que te permite hacer mejor tu trabajo y crecer, es lo que sólo Enrique es capaz de hacer en una persona".

SENCILLO PERO EMOTIVO
Son muchos los premios que ha recibido este maestro de las artes escénicas por parte de instituciones como la Unesco, la Universidad del Valle y el popular Premio Aplauso en la Capital del País.

Por esto, se buscó que este homenaje fuera diferente, sin medallas, ni estatuillas, sólo la ovación de sus conocidos, que en cada aplauso, que duró más de cinco minutos, le expresaron todo su sentimiento y admiración por todo su trabajo y aporte.

Ellos, sus amigos, decidieron, para exaltar su obra, hacer la lectura de dos de sus más importantes obras dramáticas, que el propio Buenaventura escogió: "La maestra" y "La orgía".

La lectura la realizaron actores de gran trayectoria y que trabajaron, hombro a hombro, con Enrique Buenaventura, pero también actores que lo han tenido como referente o como rito de iniciación en la dramaturgia.

Al final, y como agradecimiento, este maestro, que lleva más de 50 años en el teatro, sólo atinó a decir: "El teatro es una manera de ensayar la vida. Muchas gracias y nada más".