Educación sobre la Diabetes
     Programa educativo de Enfermería sobre la Diabetes

     Hospital Clínico Universitario "Virgen de la Victoria". Málaga (España)  

¿ Que es el D.C.C.T.?

 
 
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Presentación en 15 imágenes con el texto explicativo.

 

1ª presentación

 

 

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           En 1921, en la Universidad de Toronto, Banting y Best, con la supervisión de Mc. Leod y la colaboración de un bioquímico, Collip, lograron la extracción pancreática de la insulina, que condujo a la concesión del premio Nóbel de Medicina en 1923.

            En enero de 1922 se utilizó el primer extracto de insulina de vaca, que fue administrado a un diabético de catorce años, Leonard Thompson; merced al tratamiento insulínico consiguió llevar una vida normal, aunque falleció en 1935 de una bronconeumonía complicada con cetoacidosis.

            A partir de entonces se inició una carrera, que aún no ha concluido, en el logro y purificación de las diferentes insulinas.

            La original Toronto Insulin era insulina amorfa, de calidad incierta,  preparada con material pancreático fresco. No fue hasta 1946 en que J.J. Abel, preparó la primera insulina cristalina aunque su duración era escasa. En 1946 Hagerdorn Laboratories produjeron una variante asociando insulina y protamina a partes iguales, consiguiendo una insulina que se introdujo en 1950 con el nombre de NPH (Neutral Protamine Hagedorn) con actividad durante veinticuatro horas y que alcanzó una extensa popularidad clínica.

            Por otro lado, el hallazgo de los hipoglucemiantes orales, indicados para los diabéticos adultos no insulinodependientes,  fue casual y se debió a los estudios experimentales en cobayas, al utilizarse una sustancia, las sulfonilureas, como antiinfecciosas, en 1930, por los argentinos Ruiz, Silva y Libenson. Siendo en 1955 cuando se comercializó la carbutamida, el primer antidiabético oral.

            En los años que siguieron al inicio de la terapia con insulina y antidiabéticos orales, disminuyeron de forma significativa las complicaciones agudas y, lo que es mas importante, la muerte de personas con diabetes.

            Sin embargo, el paso de los años permitió observar que aunque el diabético sobrevivía gracias al tratamiento farmacológico, sustitutivo como la insulina, o en el caso de los antidiabéticos orales, que aumenta la producción de insulina y facilita la asimilación de la glucosa por parte del músculo y el tejido adiposo; -a pesar de existir estos tratamientos- se veía afectado progresivamente por una serie de alteraciones de diferentes órganos y sistemas que disminuían profundamente su calidad de vida y a la larga eran la causa  más frecuente de su fallecimiento.

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           Ello motivó que se investigaran las causas que estaban incidiendo en el deterioro de la calidad de vida de las personas con diabetes.

            Hasta ahora se proponen dos teorías, en cierto modo enfrentadas, que trataban de justificar la aparición y evolución de las complicaciones crónicas causadas por la Diabetes.

            La primera, llamada “genética”, que consideraba las alteraciones de la Diabetes como un fenómeno propio de la enfermedad y, por tanto, independiente de las cantidades de glucemia (glucosa en sangre).

            La segunda, llamada “metabólica” , considera dichas complicaciones crónicas de la Diabetes, exclusivamente causadas por los niveles demasiado altos de glucemia,  mantenidos durante varios años, y que por tanto se pueden prevenir con un estricto control de dicha glucemia.

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            Tratando de dilucidar cual de las dos teorías era la mas acertada se llevó a cabo un ensayo clínico denominado “Ensayo de Control de la Diabetes y sus Complicaciones” (D.C.C.T. Diabetes Control & Complications Trial) cuyos resultados fueron publicados  el 30 de Septiembre de 1993 en la prestigiosa publicación “The New England Journal of Medicine”.

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            Para este ensayo clínico se reclutaron entre 1983 y 1989 un total de 1.441 pacientes en 29 centros sanitarios de Estados Unidos y Canadá, siendo seleccionadas entre las personas con Diabetes Mellitus Insulinodependiente (DMID) que tenían una edad comprendida entre los 13 y los 39 años.

            Aunque estaba previsto que el estudio durara más tiempo, tras un seguimiento medio a cada diabético de 6 años y medio (oscilando entre 3 y 9 años) se decidió que los resultados del estudio autorizaban la conclusión del ensayo.

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            Como las complicaciones micro vasculares y neurológicas a largo plazo son la principal causa de morbilidad (proporción entre la población enferma y la sana) y mortalidad en pacientes con Diabetes Mellitus Insulinodependiente, el objetivo del ensayo era analizar si un tratamiento intensivo que tenga como objetivo mantener las concentraciones de glucosa en sangre próximas a los niveles normales, podrían reducir la frecuencia y la gravedad de tales complicaciones.

            Aunque se estudió la aparición y evolución del complejo cuadro de padecimientos derivados que abarcan desde la retinopatía (enfermedad de los capilares pequeños de la retina, en el interior del ojo), a la nefropatía (enfermedad causada por lesiones de las células del riñón), neuropatía (enfermedad del sistema nervioso) y enfermedad macro vascular (enfermedad de los grandes vasos sanguíneo), en esta revisión nos centraremos únicamente en los resultados que se deducen acerca de la retinopatía.

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            Para ello se distribuyeron a las 1.441 personas con diabetes de la siguiente forma :

            El primer grupo [Prevención Primaria con tratamiento Convencional] estuvo compuesto por 378 personas que tenían la Diabetes desde 1 a 5 años, que no tenían retinopatía y que fueron tratados con “terapia convencional”.

            El segundo grupo [Prevención Primaria con tratamiento Intensivo], formado por 348 personas, tenían las mismas características que el primero, pero fueron tratados con “terapia intensiva”.

            El tercer grupo [Intervención Secundaria con tratamiento Convencional]  lo componían 352 personas que tenían Diabetes desde 1 a 15 años y que tenían una retinopatía no proliferativa de muy leve a moderada. Este grupo fue tratado con “terapia convencional”.

            Y el cuarto grupo [Intervención Secundaria con tratamiento Intensivo], formado por 363 personas,  que tenían las mismas características que el tercero, pero que fueron tratados con “terapia intensiva”.

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            La “terapia convencional” consistía en inyectarse una o dos veces al día, una mezcla de insulinas de acción rápida e intermedia (NPH), medirse uno mismo a diario la glucosa en orina y sangre, y recibir educación sobre dieta y ejercicio físico. Este tipo de tratamiento no solía incluir el reajuste de la dosis de insulina cada día.

            Los objetivos del tratamiento tradicional se preocupaban por evitar la aparición de síntomas atribuibles a glucosuria o hiperglucemia; ausencia de cetonuria (cuando aparecen cuerpos cetónicos en la orina); mantener un crecimiento y desarrollo del cuerpo normal, así como un peso ideal; también se debía estar exento de episodios de hipoglucemia (nivel demasiado bajo de azúcar en sangre) graves o frecuentes.

            Los pacientes de los grupos con esta terapia pasaban una revisión cada tres meses.

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            En cambio la “terapia intensiva” suponía la administración diaria de insulina tres veces o más, mediante inyección o utilizando un microinfusor  externo (aparato que infunde insulina en el cuerpo continuamente, a dosis bajas,  y que en los momentos de las comidas inyecta una dosis de insulina que se establece mediante un teclado que tiene incorporado).

            Fueron adiestrados en autocontrol de la diabetes, es decir, en tomar las decisiones oportunas acerca de su tratamiento, después de analizar la glucemia y considerar los factores que alteran la cantidad de glucosa en la sangre.

            La dosis se ajustaba de acuerdo a los resultados de la medida que cada persona hacía de la glucosa en sangre un mínimo de cuatro veces al día, de lo que se iba a comer y del ejercicio que se había realizado.

            Los objetivos de esta terapia se fijaron en conseguir una concentración de glucosa en sangre antes de las comidas entre 70 y 120 mgs. y después de  comer, niveles por debajo de 180 mgs. Además la medida efectuada a las 3 de la madrugada, una vez a la semana, debían superar los 65 mgs.

           Téngase en cuenta que las cifras de glucosa en sangre en las personas sin diabetes oscilan entre 70 y 120, no superándose en ningún momento esta cantidad.

            También se tuvo como meta alcanzar un valor de Hemoglobina glicosilada (HbA1c) menor al 6,05 %.  

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            La hemoglobina es una sustancia de los glóbulos rojos que transporta oxígeno a las células y que se une a la glucosa cuando una glucemia es alta. Ya que la glucosa se fija durante el periodo de vida del glóbulo rojo (tres meses aproximadamente) la cifra de HbA1c muestra el promedio de nivel de glucemia durante los meses precedentes al examen, siendo como máximo de 6,05% en las personas no diabéticas, que correspondería a una media de 120 mgrs. de glucosa en sangre.

            Los pacientes de estos grupos acudían a revisión cada mes y, entre tanto, se les contactaba por teléfono a menudo para revisar y ajustar sus regímenes.

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            Estas diferentes “terapias” determinan dos formas diferentes de vivir con Diabetes.

            La forma clásica consiste en que la persona con diabetes pone en manos de otra persona, su médico, las decisiones acerca de las modificaciones en su tratamiento. Para facilitarle esta tarea le presenta un “diario” en el cual anota los análisis de glucosa  que se ha ido haciendo en casa entre visita y visita.

            Este sistema tiene varias ventajas, siendo la principal el que no requiere vivir “pendiente de la diabetes”, los análisis son pocos, porque las visitas tardan en producirse y no es necesario almacenar excesivo número de estos para modificar la pauta de tratamiento.

            La terapia intensiva, en cambio, pone en manos de la persona con diabetes la “responsabilidad” de las decisiones a la hora de ir modificando, a partir de sus conocimientos acerca del cuidado de la diabetes, los distintos aspectos de su tratamiento (dosis de insulina, lugar de inyección, elección de alimentos, ... )

            En principio este otro sistema aparece con mas problemas que ventajas. Requiere, en primer lugar, que la persona con diabetes esté motivada a cuidar muy frecuentemente los factores que influyen en las cantidades de glucosa que va a tener. Además necesita una formación (no es suficiente con información) oportuna sobre cuales son y como modificar los factores que alteran sus glucemias. Por ultimo requiere una frecuente monitorización de la glucemia.

            Las ventajas de este sistema son las que este estudio, el D.C.C.T., nos ha presentado en sus resultados al finalizar el ensayo.

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            Los resultados indicaron, en primer lugar, la imposibilidad de mantener, con los niveles de tratamiento actuales, una HbA1c igual o inferior a la meta del 6%. La media para los pacientes con esta terapia fue de 7,2% durante todo el periodo de estudio, y solo un 5% de los pacientes logró mantener un valor medio próximo a la meta.

            Las personas con terapia convencional mantuvieron una media de HbA1c de 9%.

            Por otro lado las personas que siguieron una terapia intensiva tuvieron 3 veces más hipoglucemias graves que las personas tratadas con terapia convencional.

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            La incidencia acumulada de retinopatía se definió producida cuando había un cambio de tres o más escalones en una escalera de 25 peldaños que representan los niveles de empeoramiento en la retina.

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            Durante un tiempo medio de seguimiento de 6 años, la retinopatía, como avance de 3 peldaños o más, medida en los grupos en que inicialmente no existía ninguna lesión en la retina, se manifestó en 23 personas del grupo que seguía terapia intensiva frente a los  91 del grupo bajo tratamiento convencional.

            La terapia intensiva redujo el riesgo medio de retinopatía en un 76%. Conviene subrayar que la reducción en el riesgo aumentaba con el tiempo, en comparación con el otro grupo.

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            En cuanto a los pacientes que previamente tenían lesiones en la retina, al seguir la terapia intensiva se beneficiaron de rebajar un 54% el avance en la evolución de sus lesiones, que quienes siguieron un tratamiento convencional.           

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            La conclusión de este estudio fue obvia :  seguir una terapia intensiva retrasa de manera efectiva la aparición y aminora la marcha de la evolución de la retinopatía, nefropatía y neuropatía diabética en pacientes con D.M.I.D.

            Con lo cual concluimos señalando que las personas con diabetes capaces de aprender a cuidarse y ser todos los días  “su propio médico” consiguen mas calidad de vida que las que no saben como hacerlo.